22 de diciembre: Luxor

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Último día en la ciudad de Luxor, y después de ver sus dos espectaculares templos, ya estamos en el crucero por el Nilo de camino a nuestro siguiente destino.

Durante el Imperio Egipcio, el actual Luxor fue conocido como Tebas, que no es un nombre egipcio sino griego: cuando éstos llegaron aquí durante el primer período oscuro egipcio después del Imperio Antiguo, el nombre de uno de sus barrios les sonó parecido a «Tebas» que ya era una ciudad en Grecia, y lo llamaron así a su totalidad.

Tebas fue la ciudad más importante de Egipto sobre todo durante el Imperio Nuevo, a partir del 1550 a.C. y su primer rey fue Amosis I.En Egipto había dioses generales a los que todos rendían culto, pero también había dioses locales, propios de cada ciudad, y por este motivo, cuando una ciudad aumentaba su poder e importancia, su propio dios también lo hacía.

En el caso de Tebas, su dios local era Amón, el dios de la fertilidad, y cuando la ciudad llegó a su máximo apogeo, pretendieron que Amón fuese el más importante, pero Ra, el dios del sol, era demasiado fuerte. Por ello, se acabó fusionando uno con otro, apareciendo el nombre de Amon-ra.

Templo de Luxor

Construido entre los años 1400 y 1000 a.C. por los faraones Amenofis III y Ramsés II. Mide 260 metros de largo y está dedicado a, por supuesto, Amón.

Decir que la fachada principal impone es quedarse corto, con su muro, sus colosos y su obelisco, aunque originalmente hubo dos, pero una de ellos se encuentra hoy en la famosa plaza de la Concordia en París, pues fue un regalo de Mohamed Ali en 1836.

El templo era la sede de uno de los festivales religiosos más importantes de su época, llamado Opet, celebrado durante el segundo mes de la crecida anual del Nilo, que incluían una procesión desde el templo de Karnak, del que os hablaré después. Ambos templos están a 3km de distancia en línea recta, y de hecho, estuvieron conectados por una avenida de esta longitud cuyos lados estaban flanqueados por esfinges. Hoy solo se pueden ver unas cuantas en el templo de Luxor y otras cuantas en el de Karnak, pero únicamente imaginarlo ya apunta a que fue algo grandioso.

Templo de Karnak

Por supuesto, también dedicado a Amón, el templo de Karnak, es el recinto sagrado más grande del mundo (la maqueta de la entrada ya da una pista de su tamaño) con 25 hectáreas. Esto se debe a que fue el principal centro de culto del Imperio Nuevo, y es por esto que los sucesivos faraones compitieron en levantar edificios y obeliscos en el recinto. Los arqueólogos han catalogado nada menos que 200 estructuras, la primera de ellas construida por Inter II (de la dinastía XI) y el resto, durante los dos 2000 años siguientes.

Dentro del templo se encuentra también un lago artificial de unos 200 metros que en su día estuvo conectado con el Nilo por túneles subterráneos y servía para que el faraón y los sacerdotes se purificasen antes de entrar al edificio sagrado.

A diferencia de los templos que vimos ayer, en este no hay imágenes con color, aunque los relieves se conservan fantásticamente, pero además el tamaño de todas las construcciones quita el aliento: unas columnas, entre otras cosas, que te hacen sentir cual hormiguita.

El día hoy ha terminado pronto, porque a pesar de que las visitas han sido más o menos de la misma duración que las de ayer, hoy se encontraban en la misma ciudad, y no a más de 3 horas de coche, así que a las 13:30 estábamos de vuelta en el barco para comer y zarpar a las 16:00.

Para «amenizarnos» la tarde, nos hemos echado unas risas al ver que a ambos lados del barco (mientras estaba en marcha) había barcas de pesca enanas! Eran de vendedores ambulantes que nos ofrecían túnicas, pañuelos, alfombras… Ha sido todo un show regatear por la ventana, coger las prendas al aire (alguna que otra ha caído al agua) y todo por vestir mañana con chilabas porque es la noche temática. De locos!

21 de diciembre: Abydos y Dendera

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Segundo día y seguimos con las visitas a los templos. Hoy la paliza de coche ha sido curiosa, pero podemos confirmar que ha merecido la pena. Los dos que hemos visitado están un poco fuera de las rutas turísticas comunes, pero en el grupo tenemos algún que otro ultrafan de esta civilización y había que venir a verlos por lo especiales que son. De hecho, el de Abydos es el favorito de nuestro guía, que es arqueólogo.

La ruta de hoy: Luxor – 3h – Abydos – 1h30 – Dendera – 1h30 – Luxor. Y en cada uno de los dos templos hemos estado unas 2 horas.

Templo de Seti I (Abydos)

En la ciudad de Abydos hay varios monumentos y templos, y éste es el más grande e importante. Fue construido por Seti I en honor al dios Osiris, quien está representado en numerosos decorados de las paredes junto a su mujer Isis y a su hijo Horus.

También una gran parte de las escenas representan situaciones de la vida de Seti I y su hijo Ramses II que aportan mucha información histórica y religiosa. Una de las pocas listas de faraones que se conservan hoy en Egipto (la mayoría las tienen en museos europeos) está aquí: 19 dinastías y sus 77 faraones están enumerados a lo largo de un pasillo, desde el primero, Menes, hasta el propio Seti I.

Justo detrás del templo saliendo por este mismo pasillo de las dinastías, aparece un conjunto arqueológico del que apenas se sabe nada: el Osirion, una edificación que ya estaba aquí hace muchísimo más tiempo que el templo, y que a día de hoy no se sabe qué era, para qué servía, quién lo construyó ni cuando. Sólo se sabe a ciencia cierta que es de antes de los faraones, y los arqueólogos no se ponen de acuerdo si es de hace 5.000 o 10.000 años… ahí es nada, año arriba año abajo…!

Es muy interesante porque son bloques de piedra enormes, perfectamente cortados, solo depositados unos sobre otros sin ningún tipo de fijación, pero están perfectos. Se encuentra por debajo del nivel del templo, porque cuando éste se construyó, dicha edificación estaba oculta bajo tierra.

Templo de Hathor (Dendera)

Espectacular templo dedicado a Hathor, diosa de la belleza, aunque edificado ya en tiempos de Pepi II, fue ampliado en época griega (IV a.C.). Todo en él me ha llamado la atención: desde los grabados que decoran cada mínimo espacio en las paredes, hasta la cantidad de pasillos «secretos» y criptas que tiene para albergar en su día los tesoros del templo.

A este templo le rodean varias historias místicas o paranormales. Allá cada cual con lo que crea, claro. Hay dos corrientes de arqueólogos e historiadores, unos que no creen en absoluto en energías misteriosas ni en extraterrestres, y otros que asumen que hay ciertas cosas sin explicación que bien pueden tener algún sentido en esta dirección.

Si os interesan estos temas, podéis buscar en internet acerca de las bombillas del templo de Dendera (abajo os dejo la foto),

y de las escaleras derretidas del templo de Dendera (foto abajo también). Esto último, sobre lo que ya habíamos leído antes de venir, nos ha llamado mucho la atención porque nuestro guía, que ha pasado por ellas cientos de veces, no se había fijado nunca, se ha quedado en shock y ha prometido profundizar más en el tema, jajaja.

Aviso: echaréis de menos un «reposacabezas» porque los techos de todo el templo son sencillamente espectaculares. Boquiabiertos toda la visita, vaya.

Se ve también como muchísimos de los grabados en las paredes están destrozados, esto se debe a que los cristianos, cuando conquistaron tierras egipcias, asumieron que eran deidades paganas y trataron de borrarlos de las paredes para poder usar el templo como iglesia.

Podría contaros un montón de detalles sobre historias que cuentan las paredes, pero os recomiendo encarecidamente que vengáis aquí con un guía que os cuente todo, porque ni de lejos se saca el mismo partido a una visita con y sin explicación.

¡Estamos en Egipto! 20 de diciembre: Luxor

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El último viaje del año ha comenzado (y sólo estoy segura de que es el último porque volvemos a 2 días de finalizar 2019), y es el turno de un lugar épico, lleno de historia, leyendas, mitos y misterios en cada esquina: Egipto.

Ayer viajamos hasta aquí: Madrid – El Cairo – Luxor. El vuelo hasta El Cairo son casi 5 horas y hasta Luxor 1 hora más, así que saliendo de Madrid a las 15:00 llegamos por fin a la habitación del hotel casi a la 1.

En esta ocasión, que se trata de un viaje familiar y somos 6 (y siendo un país como es éste, que no nos inspira demasiada confianza en cuanto a seguridad), hemos optado por coger un paquete cerrado con todo organizado. Aunque yo no soy muy partidaria de ello en general, este está genial, porque hemos contratado a una compañía egipcia cuyos guías nos acompañan durante los 10 días que estemos en el país, desde que bajamos del primer avión hasta que salimos de vuelta a Madrid. Lo mejor de todo es que es un viaje privado, en el que todas las excursiones las hacemos en mini-van, el plan de visitas es a nuestro gusto (previamente acordado desde España) y de momento todos con los que hemos tratado de esta empresa son majísimos. Por ello, no os contaré demasiados datos útiles en cuanto a cómo moverse, precios o trucos varios, porque básicamente nos lo están dando todo hecho. Lo bueno es que me queda más tiempo para contaros un montón de cosas que estoy aprendiendo sobre esta antigua y tan famosa civilización, viaje que además estoy acompañando con un libro (como ya sabéis que suelo hacer siempre que puedo): Los Egipcios, de Isaac Asimov. La historia de este pueblo, desde el Neolítico hasta los años 70, contada en 350 páginas.

Así nos recibe el guía al llegar al Cairo

Hoy, día 1, amanece en Luxor y a las 8:30 de la mañana comienza nuestra andadura:

Colosos de Memón

Son dos gigantescas estatuas de Amenofis III, que presidían su templo funerario, construidas hace 3400 años. Cada una tiene 14 meros de altura y pesan unas 700 toneladas, pero hay partes de la cabeza que han desaparecido, así que probablemente fuesen más grandes.

Curiosamente, están construidas a partir de un único bloque de granito que fue traído de una cantera a 675km de aquí. Actualmente se está restaurando toda la zona y ya se han hallado un total de 6 colosos.

Cuenta la leyenda… que en el año 27 a.C. un terremoto derribó uno de los dos colosos, y el otro comenzó a «cantar» en cada amanecer. 2 siglos después, el emperador Séptimo Severo reconstruyó la estatua, y su gemela se silenció. Según algunos historiadores que curiosamente han documentado esta historia, puede ser que la estatua tuviese una especie de agujero por el que pasaba el viento y éste provocase algún tipo de silbido.

Templo de Hatshepsut

Se encuentra muy cerca del Valle de los Reyes, en el lado occidental del Nilo.

Hatshepsut, hija mayor de Tutmosis I, no pudo ser faraona por el hecho de ser mujer, por lo que tuvo que casarse con tu hermanastro y gobernar junto a él. Tuvieron dos hijas, y después de la muerte repentina de Tutmosis II volvió a haber luchas por el poder hasta que coronaron a un varón nacido de Tutmosis II y una concubina – Tutmosis III, pero debido a su corta edad, Hatshepsut hizo las veces de regente y desde entonces se empeña en acabar con todos los que no la permitieron subir al poder en ambas ocasiones, hasta conseguirlo y por fin proclamarse faraona.

Este templo fue mandado construir en el séptimo año de su mandato, en el siglo XV a.C. en honor al dios Amon-Ra, pero tras su muerte, Tutmosis III se venga de ella destrozando buena parte de él.

Desde la desaparición total de la civilización egipcia el majestuoso templo cayó en el olvido y se fue enterrando poco a poco bajo la arena del desierto, y no es hasta el siglo XVIII cuando es re-descubierto por parte de tropas de Napoleón. Aún a día de hoy se siguen realizando excavaciones en sus proximidades y siguen apareciendo restos.

Valle de los Reyes

Situado en el antiguo emplazamiento de Tebas, es el cementerio donde fueron enterrados muchos de los faraones del Imperio Nuevo (y no en pirámides, pues estas son de los faraones del Imperio Antiguo). Es una pasada, porque en la entrada han hecho una maqueta transparente del lugar, ya que las tumbas son túneles cavados en la tierra, y visto en perspectiva parece un hormiguero. Entre otras, aquí se encuentra la tumba de Tutankamon, descubierta intacta en 1920, pero la entrada general no suele incluirla porque además no es, ni de lejos, la más bonita, pues apenas tiene casi nada.

El primer faraón enterrado aquí fue, precisamente, el anteriormente mencionado Tutmosis I, tercer faraón de la XVIII dinastía (hubo 30 dinastías) y alberga los de la XIX y la XX.

Se encuentra algo más alejado de la orilla del Nilo, tras las montañas donde está construido el Templo de Hatshepsut, y así lo quisieron para proteger los tesoros con los que eran enterrados los faraones, cosa que no sirvió de mucho porque prácticamente ninguno de ellos ha llegado a nuestros días. Ni la localización ni las puertas selladas de los túneles evitaron que los ladrones de tumbas encontrasen la manera de hacerse con todo.

Tumba de Meremptah

No osbtante, aunque cuando pensamos en ello, prácticamente todos pensamos «qué mala gente esos ladrones», aquellos que saquearon tumbas durante la época de los faraones, inconscientemente estaban haciéndole un favor a la economía del imperio: en aquel tiempo no existía el dinero impreso, sino que los intercambios se hacían normalmente con oro. Cuando un faraón era enterrado con cantidades ingentes de oro, diezmaba la economía porque sacaba de la circulación ese «dinero», mientras que los ladrones volvían a sacarlo al mercado, evitando así que el país se empobreciese.

En la entrada general para visitar el valle, están incluidas la entrada a las tumbas de Ramses IV, Ramses IX y Meremptah. En este orden las vimos y por este orden las calificaría de más a menos bonitas, aunque todas son una pasada. La mejor conservada a nivel de colores es la de Ramses IV, y la de Meremptah es la más larga de las 3, pero la menos adornada porque se quedó a medias de decorar por la prematura muerte de éste.

Tumba de Ramses IV

La mejor de las tumbas aquí es la de Seti, cuya entrada se paga a parte y cuesta 50€ (mientras que la entrada que incluye las otras tres son 30€).