Washington D.C. y pinceladas de historia de EEUU

Tenía muchas ganas de día de hoy, y es que hemos contratado una excursión de día a la ciudad presidencial de Washington DC, que se encuentra a unas 4 horas de Nueva York.

En otros posts os he comentado que siempre que viajo me gusta leer libros relacionados con mi destino: si tienen una historia notable, opto por esa temática, y si no, por novelas ambientadas en el lugar. En esta ocasión, escogí una colección de 4 libros escritos por Isaac Asimov que relatan la historia de los EEUU, desde la formación de América del Norte hasta el final de la Primera Guerra Mundial (son estos). Otro que os recomiendo, de ficción pero extraordinariamente bien documentado, es El símbolo perdido, de Dan Brown.

Por este motivo, yo bien empapada de los detalles de la historia americana, tenia tantas ganas de visitar Washington, una interesantísima ciudad que creo que no creo que visitase en otra ocasión directamente desde España, y que es perfectamente posible hacerla en un día.

Nosotros hemos decidido ir en una excursión organizada de Civitatis en español, pienso que compensa totalmente, pues parece ser que para viajar por libre a la ciudad en transporte público los tickets no bajan de los 50$, y este tour nos ha costado 105€, en una van con 12 personas y un guía que nos ha conducido de ida y vuelta además de, claro, la visita guiada por toda la ciudad, aunque sin entrar a ningún museo o edificio emblemático, cosa que nos hubiese gustado (pero teníamos que elegir, y la comodidad y seguridad de poder ver todo Washington ha ganado esta batalla).

¿Por qué Washington?

Empecemos con un brevísimo resumen histórico. Pocos años después de que Colón “descubriese” América y que sus compinches comenzasen a conquistar territorios en el sur del continente, los ingleses (entre otros) hicieron lo propio en Norteamérica.

La primera colonia inglesa se asentó en Virginia, y pronto toda la costa oeste estaba en sus manos, después de varias batallas contra franceses y holandeses se hicieron con todo hasta la frontera con Canadá y a excepción de Florida, que seguía siendo española (aunque no por mucho tiempo).

Movidos principalmente por la asfixia a base de impuestos a la que Gran Bretaña tenía sometidos a los colonos, y también porque con el paso de los años, sus vidas bien poco tenían que ver con las de aquellos ciudadanos al otro lado del Atlántico, las colonias norteamericanas, 13 por aquel entonces, se aliaron y el 4 de julio de 1775 declararon la independencia de los Estados Unidos.

Tras este hecho comenzó la famosa y determinante Guerra de la Independencia, que duró casi 9 años y terminó en 1783 con la derrota de los ingleses (si hubiese sido al revés, el mundo sería muy diferente hoy) y con la creación de una nueva nación, que estaba destinada a ser el símbolo de la libertad, del desarrollo y de las oportunidades y a la que cientos de miles de inmigrantes de toda Europa empezaron pronto a llegar en busca de una nueva vida.

Ahora bien, esas 13 colonias que habían sido independientes entre sí y solo se habían unido para enfrentarse a un enemigo común, realmente tenían muchos parecidos y por ello asumieron ser un único país. Es en este momento cuando nace la idea de una ciudad presidencial, puesto que las ciudades más grandes hasta entonces se encontraban en Virginia (demasiado al sur) y en Boston (demasiado al norte). El río Potomac, que hace de frontera natural entre Maryland y Virginia, era y sigue siendo un símbolo de separación geográfica entre el norte y el sur de EEUU. Por ello se eligió esta zona para construir la nueva ciudad que sería la capital del país y sede del gobierno, tomando unas cuentas hectáreas de tierra de cada estado y formando un distrito independiente de ambas: el Washington District of Columbia (palabra que viene de Cristóbal Colón y que representa grandeza para los americanos).

El nombre de Washington le vino dado por el comandante de guerra más hábil y carismático, y cuyo hacer fue determinante en el resultado de la guerra: George Washington. El cual, por cierto, nunca llegó a vivir realmente en la ciudad de Washington, pues su mandato finalizó antes (ya por entonces se limitaba la presidencia a un máximo de 2 mandatos de 4 años). También fue uno de los llamados Padres Fundadores, aquellos hombres que firmaron la Constitución de los Estados Unidos en el momento de su independencia.

A día de hoy, Washington es una ciudad casi puramente gubernamental: pocas personas viven aquí (es como una especie de Vaticano pero en político) y todo gira entorno a la vida política del país (imaginaos los atascos de entrada y salida si todo el mundo entra a trabajar a las 7 y sale a las 3…).

Y después de situarnos, empezamos la visita por la ciudad, que os iré contando en el mismo orden en el que nos han llevado y que concretamente empieza fuera de ella.

Cementerio Nacional de Arlington

Este enorme cementerio es el lugar en el que son enterrados todos los veteranos de guerra del ejército americano. No necesariamente tienen que haber muerto en combate, simplemente haber pertenecido a él, y también tienen derecho a yacer aquí sus cónyuges.

Aquí se encuentra la tumba de John F. Kennedy, asesinado en 1963, junto a su mujer y sus hermanos, que también formaron parte del senado (otro de ellos, que apuntaba a ser presidente después del asesinato de John, fue también asesinado).

Junto a la tumba de Kennedy se encuentra la llama eterna, cuya mecha no se ha apagado nunca desde que se encendió durante el entierro del presidente.

Otro lugar destacado del cementerio es el monumento en honor al soldado desconocido: según se dice, al finalizar la Guerra Civil (también llamada Guerra de Secesión) entre los estados libres y los estados esclavistas (cuya principal diferencia era que unos querían mantener la esclavitud legal y los otros no) un grupo de soldados fue enviado a Washington desde la última batalla decisiva para avisar de que la guerra había terminado. A la ciudad solo llegó uno de todos ellos, y lo hizo completamente despojado de su uniforme y su identificación. Poco después de dar la noticia, murió (a lo Filípides tras la batalla de Maratón) y no se pudo identificar su origen. Fue en honor a él y en general a los soldados caídos en batalla, fue construido este mausoleo.

La verdad es que nos ha impactado mucho todo el lugar: una pradera infinita llena de pequeñas y simples lápidas blancas colocadas a modo “dominó”: solo se ven líneas rectas mirándolas desde cualquier perspectiva.

Memorial de Guerra de los Marines

En las cercanías del cementerio y también en Arlington se encuentra esta estatua dedicada a la sección americana de los marines que se dejaron la vida en las guerras desde la fundación del país hasta la actualidad; hay inscripciones de todas las guerras y sus fechas llevadas a cabo, y tanto la de Afganistán como la de Irak aún tienen su fecha de fin en blanco.

El diseño de la escultura seguro que os suena: está basado en la icónica fotografía Alzando la bandera en Iwo Jima, tomada durante la Batalla de Iwo Jima por el fotógrafo Joe Rosenthal.

Monumento a Lincoln

Otro político célebre a la altura del admirado Washington fue Abraham Lincoln, presidente de EEUU durante la Guerra Civil y figura determinante en la victoria de los unionistas (los estados libres) en la Guerra Civil.

Aprovecho esta parte para contaros un poco más sobre los esclavos en EEUU: desde el principio de los tiempos, cuando eran aún colonias, los esclavos eran mano de obra determinante en la economía de las regiones sureñas, pues esta se basaba en la producción agrícola, y los negros que venían de África eran muy útiles para recoger los sembrados.

En el norte la esclavitud no cubría este papel y pronto fue abolida. Asimismo, la economía se desarrolló rápidamente gracias a la industria y el comercio, y desde siempre el norte fue más próspero que el sur, porque además los inmigrantes que llegaban en busca de oportunidades al nuevo continente no lo hacían al sur, donde no tenían forma de competir contra trabajadores que no cobraban nada.

Esta gran diferencia fue creando una gran fisura en el recién nacido país, y en 1861 los estados esclavistas, viéndose minoría en el senado, decidieron independizarse, bautizándose a sí mismos como los Estados Confederados de América. Esto dio inicio a una guerra civil de 4 años en la que ganaron los estados libres del norte y a cuyo fin, la esclavitud quedó erradicada, aunque solo sobre el papel. Aún quedaba mucho por hacer, y tras el fin de la guerra y con el inicio del segundo mandato de Lincoln el camino estaba allanado para ello, pues él estaba decidido a tomar medidas que zanjasen el asunto.

Pero no. Pocos días después de terminar la guerra, Lincoln fue asesinado, dejando tras de sí a un vicepresidente bastante incompetente que lo sustituyó, y los presidentes posteriores tampoco ayudaron.

El resultado fue que la esclavitud como tal dejó de existir, pero la absoluta discriminación hacia los afroamericanos permaneció en prácticamente todo el país, y estos permanecieron sin acceso a la vida política, educación y otros recursos.

El monumento a Lincoln fue terminado en 1922 y se encuentra en lo que se llama National Mall, un larguísimo paseo en el que se pueden ver, en línea, el monumento, el Obelisco y el Capitolio. Muy imponente (me ha recordado a la misma línea que hacen los templos de Luxor y Karnak en Egipto).

Toda la arquitectura de este memorial y en general la del resto de edificios históricos, está inspirado en el arte griego, cosa que les da aún más un aire enormemente imponente.

En el año 63, en sus escaleras, Martín Luther King pronunció su famoso discurso “I have a dream” durante la manifestación por el trabajo y la libertad.

Obelisco de Washington

Justo en frente del anterior monumento y separado por un gran canal, se encuentra este altísimo obelisco construido en honor a George Washington.

Su construcción comenzó en 1848, pero otros menesteres (guerra, para variar, aunque esta vez fuera de las fronteras de EEUU) hicieron que sus obras se pausasen, y no fue terminado hasta 1888. En este impás de años, el material blanco con el que se estaba construyendo dejó de fabricarse, y el resultado es visible: la mitad superior del obelisco es de un blanco diferente a la inferior.

Otra curiosidad es que cuando se terminó, resultó ser la construcción más alta del mundo, aunque fue superado solo un año después por la Torre Eiffel de París.

La Casa Blanca

Esa que tantas veces hemos visto todos en películas, series, noticias y construida tras la victoria en la Guerra de la Independencia, no estaba destinada a ser blanca y tampoco Washington llegó a vivir allí, como os comenté antes.

La que es residencia del presidente de los EEUU fue en sus inicios recubierta con un líquido a base de cal para proteger la casa del frío invierno. Los trabajadores la retocaban con frecuencia para que tuviese buen aspecto, y no fue hasta 1818 cuando fue realmente pintada de blanco y bautizada así oficialmente por el entonces presidente Theodore Roosevelt.

Aunque nos hubiese encantado, no hemos entrado. La Casa Blanca recibe visitantes, en tours sin guía que duran aproximadamente 45 minutos. Se necesitan mínimo 21 días de anticipación para solicitar el acceso, pero puede hacerse hasta tres meses antes. 

Capitolio de los Estados Unidos

Terminamos la visita en la joya de la corona: el impresionante Capitolio, la sede del congreso norteamericano. Fue terminado de construir en 1800, aunque se ha ido ampliando continuamente (la última en 2008) y en lo alto de su cúpula, construida en 1866, se yergue la Estatua de la Libertad.

Es posible visitarlo por dentro (aunque nosotros no lo hemos hecho) y su parte más interesante es la llamada Rotonda, un espacio en el que se exhiben pinturas y esculturas que retratan a personas y acontecimientos significativos de la historia de Estados Unidos. También reposan en esta sala los presidentes y otros personajes distinguidos.

Una última curiosidad (no muy agradable) es que este edificio fue uno de los blancos de los atentados del 11S, pero el avión que tenía la misión de embestir el edificio cayó en un campo de Pensilvania cuando los pasajeros del vuelo intentaron recuperar el avión al enterarse de que el otros dos vuelos se habían ya estrellado contra el World Trade Center.

Otros lugares que también se encuentran en la ciudad son, por ejemplo, la el Museo Smithsonian, la sede del FBI, la Reserva Federal y el Pentágono. Este último se encuentra en Arlington, pero solo lo hemos visto desde la van, sin hacer parada porque desde los atentados no dejan acercarse demasiado (y en general todo está más restringido en todos los lugares emblemáticos).