Cap de Creus: Cadaqués y el Faro (Costa Brava, Cataluña)

En este improvisado verano he tenido la oportunidad de visitar uno de los lugares más deseados de España y aquel que todos mis amigos catalanes me han recomendado como “visita obligada”.

En la idílica Costa Brava, perteneciente a la provincia de Girona, se encuentra el Cap de Creus (Parque Nacional desde 1998), o lo que es lo mismo, el punto más oriental de la Península Ibérica, la antítesis del Cabo de Finisterre.

Es especialmente famoso, además de por esto, por su abrupta costa rodeada de acantilados y pequeñas calas; sus restos históricos, algunos incluso del año 3000 aC (por su localización, fue de los primeros lugares habitados de Europa, ya desde el paleolítico); su naturaleza y por el precioso pueblo de Cadaqués, que fuera lugar de residencia de Salvador Dalí.

Cadaqués

Tras un sinuoso paso a través de carretera (la manera más recomendable de venir es en coche, y aún así son más de 20 minutos de curvas desde que uno entra en el Cap de Creus) este pueblecito pesquero, blanco y repleto de turistas (sobre todo franceses) en verano es pura fantasía.

Después de dejar el coche en uno de los parkings del exterior del pueblo, a menos de 1km del centro, por el que es prácticamente imposible circular en verano, lo mejor es echar a caminar, pues cada esquina no tiene desperdicio.

Aún así, os recomiendo no perderos una visita a la casa Museo de Dalí, la Iglesia de Santa María en Cadaqués y el paseo marítimo.

En lo referente a su historia, las primeras referencias del pueblo se remontan al siglo IX, si bien en el siglo XI ya se habla de de un pueblo con pescadores, rodeado de calas y de viñas. Se encuentra en una bahía que se convierte en un puerto natural, la cual era con frecuencia atacada por corsarios genoveses y piratas argelinos y turcos. Por ese motivo se construyó una muralla, lo que no impidió que Cadaqués fuera atacada y destruida en 1543 por el conocido pirata Barbarroja.

En la época medieval hubo una comunidad judía en Cadaqués, de forma que ahora podrás pasear por el antiguo barrio judío cuyo principal referente era una sinagoga que desapareció en el siglo XV, y de la que aún queda algún vestigio. Y ya en tiempos más actuales, esta localidad se convirtió en punto de encuentro de artistas españoles y extranjeros.

Casi todo el que visita Cadaqués se queda con la imagen de las casitas blancas, pero es curioso saber que la estructura de los edificios del pueblo se sustenta con piedras de pizarra negra, y es que en la época medieval todas las casas mostraban fachadas de este material, pero como en otros lugares, fueron encaladas para evitar la difusión de la temida peste.

Para endulzar la visita, no pueden faltar los típicos taps dolços, el postre más típico del pueblo: unos bizcochitos con forma de tapón de cava que comenzaron a elaborarse originalmente por la Mallorquina en Cadaqués en el siglo XVIII. Se comen acompañados de rom cremat (ron flameado), tal y como lo tomaban los marineros catalanes que volvían de Cuba hace trescientos años.

Faro del Cap de Creus

En la punta más oriental del Cap de Creus se encuentra su faro, el segundo más antiguo de Cataluña (de 1853), y que actualmente es una oficina de informaición turística de toda la zona del Parque Nacional.

Hasta él llega una carretera, pero desde 2020 en época veraniega está cerrada durante el día, ya que las aglomeraciones de coches eran excesivas. Por ello, para llegar hay 2 formas:

  • Aparcando el coche en el Parking del Faro, a unos 5km de distancia, desde donde sale un autobús (4€) hacia el faro cada pocos minutos.
  • Haciendo una excursión a pie por uno de los llamados Camí de Ronda de la Costa Brava, que bordean todo el litoral. Dejando el coche en el mismo parking, la distancia hasta el faro caminando por senderos rodeados de naturaleza y paisajes de aguas azules es de algo más de 5km. Esta es la opción que elegimos nosotros y nos encantó a pesar del calor. Lo bueno es que hay varias calas por el camino y a la vuelta paramos en una de ellas.

En la zona del faro hay un par de restaurantes, y a pocos metros hay también un par de calas, así que merece la pena venir aquí no solo por las vistas.

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