13 de octubre: Llanes, Poó y Celorio (Asturias)

El día comenzó en el gimnasio, el deber nos llama y había que cumplir. Por si acaso necesitáis uno por la zona oriental de Asturias, podéis encontrarlo en la Piscina Municipal de Llanes, bastante completo y nada masificado.

Después de entrenar, nos lo habíamos ganado: fuimos a comer a nuestro restaurante favorito de Llanes, la Sidrería As de Guía. A un precio súper asequible sirven un marisco riquísimo, buena sidra, queso de la zona y chorizo a la sidra (y alguna cosa más). El único problema es que siempre hay lista de espera, hoy fue de 1 hora, pero mientras tanto fuimos a dar un paseo por las afueras del pueblo, y llegamos a la Playa de Toró, muy característica porque está llena de rocas en el agua. Junto a ella hay un mirador con unas vistas geniales.

Playa de Toró

Después de comer cogimos el coche y visitamos varios sitios de los alrededores de Llanes:

Los Islotes de Llanes (en Poó), una zona de acantilados desde donde se pueden ver un montón de pequeñas islas junto a la costa y desde donde (como siempre) se ve un paisaje espectacular. En esta zona hay una playa pequeña pero que en verano está bastante masificada porque además hay un restaurante y un hotel justo al lado.

Vistas desde los acantilados de Poó

La Ermita de San Martín (Celorio), que realmente no es ni una ermita ni una iglesia, sino los restos de la misma. Esta casi completamente derruida pero junto al paisaje en el que está y su posición junto al acantilado, le dan un aire de lo más pintoresco. Merece la pena ir porque además, como no podía ser de otra manera, el paisaje es increíble.

Restos de la Ermita de San Martín

Para terminar el día, después de casi 20km recorridos (si bien no todos andando, los paseos que dimos no eran tan largos pero el gimnasio sumó unos cuantos km), visitamos el centro de Celorio y su playa, dividida en dos por una gran roca y muy pequeña cuando la marea está alta.

La verdad es que es un gusto venir a estos sitios fuera de temporada alta, casi no hay gente y se respira mucha paz! Y si el tiempo acompaña, como es nuestro caso, los días son de 10.

Pequeña playa junto a la Ermita de San Martín

12 de octubre: Puertas de Vidiago (Asturias)

Llegó el puente y como no podía ser de otra forma, nos escapamos de Madrid y sus aglomeraciones, no sin antes comernos un atasco de una hora, por supuesto. El destino, Asturias.

Nuestro hotel se encuentra en Puertas de Vidiago, un pueblo muy pequeño a pocos kilómetros de Llanes. A pesar de lo pequeño que es, sólo nos bastaron 3 minutos caminando para encontrar un restaurante buenísimo (y conocidísimo dada la enorme cantidad de gente que había) llamado Casa Poli. Sirven comida típica asturiana, y hay platos grandes, pequeños, caros y baratos. Para todos los gustos. Nosotros tomamos un cachopo para compartir, suerte que lo vimos en una mesa vecina y comprobamos que era gigante! Y no nos quedamos con hambre.

Entrada al restaurante

Como no se puede reservar mesa, había muchísima gente esperando, y no fuimos menos: Tuvimos que esperar 45 minutos, pero poco nos importó cuando dando una vuelta por el pueblo encontramos un bar-quesería (Quesería Los Cuetos) que vendía quesos artesanos de Vidiago y cervezas y sidras también artesanas. Tienen 4 tipos de queso y todos están riquísimos. Pedimos media ración de queso de oveja después de que la cocinera nos diera a probar de todos.

Queso y cervezas en la terraza de la quesería

La cerveza que probamos se llamaba Caleya, una de las más suaves de todos los tipos que había según nos recomendaron.

Después de comer fuimos hacia el mar, y muy cerca del pueblo (1km aprox.) encontramos los llamados Bufones de Arenillas, que son orificios en la parte de arriba de los acantilados y están conectados con el mar, por lo que cuando vienen olas se escucha el ruido del aire y cuando hace peor tiempo sale agua, pudiendo llegar a alcanzar hasta los 20 metros de altura. Hay un total de 10 bufones a lo largo de toda la zona protegida, la cual ha sido considerada Monumento Natural.

Dentro de uno de los bufones (esto no se puede hacer cuando hace mal tiempo porque es peligroso)

Después seguimos andando por el único camino que había hasta llegar a una cerca en cuya puerta ponía que era propiedad privada, pero como estaba abierta entramos y continuamos adelante ya que a final del camino estaba la desembocadura del Río Purón, cuyo nacimiento visitamos el año pasado y nos encantó. El final del camino es un lugar bastante escarpado (algo peligroso para niños) pero no hay nadie y se puede disfrutar del pisaje sin más ruido que el del mar.

Alojamiento – Hotel Pugide: un hotel sencillo pero que compensa con el buen trato de sus dueños y la comida casera riquísima que preparan.

Cuevas del Águila (Ramacastañas, Ávila)

En Ramacastañas, cerca de Arenas De San Pedro y cerca de la frontera con la provincia de Toledo, se encuentran las cuevas del Águila, así llamadas porque se encuentran bajo lo que antes de descubrirlas se llamaba el Cerro del Águila.

Fueron descubiertas por unos pastores en diciembre de 1962, y ya en julio de 1963 se abrieron al público. Realmente es una única pero amplia cueva que contiene formaciones calizas de millones de años de antigüedad. A pesar de lo pequeña que es, es muy impresionante pues está llena de todas estas formaciones por todos lados.


La visita dura unos 40 minutos (depende de lo que te entretengas) y vas siempre acompañado de un guía al que puedes hacer preguntas, pero que no te hace una visita guiada salvo por un par de cosas que te cuenta en la entrada. La entrada cuesta 8€. Intenta enterarte de las horas a las que son los pases, ya que no se puede entrar sin guía y si llegas justo después de que hayan entrado, te tocará esperar un buen rato. Creo que los pases son cada hora a en punto.

La verdad es que me sorprendió que unas cuevas tan poco conocidas sean tan impresionantes, y sin duda merece la pena visitarlas.

Pueblo árabe de Sierra Cabrera (Turre, Almería)

Uno de mis lugares favoritos de Almería es este pueblo artificial construido en Sierra Cabrera, a unos 15 minutos de Turre.

Hace unos años un inglés compró un pedazo de montaña y construyó en ella unas cuantas casas de estilo árabe. Las puso en venta, así como varias parcelas para construir, con la condición de que el comprador construyese también al estilo árabe. A día de hoy, es un pequeño Marruecos en medio de la montaña, cuyas casas se camuflan con el marrón de la sierra. La mayoría de sus habitantes son ingleses y alemanes que viven aquí durante el invierno y que en verano vuelven a sus países, por lo que en esta época el pueblo se ve bastante vacío.


La visita ideal es subir antes de que se ponga el sol y ver el pueblo y después el atardecer desde las almenas.


Para rematar la visita, puedes cenar en el restaurante Riad Cabrera, cuya dueña y cocinera, Fátima, ha conseguido construir un oasis con plantas y fuentes en medio de tanta montaña desierta, y donde podrás disfrutar de una comida marroquí riquísima en un ambiente tranquilo.