Amsterdam · día 4: Zaanse Schans, Edam, Volendam y Marken

Para el día de hoy nos hemos dejado guiar. Hemos contratado una excursión de día a algunos pueblos al norte de Amsterdam, con guía en español. Nos ha costado 35€ por persona y ha sido un acierto total (es esta). No ha sido ninguna paliza de bus, pues el primer destino estaba a solo 18km de Amsterdam, y entre pueblos los trayectos apenas han durado 20 minutos. La duración total del tour ha sido de 8 horas (de 9:30 a 17:30).

Zaanse Schaans

La primera parada ha sido este pequeño barrio perteneciente al pueblo Zaamam, famoso por sus molinos holandeses. Zaamam, fue fundado en el siglo XVI, y en su día fue la primera región industrial del mundo gracias a los 600 molinos que había allí, aunque on el desarrollo de la industria muchos de estos molinos fueron abandonados.

Al área de Zaanse Schans fueron trasladados varios molinos y casas tradicionales con el fin de restaurarlos y recrear el modo de vida tradicional de una antigua aldea holandesa. Gracias a ello hoy se puede caminar por una zona de canales rodeados de las típicas casas holandesas y varios molinos (donde es posible entrar a 2 de ellos y hacer una breve visita guiada por dentro).

También hay aquí una antigua fábrica de zuecos, donde cada hora hacen demostraciones de cómo se fabricaban antes vs. cómo se fabrican ahora (tallaron un zueco en los 10 minutos que duró la demostración), y donde luego podréis comprar todo tipo de souvenirs, por supuesto.

Fábrica de queso Henri Willig

Esta parada, si vais por vuestra cuenta, os la podéis ahorrar si vais justos de tiempo. Nos han llevado a una antigua fábrica de queso, que a día de hoy es un showroom en el que una anciana entrañable nos ha contado en 15 minutos cómo se elaboraba el queso a la manera tradicional, para después pasar a la tienda donde tenían quesos de decenas de variedades. En Holanda el queso es una tradición, y aunque a día de hoy 2/3 del queso que se fabrica en el país es exportado, aún los neerlandeses consumen de media unos 13kg de queso al año.

En la tienda había varios mostradores donde hemos podido probar todos los quesos, desde el tradicional queso edam hasta otros con sabor a lavanda, chili o champán.

Edam

En efecto, Edam es el encantador pueblo que le da nombre al queso más típico de los Países Bajos, aunque actualmente pocas cosas en él nos lo recuerdan. Únicamente queda el antiguo mercado del queso, al que antaño acudían los granjeros a vender sus productos al mejor postor, y que actualmente solo sirve como atractivo turístico en verano. Hoy mismo estaba cerrado, al parecer abren solo los sábados.

La historia de Edam se remonta al siglo XII, y hasta el XVI su principal fuente económica fue la industria naviera. En este pueblo de pocos miles de habitantes, ¡llegó a haber 33 astilleros! Pero la construcción de una presa para evitar las inundaciones causadas por el mar del norte hizo que el principal canal de la localidad fuese perdiendo profundidad, y en pocos años fue imposible seguir acercando los barcos hasta los astilleros. Edam sufrió muchísimo económicamente, y a partir de esta situación y la búsqueda de nuevos sustentos de vida, la industria del queso emergió.

Actualmente la tranquilidad reina en este pueblo que sigue siendo pequeño y conservando su arquitectura tradicional, y al encontrarse a 20km de Amsterdam, muchas personas optan por vivir aquí y trabajar en la capital.

Volendam

Otro súper encantador pueblo para nuestra cuarta parada del día. Francamente los pueblecitos holandeses parecen sacados de un cuento. Este pueblo pesquero fue originalmente el puerto de Edam, aunque el mar que lo baña, el llamado Mar del Sur, actualmente ya no es un mar, y es que tras las constantes inundaciones que destruyeron localidades enteras a lo largo de la historia, debido a que el Mar del Norte y el Mar del Sur se encuentran a diferentes niveles, se decidió construir un dique que los separase por completo. Por lo tanto, hoy en día hablamos de un lago, y no de un mar, siendo incluso de agua dulce.

Este pueblecito también tiene su historia/leyenda menos buena. Cuando Holanda estaba bajo el mando del Imperio Español, toda la región era católica. Sin embargo, cuando se desató la guerra y con la posterior independencia de España, todos se convirtieron al protestantismo… excepto los habitantes de Volendam. Esto provocó que durante 200 años, sus habitantes estuviesen aislados en lo que a relaciones se refiere: no podían casarse con personas de otras ciudades por la incompatibilidad religiosa, por lo que los habitantes de este pequeño pueblo se mezclaron demasiado entre ellos. Hoy en día, Volendam sigue recibiendo bromas relacionadas con el coeficiente intelectual de sus habitantes; podríamos decir que es el Lepe de los Países Bajos (¡sin ofender!).

Pero este aislamiento tuvo algo bueno: sus habitantes conservaron sus costumbres, su arquitectura y en definitiva su autenticidad, y eso lo ha convertido en uno de los pueblos más bonitos de los Países Bajos, lo que atrae a muchos más turistas que cualquier otra localidad de los alrededores, y a día de hoy Volendam es mucho más grande y relevante que, por ejemplo, Edam.

Comida: De Lunch

En el mismo paseo marítimo de Volendam hemos comido en este restaurante de lo más concurrido, lo cual nos ha llevado a pensar que nos llevaría un buen rato pedir y comer, pero para nada ha sido así: todo lo que hemos pedido estaba muy rico (un plato de marisco, una hamburguesa vegetariana y patatas fritas) y no han tardado nada en tomarnos nota y servirnos, además de que los camareros eran súper amables. Estaba hasta arriba, pero no han tardado ni 5 minutos en darnos una mesa.

Marken

La última parada del día ha sido la más corta porque se ha puesto a llover muchísimo, así que nuestro guía nos ha llevado de vuelta al autobús sin terminar de enseñarnos la localidad de Marken, otro pueblo del mismo estilo y el menos turístico de los 4 visitados.

Esta localidad era originalmente una isla, pero hoy en día ya está comunicada con el resto del país por un gran dique. Recorrerlo no lleva más de 20 minutos, pues es que realmente son muy pocas pero preciosas casitas. Además, ahora en Navidad, se curran tanto la decoración que parece que estábamos paseando por una película navideña, solo faltaba la nieve.

Y con esto, ¡fin del tour! Vuelta a Amsterdam y vuelta al hotel, no sin antes pasar a cenar por el ya familiar Food Hallen: hoy han tocado pizzas.

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