Ayer hablábamos de Águilas, y hoy nos desplazamos un poco más al sur, solo unos pocos kilómetros, hasta llegar a Villaricos, una pequeña localidad almeriense cercana a la frontera con Murcia.
Sus orígenes se remontan a la época romana, cuando era un importante puerto comercial. Durante siglos, Villaricos ha sido testigo de diversas culturas y civilizaciones que han dejado su huella en el lugar.

Una de las características más destacadas de Villaricos es su iglesia, construida en el siglo XVIII. Es un hermoso ejemplo de arquitectura religiosa de la época y se ha convertido en un símbolo del pueblo. Además, el puerto de Villaricos sigue siendo una parte vital de la vida local, con barcos de pesca que salen a diario en busca de capturas frescas.

Pasear por las estrechas calles de Villaricos es un must, con sus casas blancas adornadas con macetas llenas de flores coloridas y callejones empedrados que invitan a explorar cada rincón.
Villaricos también cuenta con playas de arena, pero también con varias calas pequeñas, poco accesibles y con aguas muy transparentes (la más conocida es la Cala Cristal)

Y para terminar… a comer. Aquí, sobre todo, podrás disfrutar de pescado fresco y mariscos capturados localmente. ¡No olvides probar el famoso calamar a la plancha!
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