15 de octubre: Peña Tú (Asturias), Cóbreces, Toñanes y Santillana del Mar (Cantabria)

Último día por tierras norteñas. Después de dejar el hotel subimos al Ídolo de Peña Tú (en Puertas de Vidiago), una caminata de sólo 1km hacia arriba que termina en una gran roca que tiene pinturas rupestres datadas del neolítico (4000-3000 a.C.). Se cree que fue una tumba de algún guerrero debido a los grabados que hay en la roca y una cavidad en la que pudo estar enterrado.

En la roca, las pinturas rupestres
La roca

Las vistas de las montañas desde allí son espectaculares y también se alcanza a ver el mar.

El paisaje que se ve desde la roca

Después de pasar de nuevo por la Quesería los Cuetos para comprar unos cuantos quesos de Vidiago (hay de vaca, oveja y cabra pasa elegir) y unas botellas de sidra (la hay normal y ecológica), aprovechamos para comer también allí (hacen unas hamburguesas de carne ecológica con pan recién horneado buenísimas), nos fuimos tranquilamente en dirección Torrelavega.

Paramos en Cóbreces, un pueblo pequeño pero con dos grandes iglesias neogóticas que chocaban bastante con el paisaje.

Una de las dos iglesias

Después continuamos hasta Toñanes, el siguiente pueblo, donde acercándonos a la costa descubrimos una pradera desde la que se veían unos acantilados impresionantes.

Los acantilados de Toñanes

Para terminar la ruta y poner rumbo a Madrid, dimos un paseo por la famosa Santillana del Mar, cuyo casco antiguo es súper auténtico y donde parece que no pasa el tiempo. No visitamos ningún lugar en concreto, simplemente caminamos por sus calles. El único pero es que es demasiado turístico, todo está orientado al turista y a parte de estar algo masificado, los precios son bastante altos, por no hablar de que no se puede aparcar si no es en zona de pago.


Y hasta aquí nuestro viaje del año al norte! Ya deseando que llegue el próximo para seguir descubriendo sus rincones.

14 de octubre: San Vicente de la Barquera y Herrerías (Cantabria)

Después del entrenamiento mañanero (en el mismo sitio que ayer), fuimos a comer a San Vicente de la Barquera, a menos de media hora en coche de donde nos alojamos. Fuimos a lo seguro, a nuestro restaurante favorito del pueblo, llamando El Barquereño, a comer nuestro plato por excelencia, un buen arroz con bogavante. El sitio lo descubrimos por casualidad: es el primer restaurante después de cruzar el puente hacia el lado del castillo. En su día, hace dos años, no nos dio muy buena espina porque era el típico restaurante con un camarero en la puerta atrayendo público y que además tenía fotos de los platos en las paredes de fuera, lo típico de un restaurante malillo, pensamos. Pero nada más lejos de la realidad. La comida está buenísima y además los precios son muy asequibles: 35€ por un arroz con bogavante para dos, con bebida y postre incluido.

Después de comer y de tomar un helado en Regma (la heladería – artesana – de Cantabria y Asturias por excelencia, tiene varias tiendas por ambas comunidades), fuimos a pasear en dirección al rompeolas, donde nunca Antea habíamos estado. Las vistas desde allí son preciosas, se ve el pueblo y la zona de la playa por un lado, y el mar abierto por otro, y además mirar las olas chocando contra las rocas es hipnotizante.

Vistas del faro desde las rocas más altas del rompeolas (subimos escalando, no hay camino para subir)

En la segunda mitad del rompeolas hay una señal de prohibido el paso salvo a personas autorizadas, pero nadie hace caso y todo el mundo pasa. Suponemos que es porque cuando hay mal tiempo estar aquí es bastante peligroso y así el ayuntamiento se quita de responsabilidades. Así que, si venís en invierno, con lluvia o mucho viento, debéis tener mucho cuidado y quizás sea mejor no pasar.

Vista del mar abierto

Después nos fuimos con el coche montaña adentro hacia la zona de Herrerías, que está dividida en varios barrios o pueblos pequeños. Concretamente nos acercamos a Bielva, y aparcamos el coche en una explanada a unos 5km del pueblo (Km 13 de la carretera CA850), desde donde empezaba una ruta de sólo 700m pero 100 de desnivel (la ruta está marcada con pintura azul y blanca cada ciertos metros), hasta un lugar llamado Mirador de Lleno. Es una de las cimas más altas de Herrerías y desde ahí se ve desde el mar por un lado hasta los Picos de Europa por el otro. Las vistas son impresionantes, y además hoy era un día de calina que hacía que el paisaje luciese muy diferente a normalmente. Llegamos arriba justo cuando estaba poniéndose el sol, y he de decir que merece la pena subir para contemplar la puesta de sol desde allí.

Puesta de sol desde Los Pigüezos

Las formaciones rocosas tan peculiares que hay al llegar arriba se llaman Los Pigüezos.

Ya de vuelta en el nivel del mar, fuimos a dar una vuelta por Colombres (ya en Asturias), pues nos habían hablado muy bien de este pueblo. Justo estaban celebrando un encuentro internacional de motos antiguas y estaba el lugar patas arriba. Además, llegamos a las 20:30 y no pudimos entrar al Museo de Emigración, que es lo más interesante de allí. Así que decidimos volver y dar por finalizado el día.

Casa del Museo de Emigración (desde fuera del recinto)