Hace unos días disfruté junto a Civitatis del Tour de los Misterios y Leyendas de Madrid, el cual me encantó, porque además de dar un paseo por varios rincones especiales del casco antiguo de mi ciudad, nos contaron varias historias y leyendas curiosas que desconocía totalmente.
A raíz de eso, se me ha ocurrido, a partir de hoy e inaugurando con la Plaza de Pontejos (aquí empieza el tour) hacer un especial de plazas especiales de Madrid.
Aunque es una plaza relativamente pequeña, Pontejos tiene una gran importancia histórica y ha sido testigo de numerosos eventos a lo largo de los años.
La historia de la Plaza de Pontejos se remonta al siglo XVII, cuando fue construida como parte del proceso de remodelación de la ciudad llevado a cabo por el rey Felipe IV. En aquel entonces, Madrid era una ciudad en crecimiento y la plaza fue diseñada para albergar un mercado de telas y paños, convirtiéndose en uno de los principales puntos de comercio de la ciudad.
La plaza debe su nombre a la localidad de Pontejos, ubicada en Cantabria, al norte de España. Esta región era conocida por su producción de paños y tejidos de alta calidad, por lo que se estableció un vínculo comercial entre Madrid y Pontejos. Muchos de los comerciantes y vendedores de telas que se establecieron en la plaza provenían de esta región, de ahí su nombre.
Durante siglos, la Plaza de Pontejos fue un importante centro comercial y punto de encuentro para los madrileños. El comercio de telas y paños floreció en la plaza, convirtiéndola en un lugar bullicioso y animado. Sin embargo, con el paso del tiempo, la importancia del comercio textil disminuyó y la plaza fue perdiendo su antiguo esplendor.
Hoy en día, la Plaza de Pontejos sigue siendo un lugar concurrido, aunque su actividad comercial ha cambiado. En lugar de telas y paños, ahora encontrarás pequeños puestos y tiendas que venden artículos de mercería y costura. Además, la plaza es conocida por sus establecimientos dedicados a la venta de botones y adornos, convirtiéndose en un lugar popular para los amantes de la costura y la confección.
Una de las curiosidades más interesantes de la Plaza de Pontejos es la estatua de Eloy Gonzalo que se encuentra en su centro. Eloy Gonzalo fue un soldado español conocido por su valentía en la Guerra de África a finales del siglo XIX. Su figura se erigió en la plaza en 1910 para rendirle homenaje.
Además, la Plaza de Pontejos ha sido escenario de varios eventos históricos y políticos a lo largo de los años. En ella se celebraron importantes manifestaciones y protestas durante el período de la Segunda República Española en la década de 1930.
Hoy en día, la Plaza de Pontejos sigue siendo un lugar concurrido y animado. Se encuentra rodeada de comercios y bares, y su ubicación céntrica la convierte en una parada interesante para los turistas que visitan Madrid. Pasear por esta plaza es un recordatorio de la rica historia de la ciudad y su evolución a lo largo de los siglos.
Una leyenda con Pontejos como protagonista…
Cuenta la leyenda que en el siglo XVI, durante la época de esplendor del mercado textil en la plaza, había una joven hilandera llamada Isabella. Isabella era conocida por su habilidad excepcional para tejer y por su belleza deslumbrante.
Un día, mientras Isabella trabajaba en su telar en la Plaza de Pontejos, se le acercó un misterioso hombre vestido de negro. El hombre estaba completamente fascinado por la belleza de las telas que ella tejía y la elogió por su destreza. A partir de ese momento, el hombre misterioso visitaba regularmente la plaza solo para admirar el trabajo de Isabella.
Con el tiempo, Isabella y el hombre misterioso comenzaron a entablar conversaciones y se enamoraron perdidamente el uno del otro. Sin embargo, el hombre tenía un secreto: era un ser mágico que solo podía aparecer en la plaza durante las noches de luna llena. Durante el día, desaparecía por completo.
A pesar de este obstáculo, Isabella y el hombre misterioso continuaron su amorío en secreto. Pasaban noches enteras juntos en la Plaza de Pontejos, disfrutando de la magia del lugar y de su amor prohibido.
Sin embargo, el destino tenía otros planes. Un día, un comerciante de la plaza descubrió el secreto de Isabella y su amante. Celoso de la felicidad que encontraron en la plaza, el comerciante decidió revelar la verdad a la gente del pueblo.
Cuando la noticia se difundió, la plaza se llenó de curiosos en la siguiente noche de luna llena. Isabella y el hombre misterioso acudieron a su cita habitual, pero esta vez fueron recibidos con miradas hostiles y desaprobación.
En ese momento, el hombre misterioso utilizó su magia para proteger a Isabella y a sí mismo. Invocó un viento fuerte que levantó las telas de la plaza y envolvió a la pareja en un remolino de seda. Cuando el viento amainó, Isabella y el hombre misterioso habían desaparecido, convirtiéndose en hilos de seda que flotaban en el aire.
Desde entonces, se dice que cuando la luna llena brilla sobre la Plaza de Pontejos, se pueden escuchar los susurros de Isabella y el hombre misterioso, y se ven hilos de seda flotando en el aire, recordando el amor que alguna vez existió entre ellos.
Esta leyenda ha sido transmitida de generación en generación, añadiendo un toque de magia y romanticismo a la historia de la Plaza de Pontejos.
¡Madre mía! ¿Te lo has inventado? Si vas a realizar un blog sobre plazas, más vale que antes te informes bien sobre lo que vas que contar. No lleves a la gente a confusión.
Me gustaMe gusta