Baiona es una de esas ciudades de la costa gallega que combina historia, mar y muy buen ambiente. Se recorre fácil en un día, pero si te quedas un fin de semana puedes disfrutarla sin prisas. Aquí te dejo todo lo que merece la pena:
1. Fortaleza de Monterreal
El símbolo de la ciudad. Una muralla del siglo XII que rodea casi toda la península. El paseo completo son unos 3 km y es uno de los mejores miradores que encontrarás en Galicia: desde allí ves las islas Cíes, el puerto y toda la bahía. Consejo: hazlo al atardecer, porque las vistas con la luz dorada son espectaculares.
2. Paseo marítimo y puerto
Baiona es muy de caminar (o correr) junto al mar. El paseo recorre la bahía entera y conecta con varias playas. En el puerto deportivo verás barcos de recreo y, anclada, la réplica de la carabela La Pinta, que fue la primera en llegar con la noticia del descubrimiento de América en 1493. La visita es breve pero curiosa si te gusta la historia.
Baiona. Puerto deportivo, y explanada junto a la que se hará un nuevo relleno, lo que implicará cambio de tráfico durante las obras. Y al fondo la réplica de la carabela o nao Santa María de Colón, arribada por primera vez en Baiona.
3. Casco antiguo
Calles estrechas, plazas pequeñas y mucho ambiente de terrazas. No te pierdas la Colegiata de Santa María (románica del siglo XIII) y el Mercado de Abastos si quieres ver la vida local. Es un sitio perfecto para pasear de noche y cenar con calma.
4. Playas
Si buscas algo céntrico, tienes la playa de Ribeira y la de Santa Marta. Son familiares, con arena fina y vistas a la fortaleza. Si prefieres más calma, acércate a Playa América (a 3 km, en Nigrán) o a la cala de Barbeira, pequeña pero muy acogedora.
5. Excursiones desde Baiona
Islas Cíes: puedes coger el barco desde aquí en temporada alta. Son parque natural y probablemente las playas más famosas de Galicia.
Camino Portugués de la Costa: Baiona es punto de paso de esta ruta jacobea. Aunque no vayas a Santiago, puedes hacer algún tramo a pie o en bici.
Monte Boi: está dentro del recinto de la fortaleza y tiene varias sendas sencillas, con vistas panorámicas ideales para fotos.
6. Gastronomía
En Galicia se come bien casi en cualquier sitio, pero en Baiona el marisco y el pescado fresco son protagonistas. Prueba:
Pulpo a feira (sí o sí).
Zamburiñas a la plancha.
Empanada gallega (las de xoubas o berberechos son típicas).
Y de postre, las cañitas rellenas de crema, que son un clásico local. Un consejo: aléjate un poco de las zonas más turísticas del puerto para encontrar mejores precios y más autenticidad.
7. Eventos y ambiente
Si viajas en marzo, coincide la Festa da Arribada, que celebra la llegada de La Pinta. El casco antiguo se convierte en una feria medieval con puestos, música y recreaciones históricas. Es una de las fiestas más originales de Galicia.
Agosto se está convirtiendo en sinónimo de correr el Camino de Santiago. El año pasado hice el inglés, y este año me he animado a dar un paso más, aumentando la distancia y el número de etapas.
Y en este post os cuento todos los consejos prácticos para que planifiquéis vuestro reto. Vamos allá.
1. Organizar las etapas
Lo primero que tenéis que conocer es la página oficial del Camino de Santiago: caminodesantiago.gal. En esta página, pinchando en el botón de «planificar» podréis elegir qué camino queréis hacer y cómo dividir las etapas.
El Camino Portugués es muy largo: oficialmente empieza en Lisboa y tiene nada más y nada menos que 620km. En esta ocasión no era una opción para mí, así que decidí hacer la variante de la costa (por ser más bonito, según dicen) y comenzarlo en la frontera con Portugal.
Eso nos lleva hasta A Guarda/La Guardia, el primer pueblo de Galicia tras cruzar el Miño. Desde aquí hasta Santiago hay 163km. Teniendo en cuenta los km que queráis hacer diariamente y los días de los que dispongáis, podéis distribuir las etapas de una forma u otra. Lo bueno es que es una variante que no tiene mucho desnivel, podríamos decir que es prácticamente llana (no acumulé más de 500m positivos en ninguna etapa, y todas superaron los 25km).
En mi caso, hice un total de 6 etapas (haciendo clic en cada una, os lleva al track):
En general, todo está bastante bien repartido excepto la etapa 5 en comparación con la 1 y la 4 que superan los 31km, pero las paradas tienen que coincidir con algún pueblo o alojamiento disponible, y es muy complicado cuadrar todo a la perfección. Así además, al haber algún día más corto, mentalmente se hace más llevadero.
Seguir el recorrido es facilísimo: hay señales cada pocos metros. No hace falta seguir ningún track en el móvil o GPS, es imposible perderse porque siempre (o casi siempre) tendréis una flecha amarilla a la vista, más aún si llegáis a alguna intersección que pueda generar confusión.
Pero ojo: en Vigo y sus alrededores sí que hay muchísimos problemas para seguir las señales. Hay poquísimas en toda la ciudad, y es que al parecer por algún motivo el alcalde no ha querido ponerlos. Así que la etapa 3, durante los últimos 7km aproximadamente, fui mirando el track todo el tiempo (se sigue súper bien en la app oficial del Camino De Santiago (muy difícil de encontrar, por cierto, te salen decenas de otras apps que no son oficiales antes que esa, así que os dejo el link para descargarla.
Grabé todo mi reto en vídeo, os lo dejo por aquí:
2. Cómo llevar el equipaje de un lugar a otro
Existen varias empresas que se encargan de transportar equipajes a lo largo del Camino, y a precios súper asequibles. Yo elegí Viendo Treks y no puedo dejar de recomendarla porque la experiencia fue de 10. En caso de hacer el Camino corriendo era una prioridad que fuese una empresa que cumpliese bien con los tiempos (cosa que, por lo que me han contado, no pasa con Correos) y que al llegar a destino, mucho antes de lo que lo haría si fuese caminando, mi maleta estuviese ya allí. Acabé todas las etapas antes de las 12:30 y siempre estuvo allí mi equipaje esperando.
El precio es de 7€ por etapa, pero no por la etapa que harás, sino por lo que Viando considera una etapa. Por ejemplo, en mi primer día (A Guarda – Baiona) recorrí 2 etapas (A Guarda – Oia y Oia – Baiona).
Para reservar simplemente hay que entrar en la web, reservar online el servicio indicando todos los hoteles o albergues en los que vais a alojaros, y listo. Os mandan una etiqueta por email (también os la pueden mandar a casa en formato plástico más resistente) que debéis atar al equipaje, y listo.
Importante: este tipo de servicio no se puede realizar si vais sin reservas de albergues u hoteles. Es decir, no podéis ir a la aventura a los albergues públicos porque de esta forma la empresa no se compromete a llevaros el equipaje. En el siguiente apartado hablamos de los albergues públicos y qué tener en cuenta para los alojamientos.
3. Alojamiento
Existen 3 tipos de alojamientos:
Albergues públicos: son alojamientos que cuentan con habitaciones compartidas. Los baños y zonas comunes son compartidos, y suelen tener cocina. Es la opción más económica de todas, ya que los precios por noche rondan los 10€. Sin embargo, cuentan con una gran desventaja: no es posible reservar previamente. Abren cada día alrededor de las 13h y se ocupan por orden de llegada. Los peregrinos que quieren alojarse aquí suelen madrugar mucho cada mañana para llegar pronto al siguiente albergue, y una vez allí, esperan en la puerta hasta que les dan una cama. No suelen ser muy grandes (unas 25-30 plazas por albergue) por lo que se llenan súper rápido, más en temporada de verano.
Albergues privados: son iguales que los públicos, aunque suelen estar en mejores condiciones, y sí se puede reservar previamente (aunque hay que planificarlo con tiempo de antelación). Son un poco menos baratos que los públicos pero siguen siendo muy económicos… aunque cada vez menos. En esta ocasión, los precios oscilaron entre los 20 y los 25€ por una cama en una litera.
Hoteles/hostales: es la opción más cómoda y evidentemente la más cara. En todos los puntos del Camino hay oferta hotelera. Lo malo es que se aprovechan de que quienes van a hoteles priorizan la comodidad, y los precios suelen estar bastante inflados. Por menos de 60€/persona posiblemente no encontréis nada.
Este año decidí alojarme en albergues privados, ya que parte de la esencia del Camino es conocer a otros peregrinos y compartir vivencias. Os dejo la lista de los alojamientos que elegí:
A Guarda – Hotel Bruselas (70€). Fue el único sitio donde no tuve más opción que alojarme en hotel, ya que en el momento de reservar (con un mes de antelación) no quedaba ni una sola plaza en albergues.
Baiona – Albergue Estela do Mar (21€). Muy recomendable, el que más me gustó de todos.
Vigo – aquí me alojé en casa de un amigo, por lo que no puedo daros referencias.
Arcade – Albergue O Mesón (13,25€). El único que no se ha subido a la parra con los precios, y además también tenía restaurante con precios súper económicos. Y realmente está en Pontesampaio, pegado a Arcade pero ya en esta otra localidad.
Caldas de Reis – Albergue Vintecatro (20€). Este fue el que menos me gustó porque las camas no tenían privacidad alguna. En los demás albergues suele haber literas con cortinilla, aquí nada. Y tampoco hay taquillas con llave.
Padrón – Albergue da Meiga (25€). Súuuuuper majos, y todo correcto, pero ¿el precio?
Santiago – Albergue la Estación (24€). Nada recomendable. Muy lejos del centro (bien ubicado si quieres estar cerca de la estación de trenes y autobuses) pero literas sin privacidad, y ubicado en una zona un poco rara a mi parecer. Y el precio de nuevo, una pasada. Lo de Santiago sí que es un abuso. No encuentras nada decente.
4. Material necesario para hacer el camino corriendo
Ropa
Qué ropa llevéis dependerá totalmente del clima y de vuestros gustos. Imprescindible ropa de running, transpirable y ligera. En mi caso, que lo hice en verano, iba con un pantalón corto (pero lo suficientemente largo para evitar rozaduras en la entrepierna) y una camiseta de manga corta de tejido técnico, para evitar rozaduras con el chaleco.
Tampoco llevaba chubasquero, ya que no le veo mucho sentido a llevar un chubasquero porque al final no te mojas por la lluvia, sino que te calas de sudor al ser una prenda que no transpira. Y personalmente me agobia muchísimo pasar tanto calor.
Calzado
Esta parte es muy importante. En el Camino pPortugués por la Costa NO es necesario utilizar zapatillas de trail running. No hay terreno técnico en ninguna parte, y dado que el calzado de trail siempre será más duro que el de asfalto, siempre será más agresivo.
En mi caso, opté por alternar dos pares de zapatillas de asfalto: las Ghost Max 2 y las Glycerin Max (ambas de Brooks) muy amortiguadas pero diferentes, de forma que cada día mi zancada cambiaba ligeramente y no sobrecargaba las mismas zonas.
Alimentación y suplementación
En torno a 1 hora antes de salir (sobre las 9 de la mañana, por cierto) desayunaba algo ligero pero cargado de calorías. Normalmente un café, cereales bizcocho, dátiles, plátano… que me aportase bastantes calorías y carbohidratos en poca cantidad de alimento (y que tuviese poca grasa, pues ésta ralentiza la digestión).
Hecho esto, durante la etapa, que solía ser de entre 2 y 3h (25-30km), tomaba:
Medio litro de agua con bebida isotónica con electrolitos e hidratos de carbono. Por el camino hay fuentes, así que siempre rellenaba el flask un par de veces al menos.
Cámara DJI Osmo Pocket 3 (una camarita súper pequeña y ya veis en el vídeo la brutal calidad que tiene!)
Dinero en efectivo (siempre por si acaso)
Credencial del peregrino (lo explico en el siguiente apartado)
DNI y tarjeta sanitaria
Y para llevarlo todo opté por utilizar un chaleco de hidratación, súper cómodo y totalmente recomendable.
5. Credencial y Compostela
La Credencial del Peregrino no es algo que necesitéis para hacer el Camino, sino para obtener la Compostela, una especie de diploma que entregan en Santiago si has realizado 100km o más (200 si vas en bici) hasta Santiago.
Para obtenerla, hay que demostrar que habéis realizado los km requeridos, y es aquí donde entra en juego la credencial, una especie de pasaporte que debéis ir sellando al menos 2 veces al día en lugares diferentes del Camino.
¿Cómo conseguir la Credencial del Peregrino?
Cuesta 3€ y la puedes conseguir en cualquier oficina de turismo de localidades por donde pasa el Camino, en albergues, parroquias, hoteles… la venden en muchísimos sitios. Si queréis tenerla antes, en este mapa podéis ver en qué sitios por España venden credenciales.
¿Cómo sellar la credencial en cada etapa?
Es facilísimo. En toooodas partes tienen sellos. Y cuando digo todas, es todas: bares, farmacias, tiendas… cualquier establecimiento público por el que pase el Camino, posiblemente tendrá un sello a mano para poder ponerlo en tu credencial.
IMPORTANTE: en Galicia llueve (¡sorpresa!), así que no olvides algún tipo de bolsita de plástico para protegerlo.
¿Cómo obtener la Compostela en Santiago?
Una vez lleguéis a Santiago con todos los sellos (al menos 2 al día en los últimos 100km), solo hay que ir a la Oficina del Peregrino, y allí os indicarán dónde ir, siempre hay una persona en la puerta explicando como hacerlo. Simplemente hay que rellenar un formulario desde el móvil a partir de un QR que hay en la puerta, entregar la credencial, y en pocos minutos os darán vuestra Compostela personalizada con vuestro nombre en Latín.
La Compostela es el certificado que confirma que habéis llegado a Santiago, nada más, y es gratis, pero también existe la posibilidad de obtener el certificado de kilómetros, donde sí aparece la información del origen y los km recorrido. Este documento cuesta 3€, y para mí tiene más valor que el otro, ya que te dan el mismo hayas hecho 160km desde A Guarda que 800km desde Roncesvalles.
6. ¿Por qué el Camino Portugués por la Costa?
¿Por qué elegí este para hacerlo corriendo? Básicamente porque cuentan que es más bonito que el portugués tradicional, y porque al pasar por localidades grandes, es bastante sencillo encontrar alojamiento.
Por otro lado, es muy llano y cómodo, y cuadra bien para hacer 6 etapas de 25-30km, que es lo que buscaba. Si tenéis más días, también se puede ajustar para hacer menos km y más etapas y encontraréis paradas que os encajen, sin problema. Incluso si os animáis a hacerlo en 5 etapas, será más duro, pero también se podría.
Y por último, es importante que si queréis hacer este reto en verano, no elijáis los Caminos más tradicionales (el Francés o el del Norte) porque hay tantísima gente que se hace complicado correr.
7. Cómo llegar hasta A Guarda
Llegar hasta A Guarda no es tarea sencilla. Lo mejor es llegar a Vigo (en tren, bus o avión) y desde allí solo hay un modo: en autobús hasta a Guarda, saliendo de la Estación Intermodal en la línea 1.
Aún así, los poco más de 50km que separan Vigo de A Guarda se tardan en recorrer casi 1h30, porque el autobús va haciendo paradas cada pocos km en los pueblos de la zona.
Espero que os haya servido esta información acerca de cómo hacer el Camino de Santiago Portugués por la Costa corriendo, y si os queda cualquier otra duda, os leo en los comentarios para resolverla y seguir completando este artículo. ¡Buen Camino!
¡Un nuevo techo provincial más en el saco! Esta vez tocaba Gipuzkoa, con uno de esos picos que todo amante de la montaña en Euskadi sueña con coronar al menos una vez en la vida: el Aitxuri (1.551 m). Y aunque el Aitxuri es oficialmente el techo provincial, lo cierto es que aquí no se entiende subir solo a esta cumbre, porque está pegada a otros dos colosos: el Aizkorri (el más famoso de los tres, aunque 5 metros más bajo) y el Akategi. Así que, como no podía ser de otra manera, hicimos el recorrido clásico que pasa por los tres.
Con este sumamos ya 26 cimas dentro del reto CIMASxPROVINCIAS y cada vez me gusta más cómo va quedando el mapa.
Ruta realizada: datos técnicos
Distancia total: 12km
Desnivel positivo acumulado: 930 m
Tiempo total empleado: depende de cada uno, pero nosotros lo hicimos en unas 5h con paradas incluidas
Agua: no hay fuentes durante la ruta. Lleva agua suficiente.
Es un recorrido exigente (pero 100% senderismo), con bastante pendiente, zonas rocosas en las que hay que usar las manos y algunos tramos algo resbaladizos porque como la famosa Zegama-Aizkorri pasa por aquí, miles y miles de personas pisan cada año estos caminos. Pero a cambio, es una de esas rutas que no se olvidan: un espectáculo de vistas, praderas, crestas y esa atmósfera tan especial que tiene toda la Sierra de Aizkorri.
Del parking de Aldaola a las primeras praderas
Comenzamos en el Parking de Aldaola, perteneciente a Zegama. Desde aquí, la ruta arranca por pista cómoda y enseguida nos adentra en un bosque precioso que se abre poco a poco en praderas. Es una subida progresiva que, aunque tiene algún repecho, se hace bastante llevadera en esta primera parte.
Enseguida pasamos junto a varias txabolas y bordas pastoriles (Arbelar, Oltzantzurri Txabolak…) y atravesamos la zona de Perusaroi, donde empiezas a sentir ese ambiente de montaña tan característico de Aizkorri: rocas calizas, vacas pastando y un sendero que va endureciéndose con cada metro.
Ascenso al Aizkorri: el primer gran objetivo
La subida se pone seria a partir de Perusaroi: la pendiente se mantiene constante y el terreno se vuelve más pedregoso. Después de atravesar la zona de Aldasbarrenela y el collado de Zulonpo, entramos de lleno en la parte más exigente antes de la cresta. En esta zona hay una parte con mucha caída a la izquierda, y por ello hay unas cadenas en la pared para mayor seguridad, aunque realmente el camino es lo suficientemente ancho. Eso sí, no muy apto para personas con vértigo.
Al llegar a la parte alta, el paisaje se abre de golpe y aparecen las vistas amplias de toda la sierra. Un último esfuerzo y… primera cima: el Aizkorri (1.528 m).
Aquí se encuentra también la famosa ermita del Sancti Spriritu, uno de los puntos más emblemáticos de toda la ruta (más si eres seguidor de la mítica carrera de trail Zegama-Aizkorri), escoltada maravillosamente por decenas de cabras pastando a sus anchas (o esperando a que algún humano les de comida…).
De Aizkorri al techo de Gipuzkoa: el Aitxuri
Desde el Aizkorri seguimos el sendero cresteando hacia el objetivo principal: el Aitxuri. Este tramo es, sin duda, el más espectacular de la ruta: un sendero entre rocas calizas, con subidas y bajadas cortas, vistas infinitas a ambos lados y esa sensación de estar en plena alta montaña aunque estés a menos de una hora de la costa.
Llegar al Aitxuri (1.551 m), aunque no sea la cima más bonita de la sierra, se siente especial. Es una cima pequeña, rocosa y discreta, pero tiene ese aura de “lo he conseguido, estoy en el punto más alto de toda Gipuzkoa”. Nos quedamos unos minutos disfrutando de las vistas antes de continuar al tercer pico.
Última parada: el Aketegi
Desde el Aitxuri continuamos por la cresta hasta el Aketegi (1.548 m), la tercera y última cima del día. Menos llamativa que las anteriores, pero igualmente merece la pena, sobre todo porque el sendero hasta ella sigue siendo precioso y no supone apenas esfuerzo extra desde el Aitxuri.
Con las tres cumbres coronadas, solo quedaba disfrutar del descenso.
El regreso por el túnel de San Adrián
El descenso lo hicimos por la vertiente opuesta a la subida, completando así la circular. Aquí hay que prestar atención: las pendientes son pronunciadas y en ocasiones resbaladizas.
La sorpresa final es el túnel de San Adrián, un paso natural en la roca con una pequeña ermita en su interior. Pasar por aquí casi al final de la ruta es espectacular: un lugar cargado de historia que, durante siglos, fue la principal vía comercial entre Castilla y Gipuzkoa. Merece la pena pararse un minuto antes de seguir hasta el parking.
El Aitxuri es uno de esos techos provinciales que justifican por sí solos el reto CIMASxPROVINCIAS. La circular que pasa por Aizkorri, Aitxuri y Aketegi lo tiene todo: historia (el túnel de San Adrián), paisajes espectaculares, un ambiente que se siente de alta montaña y la satisfacción de pisar el punto más alto de toda Gipuzkoa.
Pequeña, tranquila y rodeada de pinos, la ciudad donde Machado se enamoró del Duero tiene mucho más que “un río de cristal sereno”. Basta un paseo de dos días para descubrir claustros románicos, leyendas de Bécquer y unos torreznos capaces de convertir a cualquier escéptico en fan de la gastronomía castellana. Aquí van diez ideas —ordenadas para que puedas enlazarlas a pie— con las que saborear Soria sin prisas.
Los sorianos la llaman La Dehesa. Es un parque histórico cercado por olmos, fuentes y ardillas que corretean entre praderas. Busca la estatua de Leonor (musa de Machado), el kiosco de música y el hueco donde se alzaba el olmo seco que inspiró uno de sus poemas más famosos.
2. Viajar a Oriente sin salir del Románico en San Juan de Duero
El claustro de este antiguo monasterio hospitalario sorprende con arcos entrecruzados de sabor casi árabe que no encontrarás en otro lugar de España. Pasa la novatada: intenta fotografiar el reflejo de las columnas sobre el estanque central.
3. Caminar junto al Duero hasta la ermita de San Saturio
Toma la Senda de los Pescadores y, en apenas media hora, llegarás a la ermita excavada en la roca que preside la ribera. Su interior barroco contrasta con las vistas austeras del cañón. De regreso, fíjate en la isla del Soto Playa: en verano podrás darte un chapuzón fluvial.
4. Sentarte en la Plaza Mayor y aprender a pedir torreznos
Soportalada, con un reloj de sol y un quiosco decimonónico, es el salón de la ciudad. Asómate al Collado —la calle peatonal que arranca aquí— y elige bar: torreznos crujientes, migas pastoriles o pinchos de setas de temporada, siempre con el vino de la ribera del Duero al lado.
5. Admirar la Concatedral de San Pedro
Dentro aguarda un claustro románico declarado Patrimonio Mundial junto a otras joyas del Camino de Santiago. Si coincide tu visita con la hora del órgano, entenderás por qué los sorianos presumen de acústica sagrada.
6. Curiosear en el Museo Numantino
Entre vitrinas verás puntas de flecha celtíberas, cerámica pintada y la maqueta que recrea el asedio de Numancia. Perfecto para entender el carácter recio que todavía se atribuye a la tierra soriana.
7. Perderte por El Collado y el Casino Amistad Numancia
La arteria comercial luce edificios modernistas y pastelerías donde comprar mantequilla dulce de Soria, una tentación tan suave que se deshace si la tocas con los dedos. A mitad de calle, el Casino guarda el encanto de los viejos cafés literarios.
8. Levantar la vista ante el Palacio de los Condes de Gómara
Rincones renacentistas de este calibre se suelen ver en rutas por Castilla, no en una capital diminuta. Observa las almenas, la portada herreriana y los balcones de forja: no desentonarían en Valladolid o Salamanca.
9. Subir al Mirador del Mirón al atardecer
La iglesia de Nuestra Señora del Mirón protege el promontorio desde el que se dominan las huertas, el Duero serpenteante y la silueta de San Saturio al fondo. Lleva abrigo incluso en verano: Soria refresca cuando el sol se esconde.
10. Cerrar la noche en la zona de Herradores
Los sorianos terminan aquí su chiqueteo. Pide una caña y, sin desembolsar un euro extra, llegará una tapa generosa. Si es temporada de hongos, busca el champiñón relleno; si es invierno, ejercicio obligatorio: trufa rallada sobre huevo.
Consejos exprés
Cuándo ir: abril-junio y septiembre-octubre regalan luz dorada y buen ambiente sin frío extremo. Si viajas el 1 de noviembre, vive la Noche de ánimas: un desfile de antorchas inspirado en la leyenda de Bécquer.
Distancias: del parque de La Dehesa a San Saturio hay 2,5 km; todo lo demás está a menos de quince minutos a pie.
Souvenir comestible: mantequilla D.O.P. Soria (dulce o salada), torrezno al vacío y queso de Oncala. Ocupan poco y alegran cualquier despensa.
Soria no presume, no grita y no corre. Por eso basta medio fin de semana para que su ritmo sosegado te obligue a bajar revoluciones, saborear cada pincho y releer a Machado a la orilla del río. Vuelves con la sensación de haber descubierto un secreto a voces… y con ganas de contárselo solo a quien sepa apreciar un lujo hecho de silencio y piedra dorada.
Mucha gente pisa Ciudad Real con la excusa de buscar molinos, pero la capital manchega tiene una identidad propia que se deja saborear en un paseo de un par de días. Iglesias mudéjares, patios encalados, tapas generosas y un puñado de museos que sorprenden a quien solo espera llanura y viñedos. Si vas a pasar por la A-43 o te tienta una escapada tranquila, apunta estos diez imprescindibles.
1. Cruzar la Puerta de Toledo y arrancar el viaje en la Edad Media
Este imponente arco gótico-mudéjar, único vestigio de las murallas, marca la entrada simbólica a la ciudad. Fíjate en las almenas y en los escudos de la Orden de Calatrava: son la tarjeta de visita de la historia militar que vio nacer a Ciudad Real en el siglo XIV.
2. Pasear sin prisa por la Plaza Mayor
Columnas de piedra caliza, soportales con terrazas y el original edificio del Ayuntamiento —una rareza neogótica de los años 70— forman el corazón social de la capital. Pide un tinto de verano y unas berenjenas de Almagro encurtidas: nada mejor para empaparte del ambiente local.
3. Entrar en la Iglesia de Santiago para cazar dragones y lises
Templo más antiguo de la ciudad (s. XIII). El rosetón de ocho pétalos ilumina un interior plagado de detalles curiosos: fíjate en las pinturas murales, donde conviven flores de lis y pequeñas bestias fantásticas.
4. Visitar el Museo del Quijote y la Biblioteca Cervantina
Un espacio interactivo que recrea ventas manchegas, campos de batalla y escenas clave de la novela. Ideal si viajas con peques: paneles táctiles, audioguías “habladas” por Sancho y hasta un antiguo teatro de títeres quijotescos.
5. Saborear la ruta de tapas por la calle Palma
En Ciudad Real las tapas van incluidas en la consumición. Recorre los bares entre la calle Palma, Pozo Concejo y los Jardines del Torreón. Prueba el pisto manchego con huevo de codorniz, los torreznos bien fritos y, si vas en invierno, un guiso de asadillo.
6. Meterte en el Museo López-Villaseñor y flipar con sus patios
Ubicado en una casona del siglo XV. Combina arte contemporáneo (la obra colorista de Manuel López-Villaseñor) con patios manchegos llenos de geranios y azulejos. El contraste entre la pintura moderna y la arquitectura popular vale la visita.
7. Descubrir la Catedral de Santa María del Prado y su gigantesco retablo
Inacabada durante siglos, presume hoy de ser la nave gótica más ancha de España (34 m). El retablo mayor barroco, con sus columnas salomónicas doradas, se lleva todas las miradas. Sal por la puerta del perdón y curiosea el pequeño jardín lateral.
8. Respirar en el Parque de Gasset y cazar ardillas
Lagos, glorietas modernistas y una sorprendente colección de esculturas contemporáneas. Ideal para correr al amanecer o para un paseo al caer la tarde antes de perderse de nuevo por el centro.
9. Acercarte al conjunto volcánico de Poblete
A solo diez minutos en coche se alza una de las chimeneas volcánicas mejor conservadas del Campo de Calatrava. El sendero señalizado rodea cráteres, lagunillos estacionales y coladas de lava fosilizadas. Un paisaje que rompe con la idea del llano infinito.
10. Brindar con un buen DO Valdepeñas en la Taberna El Ventero
Si el vino de la tierra te tienta, este local con aire de bodega clásica sirve tintos jóvenes, crianzas y el célebre “clarete” rosado de la zona. Acompáñalo con queso manchego curado o con unas gachas de pastor para redondear la jornada.
Cuando alguien habla de Huesca suelen venir a la cabeza castillos medievales, pueblos pirenaicos o cañones de aventura. Pero la capital oscense, discreta y manejable, esconde un puñado de rincones que justifican por sí solos una escapada urbana. Aquí tienes diez ideas —ordenadas para que puedas enlazarlas a pie— con las que exprimir la ciudad en un fin de semana.
1. Entrar en la Catedral y asomarte a la plaza episcopal
La Catedral de Santa María, gótica del siglo XIV, impresiona menos por su tamaño que por la colección de gárgolas, el pórtico esculpido y el retablo mayor renacentista de Damián Forment. Antes de marcharte dedica un minuto a la Casa Consistorial: su patio aragonés, de ladrillo y yeserías, es un capricho mudéjar escondido a la vista.
2. Dejarte envolver por el claustro de San Pedro el Viejo
Cinco minutos de paseo bastan para plantarse en uno de los claustros románicos más puros de Aragón. Columnas geminadas, capiteles historiados y un silencio monástico que sorprende a dos pasos de la calle. En la capilla de San Bartolomé descansan los reyes Alfonso I el Batallador y Ramiro II, así que estás pisando puro relato medieval.
3. Disfrutar del ambiente en la Plaza Luis López Allué
Antiguo mercado de abastos, hoy es la postal más fotografiada de Huesca. Balaustradas de hierro, soportales corridos y un puñado de terrazas perfectas para el vermú. Empieza aquí tu ruta de tapas por calles adyacentes como Coso Bajo, Padre Huesca o los Porches de Galicia.
4. Perderte por el Museo de Huesca
Instalado en el renacentista palacio de los reyes de Aragón, combina arqueología (importante colección ibera y romana) con arte gótico, renacentista y contemporáneo. Si viajas con niños, la maqueta interactiva de la Huesca musulmana siempre triunfa.
5. Respirar en el Parque Miguel Servet
Pulmón verde de la capital, salpicado de esculturas, fuentes y la entrañable casita de Blancanieves (pequeño homenaje a Walt Disney). En verano se organizan cuentacuentos y cine al aire libre; en otoño, el tapiz de hojas de los plátanos invita a la foto.
6. Rodear las murallas medievales
Entre el portal de Montearagón y la torre del Amparo discurre un paseo arqueológico que desvela lienzos defensivos del siglo XIII, integrados con arquitectura contemporánea. Buen mirador para comprender la huella musulmana y cristiana que modeló la ciudad.
7. Curiosear en el Círculo Oscense
Al Casino de Huesca (1916) se le apoda “el hogar del modernismo oscense”. Fachada ornamental, mármol, vidrieras y un café digno de novela de preguerra. Pide un “colacao con suspiro” (café descafeinado y nube de nata): tradición local a la hora de la merienda.
8. Visitar el CDAN, arte contemporáneo con skyline pirenaico
El Centro de Arte y Naturaleza se alza en la salida norte. Premio FAD de arquitectura, obra de Rafael Moneo, expone piezas donde paisaje y creación van de la mano. La foto obligada: el ventanal que enmarca las sierras de Gratal y Guara.
9. Mirar las estrellas en el Planetario de Aragón
Se encuentra en Walqa, a diez minutos en coche. Proyección fulldome, observatorios solares y nocturnos y talleres para chavales. Después de la sesión, sube al mirador del Águila y hazte a la idea de por qué Huesca presume de cielos tan limpios.
10. Vivir la ciudad en verde durante San Lorenzo
Del 9 al 15 de agosto Huesca se tiñe literalmente de blanco y verde: charangas, danzantes y un perfume permanente a albahaca en honor a su patrón. Si no coincides con la fiesta, quítate la espina tapeando caracoles “a la oscense” y degustando un crespillo (hoja de borraja rebozada) en cualquier bar del centro.
Mallorca no es solo sol, calas turquesa y hordas de sombrillas a rayas. Si de verdad quieres conocer la isla, coge un coche, dale al play a tu lista de Spotify y piérdete por sus carreteras secundarias. Aquí tienes 10 paradas que te van a hacer sentir que has descubierto TU propia isla. Porque esto no va de seguir mapas, sino de dibujar el tuyo.
Para eso, necesitarás un coche, claro. En el comparador de Discover Cars puedes ver rápidamente cuál es la mejor opción entre todas las compañías.
1. El bar de pueblo donde el tiempo se para (y los precios también)
📍 Bar S’Hostal, Montuïri Una caña, una tapa de pa amb oli y tres abuelos hablando de fútbol con la misma pasión que un narrador de Champions. Este bar es más Mallorca que una ensaimada en el aeropuerto. Siéntate, escucha, y no preguntes por Wi-Fi.
2. El bosque encantado que no sale en Instagram
📍 Comuna de Lloret de Vistalegre Un pinar espeso, un silencio que suena y caminos donde solo te cruzas con lagartijas. Si te mola caminar sin rumbo o correr sin Strava, este es tu sitio.
3. Un faro en el fin del mundo
📍 Faro de Cap Blanc Más solitario que un lunes sin café, este faro se alza sobre acantilados dramáticos y mar infinito. Lleva un picnic, un libro, o a alguien que no tema al viento.
4. El pueblo que huele a horno y a historia
📍 Fornalutx (entra al horno, no te quedes fuera sacando fotos) Sí, es bonito. Sí, tiene callejuelas empedradas. Pero lo mejor está en sus hornos tradicionales. Compra una coca de patata, sube unas escaleras al azar, y déjate sorprender por las vistas (y el azúcar glasé en tu camiseta).
5. Una playa sin nombre (literalmente)
📍 Entre Cala Torta y Cala Mitjana, Artà No tiene nombre, ni bar, ni cobertura. Tendrás que caminar, sortear algunas rocas, y fiarte del rumor de las olas. Si llegas, no digas dónde está. Hazte el misterioso.
6. El parking donde ves amanecer como si estuvieras en una peli indie
📍 Aparcamiento del Puig de Randa Súbete de noche, pon el termo con café en el maletero, y espera. Cuando el sol asome entre las montañas, entenderás por qué los monjes elegían estos sitios.
7. Un mercado donde la fruta sabe a infancia
📍 Mercado de Sineu (miércoles por la mañana) Aquí no hay influencers ni puestos de sombreros con lentejuelas. Solo campesinos, queso curado y tomates con sabor a verdad. Lleva efectivo y hambre.
8. Un camino que no lleva a ninguna parte… pero qué camino
📍 Camí Vell de Lluc Puedes andar un tramo, o hacer el recorrido entero hasta el monasterio. Lo importante no es llegar (aunque un licor de hierbas en Lluc siempre sienta bien), sino caminar entre encinas, piedras y leyendas.
9. Una librería perdida donde comprar poesía en mallorquín
📍 Llibreria Quart Creixent, Palma Vale, esto no es muy road trip, pero te lo perdono si aparcas cerca. Aquí encuentras libros que no verás en Amazon, y dueños que te recomiendan con el corazón. Comprar uno y lerlo en la playa, planazo.
10. El sitio donde ver el mar sin mojarte
📍 Ermita de Betlem, Artà Subes por una carretera estrecha, caminas un poco, y de repente se abre un balcón al Mediterráneo. No hay palabras. Bueno, sí: “Qué suerte tengo de estar aquí.”
Este road trip no es para hacer checklists. Es para perderte un poco, mancharte de polvo, reírte con desconocidos y llegar a casa con más anécdotas que likes. Mallorca tiene alma, pero solo te la muestra si conduces despacio y miras con ojos nuevos.
Pista ancha; sigue los postes verdes del SL‑02 hasta un punto donde el camino forma un bucle.
Cruce circular → Chorrera de Miraflores
2,4 km
+210 m
Se entra en un pinar con vistas a Madrid. La señalización escasea: conviene llevar el track GPS.
Chorrera de Miraflores
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Salto de ~8 m entre paredes de gneis. Ideal para fotos.
Chorrera Miraflores → Chorrera del Barranco de la Hoyuela
1,8 km
+90 m
Sendero más estrecho y pendiente; se cruza un puente de madera y se localiza una segunda cascada.
Hoyuela → Robles de los 17 Hermanos
0,8 km
+20 m
Pequeñas escaleras talladas en roca bajan al arroyo; se llega al rodal de robles centenarios.
Vuelta al aparcamiento
4,4 km
‑450 m
Descenso continuo por la vertiente opuesta del bucle, más rápido que la subida inicial.
Consejo de sentido: realizar el bucle en el sentido de las agujas del reloj suaviza la subida y deja el desnivel más fuerte para la bajada.
Lo que te espera en el camino
Cascadas encajonadas El arroyo forma varias chorreras que, gracias a la sombra del pinar, mantienen un caudal aceptable casi todo el año. Primavera y otoño son los mejores momentos si quieres verlas en pleno esplendor.
Miradores naturales Cada claro del bosque regala vistas de Miraflores, la Sierra de La Cabrera y, en días limpios, gran parte de la meseta madrileña.
17 Hermanos Un conjunto de robles de troncos retorcidos y porte monumental. El entorno es una pequeña pradera frecuentada por vacas, así que lleva a tu perro atado para evitar sustos.
Recomendaciones rápidas
Calzado: la roca junto a las cascadas está pulida y puede resbalar.
Orientación: la señalización es escasa; descarga el track o usa una app de mapas offline.
Respeto: la poza principal no está habilitada para baño y el suelo es inestable.
Agua: lleva al menos 1 l por persona; no hay fuentes en ruta salvo la del aparcamiento.
Horario: evita las horas centrales en verano; la mayor parte del desnivel está expuesta al sol.
Después de la ruta
Vuelve al centro de Miraflores y repón fuerzas en la Plaza del Álamo: judiones serranos, tortilla de patata jugosa y un refresco bien frío saben mejor después de cuatro horas de monte. Si aún te quedan ganas de vistas, sube en coche al cercano Mirador de la Fuente del Guarro para despedir el día con otro balcón natural sobre la sierra.
Con poco esfuerzo y sin agobios de gente, esta excursión demuestra que todavía existen rincones “semi‑secretos” a menos de una hora de Madrid. Si quieres cascadas, bosque, historia natural y un plus botánico con los 17 Hermanos, apúntala ya en tu calendario.
Isla Cristina, al suroeste de la provincia de Huelva y a tiro de piedra de Portugal, es uno de los puertos pesqueros más importantes de Andalucía. Fundada en 1755 por pescadores catalanes y valencianos —atraídos por la abundancia de sardina y atún tras el terremoto de Lisboa—, la localidad ha crecido entre esteros, salinas y un Atlántico que marca el ritmo de la vida diaria.
Qué ver en Isla Cristina
Paseo Fluvial Arranca frente a la lonja: esculturas que homenajean al marinero, murales cerámicos y terrazas donde probar un choco plancha con vino del Condado.
Mercado de Abastos Date una vuelta al mediodía. Compra mojama recién cortada o prueba un “montadito de lomito” con café.
Centro de Interpretación de la Pesca Antigua fábrica de salazones reconvertida en museo. Aprenderás cómo se hacía la “pescadilla en amarillo” y el arte (aún vivo) de la almadraba.
Playa Central al atardecer Camina por la pasarela que salva el cordón dunar; pon el pie en la arena y mira cómo el sol cae sobre la desembocadura del río Carreras.
Ruta Marismas del Carreras Sendero señalizado (6 km ida/vuelta) desde el puerto deportivo. Ideal al amanecer, cuando la marea llena los caños y llegan las garcetas.
Plan para familias
Barco “Transmara”: recorrido de 50 min por ría y marismas con explicación sobre marisqueo y salinas.
Escuela de vela y paddle surf en el espigón de Punta del Moral (frente a Isla Canela).
Islantilla (10 min en coche): cine de verano, minigolf y centros de ocio si apetece algo más urbano.
Wooden bridge and Isla Cristina beach in the background, Costa de la Luz, Huelva, Spain in front Punta del Moral village, near beaches of Ayamonte.
Dormir y comer sin complicarse
Hoteles: pequeños hostales marineros en el centro (económicos y auténticos) o resorts a pie de playa en Islantilla si buscas piscina y spa.
Tapeo: Calle del Carmen y plaza de las Flores concentran bares con tapas a 2–3 €. Pide huevas aliñadas y ensaladilla de gambas.
Mesa puesta: Restaurante Casa Rufino (clásico para arroces) o La Belli (chiringuito con frituras excelentes).
Datos útiles rápidos
Cómo llegar: 45 min por A‑49 desde Huelva capital; 1 h 30 desde Sevilla (¿Necesitas alquilar un coche? Busca la mejor opción aquí 👈)
Mejor época: mayo‑junio y septiembre‑octubre: temperaturas suaves y menos gente.
Curiosidades:
Tiene el segundo carnaval más antiguo de Andalucía (febrero).
El salazón de atún se documenta aquí desde 1788.
En 2023 lideró la captura de gamba blanca en la lonja onubense.
Isla Cristina es pura esencia atlántica: redes tendidas al sol, olor a sal y un horizonte de marismas que cambia con cada marea. Si buscas un destino donde comer bien, pisar playas casi vírgenes y empaparte de tradición pesquera, apunta este nombre en tu mapa de escapadas.
Seguimos, sin prisa pero sin pausa, con el reto CIMASxPROVINCIAS, y en la excursión de hoy he podido sumar +2: el punto más alto de Badajoz (Pico Bonales – 2112m) y el de Huelva (Cerro de Tentudía – 1055m), ubicados a poco más de 2km (en línea recta) el uno del otro.
Por su parte, el Pico Bonales es el final de la carretera BAV-3002, es decir, que sí, se puede llegar en coche hasta el techo de Badajoz (¿Necesitas alquilar un coche? Busca la mejor opción aquí 👈). Aunque ojo, la foto con el vértice geodésico no te la vas a poder hacer, ya que justo donde debería estar, ¡se encuentra el Monasterio de Tentudía! Y la solución que han encontrado ha sido colocar el elemento de piedra en el tejado del edificio.
Para darle un poco de gracia al reto, y como para mí subir en coche «no vale», decidí hacer la ruta al Cerro de Tentudía desde aquí (además de un monasterio hay un restaurante y un parking bastante amplio). Y resulta que desde hace apenas un año la ruta Tentudía-Bonales está señalizada gracias al Ayuntamiento de Cabeza la Vaca, a quien pertenece la Sierra de Tentudía.
Por lo tanto, y aunque os dejo por aquí el track de Wikiloc, el recorrido no tiene pérdida alguna y tampoco ninguna dificultad. Son unos 6,5km de ida (es decir, 13 en total), aunque hay algunas formas de acortarlo y no tener que pasar por un tramo de carretera por el que sí va el oficial (pero atraviesa un par de bosques privados). El desnivel total es de 400 metros.