27 de julio: Delfos y Termópilas

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

Hoy hemos amanecido con total incertidumbre. Nuestra estancia en Zante terminaba y el siguiente destino era (es) Meteora. Pero no teníamos ni idea de cómo llegar hasta allí. El coche que alquilamos en Atenas lo devolvimos el día que llegamos a Zante porque era carísimo y no lo íbamos a amortizar, y teníamos la opción de alquilar de nuevo un coche (pagando el consecuente suplemento de devolverlo en una ciudad diferente a la de recogida) o bien averiguar de alguna forma cómo llegar hasta Meteora en transporte público (son más de 400km), cosa que ya nos habían dicho algunos lugareños que era bastante complicado.

Así que hemos decidido comprar un billete de bus a Patras, una ciudad muy grande en el norte de la Península del Peloponeso, y único lugar desde el que se puede cruzar al norte a través de un puente (que por cierto, cuesta 13€). Estando en una ciudad de gran tamaño, sería más fácil averiguar cómo continuar.

Una vez allí, hemos decidido alquilar un coche para los próximos dos días. Nos han sajado de nuevo, pero es lo más cómodo y lo único que nos asegura llegar hoy a Meteora y mañana a Igoumenitsa (el próximo destino) sin perder muchísimo tiempo.

Y no hemos podido elegir mejor, pues nos ha salido redondo: hemos decidido tomar el camino sin peajes hacia Meteora (unas 4h 30 desde Patras – con peajes serían 3h40), y mirando el mapa hemos visto que la ruta pasaba muy muy cerca de dos lugares que estaban fuera de nuestros planes, pero que son muy míticos: Delfos y Meteora.

Delfos

El antiguo santuario sede del famoso Oráculo de Delfos, construido en honor al dios Apolo. Lugar mágico, no sólo por su importancia en la historia de Grecia (y en consecuencia en la del resto de la humanidad) sino por el entorno en el que se encuentra: entre las montañas al pie del también mítico Monte Parnaso, donde las leyendas cuentan que vivían las Musas griegas. Un paisaje increíble realmente.

No se sabe exactamente cuándo fue construido, pero se sabe que desde el 800 a.C. ya venían personas de toda Grecia para pedir consejo al Oráculo. Todas las polis griegas tenían uno, pero este fue adquiriendo prestigio por lo acertadas que eran siempre sus predicciones.

Realmente los oráculos siempre solían dar respuestas ambiguas que podían ser interpretadas de dos maneras opuestas, y quizás ahí estaba su “truco”.

Y es que este lugar fue determinante en la historia de Grecia porque muchos de sus protagonistas vinieron aquí a pedir consejo y tomaron, en base a las respuestas del Oráculo, decisiones que les hicieron ganar o perder guerras, batallas decisivas en, por ejemplo, la victoria de Atenas frente a los Persas en Maratón, la cual es considerada la primera victoria importante en la historia debido a su relevancia en el futuro: si hubiesen vencido los persas, Grecia no habría llegado nunca a su Edad de Oro, y sin ésta existir, todos esos pensadores, científicos y políticos creadores de la democracia no habrían dejado su legado a las futuras generaciones, y nuestro presente no sería el que es hoy.

Todo el Santuario es impresionante, porque al igual que en Olimpia, se puede apreciar lo grande que fue por la cantidad de ruinas que hay por todas partes.

  • Templo de Apolo: era donde se encontraban las pitonisas, las que predecían el futuro. En el máximo apogeo de Delfos, se tuvo que aumentar hasta 3 pitonisas porque eran demasiadas las personas que venían en busca de consejo. Actualmente sólo quedan 3 columnas en pie.

  • Ónfalo: según la mitología, se trata de una piedra que Zeus lanzó del cielo después de que dos águilas se encontrasen justo en Delfos, cuando aún no existía. Zeus las soltó desde una y otra punta del mundo para vez dónde estaba el centro, y al encontrarse aquí, lanzó este ónfalo para señalarlo. Aconsejó a su hijo Apolo que construyese su Santuario en este lugar, y ese fue el origen de Delfos. La piedra que hoy se ve en el Santuario es una reproducción, la original (pero que fue restaurada ya por los romanos) se encuentra en el museo junto a las ruinas).

  • Tesoro de Atenas: es la construcción mejor conservada, que en su día contenía trofeos conmemorativos de las victorias atenienses.

  • Teatro: data del siglo V a.C. y tiene capacidad para 5000 espectadores. No es, entonces, de los más grandes ni de lejos, pero las vistas que tiene son inigualables.

  • Estadio: curiosamente situado en lo más alto, es de los mejor conservados. Existe porque se celebraban aquí los Juegos Píticos, en honor a Apolo, y se llevaban a cabo cada 8 años o cada 2920 días, que es el periodo exacto en el que se daban 99 lunas llenas.

  • Gimnasio: ya fuera de lo que es el recinto de pago de las ruinas. Es uno de los mejores conservados y donde se puede apreciar lo grandes que eran este tipo de lugares donde los griegos se dedicaban a cultivar el cuerpo. En tiempos posteriores, también fue lugar de encuentro de intelectuales y centro de estudio.
  • Templo de Atenea: es una de las imágenes más famosas de Delfos, un templo circular en honor a Atenea construido en el 380 a.C., que se suele conocer con el nombre de Tholos.

  • Museo Arqueológico: la entrada se compra de manera conjunta con la de las ruinas (12€, gratis para universitarios), y en el hay muchas de las muestras que se encontraron durante las excavaciones en Delfos. No es demasiado grande pero sí tiene algunas piezas bastante importantes.

El horario de apertura de todo este complejo es de 8:00 a 20:00, salvo los lunes, que el museo abre a las 10:00.

Termópilas

Realmente poner esta palabra en el título del post tiene un poco de delito… ¡ya que aquí no hay nada! Este lugar es famoso por la Batalla de Las Termópilas, aquella en la que Leónidas lideró a 300 espartanos (y a 600 otros soldados, así que lo que cuenta la película no es del todo cierto) aún sabiendo que tenían todas las de perder contra los persas, cosa que así fue, pero esta batalla renovó la motivación de atenienses y espartanos en la Guerra contra Persia, y marcó un antes y un después que les hizo aún más bravos para, después de muchas otras batallas, poder ganar la guerra (o al menos terminarla sin que los persas entrasen en Atenas y se retirasen de nuevo a Oriente Próximo).

En nuestro camino hacia Meteora pasábamos al lado de Termópilas, que hoy en día es un pequeñísimo pueblo, y decidimos plantar nuestros pies allí. Hay un monumento en honor a Leónidas y los 300 espartanos. Y bueno, decir que hemos estado en Termópilas, mola.

Aquella batalla se libró allí porque los griegos necesitaban un lugar estrecho que obligase a los persas a atacar en grupos pequeños (su ejército era mucho más numeroso) y el Paso de Las Termópilas era un terreno encerrado entre el mar y las montañas, que en algunos tramos llegaba a tener menos de 20 metros de ancho. Actualmente, pasados esos más de 2000 años, se ha ido almacenando arena en el mar y hoy es una zona mucho más abierta.

Y finalmente retomamos el camino hacia Meteora, 3 horas de coche que aún no han terminado. Pero el día de hoy ha sido inesperadamente genial.

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