20 de julio: Atenas – Epidauro – Nauplia

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

Comienza la ruta por carretera: hoy dejamos Atenas para adentrarnos en el Peloponeso, pero antes teníamos pendientes las últimas visitas en la capital (todas ellas incluidas en el pase de 30€ del que os hablé ayer):

  • Biblioteca de Adriano – cuya creación fue ordenada por el emperador Adriano en el 132 d.C. para albergar su extensa colección de libros y también como sala de lectura y centro de convenciones.
  • Ágora Antigua – fue el centro de la vida pública de Atenas. Por estos parajes pasearon los filósofos Sócrates, Aristóteles y Platón, y aquí mismo se creó literalmente la Democracia. Nuestro mundo es lo que es gracias a este lugar. Dicen que es un también un obligado de Atenas, no sólo por la carga simbólica que tiene, sino porque dentro se encuentra el Hefestión, un templo que es exactamente igual que el Partenón (aunque más pequeño) y este sí está conservado por dentro.
  • Monastiraki Flea Market – es un mercadillo en varias callejuelas que salen de la Plaza Monastiraki, y que me han recordado mucho a Camden Market de Londres.

Nos ha faltado por visitar una zona por la que luego hemos pasado con el coche, y nos hemos arrepentido mucho de no haber ido: el edificio de la Universidad, la Academia y la Biblioteca, tres edificios modernos pero de arquitectura griega clásica y muy, muy bonitos. Os recomiendo no pasarlos por alto.

A las 2 hemos ido a por el coche, la compañía elegida ha sido Avis. No por nada en concreto, sino porque fue la primera que nos dio un precio razonable y que nos dejaba devolver el coche en una ciudad diferente a Atenas, cosa que reducía muchísimo nuestras posibilidades (y aumentaba el precio). Aquí un consejo muy útil: aunque penséis que perdéis tiempo teniendo que volver a Atenas a coger el vuelo de vuelta, es la mejor opción igualmente, porque la cuota por dejar el coche en otra ciudad ronda (e insulso supera) los 200€ en todas las compañías.

¡Y comienza la ruta! Pero antes había que llenar el buche: hemos probado un mítico souvlaki, algo parecido al kebab pero aquí no es considerado comida basura como en España lo es el kebab. Toda una bomba pero muy rico: carne, lechuga, tomate, salsa y ¿patatas fritas? dentro de un pan de pita enrollado.

Y ahora sí, primera parada…

Epidauro

Una antigua ciudad griega de la que hoy sólo quedan ruinas, quizás os suene el nombre porque aquí se encuentra el famoso Teatro de Epidauro, que fue encontrado en el siglo XIX bajo la montaña, en perfecto estado. Es por ello que hoy se puede admirar toda su estructura, con capacidad para 15.000 personas. Recordad que el más grande de la Antigua Grecia fue el Teatro de Dionisio de la Acrópolis con espacio para 17.000 pero está casi todo destruido, y este sí está entero. Simplemente impresionante.

Desde el punto central del escenario hay una proyección del sonido perfecta y cualquier persona en cualquier punto de la grada puede escuchar lo que ahí se dice.

A día de hoy se hacen espectáculos aquí durante las noches de verano. Tiene que ser digno de ver.

En este recinto no hay mucho más en buen estado, casi todo son rocas esparcidas por el terreno: hay que tener mucha imaginación para apreciar algo. Hay un pequeño museo que también se puede visitar.

La entrada cuesta 12€ (gratis para universitarios) y abre de 8 a 20h.

Nauplia

Un pueblo costero a 30 minutos de Epidauro, con un ambientado increíble, aún más siendo sábado y verano.

Primero hemos subido los 1000 escalones hasta la Fortaleza de Palamidi, en lo alto de los acantilados. Entrar cuesta 6€ (gratis para universitarios) y abre también de 8 a 20h. Pero más que el castillo en sí, de arquitectura veneciana del siglo XVII, lo bonito son las vistas. Por un lado el interior de la península y por otro el mar. Hemos disfrutado de un atardecer precioso.

En realidad hay una forma de subir en coche, por el lado contrario al mar, y con parking incluido. Pero ya sabéis que nosotros somos unos valientes.

Para terminar el día, hemos dado un paseo por el centro de Nauplia, callecitas estrechas llenas de tiendas y restaurantes, con mucha vida, y hemos cenado en To Paleo Archontiko, muy económico y buenísimo (para variar). Nos faltaba por probar un plato típico: la Mussaka, una lasaña hecha con patata, bechamel, berenjena y carne picada… ¡riquísima!

Antes de irnos, hemos rematado la visita viendo cómo se hacían bailes folclóricos griegos en plena plaza del pueblo.

Fin del día, que ha dado mucho de sí, y ahora estamos de camino a Esparta, que es donde nos alojaremos las próximas dos noches. Nos han dicho que no hay nada más que el nombre y una estatua de Leónidas. ¿Será cierto? Mañana lo comprobaremos.

19 de julio: Atenas

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Día completísimo pateando Atenas de arriba abajo, como no podía ser de otra manera, no sin antes encender los motores probando el tradicional café griego (que es lo mismo que el turco, egipcio, armenio… café otomano, vaya): no soy muy fan del café y eso ha influido, pero eso de poder masticar literalmente los posos ¡no me ha gustado nada! Y el sabor era bastante fuerte así que creo que a los fans del café sí os gustaría.

Café en mano y pilas cargadas, hemos ido directamente al grano. Primera parada, la Acrópolis. Entrar cuesta 20€ (o 30€ si cogéis el pase para entrar en otros 5 monumentos más – y merece la pena) pero es gratis para estudiantes universitarios, presentando el carnet. El horario de apertura es de 8 a 20h; para no sufrir el calor y admirar este lugar con bastante menos gente, he de decir que sí merece la pena madrugar más para venir a primera hora.

Antes de entrar hay unas rocas a las que se puede subir y son un excelente mirador de la ciudad y que ofrece una buena panorámica de la Acrópolis.

¿Y qué significa Acrópolis? Literalmente «la cima de la ciudad» y es que se encuentra, efectivamente, en lo alto de un peñón en medio de Atenas, visible desde casi cualquier lugar. Es donde se originó la ciudad y donde, a pesar de ésta ir ampliándose, quedaron los edificios más importantes debido a que podían ser protegidos con más facilidad.

Los monumentos que hoy en día se conservan datan de la «Edad de Oro» griega, del 480 al 404 a.C.:

  • Teatro de Dionisio – considerado el teatro más antiguo del mundo y el más grande de la Antigua Grecia (tenía capacidad para albergar a 17.000 personas). En este histórico lugar se estrenaron las primeras obras de Eurípides, Sófocles, Esquilo o Aristófanes, entre otros.

  • Odeón de Herodes Ático – hoy luce mucho más impresionante que el Teatro de Dionisio, es por las restauraciones que han realizado en él durante los últimos tiempos. Data del 161 d.C., época romana, mucho más «moderno», donde va a parar, y en su día estaba destinado a hacer espectáculos musicales. Actualmente también se realizan representaciones asiduamente.

  • Propileos – este es el nombre que se le daba a las entradas a las acrópolis, y es por donde se accede a lo más alto de la Acrópolis, previo a los monumentos más famosos. Comenzó a construirse en el 431 a.C. pero nunca llegó a terminarse debido a la llegada de las Guerras del Peloponeso.
  • Templo de Atenea Niké – subiendo por las escaleras del Propileos, si miráis a la derecha, veréis un pequeño templo totalmente restaurado, de época jónica, que conmemora la victoria de Atenea en la Batalla de Salamina.

  • Partenón – el más deseado, y también ¡el más cubierto por andamios! Famoso en el mundo entero, con sus 70 metros de largo y sus perfectas proporciones, no decepciona para nada. Ha sobrevivido a lo largo de los años, aunque no todo lo bien que hubiese podido: en épocas posteriores a los griegos, una iglesia Cristiana fue construida en su interior, y después, durante la ocupación otomana, fue utilizado como almacén de pólvora… hasta que ésta explotó por accidente y lo destruyó, por eso hoy podemos ver que no queda ni rastro de su interior.

  • Erecteion – el otro gran templo de la Acrópolis, situado junto al Partenón. El elemento más destacado del Erecteón esl famoso Pórtico de las Cariátides, con 6 estatuas de mujeres haciendo de columnas. Estas mujeres representan a esclavas de Karys, pueblo griego que había colaborado con los persas y había sido castigado por ello. Detrás de él se encuentra, supuestamente, el primer olivo, aquel que, según la leyenda, la diosa Atenea regaló a la ciudad de Atenas y el motivo por el cual el pueblo la eligió como su protectora y por lo que hoy está ciudad tiene dicho nombre.

La visita a la Acrópolis puede hacerse en unas 2 horas, depende de lo que os entretengáis, y desde luego pienso que es un obligadísimo de Atenas. La primera opción si venís a esta ciudad con poco tiempo o de paso.

Una vez fuera, nos hemos encaminado al que era un obligado para nosotros, un lugar que teníamos infinitas ganas de visitar: el Estadio Panathinaikó, el estadio de los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna en el año 1896. Todo un icono del deporte y más para nosotros que practicamos atletismo.

Fue construido en el mismo lugar al que llegó Filípides a anunciar la victoria de Atenas sobre los Persas en la ciudad de Marathona. Historia mítica donde las haya: se dice que recorrió corriendo los 41km que hay entre estas dos ciudades y que cuando llegó, gritó «¡Hemos vencido!» y cayó muerto a causa del esfuerzo. Sí, habéis leído bien. 41 y no 42,195 como mide ahora la carrera de maratón. Esta modificación se debe a que hace unos cuantos años, la Reina de Inglaterra (la anterior, no la de ahora) quiso que la Maratón de Londres acabase frente al balcón de su casa, por lo que la organización tuvo que añadir a la carrera ese 1,195 metros extras… y desde entonces así quedó la distancia oficial.

Otra curiosidad más antes de retomar la visita donde la he dejado: ¿Por qué tuvo que correr Filípides? Al parecer, los persas eran unos soldados muy crueles, y triplicaban en número a los atenienses, por lo que éstos últimos pensaban que perderían la guerra seguro, así que dieron órdenes de matar a todas las mujeres y los niños de Atenas para que no cayesen como esclavos y prostitutas de los persas cuando les invadiesen, preferían morir antes que perder su libertad. Pero la derrota no sucedió: al parecer los persas estaban bastante mal organizados y la derrota fue para ellos. A toda prisa, mandaron a Filípides a avisar rápidamente a Atenas para frenar aquella masacre. Lo consiguió, pero a costa de su propia vida.

Ahora sí, seguimos. Los primeros JJOO modernos fueron celebrados aquí y en ellos participaron 14 países. En los antiguos, que comenzaron en el 775 a.C., sólo participaban griegos y era un evento tan importante que toda disputa entre Polis (que siempre había) quedaba pausada y estaba prohibido luchar. Participar en los JJOO antiguos significaba que una población era griega y la localización siempre era la ciudad de Olimpia (que visitaremos en unos días).

En el estadio también hay un museo donde se pueden ver las diversas antorchas olímpicas, todas originales excepto una: la de Sydney 2000. Todos los países deben devolver las antorchas a Atenas una vez terminados los JJOO, y los australianos dicen que la devolvieron, pero el caso es que nunca apareció, y como dejar el hueco quedaba un poco feo, fabricaron una réplica.

La entrada cuesta 5€ (2,5€ con carnet universitario) y en la entrada es posible coger una audioguía en español gratis.

La tercera parada ha sido el Templo de Zeus, del que apenas quedan unas cuantas columnas en pie, y que se encuentra junto al Arco de Adriano, construido como regalo de los atenienses a este emperador romano, que aunque les ocupó, hizo muchas cosas buenas por la ciudad y cuya forma representa una fusión entre culturas: un arco romano anexado a una estructura griega.

Por la tarde hemos hecho un Free Tour (lo hay a las 9:45, 17:00 y 18:00) en el que nos han contado muchas de las cosas que os he descrito, así que ha sido muy interesante. Ya sabéis que siempre lo recomiendo porque se aprende muchísimo, no sólo se trata de observar monumentos.

La guía nos ha llevado a muchos de los lugares en los que ya habíamos estado y además:

  • Zappeion – la residencia donde se alojaron los deportistas participantes de los JJOO de 1896.

  • Plaza Syntagma – la plaza de la Constitución, que probablemente os suene porque es aquí donde se hacen todas ls protestas y manifestaciones que siempre nos enseñan en la tele.

  • Agios Eleftherios: la iglesia ortodoxa más importante de Atenas. Aquí celebraron los antiguos Reyes de España su boda ortodoxa.

  • Jardín Nacional – es como el Retiro de Madrid, un oasis para huir del calor de hacer turismo en Grecia en pleno julio.

Finalizado el tour, hemos pasado por la calle Syggirou, está llena de compañías de alquiler de coches y necesitamos uno para adentrarnos en la península del Peloponeso. Si necesitáis un coche, no dudéis en venir a este lugar porque está lleno, tanto de compañías grandes como locales.

Hora de la cena, y hemos repetido en Karamanlidika. En esta ocasión hemos pedido platos diferentes a los de ayer, y por supuesto, todo exquisito:

  • Rollitos de pasta filo rellenos de una especie de jamón

  • Ensalada griega

  • De postre: Künefe. Son como fideos de pasta filo con mantequilla y queso, con pistachos por encima. Una delicia, eso sí, tardan en elaborarla 30′ así que hay que pedirla junto con los platos principales.

Mañana veremos algún lugar más que nos queda de la ciudad, y a las 14:00 cogemos el coche para empezar a recorrer el Peloponeso.

¡GRECIA 2019! 18 de julio: Atenas a la luz de la luna

(Ver también Consejos para hacer una ruta por Grecia)

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Llegó el viaje del año, ¡por fin! Nos apetecía un montón pero disponemos de menos tiempo que otros veranos, así que esta vez hemos tenido que decidirnos por un viaje mucho más cerca que otros años. Aún así, una gran elección: Grecia, «el origen del mundo«, ¡tenemos muuuchas ganas de descubrir todos sus rincones!

Hemos llegado a Atenas a las 19:30, y para venir al centro hemos optado por coger el metro, que es más económico que un taxi. Es bastante sencillo pero nada rápido, ya que los trenes pasan cada 30 minutos… El billete cuesta 10€ (5 si tienes el carnet universitario y eres menor de 25 años) y tan solo hay que coger la línea azul en dirección a Aghia Marina. Nuestra parada era Monastiraki, y se encuentra en todo el meollo de la ciudad. Otra opción algo más barata es coger un autobús por 6€ que lleva también al centro.

La misión de lo que nos quedaba de día ha sido buscar un buen restaurante para probar la gastronomía griega por primera vez. Y de pura casualidad buscando en Google Maps hemos encontrado uno de los mejores restaurantes de Atenas: el Karamanlidika. Está regentado por una española llamada María, súper amable y que se ha sentado a hablar con nosotros nada más enterarse de que éramos españoles. La comida es una auténtica delicia, todo estaba buenísimo y los precios son de risa: hemos comido 3 platos y 2 postres (todo compartido) ¡por 24€! Hemos comido:

  • Unos huevos estrellados revueltos con cecina, tomate y especias.
  • «Ensalada» de patatas: era un revuelto de patatas, tomate y carne deshilachada.
  • Albóndigas con tomate, salsa de yogur y pan de pita.
  • De postre: yogur griego con calabaza en almíbar y la tradicional baklava, un poco empalagosa porque llevaba demasiadísimo azúcar, pero muy rica también.

Mañana vamos a repetir, así que ya os contaré qué tal el resto de manjares.

Había que bajar todo esto, y encontrándonos además en tan buena localización como es la zona de Monastiraki, una de las más animadas de Atenas, hemos dado un paseo por sus calles. ¡Vaya ambiantazo!

Me habían hablado fatal de esta ciudad: que es fea, decepcionante, sucia… Quizás me había hecho una idea demasiado negativa, pero el caso es que me ha fascinado: hemos podido ver el Ágora Romana, la Acrópolis a lo lejos y varios otros monumentos iluminados, y desde luego me ha parecido de todo menos feo. He leído mucho últimamente sobre la cultura griega y cada piedra me trasladaba a ese mundo antiguo del que tantísimos aspectos hemos heredado y gracias al que, a día de hoy, somos como somos.

Mañana comienza la aventura de verdad y ahora tengo aún más ganas de conocer todo lo que este lugar tiene para enseñar. ¡Buenas noches!

Alojamiento – Sparta Team Hotel (25€/habitación doble con baño compartido/noche): el hotel en sí está bastante bien para lo que cuesta. Somos de ahorrar todo lo que se pueda en el tema de alojamientos porque casi no pisamos el hotel y nos parece una tontería pagar de más por algo que no vamos a usar (obviamente dentro de unos mínimos). El único «pero» es que aunque se encuentra a 200 metros del barrio de Monastiraki, está en una zona nada cuidada y muy sucia.

El Palmeral de Elche (Alicante)

También llamado Huertos de Palmeras de Elche, se trata de una gran extensión de palmeras dentro del pueblo. Cuenta con más de 200.000 palmeras y no sólo es el más grande de Europa, sino también uno de los más grandes del mundo.

El Palmeral junto al río Vinalopó

Su origen se remonta a los árabes (de hecho, los únicos palmerales que le superan en tamaño a día de hoy, son árabes), cuando éstos ocuparon la Península Ibérica, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el 2000. Sorprendentemente se ha mantenido en pie desde su origen a pesar de que se quiso derribar durante la Reconquista por ser asociadas con la cultura islámica, pero fue Jaime I quien lo evitó, y desde la Edad Media se dictaron leyes que lo protegían. El beneficio económico que se le atribuye a la palma y al dátil seguro que tienen que ver.

Eso sí, aunque fueron los árabes los que lo fundaron, se ha comprobado mediante dibujos en cerámicas íberas del siglo III a.C. que ya había palmeras en esta zona y que el dátil ya era muy importante por entonces.

Parque Municipal

Hay muchos conjuntos de palmeras, algunos privados y otros públicos, es decir, no se trata de un sólo recinto bien delimitado. Los más conocidos son el Parque Municipal, el Huerto de Abajo, el Huerto del Chocolatero y el Huerto del Cura. Este último es particularmente conocido por contener los ejemplares más antiguos (algunos con más de 300 años, tened en cuenta que la vida media de una palmera es de 250-300 años). En este huerto se puede visitar también la Palmera Imperial, que recibió el nombre en homenaje a la Princesa Sissi, que visitó el huerto en 1894, y su peculiaridad es que tiene 7 vástagos enormes en forma de candelabro, algo que llamó la atención de esta noble.

La Palmera Imperial

Actualmente, aunque se sigue sacando provecho económico de este curioso lugar, su función es más bien paisajística y cultural. Desde aquí, por ejemplo, se envía palma blanca a toda España (e incluso al extranjero) para el Domingo de Ramos, y también se producen dátiles, pero sobre todo para comercialización local.

Si queréis dar un paseo entre palmeras, una buena opción es hacerlo por el Huerto de San Plácido, conocido también como el Museo del Palmeral. Se puede hacer una caminata de hasta 2,5km tanto andando como en bici. Pero ojo, su horario es de martes a sábado de 10 a 14h y de 15 a 18h, y los domingos y festivos de 10 a 14h.

Yo quedé maravillada con las vistas, que ya desde antes de llegar a Elche se puede distinguir perfectamente lo que a priori parece un inmenso bosque de palmeras, y desde luego, una vez dentro, ¡no diría que me encontrase en España!

Ruta de los Castillos del Vinalopó (Alicante)

Aprovechando mi estancia en Novelda, he podido visitar varios castillos que pertenecen a la que llaman la Ruta de los Castillos del Vinalopó, la mayoría de ellos radicados en el Valle del Vinalopó, nombre que recibe por el río con el mismo nombre que discurre por él. Es curioso cómo se encuentran tantos castillos cerca unos de otros, y en parte es porque esta zona fue frontera de la Corona de Aragón con la Corona de Castilla, por lo que su función era básicamente defensiva.

La ruta mide aproximadamente 75km y está compuesta por 11 castillos. Este sería el orden de visita, y si pincháis en los títulos, podréis acceder a más información sobre cada uno de ellos:

1. Castillo de la Atalaya (Villena)

Es el más grande de todos, data del siglo XI y es de construcción almohade. Se encuentra en lo alto de Villena, fue protagonista de muchos episodios bélicos durante la Edad Media, y en 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico.

En Villena también podéis visitar el Castillo de Salvatierra, que por cierto se ve desde el de la Atalaya.

2. Castillo de Bañeres (Bañeres de Mariola)

También es almohade, pero construido en el siglo XIII, y está situado en el centro del pueblo a 830m de altitud. En la actualidad, también alberga el Museo Festero de Bañeres.

3. Castillo de Biar (Biar)

Data del siglo XII y jugó un papel muy importante durante el reinado de Jaime I al ser asignado como castillo fronterizo en el Tratado de Almizra. Este tratado convirtió la zona en escenario de batallas constantes, de conquistas y de asedios. Todo un territorio fronterizo, linde de pueblos y culturas.

4. Castillo de la Mola (Novelda)

Fue construido en el siglo XII sobre los restos de una fortificación romana, y junto a él se encuentra el Santuario de Santa María Magdalena, que tuve la oportunidad de visitar, y que me fascinó por estar inspirado en Gaudí y en la Sagrada Familia.

5. Castillo de Elda (Elda)

Éste es un alcázar almohade del siglo XII cuya función era proteger a la comunidad islámica de Elda.

6. Palacio de Altamira (Elche)

Es algo más reciente que los demás, data del siglo XV, pero probablemente fue construido sobre otra edificación del siglo XII también. Actualmente esta totalmente restaurado y en uso, pues es la sede del Museo Arqueológico y de Historia de Elche. Algo que no os puede faltar sin venís, es dar un paseo por el famoso Palmeral de Elche, justo al lado del Palacio.

7. Castillo de Castalla (Castalla)

En muy buen estado de conservación, data del siglo XI aunque fue reformado por los cristianos en el XVI. Le da al pueblo mucho encanto al estar situado sobre un cerro que le permite ser visto desde muchos kilómetros a la redonda.

8. Castillo de Sax (Sax)

También elevado sobre el pueblo, su origen es andalusí, de la misma época aproximada que los demás, y se encuentra totalmente restaurado.

9. Castillo de Petrel (Petrel)

Desde él se puede ver todo el Valle del Vinalopó, data del siglo XII y es de origen musulmán. Tiene forma poligonal y es Conjunto Histórico-Artístico desde 1983. A día de hoy, se puede visitar varias exposiciones temporales que van cambiando continuamente.

Estos son quizás los más característicos, pero hay otros tantos por la zona (en realidad, España es el paraíso de todo amante de los castillos medievales):

Os dejo por aquí una imagen que traza el recorrido de todos estos lugares, pero, como ya sabéis, soy amante del Google Maps y poniendo cualquiera de los nombres, os saldrá su localización exacta.

Ruta a la cima del Maigmó (Alicante)

Cambio de aires totalmente, y literalmente, porque ¡qué calor! La ruta de este fin de semana ha tocado en la provincia de Alicante, y tras investigar un poco qué es lo que había por la zona en la que estaba alojada, decidí adentrarme en el Parque Natural del Maigmó y Sierra de Sit. Depende de a qué punto vayáis, pero este lugar se encuentra a unos 30km de Alicante, y además se llega muy fácilmente porque la autovía A7 pasa al lado.

Inicio de la ruta

Hay varias rutas que se pueden hacer por aquí, y de hecho hay incluso una Vía Verde, que comienza en este punto, y parece bastante chula para hacer alguna ruta en bici o caminata sencilla. También encontré una ruta circular de 10km a la que llaman «Las Antenas del Maigmó«, que os dejo por aquí.

La que yo elegí fue la que más me motivaba, y es, como siempre… ¡subir a lo más alto! Así que decidí subir a la cima del Maigmó, a 1272m. Hay dos formas de subir, pero una de ellas, la de la cara norte, leí que era bastante complicada y requería material al ser casi vertical en algunos puntos, así que decidí optar por el camino de El Balcón de Alicante. En total, algo menos de 8km (ida y vuelta) con 500m de desnivel, y dificultad alta en la última parte.

El Maigmó visto desde El Balcón de Alicante

Hasta este famoso punto, llamado así por las vistas magníficas que tiene, se puede llegar en coche, pero de esta forma la ruta sería demasiado corta, ya que desde aquí hasta la cima hay poco más de 1km, eso sí, con 300 de desnivel y terreno de piedras y tierra suelta, lo que la hace bastante dura. Aún así, me parecía poca cosa, y decidí dejar el coche en este punto, que cuenta con una pequeña explanada para dejarlo sin problema. Realmente no es más que la mitad de la carretera, así que si os apetece andar más, podéis dejar el coche al incio de la misma, o bien más adelante. El final es el mismo Balcón de Alicante.

Comienza la ruta: primero 2,5km de subida (de 800 a 980m aprox.) pero muy cómodos por la carretera y disfrutando de las primeras vistas del Maigmó desde abajo. Parada reglamentaria en el Balcón de Alicante, cuyas vistas dejaron mucho que desear ya que hacía tanto calor que la bruma cubría todo el horizonte y ni hablar de ver Alicante ni el mar.

Al fondo debería verse Alicante y el mar

Y continuamos con la segunda parte: la más divertida y complicada. Está perfectamente señalizado el inicio del camino de ascenso a la cima del Maigmó, y salvo al final, que opté por trepar por unas rocas porque no veía cómo continuaba el sendero, está siempre bastante claro. La vuelta se hace también por aquí (no me atreví a hacerla por la cara norte porque no tenía ni idea de por dónde era, allí no hay señalizaciones más allá de alguna línea verde pero nada clara), y bueno, en cierto modo… me perdí. Para la bajada, al no ser un sendero claro y marcado, sino el creado por los propios excursionistas, todo lo claro que parecía estar en la subida, no lo estaba en la bajada. No hay demasiado problema porque el Balcón de Alicante se ve a lo lejos en casi todo momento y tampoco hay demasiada maleza como para no poder avanzar, ¡pero el caso es que no fui capaz de dar con el camino! Más tarde revisando la ruta que trackeé con el Polar, comprobé que fui todo el tiempo casi paralela al camino pero unos metros más abajo. Así que ya sabéis, ¡hay que tener mucho ojo en esta parte!

Alcanzando la cima

En cualquier caso, mereció la pena la aventura: llegar arriba fue súper satisfactorio y las vistas de literalmente 360º (a pesar de la bruma) eran imponentes. Estas son las vistas hacia ambos lados de la montaña:

¡Una más para la colección!

Burgos, ¿ciudad de paso?

No sé cuántas veces he pasado (e incluso parado a comer en los alrededores) por Burgos. Ciudad al pie de la autovía A1 que conecta Madrid con el norte de la península, y desde donde se bifurcan los caminos: tanto si vas a San Sebastián como a Santander, hay que pasar por aquí, viendo por la ventanilla la imponente Catedral de Burgos.

Y seguro que no soy la única, verdad? Pues esta vez, volviendo de mi viaje a Cantabria, y sin prisa, decidí que era el momento de parar. Es una ciudad muy asequible para hacer una visita express, y un buen lugar para hacer un alto en el camino, ya que se encuentra a unas 2h30 de Madrid.

Depende del día, supongo, pero para no encontrar problemas de aparcamiento, decidí dejar el coche en este parking gratuito. Desde aquí, el casco antiguo se encuentra a menos de 10 minutos caminando.

¿Y qué se puede visitar en Burgos? Aquí os dejo una ruta súper sencilla para seguir y no perderos ningún punto de interés (también podéis descargar la ruta aquí).

Otra opción es hacer el Free Tour, para que además de ver los principales sitios de la ciudad, os cuenten cosas interesantes sobre ellos.

  • Puente del Bessón y Paseo de la Audiencia: una buena forma de iniciar la ruta, cruzando por este puente que cruza el río Arlanzón y llega al agradable paseo cubierto por un túnel de árboles.
  • Arco de Santa María: emblemático de la ciudad, es una de las 12 puertas por las que se entraba a la ciudad cuando estuvo amurallada en la Edad Media. Es del siglo XIV, pero antes debió haber alguna puerta más sencilla porque aparece mencionado en el Poema del Cid. Actualmente es el Centro Cultural Histórico Artístico, y se pueden visitar varias exposiciones.
  • Casa del Cordón: llamada así popularmente, fue el palacio de los Condestables de Castilla, originario del siglo XV, pero hoy su aspecto es muy diferente al que fuera el original. El nombre coloquial le viene porque hay un cordón colgado tallado sobre la puerta, que indica que allí durmió un rey. Actualmente es, en parte un centro cultural, y por otro lado, la sede de un banco.
  • Arco de San Gil: otra de las puertas de la ciudad, y a su lado se encuentra la Iglesia de San Gil. Pasear por estas calles tiene su encanto.
  • Castillo de Burgos: se encuentra en el Cerro de San Miguel, a 75m por encima del resto de la ciudad, y la primera torre data nada menos que del año 884. El horario de visitas es de 10:00 a 19:00.
  • Mirador del Castillo: no sé por qué se llama así, porque precisamente el castillo no se ve, pero sí unas magníficas vistas de Burgos, catedral incluida.
  • Mausoleo al empecinado: lo añado aquí porque pilla más o menos de paso para cerrar la ruta circular, y porque en varios viajes que he hecho últimamente este personaje protagonista en la Guerra de la Independencia ha salido mencionado (Torija, Hoz del Riaza), por lo que tenía curiosidad por verlo. Aquí yacen sus restos.
  • Catedral de Burgos: el punto final, y para mí el mejor y el imprescindible. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, su origen se remonta al siglo XI, y tras dos grandes ampliaciones en los siglos XV y XVIII, se convirtió en el gigante que es hoy. La entrada cuesta 7€ (excepto los martes por la tarde, que es gratis) y abre de 10:00 a 19:00.

Yo estaba muy de paso en Burgos, pero busqué y vi que hay Free Tour por la ciudad, qué pena que no me cuadrasen los horarios!

Un paseo por Potes (Cantabria)

Los fines de semana pueden dar mucho de sí! Aún con fuerzas después de la ruta por Picos de Europa, me acerqué al famoso pueblo de Potes, en el corazón del Valle de Liébana, para comprobar si es tan bonito como cuentan. Y bueno, puedo afirmar que así es, tiene mucho encanto, en parte gracias a sus peculiaridades geográficas, rodeado de montañas por todas partes.

El nombre de potes le viene por ser «La Villa de los Puentes» y el casco antiguo conserva intactas sus callejuelas y caserones; mucha historia ha pasado por aquí ya que debido a su localización estratégica ha sido protagonista de numerosas luchas ya desde la Edad Media. Aquí os dejo esta galería con unas cuantas imágenes, para que juzguéis vosotros mismos:

Y qué ruta seguir? Pues bien, veréis que el pueblo no es demasiado extenso, pero aún así os dejo aquí un mapa con una ruta marcada siguiendo ciertos puntos de interés. Este mismo mapa es el que hay en la entrada del pueblo, junto al aparcamiento.

Muy cerca del pueblo, a menos de 10 minutos en coche (e incluso con posibilidad de ir andando, aunque se trate de una fuerte subida por carretera tiene camino para peatones), se encuentra el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, construido a finales del siglo XIII, aunque reformado a mediados del siglo pasado, excepto la iglesia. Es famoso por albergar en él el Lignum Crucis (trozo de cruz de Jesucristo) más grande conocido, y lugar de peregrinación de muchos creyentes.

Y claro, estando en el norte, hay que hablar de gastronomía, porque aunque en toda España se come muy bien, aquí mejor… no?

El plato típico por excelencia de esta zona es el cocido lebaniego, podréis probarlo en casi cualquiera de los restaurantes del pueblo, y se compone de garbanzos típicos de la zona (pequeños y tiernos), cecina o carne, berza y relleno.

Y de postre, podéis probar los también típicos Sequillos de Potes, y también es tradicional en El Valle de Liébana la elaboración de orujo, hay incluso visitas organizadas a presenciar cómo se hace.

Ruta: El Cable – Collado Horcados Rojos (Picos de Europa, Cantabria)

El pasado fin de semana hice una visita al norte para participar en una competición de atletismo, y aprovechando el domingo libre, decidí hacer una ruta chula. Teniendo tan cerca los Picos de Europa casi ni me lo pensé, pero en ellos hay muchas rutas diferentes y me costó decidirme. Finalmente, opté por subir en el teleférico de Fuente Dé hasta los 1823m de altitud, y comenzar desde allí a caminar. Y desde luego que no me equivoqué: resultó ser una de las rutas mas espectaculares que he hecho nunca (por no decir la mejor).

Iniciando la ruta

La aventura comenzó al pie del teleférico. Subir cuesta 11€, y 17€ el pase de ida y vuelta. La primera cabina sube a las 10:00 y la última baja a las 17:55 (algo pronto ahora para ser verano). Hay opción de comprar sólo un trayecto, ya que una de las rutas que salen desde arriba es la de los Puertos de Áliva, de 14km de longitud lineal que discurren hacia abajo y tienen como punto final el inicio inferior del teleférico. Es la elegida por muchos ya que es bastante sencilla y las vistas desde arriba ya son espectaculares, pero yo personalmente, quería algo más exigente.

Vistas desde abajo del teleférico de Fuente Dé

Mi elegida fue la otra ruta que dan como opción en la página web de turismo de Cantabria: la que llega hasta los Horcados Rojos. Realmente una vez en Horcados se puede seguir hacia el Pico Tesorero y más allá, pero esta es la más razonable. Tiene una longitud de ida de unos 5,5km, dependiendo de donde detengáis la marcha, ya que llegar al Collado es una cosa y subir al Pico es otra muy diferente. Yo no llegué a subir del todo, así que no sé que distancia hay pero la pendiente era ya súper pronunciada desde el Collado, así que decidí dar media vuelta porque las vistas iban a ser las mismas desde arriba. Desde el propio Collado se puede ver al fondo el Naranjo de Bulnes, uno de los picos más famosos de la cordillera con 2519m de altitud.

Vistas desde Horcados Rojos, con el Naranjo de Bulnes al fondo

La ruta es sencilla en el inicio, con un camino rocoso bastante llano y cómodo, que posteriormente se va empinando y la cosa cambia, pero aún así, creo que es asequible. Son como 600m de desnivel en los poco mas de 5km de ruta lineal, y hay que volver por el mismo sitio, aunque esta vez importó poco, porque se disfruta el paisaje igualmente.

Llegados a este punto, hay una bifurcación: hacia la derecha se va a Horcados Rojos y hacia la izquierda hacia el Refugio Cabaña Verónica. Ambos están cerca, por lo que ir a los dos sí es una opción. Este punto es bastante espectacular porque desde él hay unas vistas increíbles de una hendidura enorme llena de nieve. Fue mi lugar elegido para parar a comer y descansar.

En cuanto a la duración, es algo bastante relativo y depende de cada persona, yo tardé como 1h30 en subir y algo menos en bajar, pero subí a buen ritmo hasta algo más allá del Collado, y luego bajé tranquilamente parando a hacer fotos varias veces.

El punto de inicio y de regreso, que no es otro que el teleférico, ya es de por sí espectacular. Las vistas son admirables, y bastante diferentes a las de la ruta, ya que sí se puede ver más «verde» que en ella, donde predomina el color rocoso y la nieve.

Vistas desde la zona del teleférico

Muy importante! Para subir en el teleférico suele haber cola, depende del día que elijáis, pero en fin de semana se pone hasta arriba. Contad con ello o llamad antes, yo tuve que esperar 45 minutos, así que informaos bien para no ir con la hora pegada a la hora de llegar al último que baje, no vaya a ser que os toque hacer la ruta de 14km de bajada andando como extra!

En resumen, un lugar y una ruta increíbles, me lo pasé muy bien y aunque estaba transitada, no había demasiada gente. En cualquier caso, os recomiendo ir entre semana si os es posible. Y que la nieve no os engañe… hacía mucho calor!

En mi parada para comer y descansar

Picos de Europa… volveré!

10 comidas típicas en Suecia

Como española que soy, amante de la dieta mediterránea y acostumbrada a su calidad, mi pensamiento estereotipado sobre Suecia (y en general sobre todos los países escandinavos) es que por aquí no se come especialmente bien. Y oye, nada más lejos de la realidad. Durante mi viaje a Estocolmo pude descubrir varios platos típicos y, he de decir, ¡muy buenos!

1. Köttbullar

Significa literalmente «bollos de carne», y es uno de los platos más populares y que podréis encontrar fácilmente en casi cualquier restaurante de Estocolmo, sobre todo del centro de la ciudad. Se trata de albóndigas de carne picada que pueden ser de diferentes animales (las que yo probé eran de alce) acompañadas de una salsa hecha con la propia carne, puré de patata y arándanos rojos, enteros o en mermelada. Personalmente, no me gusta el sabor de los arándanos, pero mezclaros con el resto de ingredientes a la hora de comer este plato me parece totalmente acertado y le da mucho sabor.

2. Strömming

Si habéis leído mi post sobre el Midsommar, sabréis qué es esto. Son arenques en lata, pero con la peculiaridad de estar fermentados y oler horriblemente mal. Se dice que el sabor es bueno, y se suele tomar en una tostada con tomate y cebolla picada por encima. Si no os atrevéis, también es típico comer arenques «en buen estado», tanto en guisos como en tostadas o fritos, y en Estocolmo se pueden encontrar puestos callejeros donde los venden.

3. Kroppkakor

Son unas albóndigas de patata rellenas de cerdo, o también de cebolla o setas. Se cocinan hirviéndolas y se parecen a las köttbullar porque también se acompañan de arándanos. En el norte de Suecia se las llama Palt o Kams.

4. Raggmunk

Es una especia de crepe pero hecho (una vez más) de patatas, y se fríe en vez de estar hecho a la plancha. Se suele acompañar de algún tipo de bacon y de arándanos.

5. Salmón marinado

Al igual que en el resto de países escadinavos, el salmón es de los pescados más comunes, ya que éste se puede encontrar en lagos, y debido a que Suecia está bañado por el mar báltico, el cual apenas tiene vida, no se suele tener acceso habitual a otro tipo de pescados. Sí los hay en el mercado, pero a precios muy altos.

6. Smörgåstårta

Significa «tarcha sandwich», es como una quiche o tarta salada con muchas capas de pan de molde con rellenos de huevo, mayonesa como base, y después gambas, jamón, fiambres, caviar, quesos… un poco de todo, vaya. No tuve la oportunidad de probarlo, pero supongo que no mezclarán carne con pescado… ¿o sí?

7. Quesos

Los más típicos son el Västerbotten, el Svecia y el Kyrddost.

Queso Västerbotten

8. Panes

Tienen muchas variedades, pero lo más comunes y que no faltan en ninguna comida tradicional son el Kavring (de centeno) y el Knäckebröd (de centeno pero muy crujiente y fino). Lo bueno de ambos panes es que se pueden conservar por varios días y que sigan siendo comestibles, al contrario que lo que nos suele pasar en España.

Knäckebröd

9. Kanellbulle

Mi favorito sin duda, y uno de los dulces más típicos de Suecia. Significa «bollo de canela», y básicamente es eso, como una especie de caracola con canela y azúcar. También lo hay con otros ingredientes, por ejemplo el de cardamomo está muy bueno.

10. Pepparkakor

Si habéis ido a IKEA, seguro que os suena el nombre, porque es el que aparece en las típicas cajas de latón de las galletas que venden allí, y es que no es otra cosa que las famosas galletas de jengibre que tan ricas están. Son muy típicas en Navidad.