23 de julio: Olimpia

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Día muy completo por Olimpia. Algunas personas me habían comentado que se trata de un lugar decepcionante, que no está a la altura de ser la cuna del olimpismo porque no hay nada. Bien, os describo un poco como es esto y mi opinión: junto al complejo arqueológico que un día fue el Santuario de Olimpia hay un pequeño pueblo con el mismo nombre, que se reduce a poco más que a una calle principal llena de hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs. Evidentemente este pueblo existe aquí para aprovechar el turismo que viene a visitar las ruinas, si no, no habría nada. Además, este turismo se concentra en unas horas muy concretas ya que vienen excursiones de cruceros que paran en Katakolo, a 30km de aquí, o bien excursiones también organizadas desde Atenas. A media mañana el pueblo y la Antigua Olimpia parecen Benidorm, y 3 horas más tarde no queda casi nadie

En cuanto al recinto de las ruinas, todo está prácticamente destruido, sólo se han restaurado parcialmente algunas partes y no queda ningún edificio en pie, tan solo algunas columnas. Si esa gente que me dijo que era un lugar decepcionante esperaba ver aquí la Villa Olímpica y el Estadio en todo su esplendor, comprendo su opinión. Pero creo que la magia de todo esto reside en que 2795 años más tarde de la primera vez que aquí se celebraron unos Juegos Olímpicos, aún queden restos de aquel momento. Ver como era entonces es algo que puede hacerse a través de una pantalla, pero personalmente a mí me impresiona mucho más ver las mismas piedras por las que caminaron los atletas griegos en su día, a ver una restauración moderna.

En resumen: me ha fascinado completamente y he disfrutado como una enana. Como os dije cuando visité el Estadio Olímpico de Atenas, encuentro en este lugar una carga simbólica enorme para cualquier amante del deporte y aún más para mí como atleta, y creo que es una visita que bajo ningún concepto puede faltar.

La primera visita ha sido al Museo de Historia de los Juegos Olímpicos, donde tienen varios de los objetos encontrados en las excavaciones de Olimpia y también cuenta con paneles informativos acerca de los mismos. La entrada son 6€, pero es mejor comprar un pase de 12€ que incluye el resto de visitas del reciento (y es gratis para estudiantes universitarios).

Os voy a contar algunas cosas que he aprendido y que me han parecido interesantes:

  • Los JJOO se celebraron por primera vez en el 776 a.C.y se llevaron a cabo en Olimpia cada 4 años sin interrupción hasta el 393 d.C., es decir, ¡durante 1169 años sin parar! Se celebraban en la primera luna llena después del solsticio de verano, lo que actualmente coincide más o menos con el mes de agosto.
  • Participaban atletas de cualquier ciudad-estado de Greciay en un principio sólo duraban un día, pero cuando se fueron añadiendo disciplinas deportivas pasaron a durar 2, luego 3 y finalmente 5 días.
  • Durante la celebración de los JJOO quedaban pausadas todas las disputas, batallas y guerras entre cualquier ciudad de Grecia, y cabe destacar que aunque todos se consideraban griegos (pues tenían lengua, dioses y costumbres en común) siempre estaban peleando unos con otros. Esta celebración era algo sagrado y todos tenían que tener la oportunidad de poder acudir a ella sin problemas.
  • Los atletas (que debían ser hijos de griegos libres) debían viajar a Elis, cerca de Olimpia, un mes antes para que los Hellanodikai (los jueces) pudiesen chequear que se encontraban en buenas condiciones para participar, no sólo físicas, sino comprobaban también si sabían los principios del fair play y tenían una ética correcta.
  • Los JJOO eran un importantísimo evento al que griegos de todas partes acudían como público, y curiosamente todos podían disfrutar de ellos, además de los nobles y ricos, también los esclavos. Todos menos… las mujeres.
  • Las mujerestenían completamente prohibido competir y presenciar los JJOO, pero sorprendentemente sí podían llegar a ser campeonas olímpicas, ya que en las carreras de caballos, el campeón sería el dueño del caballo y no el jinete: si la dueña era mujer, ella ganaría el título de campeona.
  • Sólo había un evento celebrado en Olimpia en el que participaban las mujeres: el Heraia. Se celebraba también cada 4 años (en un año diferente al de los JJOO) en honor a la Hera, la esposa de Zeus. Las competidoras eran mujeres solteras y la prueba consistía en correr 500 pies(unos 160m).
  • Los JJOO se continuaron celebrando durante la época romana y durante los dos primeros siglos de Cristianismo, pero el emperador bizantino Teodosio I los prohibió en el 393 d.C. porque honoraban a dioses griegos. No conforme con esto, en el 426, Teodosio II ordenó la destrucción de todo el Santuario de Olimpia, y para terminar de rematarlo, en el 522 y el 551 hubo dos terremotosque lo destrozaron ya por completo. Olimpia cayó en el olvido definitivamente y no fue hasta el 1766cuando las ruinas fueron descubiertas.

A continuación visitamos el Museo Arqueológico de Olimpia: aquí se encuentra el grueso de objetos encontrados en Olimpia, pero no es muy grande y se visita rápido. A mí no me entretuvo demasiado, ya sabéis que no soy muy de museos y que prefiero ver las «piedras» en sus lugares originales en vez de en una vitrina.

Y llegamos por fin al recinto de las ruinas: un lugar enorme, que como os he contado antes, se encuentra casi destruido, no queda nada en pie, pero aún así se puede apreciar lo magnífico que fue en su día. La Palestraconserva casi todas sus columnas, pero del Templo de Zeusapenas queda una columna en pie (y fue reconstruida). 

Lo más impresionante y mágico de este lugar no podía ser otra cosa que el Estadio Olímpico: la explanada de 200m de largo en la que se celebraban los JJOO, rodeada hoy de pequeñas colinas de césped donde en su día estuvieron las gradas. Impone, desde luego, ¡y por supuesto no pudieron faltar unas carreritas allí! Con este, ya son dos estadios olímpicos en los que hemos corrido, los dos que más significado tienen.

Cercano al recinto de la Antigua Olimpia se encuentra la Academia Olímpica Internacional, de la cual no sabemos mucho porque a pesar de que hemos intentado entrar (hay una pista de atletismo dentro y queríamos entrenar allí) no ha sido posible. No parece que haya mucha actividad por allí y no hemos conseguido ver a nadie. Antes de llegar hay un monumento en honor a Pierre de Coubertin, el fundador de los JJOO modernos.

Finalizada la visita por el Santuario de Olimpia, algo que perfectamente se hace en menos de un día, hemos vuelta al pueblo (caminando, pues se encuentra a menos de 10 minutos), a visitar el Museo de Arquímedes, un pequeño local al que se accede grauitamente y en el que se pueden ver los inventos de este personaje y jugar con ellos. Está entretenido y hay bastantes juegos de lógica y astucia en la entrada. Si os sobra tiempo, no está de más verlo.

Consejo final– Olimpia es un pueblo que se aprovecha totalmente de los turistas. Precios inflados, intentos de timarnos y en la mayoría de los restaurantes que hemos estado no nos han tratado del todo bien. Así que os voy a aconsejar el único en el que, además de tener una comida riquísima, nos han tratado genial y nos ha costado lo mismo que en cualquier otra parte del Peloponeso: el Vasilakis. Hemos probado un nuevo plato típico: Dolmathakia, una especie de rollitos cuya cobertura son hojas de vid, y están rellenos de arroz y especias. Un sabor curioso, pero no nos ha terminado de convencer.

22 de julio: Cascadas de Polilimnio y Kiparissía

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Día de ruta, cambio de destino: de Esparta a Olimpia. ¿Encontraremos en esta ciudad algo similar a lo poco explotado que tienen el turismo los espartanos? De momento tendremos que esperar a mañana para averiguarlo.

El plan para hoy era hacer paradas durante nuestro camino hacia Olimpia:

Cascadas de Polilimnio

Un paraje natural que absorbe y desde luego da la sensación de estar en cualquier otro lado menos en el corazón del Peloponeso. Se encuentran junto a un pequeño pueblo llamado Charavgi, a 1h30 de Esparta (o 2h sin coger peaje), y son todo un paraíso, salvo porque debido a que sólo hay que recorrer 300m hasta la zona de cascadas y otros 300 hasta la cascada más grande, están bastante concurridas por turistas y familias. No es un lugar muy amplio y en hora punta casi hay que hacer cola para poder bañarse en determinadas pozas.

Aún así, recomiendo totalmente la visita si pasáis cerca de aquí, son una maravilla de aguas azules y un oasis del que resguardarse del horrible calor que se pasa en Grecia haciendo turismo en pleno julio.

Es fácil llegar, ya que en Google Maps alguien se ha encargado de poner un pin en la misma cascada y también en el parking. Tan solo tenéis que escribir «Polylimnio Waterfalls«.

Eso sí, aunque la distancia a recorrer es corta, unos mínimos, por favor: qué menos que unas deportivas para caminar. Había cada individuo por allí que no ha acabado en el agua de milagro. El terreno es escarpado y tiene bastantes pendientes de subida y bajada.

Importante: al llegar a las cascadas, se puede ir a la derecha o a la izquierda por el cauce del río. Las más bonitas están hacia el lado derecho a unos 300m, pero también es donde está todo el mundo, así que el lado izquierdo, aunque menos impresionante, también es interesante. ¡Pero no dejéis de pasar a ver las cascadas grandes porque son espectaculares!

En Charavgi, el pueblo más cercano, hemos parado a comer en el restaurante Kataraktis, y adivinad lo que voy a decir a continuación… ¡qué rico estaba todo! Aquí en Grecia parece que, al igual que en España, se come bien en todas partes: un restaurante malo está condenado a la quiebra.

Seguimos con la cata de platos típicos, y hoy ha tocado probar el Pastitzio: una lasaña echa con tallarines en vez de con láminas de pasta, pero por lo demás es igual.

Kyparissía

Retomando la ruta en coche hacia Olimpia, hemos parado por Segunda vez: en esta ocasión en un pueblo costero llamado Kyparissía que esperábamos tuviese su encanto, al igual que los que hemos visitado estos días (Nauplia y Ghythio), pero no ha sido así, el listón estaba bastante alto.

En este pueblo no hay mucha vida costera y lo que hemos hecho ha sido visitar las ruinas de su castillo, también de época Bizantina, como el de Mystras, pero bastante peor conservado. Lo más curioso es el pequeñísimo teatro que se encuentra casi en perfecto estado en lo más alto de la fortificación.

Fue fundado en 1205 y pasó por manos de los francos y los turcos en varias ocasiones, al igual que los demás terrenos de esta zona.

Dejo claro que no es un pueblo al que recomiende venir expresamente, en absoluto, pero no es mal lugar para parar si vais de camino al norte, ya que la carretera de la costa pasa literalmente por el medio de la localidad, y desde el castillo hay muy buenas vistas de toda la costa, además de varios restaurantes para hacer una parada gastronómica post-puesta de sol, por ejemplo.

Y, unas 4 horas después del inicio, llegamos al destino final: Olimpia. De haberlo hecho directamente, por peaje hubiésemos tardado unas 2h, y sin él, 3. No dejéis de barajar esta opción si veis que tenéis el tiempo más ajustado, pues los peajes no son caros; eso sí, todas las autopistas son de pago y las carreteras nacionales dan penita.

Alojamiento: Hotel Inomaos (34€/habitación doble/noche) – bien situado, en plena calle central de Olimpia, aunque tampoco es que esté pueblo sea muy grande. Habitación normal, un poco vieja, un buen balcón y buenas vistas, pero nuestra habitación da a la calle más ancha y los coches se oyen muchísimo porque la ventana no aísla nada.

21 de julio: Esparta, Mystras y Gythio

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Esparta

Sí, sí… poco, ¡pero algo hay en Esparta! La verdad es que es una pena lo poco que ha aprovechado esta gente la fama de su nombre. El caso es que la Esparta Antigua fue abandonada por sus habitantes hace muuuuucho tiempo, durante las invasiones bárbaras. El territorio quedó deshabitado hasta que en 1831 se fundó la ciudad de Esparta actual, la moderna, situada junto a la antigua, pero no exactamente en el mismo lugar. Eso es bueno, porque así es posible visitar hoy las ruinas de la Acrópolis de la Esparta de Menelao.

Se encuentran en muy mal estado, son poco más que un montón de piedras, ya que durante todos los siglos posteriores a su apogeo, las diversas culturas que pasaron por aquí fueron tomando materiales para sus propias construcciones; ¡incluso se cogieron fragmentos para construir la actual Esparta en 1830!

Entrar al recinto de la Acrópolis es gratis, y se puede apreciar la forma de un teatro, varios templos, y también formaciones romanas.

¿Y qué más se puede hacer ver en Esparta?

  • Estatua de Leónidas: se encuentra muy cerca de la entrada a las ruinas, junto a una pista de atletismo. Es lo más popular para todo turista que viene aquí por el simple hecho de que esta ciudad se llame Esparta.
  • Museo Arqueológico: pequeñísimo, con apenas 3 salas de muestras de lo que se encontraron en las ruinas, incluido un busto de Leónidas. Entrar cuesta 2€ (gratis para universitarios).
  • Museo de la Oliva: esta zona está plagada de plantaciones de olivos, y la aceituna ha sido una importante fuente de ingresos para los habitantes de la región desde siempre, y el museo lo cuenta todo.

Esparta es, hoy en día, un pueblo pequeño donde los niños juegan en la calle y donde la vida se hace en la calle a partir de las 8 de la tarde, cuando baja el sol y se disipa el calor. En verano todo el mundo está en las terrazas cenando o tomando algo hasta bien entrada la noche, y es muy agradable infiltrarse entre los autóctonos.

¿Merece la pena la visita? Depende. Si tenéis los días contados o no habéis alquilado un coche, venir aquí concretamente, no compensa. En nuestro caso, estamos haciendo una ruta por carretera por el Peloponeso, y tener coche propio nos da mucha libertad. De hecho, hoy mismo hemos visitado dos lugares más a parte de Esparta, que os voy a contar a continuación.

Mystras

La fortaleza de Mystras, situada junto al pueblo moderno con el mismo nombre, en la montaña Taygeto y a sólo 8km de Esparta, fue una ciudad fundada por los Francos en 1249. En su máximo apogeo llegó a tener 20.000 habitantes y fue una de las más importantes del Imperio Bizantino. Posteriormente fue tomada por el Imperio Otomano y más tarde por los Venecianos. En 1715 volvió a manos de los turcos y poco a poco empezó su decadencia, hasta que en 1770 un incendio la destruyó parcialmente y finalmente en 1839 fue abandonada por completo.

Hoy en día se pueden visitar sus restos, y desde luego quedamos impresionados por la cantidad de ruinas que hay en la zona. Desde luego se ve perfectamente que fue un lugar enorme.

En lo más alto se encuentra el castillo (ahora en ruinas) desde donde hay unas vistas 360º del valle en el que se encuentra Esparta y por el otro lado del Taygeto, una montaña imponente y rebosante de verde.

Una visita totalmente recomendable, cuya entrada cuesta 12€ (gratis para universitarios) y en la que podéis invertir 1h30 o 2 horas, ya que además de subir al castillo andando, en la parte baja hay varias capillas también muy bonitas.

Gythio

Última visita del día de hoy, un pueblo costero a unos 40km de Esparta y también con mucha vida y mucho «terraceo». Durante la época dorada de la Antigua Esparta, esta ciudad fue su base naval y arsenal, y por este motivo sufrió como nignuna durante las Guerras del Peloponeso, y cayó en manos de los Romanos en el 195 a.C. Lamentablemente, en el siglo IV d.C. fue destruida por un terremoto. Se pueden visitar las ruinas de la antigua ciudad, porque de manera similar a Esparta, la nueva no está exactamente en el mismo punto que la vieja.

¿Un plan? Caminar por el paseo marítimo desde la plaza central hasta el faro, y ver la puesta de sol desde allí.

A sólo 7km de Gythio, en una playa llamada Valtaki, hay algo muy curioso: el «Naufragio de Dimitrios», un barco en plena orilla del mar que quedó a la deriva y encayó en la playa en 1981, y ahí esta desde entonces, oxidado y hueco por dentro. Hemos buscado información sobre su historia, y aunque hay varias versiones, no son muy emocionantes ni tiene un relato de película: al parecer el barco tenía problemas de funcionamiento y los dueños lo dejaron intencionadamente olvidado en el puerto de Gythio. Los meses pasaban y el enorme navío ocupaba bastante lugar en el puerto, así que las autoridades lo lanzaron a la mar. Efectivamente, las averías hicieron que casi inmediatamente fuese a la deriva y llegó a esta playa pocos días después.

Ya tenéis varias ideas de «Qué hacer en Esparta». Quizás no las que se pueden esperar de una ciudad con ese nombre tan mítico, y más si has visto la película de 300 (me sé de uno que está emocionadísimo por estar aquí), pero ¡algo es algo!

Mañana cambiamos de destino: llegaremos a la gran Olimpia.

20 de julio: Atenas – Epidauro – Nauplia

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

Comienza la ruta por carretera: hoy dejamos Atenas para adentrarnos en el Peloponeso, pero antes teníamos pendientes las últimas visitas en la capital (todas ellas incluidas en el pase de 30€ del que os hablé ayer):

  • Biblioteca de Adriano – cuya creación fue ordenada por el emperador Adriano en el 132 d.C. para albergar su extensa colección de libros y también como sala de lectura y centro de convenciones.
  • Ágora Antigua – fue el centro de la vida pública de Atenas. Por estos parajes pasearon los filósofos Sócrates, Aristóteles y Platón, y aquí mismo se creó literalmente la Democracia. Nuestro mundo es lo que es gracias a este lugar. Dicen que es un también un obligado de Atenas, no sólo por la carga simbólica que tiene, sino porque dentro se encuentra el Hefestión, un templo que es exactamente igual que el Partenón (aunque más pequeño) y este sí está conservado por dentro.
  • Monastiraki Flea Market – es un mercadillo en varias callejuelas que salen de la Plaza Monastiraki, y que me han recordado mucho a Camden Market de Londres.

Nos ha faltado por visitar una zona por la que luego hemos pasado con el coche, y nos hemos arrepentido mucho de no haber ido: el edificio de la Universidad, la Academia y la Biblioteca, tres edificios modernos pero de arquitectura griega clásica y muy, muy bonitos. Os recomiendo no pasarlos por alto.

A las 2 hemos ido a por el coche, la compañía elegida ha sido Avis. No por nada en concreto, sino porque fue la primera que nos dio un precio razonable y que nos dejaba devolver el coche en una ciudad diferente a Atenas, cosa que reducía muchísimo nuestras posibilidades (y aumentaba el precio). Aquí un consejo muy útil: aunque penséis que perdéis tiempo teniendo que volver a Atenas a coger el vuelo de vuelta, es la mejor opción igualmente, porque la cuota por dejar el coche en otra ciudad ronda (e insulso supera) los 200€ en todas las compañías.

¡Y comienza la ruta! Pero antes había que llenar el buche: hemos probado un mítico souvlaki, algo parecido al kebab pero aquí no es considerado comida basura como en España lo es el kebab. Toda una bomba pero muy rico: carne, lechuga, tomate, salsa y ¿patatas fritas? dentro de un pan de pita enrollado.

Y ahora sí, primera parada…

Epidauro

Una antigua ciudad griega de la que hoy sólo quedan ruinas, quizás os suene el nombre porque aquí se encuentra el famoso Teatro de Epidauro, que fue encontrado en el siglo XIX bajo la montaña, en perfecto estado. Es por ello que hoy se puede admirar toda su estructura, con capacidad para 15.000 personas. Recordad que el más grande de la Antigua Grecia fue el Teatro de Dionisio de la Acrópolis con espacio para 17.000 pero está casi todo destruido, y este sí está entero. Simplemente impresionante.

Desde el punto central del escenario hay una proyección del sonido perfecta y cualquier persona en cualquier punto de la grada puede escuchar lo que ahí se dice.

A día de hoy se hacen espectáculos aquí durante las noches de verano. Tiene que ser digno de ver.

En este recinto no hay mucho más en buen estado, casi todo son rocas esparcidas por el terreno: hay que tener mucha imaginación para apreciar algo. Hay un pequeño museo que también se puede visitar.

La entrada cuesta 12€ (gratis para universitarios) y abre de 8 a 20h.

Nauplia

Un pueblo costero a 30 minutos de Epidauro, con un ambientado increíble, aún más siendo sábado y verano.

Primero hemos subido los 1000 escalones hasta la Fortaleza de Palamidi, en lo alto de los acantilados. Entrar cuesta 6€ (gratis para universitarios) y abre también de 8 a 20h. Pero más que el castillo en sí, de arquitectura veneciana del siglo XVII, lo bonito son las vistas. Por un lado el interior de la península y por otro el mar. Hemos disfrutado de un atardecer precioso.

En realidad hay una forma de subir en coche, por el lado contrario al mar, y con parking incluido. Pero ya sabéis que nosotros somos unos valientes.

Para terminar el día, hemos dado un paseo por el centro de Nauplia, callecitas estrechas llenas de tiendas y restaurantes, con mucha vida, y hemos cenado en To Paleo Archontiko, muy económico y buenísimo (para variar). Nos faltaba por probar un plato típico: la Mussaka, una lasaña hecha con patata, bechamel, berenjena y carne picada… ¡riquísima!

Antes de irnos, hemos rematado la visita viendo cómo se hacían bailes folclóricos griegos en plena plaza del pueblo.

Fin del día, que ha dado mucho de sí, y ahora estamos de camino a Esparta, que es donde nos alojaremos las próximas dos noches. Nos han dicho que no hay nada más que el nombre y una estatua de Leónidas. ¿Será cierto? Mañana lo comprobaremos.

19 de julio: Atenas

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Día completísimo pateando Atenas de arriba abajo, como no podía ser de otra manera, no sin antes encender los motores probando el tradicional café griego (que es lo mismo que el turco, egipcio, armenio… café otomano, vaya): no soy muy fan del café y eso ha influido, pero eso de poder masticar literalmente los posos ¡no me ha gustado nada! Y el sabor era bastante fuerte así que creo que a los fans del café sí os gustaría.

Café en mano y pilas cargadas, hemos ido directamente al grano. Primera parada, la Acrópolis. Entrar cuesta 20€ (o 30€ si cogéis el pase para entrar en otros 5 monumentos más – y merece la pena) pero es gratis para estudiantes universitarios, presentando el carnet. El horario de apertura es de 8 a 20h; para no sufrir el calor y admirar este lugar con bastante menos gente, he de decir que sí merece la pena madrugar más para venir a primera hora.

Antes de entrar hay unas rocas a las que se puede subir y son un excelente mirador de la ciudad y que ofrece una buena panorámica de la Acrópolis.

¿Y qué significa Acrópolis? Literalmente «la cima de la ciudad» y es que se encuentra, efectivamente, en lo alto de un peñón en medio de Atenas, visible desde casi cualquier lugar. Es donde se originó la ciudad y donde, a pesar de ésta ir ampliándose, quedaron los edificios más importantes debido a que podían ser protegidos con más facilidad.

Los monumentos que hoy en día se conservan datan de la «Edad de Oro» griega, del 480 al 404 a.C.:

  • Teatro de Dionisio – considerado el teatro más antiguo del mundo y el más grande de la Antigua Grecia (tenía capacidad para albergar a 17.000 personas). En este histórico lugar se estrenaron las primeras obras de Eurípides, Sófocles, Esquilo o Aristófanes, entre otros.

  • Odeón de Herodes Ático – hoy luce mucho más impresionante que el Teatro de Dionisio, es por las restauraciones que han realizado en él durante los últimos tiempos. Data del 161 d.C., época romana, mucho más «moderno», donde va a parar, y en su día estaba destinado a hacer espectáculos musicales. Actualmente también se realizan representaciones asiduamente.

  • Propileos – este es el nombre que se le daba a las entradas a las acrópolis, y es por donde se accede a lo más alto de la Acrópolis, previo a los monumentos más famosos. Comenzó a construirse en el 431 a.C. pero nunca llegó a terminarse debido a la llegada de las Guerras del Peloponeso.
  • Templo de Atenea Niké – subiendo por las escaleras del Propileos, si miráis a la derecha, veréis un pequeño templo totalmente restaurado, de época jónica, que conmemora la victoria de Atenea en la Batalla de Salamina.

  • Partenón – el más deseado, y también ¡el más cubierto por andamios! Famoso en el mundo entero, con sus 70 metros de largo y sus perfectas proporciones, no decepciona para nada. Ha sobrevivido a lo largo de los años, aunque no todo lo bien que hubiese podido: en épocas posteriores a los griegos, una iglesia Cristiana fue construida en su interior, y después, durante la ocupación otomana, fue utilizado como almacén de pólvora… hasta que ésta explotó por accidente y lo destruyó, por eso hoy podemos ver que no queda ni rastro de su interior.

  • Erecteion – el otro gran templo de la Acrópolis, situado junto al Partenón. El elemento más destacado del Erecteón esl famoso Pórtico de las Cariátides, con 6 estatuas de mujeres haciendo de columnas. Estas mujeres representan a esclavas de Karys, pueblo griego que había colaborado con los persas y había sido castigado por ello. Detrás de él se encuentra, supuestamente, el primer olivo, aquel que, según la leyenda, la diosa Atenea regaló a la ciudad de Atenas y el motivo por el cual el pueblo la eligió como su protectora y por lo que hoy está ciudad tiene dicho nombre.

La visita a la Acrópolis puede hacerse en unas 2 horas, depende de lo que os entretengáis, y desde luego pienso que es un obligadísimo de Atenas. La primera opción si venís a esta ciudad con poco tiempo o de paso.

Una vez fuera, nos hemos encaminado al que era un obligado para nosotros, un lugar que teníamos infinitas ganas de visitar: el Estadio Panathinaikó, el estadio de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna en el año 1896. Todo un icono del deporte y más para nosotros que practicamos atletismo.

Fue construido en el mismo lugar al que llegó Filípides a anunciar la victoria de Atenas sobre los Persas en la ciudad de Marathona. Historia mítica donde las haya: se dice que recorrió corriendo los 41km que hay entre estas dos ciudades y que cuando llegó, gritó «¡Hemos vencido!» y cayó muerto a causa del esfuerzo. Sí, habéis leído bien. 41 y no 42,195 como mide ahora la carrera de maratón. Esta modificación se debe a que hace unos cuantos años, la Reina de Inglaterra (la anterior, no la de ahora) quiso que la Maratón de Londres acabase frente al balcón de su casa, por lo que la organización tuvo que añadir a la carrera ese 1,195 metros extras… y desde entonces así quedó la distancia oficial.

Otra curiosidad más antes de retomar la visita donde la he dejado: ¿Por qué tuvo que correr Filípides? Al parecer, los persas eran unos soldados muy crueles, y triplicaban en número a los atenienses, por lo que éstos últimos pensaban que perderían la guerra seguro, así que dieron órdenes de matar a todas las mujeres y los niños de Atenas para que no cayesen como esclavos y prostitutas de los persas cuando les invadiesen, preferían morir antes que perder su libertad. Pero la derrota no sucedió: al parecer los persas estaban bastante mal organizados y la derrota fue para ellos. A toda prisa, mandaron a Filípides a avisar rápidamente a Atenas para frenar aquella masacre. Lo consiguió, pero a costa de su propia vida.

Ahora sí, seguimos. Los primeros JJOO modernos fueron celebrados aquí y en ellos participaron 14 países. En los antiguos, que comenzaron en el 775 a.C., sólo participaban griegos y era un evento tan importante que toda disputa entre Polis (que siempre había) quedaba pausada y estaba prohibido luchar. Participar en los JJOO antiguos significaba que una población era griega y la localización siempre era la ciudad de Olimpia (que visitaremos en unos días).

En el estadio también hay un museo donde se pueden ver las diversas antorchas olímpicas, todas originales excepto una: la de Sydney 2000. Todos los países deben devolver las antorchas a Atenas una vez terminados los JJOO, y los australianos dicen que la devolvieron, pero el caso es que nunca apareció, y como dejar el hueco quedaba un poco feo, fabricaron una réplica.

La entrada cuesta 5€ (2,5€ con carnet universitario) y en la entrada es posible coger una audioguía en español gratis.

La tercera parada ha sido el Templo de Zeus, del que apenas quedan unas cuantas columnas en pie, y que se encuentra junto al Arco de Adriano, construido como regalo de los atenienses a este emperador romano, que aunque les ocupó, hizo muchas cosas buenas por la ciudad y cuya forma representa una fusión entre culturas: un arco romano anexado a una estructura griega.

Por la tarde hemos hecho un Free Tour (lo hay a las 9:45, 17:00 y 18:00) en el que nos han contado muchas de las cosas que os he descrito, así que ha sido muy interesante. Ya sabéis que siempre lo recomiendo porque se aprende muchísimo, no sólo se trata de observar monumentos.

La guía nos ha llevado a muchos de los lugares en los que ya habíamos estado y además:

  • Zappeion – la residencia donde se alojaron los deportistas participantes de los JJOO de 1896.

  • Plaza Syntagma – la plaza de la Constitución, que probablemente os suene porque es aquí donde se hacen todas ls protestas y manifestaciones que siempre nos enseñan en la tele.

  • Agios Eleftherios: la iglesia ortodoxa más importante de Atenas. Aquí celebraron los antiguos Reyes de España su boda ortodoxa.

  • Jardín Nacional – es como el Retiro de Madrid, un oasis para huir del calor de hacer turismo en Grecia en pleno julio.

Finalizado el tour, hemos pasado por la calle Syggirou, está llena de compañías de alquiler de coches y necesitamos uno para adentrarnos en la península del Peloponeso. Si necesitáis un coche, no dudéis en venir a este lugar porque está lleno, tanto de compañías grandes como locales.

Hora de la cena, y hemos repetido en Karamanlidika. En esta ocasión hemos pedido platos diferentes a los de ayer, y por supuesto, todo exquisito:

  • Rollitos de pasta filo rellenos de una especie de jamón

  • Ensalada griega

  • De postre: Künefe. Son como fideos de pasta filo con mantequilla y queso, con pistachos por encima. Una delicia, eso sí, tardan en elaborarla 30′ así que hay que pedirla junto con los platos principales.

Mañana veremos algún lugar más que nos queda de la ciudad, y a las 14:00 cogemos el coche para empezar a recorrer el Peloponeso.

¡GRECIA 2019! 18 de julio: Atenas a la luz de la luna

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Llegó el viaje del año, ¡por fin! Nos apetecía un montón pero disponemos de menos tiempo que otros veranos, así que esta vez hemos tenido que decidirnos por un viaje mucho más cerca que otros años. Aún así, una gran elección: Grecia, «el origen del mundo«, ¡tenemos muuuchas ganas de descubrir todos sus rincones!

Hemos llegado a Atenas a las 19:30, y para venir al centro hemos optado por coger el metro, que es más económico que un taxi. Es bastante sencillo pero nada rápido, ya que los trenes pasan cada 30 minutos… El billete cuesta 10€ (5 si tienes el carnet universitario y eres menor de 25 años) y tan solo hay que coger la línea azul en dirección a Aghia Marina. Nuestra parada era Monastiraki, y se encuentra en todo el meollo de la ciudad. Otra opción algo más barata es coger un autobús por 6€ que lleva también al centro.

La misión de lo que nos quedaba de día ha sido buscar un buen restaurante para probar la gastronomía griega por primera vez. Y de pura casualidad buscando en Google Maps hemos encontrado uno de los mejores restaurantes de Atenas: el Karamanlidika. Está regentado por una española llamada María, súper amable y que se ha sentado a hablar con nosotros nada más enterarse de que éramos españoles. La comida es una auténtica delicia, todo estaba buenísimo y los precios son de risa: hemos comido 3 platos y 2 postres (todo compartido) ¡por 24€! Hemos comido:

  • Unos huevos estrellados revueltos con cecina, tomate y especias.
  • «Ensalada» de patatas: era un revuelto de patatas, tomate y carne deshilachada.
  • Albóndigas con tomate, salsa de yogur y pan de pita.
  • De postre: yogur griego con calabaza en almíbar y la tradicional baklava, un poco empalagosa porque llevaba demasiadísimo azúcar, pero muy rica también.

Mañana vamos a repetir, así que ya os contaré qué tal el resto de manjares.

Había que bajar todo esto, y encontrándonos además en tan buena localización como es la zona de Monastiraki, una de las más animadas de Atenas, hemos dado un paseo por sus calles. ¡Vaya ambiantazo!

Me habían hablado fatal de esta ciudad: que es fea, decepcionante, sucia… Quizás me había hecho una idea demasiado negativa, pero el caso es que me ha fascinado: hemos podido ver el Ágora Romana, la Acrópolis a lo lejos y varios otros monumentos iluminados, y desde luego me ha parecido de todo menos feo. He leído mucho últimamente sobre la cultura griega y cada piedra me trasladaba a ese mundo antiguo del que tantísimos aspectos hemos heredado y gracias al que, a día de hoy, somos como somos.

Mañana comienza la aventura de verdad y ahora tengo aún más ganas de conocer todo lo que este lugar tiene para enseñar. ¡Buenas noches!

Alojamiento – Sparta Team Hotel (25€/habitación doble con baño compartido/noche): el hotel en sí está bastante bien para lo que cuesta. Somos de ahorrar todo lo que se pueda en el tema de alojamientos porque casi no pisamos el hotel y nos parece una tontería pagar de más por algo que no vamos a usar (obviamente dentro de unos mínimos). El único «pero» es que aunque se encuentra a 200 metros del barrio de Monastiraki, está en una zona nada cuidada y muy sucia.