20 de agosto: Isla de Arosa

Hoy ha tocado un poquito más de coche, aproximadamente 1h40 desde donde estamos alojados (Ribadavia) para visitar la Isla de Arosa, al norte de Pontevedra.

Dice la leyenda que, “cuando el Creador después de crear el mundo, se sentó apoyando una mano en la Tierra, para descansar, de modo que sus dedos quedaron marcados en la costa gallega en forma de 5 profundas rías.”  La mayor de todas, separando (o conectando) las provincias de Coruña y Pontevedra, es la de Arousa, que guarda en el interior una preciosa isla bautizada con su mismo nombre. En realidad (popularmente) es el apellido, ya que el sustantivo evolucionó en propio y se le suele llamar sencillamente con el topónimo gallego ‘A Illa’.

Está unida a Vilanova por un puente de casi dos kilómetros (uno de los más largos de Galicia) que fue construido en 1985, para acabar así con el aislamiento que sufría hasta entonces cuando los viajes a la isla tenían que realizarse en pequeños barcos regulares. Ello conllevó un gran aumento del desarrollo económico y a un aumento de la población residente que asciende actualmente a unas 5000 personas, que viven del marisqueo, la pesca y el turismo. Es el Ayuntamiento más joven de Galicia, y el único insular, que se independizó de Vilanova de Arousa en 1997.

Mirador O Con do Forno

También conocido popularmente O Santo, ya a que en el lugar se sitúa una escultura del Corazón de Jesús, desde 1962. De hecho, sus piedras fueron trasladadas hasta allí por el primer vehículo a motor que había en toda la isla, conocido por “A Cachonda”. Desde aquí, que es el punto más alto (a 66m de altitud) se puede disfrutar de una impresionante panorámica de la isla y de la Ría de Arusa.

Faro de Punta Cabalo

De 1852, ha sufrido muchas reformas, y ya no cumple la función para la que fue construido, hoy alberga un restaurante. Es preferible encargar la comida por anticipado, que puede ser una degustación de mariscos y pescados del día, sin olvidar los escabeches y las empanadas, y, si el tiempo lo permite, con la mesa preparada en la terraza, que en realidad es una plataforma en prolongación del peñasco, con la mejor panorámica de la zona y vistas hacia la provincia limítrofe de Coruña: Cabo de Cruz, al norte; Ribeira, al oeste; y en medio, a Pobra do Caramiñal. 

Playa de A Secada

Una de las más populares de toda la isla y también la más concurrida ya que cuenta con bandera azul, 420 metros de longitud, todo tipo de servicios incluido chiringuito y un gran pinar en su parte trasera con abundantes sombras.

Desde ella parte un paseo peatonal con pasarelas de madera que lleva hasta Niño do Corvo por toda la costa. 

Parque Natural de O Carreirón

Comprende toda la parte sur de la isla. En su parte exterior hay más de diez pequeñas calas, alguna de ellas nudistas. Pero lo realmente bonito del lugar no está solo en la periferia, sino también en su interior, donde uno puede perderse por sus caminos rodeados de pinares y de aves, catalogado como zona de especial protección de estas, donde hay varios ejemplares de garza real.

En sus 1,3 kilómetros cuadrados de extensión, hay varios senderos para adentrarnos en su bosque como el “Sendeiro dos Pilros” que pasa por la laguna que está situada en el centro del parque. 

Isla Areoso

Es un paraíso escondido a pocos metros de la isla. Se trata de un islote de playas blancas y agua cristalina que nada tienen que envidiar al Caribe, de verdad (bueno, igual la temperatura del agua sí…).

Solo se puede llegar a ella en barco privado (no hay barcos que hagan la ruta allí) o bien alquilando piraguas y remando uno mismo, algo muy recomendable.

17 de agosto: Vigo

Primer día por tierras gallegas. Estamos alojados en Ribadavia (Ourense), pero teníamos que ir al aeropuerto de Vigo a recoger a unos amigos, así que hemos aprovechado para patear la ciudad, por suerte sin lluvia.

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Concatedral de Santa María de Vigo

En pleno Casco Viejo (o Casco Vello), justo al lado del Mercado de A Pedra, está la Concatedral de Santa María de Vigo, un templo de principios del siglo XIX de estilo neoclásico, pero con torres barrocas.

Pese a que esta construcción no tenga tantos siglos de antigüedad, existen registros confirmando la existencia de una iglesia dedicada a Santa María que se situaba justo en el lugar en donde hoy encontramos la Concatedral. Estos registros datan del siglo XII.

 

Como curiosidad, se cuenta que a finales del siglo XVI, el pirata Francis Drake saqueó la iglesia. Varios siglos más tarde, en 1809, explotó un polvorín cerca, y sufrió grandes daños por lo que tuvo que proyectarse una nueva.

El Puerto

De época romana, hoy en día es uno de los más grandes del mundo. La ciudad de Vigo, y en especial el puerto, creció de manera notable tras la derrota de 1898, con la pérdida española de Cuba y el resto de colonias de ultramar. Esto supuso la repatriación de españoles: muchos de ellos entraron a través de Vigo (y otros puertos gallegos), aumentando de forma sustancial la población viguesa.

Museo MARCO

El Museo de Arte Contemporáneo de Vigo es un museo de arte contemporáneo que se inauguró en el año 2002. Hoy en día atrae mucho turismo de gente con ganas de ver exposiciones artísticas. Un lugar imprescindible que ver en Vigo si te gustan las artes, por supuesto.

EL MARCO está en un edificio panóptico (cuyo interior se ve completo desde un mismo punto, como muchas cárceles antiguas) en plena Rúa del Príncipe, centro de comercio de la ciudad.

Castelo do Castro

También conocido como Castillo de San Sebastián. Se encuentra en el Monte del Castro, lugar que eligieron los primeros pobladores de Vigo en el siglo III a.C para asentarse. Obviamente es el punto más elevado y desde donde mejor controlaban la ría, por eso hoy en día es también el mejor punto para disfrutar de las vistas panorámicas tanto de la ciudad, la ría, como las islas Cíes (nosotros no tuvimos esa suerte gracias a una buena niebla que protagonizó el día). El castillo se construyó en 1656 para defenderse  en plena Guerra de Independencia de Portugal.

Dentro no puedes irte sin beber de la fuente de las dos manos. Dicen los lugareños que trae suerte.

En la falda del monte se puede hacer un pequeño recorrido que lleva a descubrir el castro celta original, ese primer asentamiento habitado entre el siglo II a.C y el III d.C, que posiblemente abandonaron para irse a la zona del Areal (barrio donde esta Salinae), el origen de Vigo.