7 días en Irlanda | Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Último día en Galway y también último día en Galway. Mañana a primerísima hora sale nuestro vuelo de vuelta a España y esta noche vamos directos al aeropuerto de Dublín.

Y para este séptimo día, esto es lo que deberíamos haber hecho… y no hicimos. El clima seguía bastante mal y ya se nos había hecho un poco largo el día de ayer, por no hablar de que nos quedamos sin plazas para el tour que recorre Connemara y Kilmore Abbey. Pero he estado recopilando toda la información que busqué para ir, porque pienso que es el mejor plan para hacer estando en Galway, una ciudad que ya vimos casi al completo hace 2 días.

El tour para el que nos quedamos sin plazas es este: Excursión a Connemara y Kylemore Abbey desde Galway. La metodología de este tour es la misma que el de ayer, así que no me extenderé más porque es posible que si me estáis leyendo hayáis alquilado un coche (creo que es la mejor opción, la verdad). Ambos lugares son un must en vuestro viaje a Irlanda, os cuento por qué:

Parque Nacional de Connemara

Connemara es una región amplia del oeste de Irlanda, que por supuesto tiene varios puntos interesantes, pero para una visita express lo más recomendable es visitar el Parque Nacional, que es uno de los lugares más icónicos e impresionantes del país. Se encuentra en la zona de montañas de Twelve Bens (Doce Picos), que son una característica prominente de la región. El parque incluye una combinación de montañas, turberas, pastizales y lagos, lo que lo convierte en un lugar diverso en términos de paisaje y hábitats. Cuenta con su propio centro de visitantes, donde podéis aparcar e informaros de todo.

Por supuesto cuenta con muchísimos senderos para recorrerlo tanto a pie como en bici, pero el más conocido es el Diamond Hill Trail, que sube hasta la cima de Diamond Hill. Otra ruta conocida es la de Twelve Bens, un poquito más larga e inclinada que la anterior, pero ambas muy asequibles.

Kylemore Abbey

Tras una buena caminata por Connemara, el plan perfecto es visitar la famosa Abadía de Kleymore, uno de los lugares más fotografiados de Irlanda sin duda, con sus fachadas de piedra gris y torres puntiagudas, ventanas adornadas y detalles intrincados en su diseño. Está ubicada junto al lago Pollacapall y rodeada de exuberantes jardines que agregan aún más belleza al entorno.

También conocida como la Abadía de Nuestra Señora de los Dolores, tiene sus raíces en el siglo XIX. Fue construida originalmente como una casa de campo por Mitchell Henry, un exitoso médico y político inglés. Atraído por la belleza natural de Connemara, Henry eligió este lugar pintoresco para construir su hogar para su esposa, Margaret. La abadía se completó en 1871 y fue un regalo para Margaret.

Sin embargo, la historia de la abadía dio un giro significativo en 1920 cuando las monjas benedictinas compraron la propiedad y la convirtieron en un monasterio. Las monjas escaparon de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial y encontraron refugio en Kylemore. Durante décadas, trabajaron para preservar y mantener la abadía, además de establecer una escuela para niñas locales. ¡Pero ojo! Los fundadores originales de la abadía, Mitchell y Margaret Henry, descansan juntos en un mausoleo de mármol blanco en el jardín cercano.

La entrada cuenta 16€ y se puede visitar tanto por fuera como por dentro.

Y con esto, finaliza nuestro viaje a Irlanda, que ha dado mucho de sí a pesar de ser sólo 7 días. ¿Qué lugares añadiríais a esta lista?

Espero que os sirva nuestra ruta, y si tenéis cualquier duda, os leo en los comentarios.

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7 días en Irlanda | Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

Nuestro viaje está llegando a su fin, y hoy hemos hecho la última excursión. Hemos contratado justamente esta, que por 45€ y comenzando a las 9:30 nos ha llevado a ambos sitios, a comer a un pueblo y de vuelta en Galway a las 17:30. Eso sí, en inglés, y es que desde Galway no hay excursiones con guías españoles. Debe ser que no somos suficientes, a pesar de tener nuestro propio barrio en la ciudad 😉

La verdad es que la parada en el Castillo de Dunguaire ha sido tan, tan corta (20 minutos, sin tiempo para entrar a verlo por dentro) que francamente de haberlo sabido hubiese contratado la excursión que va solo a los acantilados, ya que a pesar de estar solo a 70km de Galway, es como 1h30 de bus debido a las carreteras estrechas y sinuosas por las que se llega. Aquí podéis contratar el Tour a los Acantilados de Moher (sin nada más).

Y ahora sí, hablemos de dos de los lugares más especiales de la costa oeste de Irlanda:

Dunguaire Castle

Se encuentra junto a la localidad de Kinvara y se conserva en muy buen estado a pesar de haberse construido en el siglo XVI. Quien mandó levantarlo fue el Rey Guaire, y de ahí su nombre.

Como os decía, es posible visitarlo por dentro para verlo tal y cómo era siglos atrás. La entrada cuesta 8€ y el horario es de 10 a 16:30 (entre noviembre y marzo está cerrado).

Un apunte sobre Kinvara: si, al contrario que nosotros, estáis haciendo una ruta por Irlanda en coche, es mucho mejor alojarse aquí en vez de en Galway, ya que estáis más cerca de muchos puntos de interés de esta costa irlandesa, y el paisaje es de ensueño, la verdad. Mucho mejor que cualquier ciudad.

Cliffs of Moher

Esta parada de nuestro tour han sido 2 horas, suficiente para dar un largo paseo por estos gigantes acantilados verdes. E incluso hasta se nos ha hecho larga, porque hoy el clima estaba de lo más desapacible: muchísimo viento y lluvia a ratos.

Los acantilados de Moher miden más de 200 metros y la zona se extiende por unos 8km a lo largo de la costa. Por encima de ellos se extiende un camino de la misma longitud que por el que podréis pasear tanto como os apetezca. Eso sí, en época turística, como nosotros ahora, este lugar está abarrotado de gente. El sendero es muy estrecho y se hace imposible adelantar a nadie, y mucho menos estar medianamente solo en cualquier sitio, pero bueno, es lo que hay.

Y después de otro buen rato de autobús, estábamos de vuelta en Galway. Mañana es nuestro último día aquí, y nos lo tomaremos con mucha calma.

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7 días en Irlanda | Día 5: Galway

Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

Hoy hemos pasado el día entero en Galway, una ciudad mucho más pequeña que Dublín y de la que dicen que no hay mucho que ver. Y lo cierto es que así es, pero también es verdad que, más allá de sus monumentos, que son 4 contados, tiene bastante ambiente y no da para aburrirse. En un solo día es más que suficiente para ver lo más importante de la ciudad. Os cuento cómo lo hemos hecho nosotros:

Terryland Forestpark

Hemos comenzado la mañana corriendo por el Terryland Forestpark, una senda fluvial preciosa, completamente rodeada de frondosos árboles que hacen que creas estar en medio del campo. Solo mide unos 2,5km y la entrada es justo por aquí. Un spot bastante secreto por el que no encontraréis un solo turista, y que si os pilla cerca del hotel y os gusta pasear, os recomiendo totalmente.

Eyre Square

A las 11 de la mañana nos hemos unido al Free Tour de Galway, pero en inglés, pues el español estaba agotado para estos días. Os dejo aquí el link a ver si vosotros tenéis más suerte, y si no, este es el link para el tour en inglés.

Con un very strong accent irlandés hemos hecho un mini recorrido por las calles de Galway, escuchando sobre todo su historia y sus leyendas. Hemos comenzado en la Playa Eyre, el centro neurálgico de la ciudad y también conocida como el John Kennedy Memorial Park, pues en 1963 el presidente estadounidense vino a dar un discurso a la ciudad y poco después, de vuelta en EEUU, fue asesinado.

También se pueden observar las banderas de las 14 familias de comerciantes que dominaban Galway y gracias a las cuales la ciudad alcanzó una gran importancia económica.

Lynch’s Castle

Se trata del palacete donde vivía una de las 14 familias antes mencionadas. Está ubicado en plena Shop Street (sí, la calle de las tiendas se llama “calle de la tienda”), uno de los lugares más transitados y animados de la ciudad.

Lo cierto es que, aunque es una de las mejores muestras de arquitectura medieval de la zona, actualmente alberga simplemente un banco.

St. Nicholas Church

Es nada menos que la iglesia más grande de Irlanda que aún está en funcionamiento, y data de 1320. Una de las leyendas de la ciudad cuenta que Cristobal Colón visitó Galway en 1477 en uno de sus viajes, y paró a rezar en esta iglesia.

Barrio Latino

Los españoles dejamos huella en esta localidad irlandesa: Galway tiene un toque español, y es que el comercio de vinos con España fue muy habitual durante los siglos XV y XVI. La zona de la ciudad que hoy se llama Latin Quarter es aquella en la que los marineros españoles se concentraban desde que llegaban a las costas irlandesas hasta que volvían a su hogar, y hoy en día es, con diferencia, la zona más animada de Galway y para mí, la más bonita, llena de casitas de colores, pubs y restaurantes.

Justo a la salida del barrio se encuentra el Spanish Arch, que debe su nombre al mismo hecho de que los barcos españoles desembarcaban aquí. También os diré que no tiene nada de especial, es un simple arco que cruza una pared de piedra.

Museo de Galway

El Free Tour ha terminado en este punto, y como hoy era día de llover (estábamos teniendo infinita suerte con el tiempo para ser Irlanda) hemos entrado a curiosear, ya que aunque no somos muy de museos, este es gratis.

Cuenta con una exposición permanente en la que podréis informaros más en profundidad acerca de la historia de Irlanda, y también una parte más sobre ciencia y el cuerpo humano. Un popurrí de museo que para echar un ratito no está mal.

Galway Cathedral

El último punto de interés antes de meternos por horas a un pub a escuchar música en directo mientras esperábamos a que dejase de llover (cosa que, por cierto, no ha pasado), ha sido la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y San Nicolás de Galway.

Pese a su aire medieval, esta enorme catedral fue construida en 1965 justamente donde hasta entonces se encontraba la cárcel de la ciudad.

La entrada es gratuita y si por fuera llama la atención, no dejéis de entrar porque su interior es impresionante. Llaman la atención sus vidrieras de colores y su enorme cúpula por la que entra una bonita luz azul.

Hemos terminado el día en el Pub The Quays, escuchando un poco de música en directo y bebiendo unas sidras irlandesas. Mañana toca explorar los alrededores y llegar a los famosísimos Acantilados de Moher.

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7 días en Irlanda | Día 4: Dublín

Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

Tras 3 noches en el Hotel The Samuel de Dublín (hemos estado súper a gusto, os lo recomiendo 100%), hoy ponemos rumbo a Galway, al otro lado de Irlanda en la costa oeste. Pero como es una ciudad con infinitamente menos cosas que ver, hemos decidido pasar el día en Dublín visitando lo que nos quedaba pendiente (al final sólo hemos pasado un día completo en la ciudad, más el medio día del día en que aterrizamos).

Trinity College

Hemos comenzado por la prestigiosa universidad irlandesa Trinity College, cuyo enorme y elegante campus se puede visitar de forma gratuita, exceptuando el Libro de Kells y la Biblioteca.

Fundada en 1592 por la reina Isabel I, se trata de la universidad más antigua de Irlanda y aunque en sus comienzos estaba reservada exclusivamente para protestantes (recuerda la historia de Irlanda para entender el porqué), a partir de 1793 pudieron matricularse también alumnos católicos. Algunos alumnos renombrados que han pasado por aqui son Samuel Beckett, Oscar Wilde o Edmund Burke.

Biblioteca del Trinity y Libro de Kells

Como os decía entrar a estos dos lugares sí es de pago, 18,50€ concretamente para entrar a los dos, que están en el mismo edificio. Pero esta información, si estáis leyéndola más tarde de septiembre de 2023, estará obsoleta y no servirá, porque a partir de entonces la biblioteca cierra sus puertas durante aproximadamente 6 años. Si me lees desde 2029, entonces chequea la página web oficial a ver qué se cuentan.

Esta espectacular biblioteca que tiene más de 400 años de antigüedad es una autentica joya. Posee casi 3 millones de libros, y la sala principal, que es la que se puede visitar, es una autentica pasada digna de pertenecer a Howarts, como poco. De hecho se dice que la biblioteca de las películas de Harry Potter está inspirada en esta.

Como mencionaba arriba, hemos pillado a la biblioteca en las últimas, y es que lleva muchísimo tiempo necesitando una importante reforma y restauración para poder conservar mejor los libros tan antiguos que alberga. Por ello, llevan varios meses vaciándola: el resultado es que a día de hoy, mediados de agosto de 2023, sólo quedan 9 estanterías llenas de las cientos que hay en la sala. Un verdadero chasco. Ya sabíamos que la estaban vaciando, y decidimos entrar igualmente porque quién sabe si podremos tener la oportunidad de nuevo de visitar esta sala, que ya de por sí es impresionante, toda construida en madera. ¡Pero no sabíamos que estaba tan, tan vacía! Realmente pienso que deberían bajar el precio de la entrada, porque ni de lejos vale los casi 20€ que piden.

Junto a la biblioteca, y expuesto entre cristales, se puede observar también el Libro de Kells, un manuscrito fechado a principios del siglo IX que contiene las escrituras del Nuevo Testamento y que comenzó a escribirse por monjes en Iona, pero fue trasladado a Kells y terminado allí (de ahí su nombre).

Por razones de seguridad fue enviado al Trinity en 1661 y aquí permanece desde entonces, siendo uno de los libros más antiguos a la par que mejor conservados del mundo, y la verdad es que resulta increíble la cantidad de detalles coloridos que tiene. ¡Así tardaron más de 10 años en escribirlo!

Phoenix Park

Para nuestra sorpresa, nuestra última parada en Dublín ha sido nuestra preferida de la ciudad. Nos hemos alejado ligeramente del centro (el parque se encuentra a unos 3km del centro) y hemos alquilado unas bicis justo en la puerta principal del parque, 3h por 15€ (también hay bicis eléctricas) para recorrer el enorme Phoenix Park, ya que tiene nada menos que 700 hectáreas de extensión.

Es claramente la Casa de Campo o el Central Park de Dublín, todo un pulmón verde para pasar el día entero sin repetir un camino. Pero lo mejor de todo es que ¡hay ciervos! Bueno, más bien gamos, según me han corregido después, pero lo cierto es que la mayoría de la gente los llama ciervos.

Están en total libertan en el parque, y ha sido muy divertido recorrerlo en bici, pasando por carreteras asfaltadas, caminos, bosques y prados, para dar con ellos. Al final nos han salido 20km, y hemos visto varios grupos de machos; ha sido una pasada, porque además están súper acostumbrados a los humanos y no se asustan nada. Incluso había unas personas con zanahorias y hemos podido estar literalmente junto a ellos (aunque había carteles que pedían no darles de comer).

Después de comer allí mismo unos bocadillos que habíamos comprado previamente, hemos devuelto las bicis, recuperado nuestro equipaje y puesto rumbo hacia la estación de tren de Heuston, justo al lado del Phoenix Park. Anoche compramos unos billetes de tren en la web irishtrail.ie, y por solo 15€ por persona nos hemos plantado en Galway en 2h30.

Y aquí estamos, en esta pequeña y familiar ciudad de la que aún no sabemos nada, únicamente que a las 21:30 no se puede cenar más que en el Papa Johns o en el McDonalds 😂

Nuestro alojamiento para las próximas 3 noches es en el Swuite Galway, un apartahotel que no está mal, pero que es carísimo en comparación con el hotel de Dublín. En esta ciudad hay muy poca oferta hotelera, algo que me sorprendió bastante mientras preparaba este viaje desde España.

Mañana comenzamos a investigar haciendo el Free Tour, así que ya os contaré.

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7 días en Irlanda | Día 3: Irlanda del Norte 🇬🇧

Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

Hoy salimos de Irlanda, pero no de la Isla de Irlanda, para viajar al norte, región que pertenece a Reino Unido. Os resumiré muuuuy brevemente el porqué de que la isla irlandesa no sea enteramente un país, y es que aunque el conflicto fue (y sigue siendo) complejo, con perspectiva es difícil entender los motivos.

Además, en Belfast, la capital de Irlanda del norte, que visitamos al final del día, varios de los lugares mas interesantes de visitar tienen que ver con motivos políticos, así que veo interesante explicar esta historia.

¿Por qué Irlanda del Norte pertenece a Reino Unido y no a la República de Irlanda?

Como en todas partes, desde tiempos inmemoriales los primeros habitantes de Irlanda (digamos, los celtas), fueron invadidos por unas y otras civilizaciones. Pero debemos remontarnos al año 1167, momento en el que los ingleses llegaron por primera vez a la isla irlandesa, y desde entonces, y por 700 años, permanecieron aquí.

Pero tras esos 7 siglos lo que sucedió fue la fundación del país llamado Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda (compuesto por las dos islas con sendos nombres, donde se encuentran Irlanda, Escocia, Gales e Inglaterra). El problema estaba en que para los británicos, Irlanda era poco más que el patio trasero del país. Los recursos que llegaban allí eran escasos y lo producido allí se iba casi en su totalidad para la isla vecina. Aunque todo esto se disfrazaba, como siempre, de religión: los irlandeses eran católicos y los británicos protestantes. Y ya sabéis la importancia que esto tenía en tiempos anteriores (incluso ahora parece que en ocasiones sigue moviendo el mundo, lamentablemente).

Esto fue sembrando un resentimiento hacia los ingleses y el deseo de ser una nación independiente fue creciendo rápidamente, tanto, que ya a principios del siglo XX hubo una rebelión en la que se declaró la independencia unilateral de Irlanda, la cual no duró más que una semana y que fue aplastada por los británicos matando a los lideres de la rebelión. Esto, más allá de solucionar el conflicto, lo avivó más, y finalmente en 1921 Irlanda consiguió su ansiada independencia, naciendo así la República de Irlanda.

Pero esto no explica por qué la parte norte de la isla permaneció bajo el paraguas del Reino Unido. De hecho, el área más rebelde desde el principio fue el norte de Irlanda. La razón de que esto cambiase radicalmente surge también en el siglo XVII y tiene que ver con lo que en inglés se conoce como The Plantation of Ulster, es decir, la colonización del Ulster (el nombre de la provincia del norte de Irlanda): durante el siglo XVII, impulsados por el gobierno británico, un gran número de ingleses y escoceses protestantes ocuparon tierras del norte de Irlanda que anteriormente habían sido confiscadas a católicos irlandeses. La colonización se desarrolló en todo el país con el fin de apaciguar las ansias de independencia, pero se puso más ahínco en la región norte por ser la más rebelde en ese momento.

Y el resultado, 2 siglos después, fue que Ulster no quería independizarse del Reino Unido porque se sentían 100% parte de él. Pero claro, no todos, aún quedaban muchos católicos irlandeses allí,y durante el siglo XX sucedieron muchos problemas políticos y violentos entre las facciones unionistas (protestantes a favor de permanecer en el Reino Unido) y republicanos (católicos a favor de volver a formar parte de Irlanda), que se extienden casi hasta nuestros días, pues no fue hasta 1998 cuando se firmó el llamado Acuerdo del Viernes Santo, que declaraba la paz entre ambos bandos. Pero el desacuerdo no está ni muchísimo menos cerrado, y a día de hoy muchos afirman que de aquí a 30 años podríamos ver a la isla de Irlanda como un único país. Quién sabe.

Y ahora sí, puestos en contexto, estamos listos para comenzar nuestra ruta express por Northern Ireland, que ya os adelanto que a pesar de las bastantes horas de bus, nos ha encantado.

Hemos decidido no alquilar un coche para movernos durante esta semana, porque como os contaba el primer día, aquí se conduce por la derecha y nos parece bastante lioso. Así que para el día de hoy hemos contratado un tour organizado que nos llevaba al Castillo de Dunluce, la Calzada del Gigante y Belfast, todo en un mismo día (unas 12 horas de excursión con 6 horas totales de autobús). Han sido 90€ por persona, y es todo súper cómodo, para mí compensa a la desventaja de que no puedas estar todo el tiempo que quieras en cada sitio. Aquí os dejo el link por si queréis contratar la misma (el tour es en español).

Dunluce Castle

La primera parada, después de 3 horas de viaje, ha sido súper express en el Castillo de Dunluce, lugar que si sois fans de Juego de Tronos, os sonará porque es Pyke, el castillo de los odiados Greyjoy.

En Irlanda se grabaron muchísimas de las escenas de la serie, y de hecho los estudios de grabación están en Belfast (si tenéis más tiempo o venís por vuestra cuenta, me han dicho que es un planazo).

El castillo, que data del siglo XIII, está en ruinas, pero tiene su encanto y el entorno es precioso, todo verde y con acantilados, junto al mar.

Giant´s Causeway

Esto es lo que, sin duda, hace que las horas de autobús merezcan totalmente la pena. ¡Qué sitio tan espectacular! Se trata de una enorme zona costera llena de extrañas formaciones hexagonales originadas, al parecer, a partir de la lava volcánica que erupcionó hace millones de años y que, a causa del frío que hacia en la superficie, se enfrió extremadamente rápido, dando lugar a estas piedras tan perfectamente modeladas que parece que las hayan construido los humanos.

De hecho, y como no podía ser de otra manera, existe una leyenda alrededor de este lugar, y es lo que precisamente le da nombre:

La Leyenda de la Calzada del Gigante

Cuenta la leyenda que en la isla de Irlanda vivía un gigante llamado Finn MacCool. Un día, Finn escuchó sobre otro gigante increíblemente fuerte que vivía en Escocia, al otro lado del mar. Este gigante se llamaba Benandonner. Finn quiso conocerlo así que, con su increíble fuerza, comenzó a apilar piedras gigantes una encima de la otra, creando un camino de piedras que llegaba hasta Escocia.

Pero cuando llegó a Escocia, se dio cuenta de que Benandonner era realmente enorme, más grande de lo que imaginaba. Y temió que Benandonner cruzase a Irlanda y pudiese vencerle y hacerse con su isla. Así que, antes de que el gigante escocés le viese, se dio media vuelta y regresó.

Finn ideó un plan inteligente. Junto con su esposa, pusieron a Finn en una cuna y lo hicieron parecer un bebé gigante. Cuando Benandonner llegó a la casa de Finn y vio al «bebé», pensó que si el bebé era tan grande, su padre debía ser aún más grande y aterrador. Así que, asustado, Benandonner corrió de vuelta a Escocia, destrozando algunas piedras de la calzada a su paso.

Y así, la Calzada del Gigante se quedó como un lugar mágico lleno de piedras hexagonales, que aún sabiendo su origen real, cuesta creer que esto lo haya podido hacer la naturaleza.

Belfast

Después de comer cerca de la Calzada del Gigante en un restaurante en el que por fin probamos algo típico, el Irish Stew (estofado de ternera), llegamos a la tercera y última parada del tour: la capital de Irlanda del Norte.

Por aquí hicimos una “visita panorámica”, es decir, en autobús, mientras el guía nos explicaba cada lugar de interés y su historia (que os he contado arriba) y después tuvimos cerca de 2 horas para dar un paseo libremente.

Creo que Belfast es una ciudad que merece al menos un día completo, pero para hacernos una idea, nos valió. Si hacéis el recorrido por vuestra cuenta, podréis tener una 3 o 4 horas aquí, y si lo hacéis coincidir con el Free Tour, ya sería perfecto.

Como os decía al principio del post, en esta ciudad se respira conflicto político, pues fue el foco del mismo durante muchos años. De hecho, hasta hace poco más de 20 años existían muros altísimos (conocido como Muros de la Paz) que separaban los barrios católicos de los protestantes, y que a día de hoy siguen existiendo pero tienen sus puertas abiertas y albergan uno de los puntos de interés turístico más importantes de la ciudad: los Murales Politicos de Belfast, una serie de pinturas que se extienden a lo largo de los mencionados muros, y que originalmente tenían que ver con el conflicto norirlandés, pero que hoy en día también hacen referencia a otros temas, como la problemática entre Israel y Palestina y otros conflictos sociales de índole internacional.

Estos murales se encuentran principalmente en las calles Divis Street, Falls Road y Shankill Road.

El segundo lugar más representativo de Belfast es, sin duda, el Titanic. No el barco, claro, todos sabemos lo que le pasó, pero al ser Belfast la ciudad donde se ensambló el famoso barco, a día de hoy la temática Titanic está más que explotada en la ciudad: hay un gran museo que alberga una infinidad de objetos relacionados con el barco y que se construyó donde antaño se ubicaban los astilleros en los que se ensambló el Titanic.

Por supuesto, tampoco pudimos visitarlo, así que no os puedo confirmar si merece la pena o no.

Para completar la visita por Belfast, podéis entrar al enorme Ayuntamiento, que se da un aire al Capitolio de los EEUU en Washington, y dar un paseo por el Mercado de San Jorge o el Jardín Botánico.

De vuelta en Dublín, allá por las 20:00, era hora de cenar por fin en alguna taberna irlandesa. Elegimos la popular Lundy Foots, muy turística, justo al lado de Temple Bar, pero con unos precios bastante competitivos. Probamos el pastel de carne irlandés, muy rico, y también tenían las famosas fish and chips.

Mañana es nuestro último día en Dublín, ya que por la tarde tomamos un tren hasta Galway.

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7 días en Irlanda | Día 2: Dublín

Día 1: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

¡Primer día completo en Dublín! Esta mañana, después de un entreno express y un buen desayuno, hemos hecho un el Free Tour que comenzaba a las 11 y tenía una duración de 3h. Siempre os lo digo: para mí no hay mejor forma que conocer una ciudad que con un Free Tour: los guías suelen ser muy buenos (de ello depende que luego les paguemos más o menos) y el recorrido es siempre por las partes más representativas de la ciudad.

Y el de Dublín así ha sido. Además de por Temple Bar y la Catedral de Christ Church (que no las describiré de nuevo porque ya lo hice en el post de ayer) hemos pasado por:

The Spire

Aquí inició el tour, y si bien es un ideal punto de encuentro por ser inconfundible, no es algo demasiado estético que se diga (aunque sí curioso, como su historia).

Es bien sabida la tirria que le tienen los irlandeses a los ingleses, probablemente porque estuvieron ocupados por ellos durante 700 años, tiempo en el que Irlanda era poco más que “el patio trasero” de Reino Unido. Pues bien, donde ahora se alza The Spire (la aguja, en español), existía una estatua de Horatio Nelson, el héroe nacional de Reino Unido. No tendría mayor importancia de no ser porque esta calle se trata de una de las más importantes de Dublín (O’Connel Street) y justo en frente se encuentra el edificio de correos, lugar donde se firmó la primera declaración de independencia de Irlanda en 1916.

Los irlandeses celebraban cada año la independencia haciendo desfiles por O’Connell, y que estuviese ahí el señor Nelson no era agradable para muchos. De hecho, en 1966, el IRA (Ejército Republicano Irlandés, un grupo terrorista) lo voló en la madrugada previa al aniversario de la independencia.

La cosa quedó ahí, y con el tiempo, la zona fue perdiendo atractivo, hasta que en el año 1999 el gobierno decidió adecentar la importante calle, y entre otras remodelaciones, se decidió construir un monumento significativo donde aún estaban los restos de Nelson. La convocatoria salió a concurso, y finalmente ganó el proyecto del Spire, cuyo nombre oficial es Monumento de la Luz, para construirse aquí.

Y por fin, en 2003 fue inaugurada esta aguja de 120 metros de altura (y 90 más de cimientos) cuya luz en la punta vigila Dublín día y noche. Hay quienes dicen que sirve de referencia para que los borrachos vuelvan a casa sin perderse, y quienes murmuran que es un “amable saludo” a sus vecinos de la isla de enfrente, los británicos.

Ha’penny Bridge

No es, ni de lejos, el puente más grande ni más transitado que cruza el río Leffey, pero sí el más antiguo, emblemático, y seguramente fotografiado de Dublín.

Su nombre le viene dado porque antes de que existiese, había justo allí una empresa de barcas que cruzaba transeúntes de un lado a otro del río, mas había que pagar un peaje. Con el tiempo, las barcas comenzaron a estar en demasiado mal estado, y el gobierno exigió a la empresa que, o restauraban las barcas, o bien debían construir un puente.

La empresa optó por lo segundo, y una vez finalizadas las obras de lo que oficialmente se llama Liffey Bridge (aunque ni los irlandeses saben que se llama así) fue puesto a disposición de los ciudadanos, pagando, por supuesto, un peaje, como previamente con las barcas. El precio era de medio penique, o en inglés, half penny. Y así es como popularmente se ha conocido desde siempre a este puente: el Puente del Medio Penique, o Ha’penny Bridge (porque así es como lo pronuncian los irlandeses).

Estatua de Molly Malone

Situada frente a la antigua oficina de turismo (que después de la pandemia fue trasladada a las inmediaciones del Trinity College) se encuentra esta estatua que representa a una mujer con un carro, pues se dice que Molly Malone se era pescadera de dia y prostituta de noche.

Pero lo cierto es que no se sabe si Molly existió realmente o solo es una leyenda. Lo único que es seguro es que se trata de la protagonista de una canción compuesta a finales del siglo XIX y que todo irlandés afirma que es su himno nacional no oficial.

Popularmente se dice que si uno toca sus exuberante escote, está destinado a volver a Dublín.

Castillo de Dublín

Después de ver a Molly pasamos por la entrada del Trinity, pero de eso os hablaré pasado mañana, ya que vamos a entrar a visitarlo.

La siguiente y última parada (antes de Temple Bar, del que os hablé ayer) fue el Dublin Castle, que fue la sede del gobierno británico en Irlanda hasta su independencia definitiva en 1922 y que hoy es un museo de arte, donde además se puede disfrutar de varias salas decoradas tal y como estaban antaño.

Gran parte del grandioso edificio data del siglo XVIII, pero antes de él se sabe que ya hubo un castillo construido aquí en el año 1171.

La entrada cuesta 8€, y dentro se puede pasear entre los muchísimos retratos de diferentes monarcas y miembros de la nobleza británica.

No podéis dejar de visitar los jardines del castillo, The Dub Lhinn Gardens, de libre acceso y que se encuentran junto al castillo.

Y aquí termina el post de hoy. Mañana nos vamos a Irlanda del Norte en una excursión de día, muy express pero que tiene buena pinta. Os contaré todos los detalles de los 2 lugares que nos faltan por ver en Dublín pasado mañana (en el día 4).

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7 días en Irlanda | Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

¡Comenzamos nuestra ruta de una semana por Irlanda! Y es que aunque tendremos 2 “campamentos base” (Dublín y Galway) y no alquilaremos coche (aquí se conduce por la derecha y no nos da confianza) vamos a visitar varios lugares a parte de estas dos ciudades.

De momento, hoy hemos llegado en avión a Dublín sobre las 12:30 y hemos cogido un taxi hasta nuestro hotel, por aquello de ir más rápido, pero lo cierto es que merece más la pena usar el autobús Dublin Express, que cuesta 8€ por persona y no tarda mucho, pues el aeropuerto está a menos de 15km del centro. El taxi han sido 34€, sólo compensa si sois 4.

Nos alojamos en el hotel The Samuel, a apenas 1km del centro de la ciudad, a 50 metros del río Leffey y ubicado en la zona financiera de Dublín, radicalmente diferente a las casitas bajas típicas de Irlanda. Es un hotel muy nuevo (de hecho, aún huele a nuevo jaja), cómodo, con un buen buffet de desayuno y está muy bien en relación calidad-precio comparado con otros hoteles. La noche en habitación doble, en agosto, sale a 165€ con desayuno incluido.

Después de dejar las cosas y correr unos cuantos kilómetros junto al río (que ha servido para hacer un repaso rápido de la zona) hemos buscado un sitio para comer, nada irlandés, eso sí. Irlanda sí tiene algún plato típico pero la gastronomía no es su fuerte. Os hablaré de ello en cuanto la probemos.

Dublin Docklands

Cerca del hotel hay una zona llamada Dublin Docklands, un área bastante residencial, amplia y muy animada, que cuenta con varios sitios para comer y beber. Pasear junto al río es muy agradable, y el sitio elegido para comer ha sido Nutbutter, donde se pueden pedir bowls de arroz con diferentes ingredientes, es bastante sano y está todo muy rico. Es algo así como estilo mexicano, por lo que también hay tacos en la carta.

Temple Bar

Las atracciones turísticas en Irlanda suelen cerrar bastante pronto (alrededor de las 17h) así que íbamos un poco justos de tiempo para entrar en sitios como el Trinity College o la Catedral de San Patricio, así que hemos optado por ir a un lugar que tiene vida casi 24/7: Temple Bar.

Al contrario de lo que podáis pensar, Temple Bar no es un bar, sino todo un barrio donde predominan los bares y donde la gente viene a beber cerveza o whisky, principalmente.

Su nombre viene de cuando hace mucho tiempo, esta zona aún eran los muelles del río Leffey (que está justo detrás). Muelle en irlandés se dice barr, y concretamente esta parte pertenecía a un hombre llamado William Temple. Por los muelles de Temple ya solían venir los marineros a beber, y con el tiempo se convirtió en el lugar más transitado por aquellos que deseaban curtirse bajo los efectos del alcohol. Poco a poco, el barrio fue llamándose coloquialmente Temple Bar (eliminándole la segunda R a la palabra irlandesa para hacer el juego con la palabra bar, que significa lo mismo que en español). Muchos locales empezaron a llamarse a sí mismos Temple Bar, para así atraer más visitas, y el primero en hacerlo fue el tan fotografiado actualmente Temple Bar, ese de la fachada roja. Se autoproclama el más antiguo de la zona, y entre eso y su nombre, es el más visitado, eso sí, por turistas: el precio de una pinta aquí ronda los 9€, algo que ningún irlandés va a pagar, pues lo que encontraréis en su carta no tiene nada de especial con respecto a otros bares. Pero nosotros, como buenos turistas, allá que hemos ido, y a pesar de no ser muy fans de la cerveza, hemos pedido un par de ellas irlandesas para probarlas.

Algo que tiene Temple Bar y otros muchos es música en directo, y es algo que tenéis que hacer sí o sí, ya sea mientras cenáis o simplemente tomando algo.

Catedral de Christ Church

La última parada del día ha sido la Catedral de Christ Church, o Catedral de la Santísima Trinidad en español. Se trata de la más antigua de las dos protestantes que hay en Dublín, y lo gracioso es que, junto con San Patricio (que visitaremos mañana) es la más importante, pero Irlanda es un país mayoritariamente católico. Gran culpa de que ambas catedrales sean protestantes la tienen los ingleses, que tuvieron a Irlanda bajo su dominio durante 700 años, y se fueron de aquí hace exactamente 102 años.

También a causa de ser protestante, queda fuera del paraguas de Estado, y por ello, entrar tiene un coste, concretamente de 11€.

Fue construida en 1038 y originalmente era de madera, pero en 1172 la reconstruyeron en piedra, que era mucho más seguro ante posibles incendios. La que hoy podemos observar dista bastante de la original, pues en 1871 se restauró, y aunque trataron de conservar su aspecto, finalmente el cambio fue sustancia.

Eso es todo por hoy. Hemos cerrado el día cenando en un italiano llamado Il Fornaio, cerca del inconfundible Samuel Beckett Bridge (construido, por cierto, por Santiago Calatrava) y hemos acertado de lleno: los dueños eran italianos y las pizzas estaban exquisitas.

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Ruta a Torre Blanca (2617m), el techo de Cantabria, desde El Cable

Si la cima que alcanzamos la semana pasada (Teide) fue la más especial, la que ayer subimos se ha convertido en la ruta más dura y complicada que he hecho hasta el momento.

Por si es la primera vez que me lees, te pongo en contexto para que entiendas también cuál es mi nivel y experiencia y puedas interpretar mejor mis impresiones: soy corredora de pista de buen nivel, llevo toda mi vida haciendo deporte de alto rendimiento y por tanto mi condición física es bastante superior a la media, tanto en resistencia como en fuerza y en coordinación. También me encanta la montaña, y desde hace unos años soy una aficionada del senderismo. He subido muchos picos de más o menos desnivel, rutas más o menos largas, pero siempre caminando; caminos más o menos claros, pero nunca he practicado alpinismo. ¡O al menos hasta ayer!

En julio de 2022 comencé un reto al que bauticé con el nombre de CIMASxPROVINCIAS, que consiste en subir a la cima más alta de cada provincia de España. Y claro, durante las 45 rutas de montaña que tengo que completar para completar las cimas de las 50 provincias, hay de todo. Desde picos a los que se puede llegar en coche, hasta cumbres tan emblemáticas como las que pueda haber en Pirineos o en Picos de Europa.

Y la ruta que hoy nos concierne es, evidentemente, de las segundas. Torre Blanca, con sus 2617m de altitud y en plenos Picos de Europa, es el punto más alto de la provincia de Cantabria. Aprovechando que estaba de vacaciones cerca, ayer convencí a mis amigos para venir hasta el Teleférico de Fuente Dé, desde donde comienza la ruta, para hacerla todos juntos, ya que, según había leído en diferentes perfiles de Wikiloc, la ruta no tenía mayor complicación, discurría por un sendero «salvo en la parte final que se escarpaba un poco y habría que hacer un par de breves trepadas». Aún así subiendo por el teleférico, pregunté al trabajador que había en la cabina, que tenía buena pinta de montañero (y no me equivocaba) que queríamos subir a Torre Blanca y que si lo veía factible, a lo cual me respondiendo que sí, sin problema, que era sólo caminar y que únicamente pasaríamos calor porque ya estaba el sol bien arriba (eran las 10:30 pero la temperatura rondaba los 20ºC). Así que sin dudarlo, para allá que fuimos.

Lección número 1: la percepción de cada persona varía en función de su propia experiencia, y desde lo que sale de la boca de uno hasta lo que entiende el otro puede haber una gran diferencia. Así fue en este caso, como podéis estar imaginando, y por eso he abierto el post contándoos quién soy para que podáis contextualizar mis puntos de vista.

En fin, al grano. Como decía, subimos en teleférico hasta lo alto del teleférico (que cuesta 20€ ida y vuelta y debéis reservar con antelación, sobre todo en verano porque las entradas vuelan), para así ahorrarnos 4km de subida con casi 800m de desnivel (todo un rompepiernas). Es posible hacer la ruta desde abajo del teleférico, pues existe un sendero, pero entonces tendréis que añadirle 8km con +800 a la ruta de 15km con +900 que resultan partiendo desde arriba.

(Aquí puedes descargar mi ruta de Wikiloc hasta Torre Blanca)

Partiendo desde arriba, la ruta inicia en 1800m de altitud, y los primeros 3,5km discurren por un sendero súper ancho, cómodo y con poco desnivel. Y por cierto, desde el comienzo las vistas ya quitan el aliento, es uno de los puntos más positivos de esta ruta, que no necesitáis subir hasta arriba para disfrutar de un paisaje espectacular.

Después el camino se inclina y se estrecha ligeramente, pero tiene cero complicación técnica, hasta el km 5, cuando se llega a la Cabaña Verónica, un refugio de montaña muy peculiar que parece una nave especial. Este es el punto final del 99% de los excursionistas que os cruzaréis, que por cierto son muchos. Esta zona es muy popular. Llegar hasta aquí no tiene ninguna pérdida, ya que en las pocas intersecciones que encontraréis hay señales que indican «Cabaña Verónica».

A partir de aquí, y según la ruta de Wikiloc que estábamos siguiendo, supuestamente quedaba solo 1,5km, pero es cuando se complica la cosa. El sendero desaparece, y hay que empezar a guiarse por los hitos de piedra que, no obstante, y aunque hay que avanzar muy atentos, no dejan lugar a dudas.

Inicialmente comenzamos a caminar por grandes rocas, pero al llegar al borde de un glaciar llamado Hoyos Sengros, debemos comenzar a bordearlo hasta prácticamente el lado contrario a donde estábamos porque Torre Blanca se encontraba justo al otro lado. Y, lejos de lo que he leído en las referencias de otros excursionistas de que son «un par de trepadas», nosotros tardamos 2 horas en avanzar algo así como 2km, vigilando cada paso que dábamos, pegados a las paredes de la montaña, salvando grietas, subiendo y bajando rocas, y en muchas, muchas ocasiones, utilizando también las manos para tener más seguridad y apoyando el culo para bajar cuando tocaba.

Pasadas esas 2 horas, seguíamos a 2400m de altitud, avanzábamos a ritmo de tortuga y dos de nuestros amigos decidieron, con razón, no continuar, porque no se veían capacitados para ello, ya que quedaban apenas 500 metros hasta la cima pero con 200 de desnivel y por el mismo terreno de rocas que veníamos transitando. Así que nos esperaron donde estaban, y los otros 3 nos subimos para intentar llegar a la cima, misión que no teníamos nada clara. Seguía habiendo hitos cada pocos metros y no nos habíamos desviado nada de la ruta que estábamos siguiendo, pero cada vez se hacía más pesado avanzar.

Pero estábamos tan cerca de conseguirlo que quisimos intentarlo. Sacamos fuerzas y, con mucha seguridad, comenzamos a subir. Este tramo era, casi en su 100% una trepada en la que constantemente había que usar las manos para avanzar. En determinado momento perdimos de vista el siguiente hito, y casi casi nos damos la vuelta porque no veíamos claro por dónde seguir, pero decidí subir un par de pasos más para tener mejor visión, y ¡ahí lo vi! Se veía casi la cumbre y un paso muy claro por el que avanzar.

Y finalmente, media hora después de comenzar la subida, llegamos a la cima de Torre Blanca, una pequeña y picuda superficie gobernada por dos pequeñas torrecitas que son testigo de los valientes que llegan hasta aquí. ¡Qué satisfacción, después de haber estado tan cerca de abandonar!

Pero lo cierto es que aún quedaban muchas cosas importantes por delante: en primer lugar, bajar por el mismo recorrido hasta donde estaban nuestros amigos, para recogerles e ir abriendo camino de vuelta. Hay un par de opciones para llegar a la cima, así que había que estar muy pendientes de no seguir los hitos equivocados.

He de resaltar que, aunque por supuesto el terreno es altamente técnico y esta ruta no puede ser calificada como senderismo, sino como alpinismo (ahí quizás mi error al interpretar las opiniones de otras personas, que posiblemente fuesen alpinistas experimentados, y por eso les parece una ruta sencilla), la rocas agarran extremadamente bien. En ningún momento ninguno de nosotros resbaló ni se trastabilló, porque además íbamos muy, muy concentrados, pendientes y asegurando cada paso.

Otros 30 minutos desde comenzar la bajada alcanzamos a nuestros amigos, y comenzamos el camino de vuelta. En este punto llevábamos exactamente 4h10 de ruta, y mentalizanos ya de lo que nos esperaba hasta alcanzar de nuevo Cabaña Verónica, continuamos la vuelta, que fue bastante más fluida que la ida.

Nos llevó algo más de 1 hora recorrer los 2km hasta el refugio, y tras salvar las zetas de después y estar por fin en el camino sencillo, ya sin presión y todos felices de nuevo, comimos por fin: a la tensión del terreno se le sumaba que el último teleférico bajaba a las 19:00, y no queríamos perderlo, pero finalmente, tras caminar cómodamente los últimos kilómetros, y sin prisas, llegamos allí alrededor de las 18:00.

Ruta completada con éxito (finalmente 15km con 900m D+), de la cual estamos ahora tremendamente orgullosos, que para muchos será, como ya hemos comprobado, algo sencillo, pero que dada nuestra experiencia no lo era, y por algo se empieza, aunque mejor empezar sabiendo lo que te vas a encontrar 😅

En la bajada del teleférico estaba el mismo trabajador: le contamos nuestra aventura y le echamos un poco la bronca por habernos dicho que sería algo fácil, y por supuesto el siguió insistiendo en que así era, que no tenía misterio alguno.

(Aquí puedes descargar mi ruta de Wikiloc hasta Torre Blanca)

Nosotros ya estamos de vuelta en casa, yo con una cima más, la 16ª del reto, con un ☑️ puesto, con unas cuantas anécdotas que contar en el futuro y habiéndome bautizado en las «montañas de verdad». Porque de estas quedan unas cuantas, como por ejemplo Torre Cerredo (Picos de Europa), el Aneto o la Pica d’Estats (Pirineos), para las que pretendo unirme a algún experimentado que ya haya subido alguna vez. ¿Alguno por aquí?

¿Habéis echo ya la ruta? Me encantará leer vuestras impresiones en los comentarios 😊

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9 lugares imprescindibles que visitar en Tenerife en una semana

Os escribo desde el aeropuerto de Tenerife Norte, mientras espero a que sea la hora de embarcar en mi vuelo de vuelta a Madrid. Después de una semana recorriendo Tenerife de arriba abajo, vengo a contaros algunos consejos importantes a la hora de planificar vuestro viaje a la isla.

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Consejos para visitar Tenerife

A pesar de ocupar una superficie de sólo 2km2, Tenerife es como una Península Ibérica en chiquitito en cuanto a clima se refiere: el norte posee un clima más fresco y suele estar nublado, mientras que el sur es más caluroso y soleado.

Por ese motivo, el norte es mucho más verde, y a ello se le suma que es bastante más escarpado. No caminaréis o conduciréis más de 200 metros sin encontrar una cuesta. ¡Y qué cuestas! 🥵 El sur, por su parte, es mucho más árido, seco y desértico. Y es el paraíso de los extranjeros. La inmensa mayoría de los turistas allí son alemanes e ingleses.

¿Dónde alojarse? pues ahí ya va a depender de vuestros gustos y el plan de viaje que llevéis (más de sol y playa o más de hacer excursiones). En nuestro caso, hemos estado alojados en Puerto de la Cruz, una localidad del noroeste de la isla, muy bien comunicada por estar junto a la autopista que discurre por el perímetro de casi la totalidad de la isla (aún falta por construir la parte suroeste).

Si buscáis un clima caluroso que propicie largas jornadas en la playa, no es vuestro lugar, porque como mencionaba, la mayoría de los días el cielo está cubierto aquí, y la temperatura no supera los 25ºC. Aún así nos hemos quemado, eh, todo hay que decirlo. Para mí, el norte de la isla tiene infinitamente más encanto que el sur, así que sin dudarlo repetiría aquí. Estuvimos alojados concretamente en el Precise Resort Tenerife, un hotel enorme con un montón de instalaciones, algo antiguo, pero bastante aceptable en relación calidad-precio.

En cuanto al tema del transporte, me parece imprescindible alquilar un coche para recorrer la isla. Existe servicio de autobuses que llegan a casi todas partes, pero tardaréis muchísimo más y dependéis de sus horarios. Nosotros alquilamos un Volkswagen T-Roc con Avis, y solo nos ha costado 400€ por 7 días con seguro a todo riesgo. Imprescindible que el coche tenga cierta potencia, porque de verdad os vais a encontrar con unas carreteras inclinadísimas que no sé si un coche de pocos CV subiría.

El número de días necesarios para visitar Tenerife es algo bastante indefinido, ya que, como en casi cualquier lugar, esta isla posee infinidad de sitios interesantes que visitar y a los que le puedes dedicar más o menos tiempo. Nosotros hemos estado una semana y nos ha dado tiempo a ver estos 9 básicos que os contaré a continuación, además de hacer alguna mañana y tarde de playa o piscina en el hotel. Así que sobradamente se hace y sin prisas.

Y ahora sí… ¿cuáles son los imprescindibles de Tenerife?

1. El Teide

Por supuesto, ¿cómo no poner al techo de España, al tercer volcán más alto del mundo, en primer lugar? Declarado Parque Nacional en 1954, el PN del Teide abarca aproximadamente 18,990 hectáreas y se ha convertido en el más grande y visitado de España. En el corazón del parque se alza el emblemático Volcán Teide, un gigante de 3,718 metros sobre el nivel del mar. Todo lo que diga sobre este paisaje se queda corto. Es una visita obligadísima durante vuestra estancia en la isla.

Es posible, por supuesto, subir hasta la cima, tanto caminando como con «ayuda», ya que cuenta con un teleférico que sube hasta una altitud de 3555m. Pero no os daré más detalles sobre esto, porque ya tenéis un post en el que hablamos exclusivamente de cómo subir hasta la cima del Teide, con información extremadamente importante que tendréis que tener en cuenta si no queréis quedaros con las ganas. Tenéis que planificarlo con mucho, mucho tiempo (3 meses o más). Aquí podéis leerlo todo.

2. La Orotava

Conocido por ser uno de los pueblos más bonitos de Tenerife, La Orotava fue uno de los primeros asentamientos fundados en la isla de Tenerife después de la conquista española. Su nombre proviene de una palabra guanche que significa «lugar donde nace el sol». Durante el siglo XIX, La Orotava experimentó un auge económico gracias al comercio de vinos y a su floreciente industria bananera. Muchas de las casas y fincas señoriales de esa época reflejan la prosperidad de aquellos años, y conserva aún su patrimonio cultural y arquitectónico, convirtiéndolo en uno de los pueblos más auténticos de la isla.

Cuenta con varios sitios que no podéis perderos, como los Jardines de la Victoria, la Hijuela del Botánico, la Plaza del Ayuntamiento o la Casa de los Balcones. Ésta última es de pago (entrar cuesta 5€) pero el resto son gratuitos y la mejor manera de visitarlos, además del resto del pueblo, es mediante un Free Tour que podéis reservar aquí.

3. El Drago Milenario

Ubicado en la localidad de Icod de los Vinos, y dentro del llamado Parque del Drago, el Drago Milenario es conocido por ser uno de los árboles más antiguos del mundo, que además fascina por su majestuosidad estética.

El nombre «drago» proviene del término griego «drakaina», que significa «dragón». Y no es de extrañar que esta especie de árbol, perteneciente a la familia de las drácenas, haya sido asociada con estas criaturas mitológicas debido a su apariencia única y su tronco retorcido que, echándole un poco de imaginación, evoca la imagen de un dragón descansando sobre la tierra.

Este ejemplar de drago tiene una edad estimada de entre 1000 y 2000 años (los científicos no se ponen de acuerdo), pero en cualquier caso es, con sus 17m de altura, uno de los seres vivos más longevos de la isla y uno de los más antiguos de toda Europa.

A través de los años, el Drago Milenario ha sido protagonista de leyendas y curiosidades locales. Una de las más populares es que quien se siente bajo su sombra está destinado a volver a Tenerife en algún momento de su vida.

La entrada cuesta 5€ y la podéis adquirir aquí.

4. Masca

Sin duda uno de los pueblos con más encanto de la isla, pero totalmente echado a perder por el turismo. Me explico: esta localidad de apenas 4 casas se encuentra súper aislada, siendo únicamente accesible a traves de una carretera larga y extremadamente sinuosa que baja un barranco. Desde el pueblo más cercano, Santiago del Teide, se tardan unos 20 minutos de curvas y más curvas hasta llegaré a él. En los últimos años se ha vuelto un destino muy popular, y de hecho cuenta con un pequeño parking a la entrada del pueblo, que ni de lejos puede acoger todos los coches que bajan hasta aquí en masa cada día.

El resultado es que hay coches tirados por cualquier parte, en los arcenes de una ya de por sí estrecha carretera, en las paradas de bus, de taxis, en las aceras… Un desastre. En mi opinión, habría que limitar el acceso a este lugar, solo pudiendo accederse en buses de la isla, por ejemplo. Nosotros mismos estuvimos a punto de tener que irnos sin bajar del coche, después de 1h30 de viaje desde nuestro hotel, porque no había un solo hueco.

Pero bueno, dicho esto, os cuento un poco sobre Masca, cuyo nombre deriva de la palabra guanche «mazca», que significa «lugar escondido», un nombre muy apropiado para describir la ubicación del pueblo, ya que durante muchos años, Masca fue un lugar aislado y de difícil acceso debido a su ya mencionada topografía abrupta. Los barrancos profundos, las paredes de roca escarpada y la exuberante vegetación crean un escenario impresionante y único en la isla.

Una opción para bajar hasta aquí es hacer una ruta de senderismo que organizan algunas empresas: te bajan hasta el pueblo en minivan, y desde aquí parte una ruta que desciende hasta el mar. Una vez en él, un barco os proporciona unos kayaks y remaréis hasta los gigantes. Nosotros nos enteramos tarde de esta actividad, pero la hubiésemos hecho seguro de haberlo sabido.

5. Punta del Teno

Este cabo se encuentra a pocos kilómetros (pero muchas curvas) de Masca, y es conocido por su icónico faro, uno de los más fotografiados de Tenerife sin duda, que se alza majestuosamente sobre los acantilados y guía a los navegantes desde hace más de un siglo.

El acceso hasta la misma punta se hace a través de una carretera que discurre junto a los acantilados, a la que solo puede acceder un autobús (excepto a partir de las 20:00, que abre para cualquier vehículo). De esta forma se evitan masificaciones como la anteriormente mencionada.

Nosotros fuimos caminando, pero son 7km de ida, o sea que si decidís hacerlo, echaréis unas cuantas horas, pero el recorrido es fácil y muy, muy bonito.

6. Acantilados de los Gigantes

Ubicados en pleno sur, estos espectaculares acantilados dan incluso nombre a una zona urbanizada próxima a ellos que es la favorita de los extranjeros por excelencia.

Algunos de los acantilados alcanzan alturas de hasta 500 metros y se extienden a lo largo de varios kilómetros a lo largo de la costa. Esta imponente muralla natural es una de las más altas de Europa y crea un impactante contraste con el mar.

7. Anaga

El Parque Rural de Anaga es, para mí, el segundo mejor lugar de la isla después del Teide. Se encuentra al norte de la isla y es la zona de más rica en vegetación con mucha diferencia. Este enorme y frondoso bosque que cuenta con muchas especies endémicas de Tenerife es todo un paraíso del senderismo. Cuenta con un montón de senderos para recorrer, más o menos largos, pero todos sencillos en cuanto a dificultar, pero el más popular es el Sendero de los Sentidos.

Fuera del bosque, una de las maravillas más impresionantes del Parque Rural de Anaga es la playa de Benijo, una bahía escondida con impresionantes acantilados y arenas negras volcánicas.

8. Puerto de la Cruz

No podía no mencionar la localidad donde hemos estado alojados estos 7 días. ¿Qué ver aquí? Pues el Jardín Botánico del Puerto de la Cruz es uno de los tesoros naturales más destacados de la localidad. Este magnífico jardín alberga una asombrosa colección de plantas autóctonas y exóticas, y es un remanso de paz y belleza donde los visitantes pueden relajarse y disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor.

Otro punto de interés es el complejo turístico Lago Martiánez, diseñado por el arquitecto César Manrique. Este complejo cuenta con una serie de piscinas de agua de mar, cascadas, jardines y zonas de recreo, creando un lugar espectacular para disfrutar de un día bajo el sol y el mar.

El casco histórico de la ciudad es un laberinto de calles empedradas y plazas encantadoras, donde los visitantes pueden encontrar encantadoras tiendas de souvenirs, restaurantes típicos y acogedores cafés. La Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, una hermosa iglesia del siglo XVII, es un sitio de gran interés histórico y arquitectónico.

Uno de los atractivos más icónicos del Puerto de la Cruz es su paseo marítimo. Este pintoresco paseo bordea la costa, ofreciendo vistas espectaculares del océano y de los acantilados circundantes. Es un lugar perfecto para pasear, tomar fotografías y disfrutar del ambiente relajado y agradable de la ciudad.

9. Santa Cruz de Tenerife

Y terminamos esta lista con otra ciudad, la capital de la isla. Su nombre se debe a la fundación de una cruz de madera en la bahía de la ciudad por los conquistadores españoles en el siglo XV. La cruz simbolizaba la victoria en la batalla contra los nativos guanches, y desde entonces, la ciudad ha crecido y se ha desarrollado alrededor de este símbolo histórico.

Uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad es la Plaza de España, una amplia plaza con una gran fuente y hermosos jardines. Esta plaza es el corazón de la ciudad y un lugar popular para eventos y celebraciones.

El Auditorio de Tenerife, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, es una obra maestra arquitectónica que se ha convertido en el símbolo moderno de la ciudad. Este impresionante edificio, con su techo en forma de ala de pájaro, acoge eventos culturales y conciertos de clase mundial.

Santa Cruz de Tenerife es famosa por su Carnaval, que es uno de los más grandes y animados del mundo. Tenemos que volver un año en esas fechas, sin duda nos ha quedado pendiente.

La playa de Las Teresitas es otro de los atractivos de la ciudad. Esta playa de arena dorada, algo muy inusual en la isla, pues lo normal es que sean negras de arena volcánica, y es que fue creada con arena importada del desierto del Sáhara .

El Mercado de Nuestra Señora de África es uno de los mercados más antiguos de la ciudad y un lugar imprescindible para los amantes de la gastronomía. Aquí encontraréis una gran variedad de productos frescos, como frutas, verduras, pescados y quesos, así como puestos de comida donde se puede degustar la deliciosa comida local.

¿Qué lugar imprescindible añadirías a esta lista? Está claro que hay infinidad de sitios especiales en Tenerife. ¡Te leo!

Ascenso al Teide (3718m) en un día por el Sendero de la Montaña Blanca – SIN TELEFÉRICO

¡Llegó el día! 13 meses después de comenzar mi reto personal CIMASxPROVINCIAS (que consiste en subir a la cima más alta de cada provincia de España) hemos coronado el punto más alto de todos los de la lista, y en consecuencia, el mismísimo techo de nuestro país: el imponente cráter del Teide, a 3718m, uno de los lugares más especiales en los que he estado nunca. Con este sumamos 15 de las 50 cimas que tiene el reto.

Hemos venido a pasar una semanita a la isla de Tenerife, para mí la primera vez aquí, y nos está encantando, pero de eso os hablo en otro post. El motivo principal de nuestro viaje era subir caminando al Teide. Y digo caminando porque existe la posibilidad de ascender en teleférico hasta una cota muy próxima a los 3700m. Después del teleférico, únicamente separan de la cima un camino de apenas 700m (con bastante desnivel, eso sí).

Y ojo, otra cosa que os separará de la cima, subáis por donde subáis, es el hecho de no haber solicitado el permiso para acceder. Me explico: la única forma de llegar hasta lo alto del cráter es a través del sendero llamado Telesforo Bravo (que es justo este camino que os he mencionado que mide tan solo 700m), y a él sólo es posible pasar si tenéis un permiso de la red nacional de Parques Naturales. Hay literalmente una puerta para acceder a él, con un vigilante solicitando dicho pase.

El permiso necesario para acceder es completamente gratuito, pero hay que pedirlo para un día y una franja horaria concreta (que suele ser de unas 3h, aquí podéis consultarlo). ¿Cuál es el problema? El horario del teleférico es de 9:00 a 18:00 (varía ligeramente en diferentes momentos del año, aquí podéis ver los horarios exactos en cada época) y por lo tanto, los horarios comprendidos entre esas horas vuelan. El Teide es un lugar súper protegido, y sólo se permiten 50 pases por cada franja horaria diariamente, por lo que deberás reservar el día y hora con, por lo menos, 2 meses de antelación, en caso de que quieras acceder a la cumbre en algún momento entre las 9 y las 18h. En nuestro caso, de hecho, fue más: cuando fuimos a reservar, en junio, ya no quedaba absolutamente nada libre hasta finales de septiembre.

Peeeeero, como estás leyendo este post buscando información sobre cómo hacer el ascenso caminando, no te preocupes porque tienes más opciones en caso de que te haya sucedido como a nosotros.

Existen dos franjas horarias más, a parte de las anteriormente mencionadas: una que abarca de las 6:00 a las 9:00, por la mañana, y otra desde las 18:00 hasta las 22:00). Con dichos permisos no hay problema alguno, porque quienes los reserven tendrán que subir y/o bajar caminando (si reservas el de por la mañana tendrás necesariamente que, al menos, subir caminando, y si reservas el de por la tarde tendrás que, al menos, bajar caminando), y por lo tanto, esto retira del tablero de juego a una infinidad de personas que ni se lo plantean (porque además la ruta no es para cualquiera).

Dicho esto, los permisos para estas franjas horarias podríais incluso reservarlos el día de antes (aunque siempre es bien hacerlo con tiempo, por si acaso).

Dejada clara la importancia de gestionar el permiso cuanto antes, paso a explicaros la ruta que hicimos, que no es la única, pero si la más común y la más corta, aunque de corta no tiene nada, porque tiene nada menos que 19km con 1400m D+. Os voy a ir explicando parte por parte, pero aquí os dejo la ruta de Wikiloc para que veáis el perfil y sigáis la ruta si lo necesitáis, aunque ya os adelanto que no tiene ningún tipo de pérdida porque el 100% discurre por caminos marcados y está señalizada a la perfección en todas las bifurcaciones.

El inicio del sendero se sitúa en el Parking de la Montaña Blanca. Hay apenas espacio para 6-7 coches, por lo que es posible que no tengáis hueco. Cuando nosotros llegamos sólo había un par de sitios libres. En ese caso, podéis dejarlo en el Mirador del Tabornal Negro, a 850m de allí. Para llegar a ambos es muy sencillo, pues se encuentran en la carretera TF21, la misma por la que se llega al teleférico, a también escasos metros de allí. Esta carretera comienza en el popular pueblo de La Orotava.

Comenzamos la ruta por el Sendero de la Montaña Blanca, un camino súper ancho por el que perfectamente cabría un coche, de tierra y sin apenas piedras ni desnivel (la pendiente media es del 7%), que tiene una longitud de unos 4,5km. Fácil y sencillo para ir calentando.

Tras esos 4,5km llegamos a una bifurcación en la que deberemos abandonar el sendero fácil para adentrarnos en La Rambleta, un estrecho, pedregoso e inclinadísimo sendero que discurre haciendo zetas durante unos 3,5km y que comienza en 2700m de altitud para terminar en 3500. O sea, que en poco menos de 4km se ascienden 800m. Pica, ¡pica mucho!

A mitad del sendero de La Rambleta se llega al famoso Refugio Altavista, el cual, hasta la época de COVID, fue utilizado como lugar para pasar la noche y poder así disfrutar del atardecer o amanecer desde el pico del Teide sin necesidad de caminar durante la noche. Pero en marzo de 2020 cerró y a día de hoy (agosto de 2023) sigue sin abrir. Si estás leyendo esto más tarde, puedes comprobar aquí si ha vuelto a abrir, pero desde luego que el momento de escribir estas líneas no tenía ninguna pinta de hacerlo en el medio plazo. En la cabecera de su web se puede leer: «El Refugio se encuentra temporalmente cerrado y sin fecha definida de reapertura«. La única opción a día de hoy para pernoctar en el Teide es haciendo vivac (para lo cual, por cierto, también se necesita permiso. Aquí puedes obtenerlo).

Y por fin, tras unos 8km totales recorridos, llegamos a otra bifurcación de caminos, en la cual deberemos seguir las indicaciones de La Rambleta, para continuar por sus últimos 500m (y los únicos prácticamente llanos) que finalizan en el Mirador del Teide, lugar donde se encuentra el teleférico. Es gracioso, porque allí mismo podréis hacer uso de unos baños perfectamente higienizados, así como tomar una bebida fría o unos snacks. Nosotros veníamos bastante cansados, porque a Jorge, mi acompañante, le dio un amago de mal de altura (tuvo el pulso anormalmente altos y se sintió muy fatigado durante todo el ascenso por La Rambleta) así que nos sentó de maravilla.

En nuestro caso, que teníamos permiso para utilizar el sendero Telesforo Bravo a partir de las 18:00, y habiendo iniciado nuestra ruta a las 15:30, llegamos a dicho sendero a las 18:20. Tardamos escasas 3 horas, pero no lo toméis como referencia, porque solemos caminar algo más rápido que la media y apenas paramos. La web del Parque Nacional del Teide indica que la subida hasta aquí oscila entre las 4 y las 6h. Ya dependerá de vuestra forma física y las pausas que os apetezca o necesitéis hacer. El dato de referencia es: 8,7km con 1200m D+.

Y por fin, después de enseñar el permiso al individuo de la verja del Sendero Telesforo Bravo, allí mismo, junto a la caseta del teleférico, comenzamos el ascenso final hasta el cráter, el cual son solo 600m con, eso sí, 200m de desnivel. Pero estábamos tan cerca, y tan entretenidos con las fumarolas del volcán, echando humo caliente y olor a azufre, que no se nos hizo nada pesado (además Jorge parecía estar ya recuperado después de su Cocacola y su 5ª pieza de fruta😂).

Y, después de un total de 9km, llegamos a lo más alto del cráter del Teide, el tercer volcán más alto del mundo y el punto más alto de España. ¡Qué imponente, qué paisaje tan especial y tan diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora!

No estuvimos mucho por la cima (la cual, por cierto, pudimos disfrutar completamente solos) por dos motivos: en primer lugar, las autoridades recomiendan no pasar aquí mucho rato debido a los gases que expulsan las mencionadas fumarolas (y lo cierto es que a ratos olía bastante mal a causa del azufre, principalmente) y en segundo lugar, porque ya eran más de las 19h y teníamos que bajar y al menos llegar a la zona fácil antes de que oscureciese mucho, aunque el ascenso lo hicimos intencionadamente un día de luna llena por si acaso nos entreteníamos, ya que hablan maravillas de las puestas de sol en lo alto del Teide y habíamos planteado quedarnos, pero aún era muy pronto y tendríamos que esperar más de una hora.

Y tras unas cuantas fotos y vídeos, de nuevo para abajo. Aquí poco que contar porque fue simplemente deshacer el camino, que se hizo algo tedioso en la parte de las zetas porque está muy empinado, pero que completamos en unas 2h. Sólo en los últimos kilómetros ya se hizo de noche, y fue una pasada, porque la parte del Sendero de la Montaña Blanca tiene tonos amarillos, blancos y rojizos y parece que estamos en otro planeta, sin sol todavía más.

Y por fin, tras 5h (6 incluyendo todas las paradas) finalizamos nuestra aventura. Una ruta dura pero sin mucha dificultad técnica, para la que es imprescindible estar medianamente en forma.

Espero que os sirva este post (si tenéis cualquier duda podéis ponerme un comentario) y sobre todo que disfrutéis tanto como nosotros del reto de subir caminando al Teide.

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