San Vicente de la Sonsierra: ¿El atardecer más bonito de La Rioja?

De casualidad pasamos por este pequeño pueblo ubicado en la Alta Rioja, en nuestro camino desde Haro hasta Ábalos, donde pasamos un fin de semana estupendo de turismo enológico.

Llamativo donde los haya, pues San Vicente de la Sonsierra está emplazado en lo alto de un cerro custodiado por un castillo amurallado. Históricamente solo fue una pequeña aldea con casas desperdigadas, que se encontraba aislado de los núcleos protagonistas de las disputas entre visigodos, musulmanes y navarros, por lo que existía bastante pobreza entre sus pobladores.

Posteriormente, el noble navarro Íñigo Arista decidió crear una línea defensiva contra los musulmanes a lo largo del Ebro, cuyo cauce pasa junto a San Vicente. Desde ese momento, San Vicente empieza a cobrar importancia, y el apellido de la Sonsierra se le otorga puesto que está a los pies de la Sierra de Cantabria (sonrierra significa debajo de la sierra). Más tarde, en 1194, es Sancho el Sabio quien levanta el castillo que vemos hoy en día, y además dota a San Vicente de la Sonsierra de la condición de villa, acto a partir del cual se impulsará su actividad y economía.

Desde la construcción del castillo y con el paso de los siglos, la localidad ha sido constantemente utilizada por unos y otros en los diferentes conflictos que han tenido lugar en la Península, debido a su ubicación estratégica elevada sobre los meandros del Ebro, y a pocos kilómetros de lugares como Haro, Laguardia, Logroño o Vitoria.

San Vicente de la Sonsierra cuenta con una oficina de turismo, ubicada en la Plaza Mayor, uno de los lugares que ver en el pueblo, donde podréis informaros de qué se puede hacer en los alrededores de él. En el casco antiguo, podéis dar un paseo visitando los lugares que os dejo a continuación:

  • La Plaza Mayor: donde además podréis encontrar el Ayuntamiento y el Palacio de los Gil Aguiriano.
  • Basílica de Nuestra Señora de los Remedios: Construida en el año 1715, es uno de los mejores ejemplos del barroco de La Rioja.
  • Murales de San Vicente de la Sonsierra: este pueblo también se ha sumado a la moda del street art. A lo largo de él hay varias paredes decoradas con grandes murales que muestran algunos acontecimientos históricos de la localidad.
  • Puente Medieval: se divisa perfectamente desde el castillo este puente que cruza el Ebro y que a día de hoy ya es secundario, pues se construyó uno más grande para el paso de la carretera.
  • Bodega Carlos Moro: es la más conocida e importante de las bodegas que tienen su sede en San Vicente de la Sonsierra. Cuenta con un calado subterráneo de 1250m cuadrados y es posible hacer una visita guiada a las vides, la bodega y hacer una cata de vinos.
  • Castillo de San Vicente de las Sonsierra: os aconsejo finalizar vuestro paseo por el pueblo en este punto, y si puede ser en la puesta de sol, mucho mejor. La entrada a las ruinas de este castillo y a su iglesia es gratuita. Podréis subir a la torre y disfrutar de unas vistas 360º de la Alta Rioja, y con la luz dorada de las últimas horas del día sobre los viñedos de tonos cálidos dejan un paisaje espectacular. Una de las mejores puestas de sol que hemos visto nunca.

Haro, la capital del Rioja

El alumbrado público llegó por primera vez a las calles del mundo en el siglo XVIII, y al ser financiado por los ayuntamientos, las ciudades más importantes y ricas fueron las primeras en disfrutar de él. Las privilegiadas fueron ciudades como París, Londres… y Haro. Sí. En España, no fueron Madrid, Barcelona o Valencia las pioneras, sino la (no tan) pequeña localidad riojana de Haro.

Pero la curiosidad no se queda aquí, y es que el responsable de esto fue un insecto microscópico llamado filoxera. Si sois aficionados al vino o habéis hecho enoturismo alguna vez, este término os sonara, pero… ¿qué tendrá que ver? Comencemos por el principio, lo cual nos servirá para entender la historia de Haro.

Tradicionalmente siempre fueron los franceses los más avanzados en conocimientos y técnicas de elaboración del vino. Además de una antigua tradición, ya desde la Edad Media contaban con centros de estudio y universidades vinícolas. Exportaban vino a América, y de allí traían vides americanas y madera de roble americano para fabricar barricas, y otras materias primas. Con la fabricación del barco de vapor en el siglo XIX, los tiempos de transporte por el Atlántico se acortaron considerablemente, lo cual trajo muchos beneficios… y un gran, gran problema: un pequeño insecto (al que posteriormente se bautizó con el nombre de filoxera) que se alimenta de las raíces de la vid, llegó vivo a Europa dentro de los barcos de vapor; el reducido tiempo de transporte no permitió que muriera durante el camino, y entonces comenzó la invasión: la filoxera descubrió que media Francia estaba atestada de un gran manjar, y a partir de 1832, comenzó a consumir las viñas francesas, y en 8 años arrasó con prácticamente el 100% de ellas.

Mientras investigaban el motivo de la epidemia que afectaba a sus vides, los viticultores decidieron salir de Francia para continuar con su negocio.

En efecto, La Rioja fue uno de los lugares elegidos, y concretamente a Haro se trasladaron muchos de ellos, pues, entre otras cosas, la localidad tenía parada de ferrocarril desde el año 1863. Primero fueron en busca de vino para llevar a Francia, ya que allí había dejado de producirse (Haro ya era famoso por su vino desde la Edad Media) y posteriormente los bodegueros franceses comenzaron a construir sus bodegas alrededor de la estación, lo que dio finalmente lugar a uno de los lugares más emblemáticos de Haro que hoy podéis visitar: el Barrio de la Estación, una zona a las afueras del casco antiguo en la que tienen presencia decenas de bodegas, que desde su construcción subían sus vinos al tren rumbo a Francia.

Gracias a estos acontecimientos, Haro se convirtió en una de las ciudades más ricas de España, y su mote «la capital del Rioja» ha llegado hasta nuestros días.

Una visita a alguna de sus bodegas es algo imprescindible que hacer en Haro, pero además, no dejéis de pasar por los siguientes lugares:

  • Plaza de la Paz: el centro neurálgico de Haro y donde podréis haceros la mítica foto con el cartel. La fachada del Ayuntamiento es también muy curiosa, decorada con barricas de las diferentes bodegas de la ciudad.
  • Iglesia de Santo Tomás: fue construida entre los siglos XVI y XVII y presenta diferentes estilos arquitectónicos.
  • Palacio de los Condes de Haro: con su llamativa fachada, acoge hoy en día un Centro Cultural.
  • Basílica de la Virgen de la Vega: esta Virgen es la patrona de Haro (junto con San Felices), data de principios del siglo XVIII y fue construida sobre los restos de una antigua ermita románica

Y para completar la visita, cerca de Haro, podéis visitar la capital de La Rioja Alavesa: Laguardia.

Laguardia, el pueblo hueco de La Rioja Alavesa

Aunque parezca que seguimos en La Rioja, lo cierto es que traspasar las murallas de Laguardia significa que nos hallamos en la provincia vasca de Álava. Y es que las fronteras en esta región serpentean a lo largo de los meandros del Ebro y las montañas de la Sierra de Cantabria (que no se llama así por tener nada que ver con Cantabria, ojo. De hecho, también la llaman Sierra del Toloño).

La Rioja Alavesa se caracteriza por tener el típico paisaje vinícola riojano, toda una zona que antaño perteneció al Reino de Navarra y cuya actual capital es precisamente Laguardia, una localidad con mucha historia, la cual es precisamente la responsable de que no sea posible circular con vehículos de motor por su casco antiguo.

Elevado sobre el resto del terreno, de forma alargada y estrecha, la antigua villa de Laguardia es un lugar totalmente amurallado en el siglo XII y cuya posición estratégica la convirtió en un punto importante durante los conflictos bélicos de la Edad Media. Y es que en el siglo XV, prácticamente la totalidad del pueblo fue «agujereado»: se excavaron pequeñas cuevas debajo de los edificios con objetivos puramente defensivos. Pues bien, estas mismas cuevas, 2 siglos después, en el XVII, comenzaron a ser utilizadas como bodegas. El principal sustento de Laguardia desde hace siglos es el del vino, y aquellas cuevas eran perfectas para llevar a cabo todo el proceso de transformación de la uva en vino y también para guardar las barricas y las botellas a una temperatura ambiente perfecta y constante durante todo el año.

A día de hoy solo quedan 3 bodegas en el casco antiguo de Laguardia, por lo que casi todas las cuevas están vacías o sirven como trastero. Y este es el motivo que mencionaba antes por el cual no se permite la circulación dentro de Laguardia (tampoco cualquier coche actual cabría por sus pequeñas callejuelas).

Las 3 bodegas mencionadas que aún se mantienen activas dentro de las murallas son El Fabulista, Carlos San Pedro Pérez de Viñaspre y Casa Primicia, y las 3 ofrecen visitas guiadas en las que explican el proceso de elaboración del vino y terminan con una pequeña cata. a nosotros nos recomendaron el Fabulista, pero no reservamos, y al llegar todas las horas del día estaban llenas, por lo que terminamos en las Carlos San Pedro Pérez de Viñaspre, cuya visita dura 40 minutos y cuesta 7€ con cata de 2 vinos elaborados por ellos mismos.

Os dejo también otra opción, que es reservar una visita guiada por Laguardia y visitar una de las 3 bodegas + cata, por 12€. Me parece más interesante esta opción pero hay que decidirlo antes (y nosotros íbamos un poco fluyendo con el día).

Bodegas a parte, pasear por las calles de Laguardia es un must: todo el casco antiguo tiene mucho encanto y buen ambiente. No podéis dejar de visitar la Iglesia de Santa María de los Reyes, en cuyo interior destaca sobre todas las cosas su pórtico policromado, el más grande de Europa. Su construcción, en piedra tallada, corresponde a fines del siglo XIV, aunque su policromía es del siglo XVII.

Otros lugares destacados en Laguardia son la muralla, la Iglesia de San Juan Bautista, la plaza del Gaitero y la Plaza Mayor. Afortunadamente Laguardia cuenta con la posibilidad de hacer un Free Tour, lo cual os recomiendo totalmente.

Si preferís (o queréis también) visitar una bodegas más modernas, os recomiendo visitar las Bodegas Campillo, que cuentan también con viñedos, y en cuya visita guiada os explicarán y mostrarán tanto la parte de las viñas como las bodegas, adem

Ábalos (La Rioja): más vino que personas

La cultura del vino llega a su máximo exponente en La Rioja Alta y La Rioja Alavesa, una región que tenía aún pendiente de visitar, hasta hoy: este fin de semana nos hemos alojado en el Hotel Villa de Ábalos, un antiguo y acogedor palacete restaurado que hoy cuenta con 12 habitaciones, un restaurante, jardín y un gastrobar. Nuestra reserva consistía en 2 noches en el hotel, una cena degustación y una visita guiada a los viñedos de los dueños del hotel. 100% recomendable todo.

Ábalos fue una aldea de San Vicente de la Sonsierra hasta 1657, año en el que Juan Mateo Hurtado de Velasco, señor de la villa, accedió a la petición de los vecinos de Ábalos de separarse de San Vicente, aunque continuó bajo el dominio de los Condes de Haro y no se convirtió en villa independiente hasta 1726.

El pueblo de Ábalos es muy pequeño, pero con encanto. Sobre sus pequeñas casitas de piedra, que acogen únicamente a 250 habitantes, destaca la Iglesia Parroquial de San Esteban Protomártir y el Palacio de los Marqueses de Legarda. Su ubicación es privilegiada, a solo 30km de Logroño y 14 de Haro, y muy cerca de la especial villa vasca de Laguardia.

El sustento para estos dos centenares de habitantes viene, efectivamente, del vino. Más de 700 hectáreas de las que rodean Ábalos están repletas de viñedos que pertenecen a los abalenses. Algunos de ellos son solo viticultores, otros bodegueros, y solo unos pocos poseen viñedos y bodega. Así, los viticultores tienen acuerdos con determinadas bodegas para venderles sus uvas tras la vendimia que tiene lugar en el mes de octubre cada año. En Ábalos están ubicadas nada menos que 16 bodegas, algunas de ellas más familiares y otras de mayores dimensiones.

El proceso de cultivo de las vitis es muy interesante. José Luis, el dueño del hotel y también de 3 hectáreas de vides a las afueras de Ábalos nos llevó hasta ellas y nos lo explicó con todo detalle, para después volver al hotel y hacer una pequeña cata de vinos con aperitivo.

Si buscáis pasar un fin de semana rural, tranquilo y aprender mucho sobre vino, os lo recomiendo totalmente. Todo fue de 10. Para complementar la visita a los viñedos, es ideal que visitéis también unas bodegas. Os recomiendo las bodegas Óbalo, a 2km del núcleo urbano, donde hacen visitas guiadas con explicación, cata de vinos y aperitivo.

Vitoria-Gasteiz: qué ver en la capital verde de Europa

Última parada de nuestra ruta por le interior del País Vasco: tras visitar Urkiola, Durango, Gernika, Bilbao, el Gorbea y Mondragón, hemos hecho una última parada ya de camino a Madrid: la preciosa Vitoria, una ciudad que nos faltaba por conocer.

Una mañana nos ha sido suficiente para ver los lugares imprescindibles del casco antiguo, y nos ha encantado:

1. Catedral de María Inmaculada de Vitoria

Nos ha llamado la atención la cantidad de iglesias que hay por toda la zona, sin embargo, esta merece la pena ser mencionada por sus enormes dimensione, todo un despliegue de arte gótico solo al nivel de los grandes templos españoles. Se la denomina comúnmente como la Catedral Nueva, pues no es la primera de la ciudad (lo es la catedral de Santa Maria que veremos a continuación) y su construcción es bastante reciente, siendo inaugurada ya en el siglo XX.

2. Plaza de la Virgen Blanca

Es uno de los lugares más concurridos de Vitoria. Separa el casco viejo del Ensache vitoriano, en el centro de la misma se encuentra un imponente monumento en recuerdo a la Batalla de Vitoria que puso fin a la Guerra de Independencia española. Además, aquí encontraréis las típicas letras con las que echaros una foto. Y no os podéis ir de aquí sin tomar algo en alguna de sus terrazas.

Al findo de la plaza podréis ver otra de las iglesias notables de la ciudad: la de San Miguel Arcángel.

3. Plaza de España

Junto a la plaza de la Virgen Blanca, la Plaza de España alberga el ayuntamiento y posee la típica forma de plaza mayor española, siendo además la inspiración para la construcciones posteriores de las homónimas plazas en las ciudades de Bilbao y San Sebastián.

4. Catedral de Santa María

Caminando por las calles del casco viejo, dejando atrás la plaza de la Virgen Blanca, llegamos a la anteriormente mencionada Catedral de Santa María. Desde que se puso la primera piedra allá por el siglo XIII se convirtió en uno de los símbolos de Vitoria. Es un edificio curioso, bastante alejado del prototipo habitual de templo religioso al que estamos acostumbrado. La intensa reforma que sufrió en 1966 le dio su aspecto actual, mientras que el reconocimiento internacional le vino en el año 2015 cuando fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad como parte de los Caminos de Santiago de Compostela.

5. Murallas de Vitoria

Fueron construidas en el siglo XII por el Reino de Navarra, y actualmente queda poco más que lo que veis en la foto.

Nos ha encantado Vitoria, y aunque la mayoría de las veces quede relegada a un segundo plano detrás de Bilbao y San Sebastián, debéis saber que ¡Vitoria es la capital de Euskadi!

Bilbao: el encuentro de lo clásico y lo contemporáneo

Probablemente la ciudad más variada a nivel cultural de Euskadi, Bilbao ya era protagonista en el norte desde me Edad Media, cuando se la comenzó a llamar por este nombre, que tiene su origen en el término Bi Albo, que significa dos lados, gracias a que la ría formada por las desembocaduras del Nervión y el Ibaizábal dividía la localidad en dos partes.

Gracias precisamente a la ría, Bilbao tomó gran importancia en el siglo XIX con la Industrialización, ya que en ella se recibían y enviaban barcos llenos de mercancías.

Y ya en tiempos más recientes, la presencia del Museo Guggenheim ha abierto Bilbao al mundo, recibiendo así visitas de todos los rincones del planeta.

Como siempre, os recomiendo la mejor manera de conocer cualquier ciudad: a través de un Free Tour. Podéis reservarlo aquí.

La versión más clásica de la ciudad es el casco antiguo, donde podréis perderos por sus calles y llegar a los siguientes lugares:

Plaza Nueva

Es el centro neurálgico de la ciudad y del casco viejo y uno de los mejores lugares para ir de pinchos por Bilbao, además de tener una bonita arquitectura. Llama la atención la estructura irregular de las casas de la plaza, y es que en los pisos con las ventanas más grandes antaño vivían los propietarios, en la planta con las ventanas medianas, los alquilados, y en el último piso, de pequeña altura, el servicio.

Catedral de Santiago de Bilbao

Es la iglesia más destacada de la ciudad. Fue construida entre los siglos XIV y XVI, y se trata de la iglesia gótica más monumental de Vizcaya.

Teatro Arriaga

Su impresionante fachada esta considerada como una de las más bonitas de España. De estilo neobarroco de finales del siglo XIX, este edificio está dedicado al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, conocido como el Mozart español, y tiene una extensa programación de espectáculos de teatro y música.

Es posible ver el teatro por dentro en visitas guiadas.

Mercado de la Ribera

Con sus 10.000m2, se trata del mercado cubierto más grande de Europa, de estilo Art Decó y grandes vidrieras donde encontraréis los productos más frescos de la huerta y del mar Cantábrico, que han tenido un papel principal en situar la gastronomía vasca como un referente en todo el mundo. Además de disfrutar de los olores, colores y aromas de los puestos de comida, puedes subir al piso de arriba para degustar una cuidada selección de pintxos acompañados de un rico txacoli, un vino blanco un poco ácido típico del País Vasco, en alguno de sus bares y restaurantes.

Museo Guggenheim

Abandonamos el caso viejo de Bilbao para aproximarnos a la zona más contemporánea, el Guggenheim y sus alrededores, construido por el famoso arquitecto Frank Gehry en 1997 y cuyas formas curvilíneas y colores plateados que cambian según la luz de cada momento del día, son mundialmente conocidos.

El museo alberga una importante colección y exposiciones temporales de arte modern que han situado Bilbao en una posición destaca en el panorama cultural a nivel mundial.

Fuera de las puertas del museo, no olvidéis de visitar a Puppy, el perro de flores, y a Mamá, la araña patilarga gigante.

Mirador de Artxanda

Para terminar la visita por Bilbao podéis alejaros un poco de la ría y subir en funicular a este mirador (desde la plaza del Funicular) para disfrutar de la mejores vistas de la ciudad.

Ruta por los pueblos vascos: MONDRAGÓN (Gipuzkoa)

La vasca localidad de Arrasate (Mondragón en castellano) es uno de los pocos núcleos urbanos que tienen a 1 hora o menos las 3 capitales vascas: Vitoria, San Sebastián y Bilbao. A las orillas del río Deba, también es el lugar en el que se creo el movimiento cooperativo, un modelo económico que ha llevado al Grupo Mondragón a convertirse en el mayor grupo empresarial de Euskadi (ejemplo de ello son empresas como Caja Laboral, Eroski, Fagor o Mondragón Unibertsitatea).

Si estáis de paso por aquí, podéis dar una vuelta por el casco antiguo, muy reducido, pero con encanto. En el pasado estuvo amurallado, con 5 puertas que permitían el acceso a esta villa de las cuales se conservan 3.  Como curiosidad, al parecer en caso de incendio se cerraban a cal y canto para que todos los habitantes ayudasen en las tareas de extinción del incendio.

El centro neurálgico de la zona antigua es la plaza del ayuntamiento, una edificación del siglo XVII, y frente a él, la Iglesia de San Juan Bautista, construido durante diferentes épocas: el campanario en el siglo XVI, mientras que el resto de las edificaciones fueron levantadas entre los siglos XII y XIV. 

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Ruta por los pueblos vascos: GERNIKA (Vizcaya)

Famoso nombre donde los haya, aunque no por ninguna buena causa. La localidad vizcaína de Gernika fue la protagonista del bombardeo conocido por el mismo nombre, de la Luftwaffe nazi en 1937. Más del 80% de los edificios fueron calcinados y cientos de vecinos heridos o fallecidos. De aquel atentado quedó el archiconocido cuadro de Picasso, el Gernika, y un pueblo que supo resurgir de entre las cenizas y años después la localidad estaba totalmente reconstruida.

La que hoy se conoce como Ciudad de la Paz nos deja varios lugares que visitar durante un paseo por sus calles:

  • Parque de los Pueblos de Europa: fue nuestra primera parada ya que uno de los parkings gratuitos de las afueras del casco urbano se encontraba justo aquí. Es un gran espacio verde muy agradable, con praderas, un riachuelo, y también una escultura de Eduardo Chillida llamada Gure Aitaren Etxea (La casa de nuestro padre), realizada en 1987 para conmemorar el 50 aniversario del bombardeo de Gernika.
  • Casa de Juntas y Árbol de Gernika: la relevancia de Gernika se remonta siglos antes de aquel 1937. Según la tradición vasca, a la sombra del árbol de Gernika se tomaban las decisiones acerca de la comunidad. De ahí salieron, durante siglos, todas las leyes del territorio de Vizcaya, e incluso pasaban por aquí los reyes para jurar respeto a los Fueros Vizcaínos. Hoy en día la Casa de Juntas es el recinto donde se celebran las Juntas Generales de Vizcaya y frente al Árbol de Gernika los Lehendakaris juran su cargo. El árbol actual no es el original, sino uno que lo simboliza.
  • Museo de la Paz: su sala principal ofrece material de la época del bombardeo y testimonios de supervivientes que sirven mejor para ponerse uno en situación.
  • Iglesia de Santa María: Es una de las más representativas de estilo gótico en el País Vasco. Al parecer se pueden solicitar visitas guiadas a través de la web del ayuntamiento, o bien entrar en horario de misa.
  • Mural del Gernika: el cuadro original se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid, por lo que esta réplica se colocó aquí para conmemorar el 60 aniversario del bombardeo.
  • Refugios antiaéreos: los principales son el de Pasealekua, en pleno centro, y el de Astra, un pelín más alejado. El primero tiene horario de visitas (cierra al mediodía) y el segundo, que nos pareció más interesante, está cerrado desde que comenzó el COVID (datos de noviembre 2022).

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Ruta por los pueblos vascos: DURANGO (Vizcaya)

Gracias a mi reciente viaje por la zona interior de Euskadi, comienzo una pequeña serie de artículos que tendrán como protagonistas pequeños o grandes pueblos de la zona, que podréis aprovechar para visitar cuando estéis de paso, o bien alojaros en alguno de ellos y hacer excursiones varias por las numerosas montañas de alrededor (algo 100% recomendable).

Nosotros hemos estado alojados en el precioso Parque Natural de Urkiola, en un hotel rural junto al Santuario de Urkiola, y desde ahí hemos estado en Durango, Gernika, Bilbao, Mondragón y Vitoria.

Qué ver en Durango

Durango es uno de los pueblos más grandes de los arriba mencionados, y rodeado de un precioso entorno gracias a su ubicación a las faldas de Urkiola.

  • Casco histórico: está compuesto principalmente por 4 calles paralelas: Barren Kalea, Arte Kalea, Goien Kalea y Kalebarria, atravesadas en el centro por Zehar Kalea y es donde se concentra la vida social de la villa, más concretamente en la plaza de Andra Mari.
  • Basílica de Santa María de Uríbarri, también en el centro histórico, fue construida en el siglo XVI, y su gran pórtico de madera es el más grande del País Vasco.
  • El mercado fue construido en los años 30 y tiene una arquitectura bastante peculiar.
  • Arco de Santa Ana: se trata de la única de las seis puertas de entrada que queda de la antigua muralla que rodeaba Durango, construida en 1566, y cuyo nombre le viene dado por la iglesia con el mismo nombre que se encuentra junto a ella.
  • Museo de Arte e Historia de Durango: emplazado en el antiguo Palacio de Etxezarreta, que fue convertido a museo en 1984. En el interior se encuentra el archivo histórico, el museo de bellas artes, una biblioteca, el museo histórico, y diferentes salas de exposiciones.

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Álava y Vizcaya: Gorbea (1482m) – Reto CIMASxPROVINCIAS 11/50 ☑️

(Descarga y sigue la ruta de Wikiloc aquí)

Cómo mola cuando subes una cima y cuenta por 2 😂. Estamos pasando el puente en Urkiola (Vizcaya) y esta mañana hemos puesto rumbo al punto más alto, no solo de Vizcaya sino también de Álava, pues el Gorbea hace frontera con ambos.

Ya hace años me hablaron de que el Gorbea, centro del Parque Natural con su mismo nombre, es una de las montañas más emblemáticas del montañismo vasco y, palabras textuales, «un monte al que todo vasco que se precie debería subir al menos una vez en la vida».

El día ha amanecido nublado, ventoso y con amenaza de lluvia. Hemos tenido muchísima suerte con la lluvia (han caído un total de cero gotas) pero el viento ha sido otro tema. Os cuento paso a paso:

Hemos elegido una ruta circular de 12km con 790m de desnivel que partía de las presas del Gorbea. Este es el punto exacto donde sale el camino, cuyo inicio está perfectamente señalizado y se puede aparcar sin problemas, a pesar de que se encuentra bastante frecuentado por senderistas y trail runners.

Pero ojo, porque de nuevo nuestro querido Google no tiene ni idea de cómo guiarnos en coche hasta aquí, y al igual que ya ha pasado otras veces, nos pretendía meter por caminos intransitables. Por lo tanto, lo mejor es que pongáis este punto en el GPS (en la pequeña aldea de Murua) y a partir de ahí ya pongáis el que os he dejado antes.

La ruta inicia de manera bastante progresiva: la ida tiene unos 6km y no es hasta el km 4 cuando hay que subir casi con las manos en el suelo de lo inclinado que está el terreno. Aún no es alta montaña, pues la ruta comienza y sigue discurriendo por un bonito bosque hasta bien avanzados los kilómetros.

En el km 5 aproximadamente se abre el bosque y ya se pueden divisar las montañas de alrededor y la cruz del Gorbea al fondo. Bueno. O no. Será así si el día está despejado, algo poco común por aquí y menos en otoño. Hoy además hacía muchísimo viento. Al parecer raro es el día que no corre el viento por la cima del monte, pero lo de hoy yo no lo he vivido nunca antes: el viento continuado, sin parar, era similar al que te pega cuando te montas en una montaña rusa o sacas la cabeza por la ventanilla del coche. A ojo, eso llevaba una velocidad de más de 80km/h sin duda. Chicas, consejo útil: ¡trenza o moño imprescindible si no queréis morir intentando desenredaros el pelo al volver a casa!

A causa del viento el último kilómetro hasta la cima ha sido bastante incómodo. Al principio todo eran risas, pero tras unos minutos estábamos volviéndonos locos.

Lo bueno es que las nubes se iban rápido, y ya en la cima hemos podido disfrutar de algunos minutos de vistas, después de otros minutos en los que ni siquiera se veía la mismísima cruz (gigantesca, como veis en las fotos).

La cima estaba bastante concurrida, y poco después de conseguir hacernos la foto de rigor sin que se nos volase el móvil, hemos tirado para abajo lo más rápido posible, porque el viento hacía que la sensación térmica fuese de casi 10ºC menos que los 12 que hacía, y se nos ha congelado el cuerpo entero.

La vuelta la hemos hecho por el lado derecho del monte que hemos subido, esta vez casi todo el tiempo sin bosque y con una bajada más progresiva al tener unos 500m más de longitud.

Hemos caminado con mucha mucha calma, y finalmente hemos estado caminando unas 3h30. El desnivel total han sido 790m y la longitud exacta, 12,4km.

Una cima y 2 tics ☑️ más que sumamos al reto CIMASxPROVINCIAS, y sumamos, de momento 11. ¡Esto no para!

(Descarga y sigue la ruta de Wikiloc aquí)