Entre Asturias y Cantabria

¡He vuelto al norte!

Hace unas semanas estuvimos alojados en Villanueva De la Peña (una aldea cercana a Cabezón de la Sal, en Cantabria), y aunque las visitas a nuestros lugares favoritos no pudieron faltar (Llanes y comer en Casa Poli en Puertas de Vidiago son un obligado), tuvimos tiempo de sobra para aumentar la lista de sitios chulos descubiertos:

Arenas de Cabrales

Un conocido pueblo de Asturias, gracias a que se encuentra a pocos kilómetros del final de la Ruta del Cares, y está rodeado de montañas. Es por esto que desde aquí salen varias rutas de senderismo, y a pesar del mal día de lluvia que nos hizo, pudimos recorrer parte de la Ruta de la Calzada Romana de Caoru, que sube hasta el pico de La Polvorosa (a más de 1200msnm).

Seguimos esta ruta de Wikiloc de 14km de longitud circular, pero la lluvia hacía que las piedras de la calzada resbalasen mucho, así que decidimos hacer sólo un tramo, y finalmente nos salieron 7km; suficientes, aunque nos quedamos con las ganas de tener una panorámica de todo El valle, ya que fuimos casi todo el tiempo por bosque, precioso, eso sí.

Cascadas de Lamiña

Llamadas así por encontrarse en el pueblo cántabro con el mismo nombre, es un paseo bastante famoso entre los lugareños porque son unos 3km de ida hasta la cascada, por un camino más bien llano, ancho y cómodo. Muy agradable y con unas vistas preciosas de la montaña.

El sendero está señalizado y se puede llegar a ellas tanto desde Lamiña como desde Barcenillas, el pueblo vecino.

El Ayuntamiento de Ruente da más información sobre la ruta aquí.

Dunas de Liencres

Este lugar de la costa cántabra lo dejamos para el domingo, día en el que hubo un temporal de viento espectacular que derribó incluso árboles.

Así que, a parte de dar un paseo por el bosque de pinos y eucaliptos que también forma parte del Parque Natural (y que, por cierto, nos encantó), a las dunas no pudimos nada más que asomarnos. El viento era insoportable y la arena nos llegaba a la cara en forma de pinchos. ¡Una pena!

Para conocer más rincones de Asturias y Cantabria, puedes leer también:

Un paseo por Potes (Cantabria)

Los fines de semana pueden dar mucho de sí! Aún con fuerzas después de la ruta por Picos de Europa, me acerqué al famoso pueblo de Potes, en el corazón del Valle de Liébana, para comprobar si es tan bonito como cuentan. Y bueno, puedo afirmar que así es, tiene mucho encanto, en parte gracias a sus peculiaridades geográficas, rodeado de montañas por todas partes.

El nombre de potes le viene por ser “La Villa de los Puentes” y el casco antiguo conserva intactas sus callejuelas y caserones; mucha historia ha pasado por aquí ya que debido a su localización estratégica ha sido protagonista de numerosas luchas ya desde la Edad Media. Aquí os dejo esta galería con unas cuantas imágenes, para que juzguéis vosotros mismos:

Y qué ruta seguir? Pues bien, veréis que el pueblo no es demasiado extenso, pero aún así os dejo aquí un mapa con una ruta marcada siguiendo ciertos puntos de interés. Este mismo mapa es el que hay en la entrada del pueblo, junto al aparcamiento.

Muy cerca del pueblo, a menos de 10 minutos en coche (e incluso con posibilidad de ir andando, aunque se trate de una fuerte subida por carretera tiene camino para peatones), se encuentra el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, construido a finales del siglo XIII, aunque reformado a mediados del siglo pasado, excepto la iglesia. Es famoso por albergar en él el Lignum Crucis (trozo de cruz de Jesucristo) más grande conocido, y lugar de peregrinación de muchos creyentes.

Y claro, estando en el norte, hay que hablar de gastronomía, porque aunque en toda España se come muy bien, aquí mejor… no?

El plato típico por excelencia de esta zona es el cocido lebaniego, podréis probarlo en casi cualquiera de los restaurantes del pueblo, y se compone de garbanzos típicos de la zona (pequeños y tiernos), cecina o carne, berza y relleno.

Y de postre, podéis probar los también típicos Sequillos de Potes, y también es tradicional en El Valle de Liébana la elaboración de orujo, hay incluso visitas organizadas a presenciar cómo se hace.

Ruta: El Cable – Collado Horcados Rojos (Picos de Europa, Cantabria)

El pasado fin de semana hice una visita al norte para participar en una competición de atletismo, y aprovechando el domingo libre, decidí hacer una ruta chula. Teniendo tan cerca los Picos de Europa casi ni me lo pensé, pero en ellos hay muchas rutas diferentes y me costó decidirme. Finalmente, opté por subir en el teleférico de Fuente Dé hasta los 1823m de altitud, y comenzar desde allí a caminar. Y desde luego que no me equivoqué: resultó ser una de las rutas mas espectaculares que he hecho nunca (por no decir la mejor).

Iniciando la ruta

La aventura comenzó al pie del teleférico. Subir cuesta 11€, y 17€ el pase de ida y vuelta. La primera cabina sube a las 10:00 y la última baja a las 17:55 (algo pronto ahora para ser verano). Hay opción de comprar sólo un trayecto, ya que una de las rutas que salen desde arriba es la de los Puertos de Áliva, de 14km de longitud lineal que discurren hacia abajo y tienen como punto final el inicio inferior del teleférico. Es la elegida por muchos ya que es bastante sencilla y las vistas desde arriba ya son espectaculares, pero yo personalmente, quería algo más exigente.

Vistas desde abajo del teleférico de Fuente Dé

Mi elegida fue la otra ruta que dan como opción en la página web de turismo de Cantabria: la que llega hasta los Horcados Rojos. Realmente una vez en Horcados se puede seguir hacia el Pico Tesorero y más allá, pero esta es la más razonable. Tiene una longitud de ida de unos 5,5km, dependiendo de donde detengáis la marcha, ya que llegar al Collado es una cosa y subir al Pico es otra muy diferente. Yo no llegué a subir del todo, así que no sé que distancia hay pero la pendiente era ya súper pronunciada desde el Collado, así que decidí dar media vuelta porque las vistas iban a ser las mismas desde arriba. Desde el propio Collado se puede ver al fondo el Naranjo de Bulnes, uno de los picos más famosos de la cordillera con 2519m de altitud.

Vistas desde Horcados Rojos, con el Naranjo de Bulnes al fondo

La ruta es sencilla en el inicio, con un camino rocoso bastante llano y cómodo, que posteriormente se va empinando y la cosa cambia, pero aún así, creo que es asequible. Son como 600m de desnivel en los poco mas de 5km de ruta lineal, y hay que volver por el mismo sitio, aunque esta vez importó poco, porque se disfruta el paisaje igualmente.

Llegados a este punto, hay una bifurcación: hacia la derecha se va a Horcados Rojos y hacia la izquierda hacia el Refugio Cabaña Verónica. Ambos están cerca, por lo que ir a los dos sí es una opción. Este punto es bastante espectacular porque desde él hay unas vistas increíbles de una hendidura enorme llena de nieve. Fue mi lugar elegido para parar a comer y descansar.

En cuanto a la duración, es algo bastante relativo y depende de cada persona, yo tardé como 1h30 en subir y algo menos en bajar, pero subí a buen ritmo hasta algo más allá del Collado, y luego bajé tranquilamente parando a hacer fotos varias veces.

El punto de inicio y de regreso, que no es otro que el teleférico, ya es de por sí espectacular. Las vistas son admirables, y bastante diferentes a las de la ruta, ya que sí se puede ver más “verde” que en ella, donde predomina el color rocoso y la nieve.

Vistas desde la zona del teleférico

Muy importante! Para subir en el teleférico suele haber cola, depende del día que elijáis, pero en fin de semana se pone hasta arriba. Contad con ello o llamad antes, yo tuve que esperar 45 minutos, así que informaos bien para no ir con la hora pegada a la hora de llegar al último que baje, no vaya a ser que os toque hacer la ruta de 14km de bajada andando como extra!

En resumen, un lugar y una ruta increíbles, me lo pasé muy bien y aunque estaba transitada, no había demasiada gente. En cualquier caso, os recomiendo ir entre semana si os es posible. Y que la nieve no os engañe… hacía mucho calor!

En mi parada para comer y descansar

Picos de Europa… volveré!

Más pueblos de Cantabria

Segunda visita a Cantabria en menos de dos meses. Esta vez estuvimos en la zona sur, entre Reinosa y Torrelavega, y el frío nos acompañó todos los días.

Nos alojamos en Molledo, y todos los siguientes lugares no quedan lejos de allí:

  • San Miguel de Aguayo: a pocos kilómetros de Reinosa pero que parecen más debido a la pronunciada y curvada carretera, se encuentra en la cara norte de la montaña y de ahí que haya tantísima nieve. El pueblo en sí no tiene mucha cosa, pero el Embalse de Alsa se encuentra muy cerca de allí y es precioso, y además, para los que somos más del sur, ver tanta nieve junta nos encanta.

  • Iglesia de San Jorge (Arenas de Iguña): uno de los nobles del pueblo, decidió hace algo más de 100 años que quería construir un Partenón en medio de Cantabria… y fue dicho y hecho. Paseando después de comer, nuestra sorpresa al encontrar esta iglesia fue enorme, parecía que nos habíamos teletransportado!

  • Palacio de los Hornillos: Se encuentra justo en frente de la Iglesia de San Jorge, y es antigua residencia de los condes dueños de dicha iglesia, un palacio precioso rodeado de un recinto enorme de praderas y lagos. Actualmente no vive nadie en él y tampoco se puede entrar. Curiosidad: esta es la casa que aparece en la famosa película de “Los Otros” de Amenábar.

  • Puente Viesgo: Un pueblecito al sur de Torrelavega, muy pequeño pero con mucho encanto. Fuimos a comer allí, al Restaurante El Marqués, y después de bajar la comida paseando junto al río, subimos a la Cueva del Castillo, junto al pueblo en lo alto de un monte. Tuvimos mala suerte ya que en temporada baja el último pase es a las 16:30, así que nos conformamos con dar una vuelta por los alrededores. La cueva es de pinturas rupestres y la entrada cuesta 3€.

15 de octubre: Peña Tú (Asturias), Cóbreces, Toñanes y Santillana del Mar (Cantabria)

Último día por tierras norteñas. Después de dejar el hotel subimos al Ídolo de Peña Tú (en Puertas de Vidiago), una caminata de sólo 1km hacia arriba que termina en una gran roca que tiene pinturas rupestres datadas del neolítico (4000-3000 a.C.). Se cree que fue una tumba de algún guerrero debido a los grabados que hay en la roca y una cavidad en la que pudo estar enterrado.

En la roca, las pinturas rupestres

La roca

Las vistas de las montañas desde allí son espectaculares y también se alcanza a ver el mar.

El paisaje que se ve desde la roca

Después de pasar de nuevo por la Quesería los Cuetos para comprar unos cuantos quesos de Vidiago (hay de vaca, oveja y cabra pasa elegir) y unas botellas de sidra (la hay normal y ecológica), aprovechamos para comer también allí (hacen unas hamburguesas de carne ecológica con pan recién horneado buenísimas), nos fuimos tranquilamente en dirección Torrelavega.

Paramos en Cóbreces, un pueblo pequeño pero con dos grandes iglesias neogóticas que chocaban bastante con el paisaje.

Una de las dos iglesias

Después continuamos hasta Toñanes, el siguiente pueblo, donde acercándonos a la costa descubrimos una pradera desde la que se veían unos acantilados impresionantes.

Los acantilados de Toñanes

Para terminar la ruta y poner rumbo a Madrid, dimos un paseo por la famosa Santillana del Mar, cuyo casco antiguo es súper auténtico y donde parece que no pasa el tiempo. No visitamos ningún lugar en concreto, simplemente caminamos por sus calles. El único pero es que es demasiado turístico, todo está orientado al turista y a parte de estar algo masificado, los precios son bastante altos, por no hablar de que no se puede aparcar si no es en zona de pago.


Y hasta aquí nuestro viaje del año al norte! Ya deseando que llegue el próximo para seguir descubriendo sus rincones.

14 de octubre: San Vicente de la Barquera y Herrerías (Cantabria)

Después del entrenamiento mañanero (en el mismo sitio que ayer), fuimos a comer a San Vicente de la Barquera, a menos de media hora en coche de donde nos alojamos. Fuimos a lo seguro, a nuestro restaurante favorito del pueblo, llamando El Barquereño, a comer nuestro plato por excelencia, un buen arroz con bogavante. El sitio lo descubrimos por casualidad: es el primer restaurante después de cruzar el puente hacia el lado del castillo. En su día, hace dos años, no nos dio muy buena espina porque era el típico restaurante con un camarero en la puerta atrayendo público y que además tenía fotos de los platos en las paredes de fuera, lo típico de un restaurante malillo, pensamos. Pero nada más lejos de la realidad. La comida está buenísima y además los precios son muy asequibles: 35€ por un arroz con bogavante para dos, con bebida y postre incluido.

Después de comer y de tomar un helado en Regma (la heladería – artesana – de Cantabria y Asturias por excelencia, tiene varias tiendas por ambas comunidades), fuimos a pasear en dirección al rompeolas, donde nunca Antea habíamos estado. Las vistas desde allí son preciosas, se ve el pueblo y la zona de la playa por un lado, y el mar abierto por otro, y además mirar las olas chocando contra las rocas es hipnotizante.

Vistas del faro desde las rocas más altas del rompeolas (subimos escalando, no hay camino para subir)

En la segunda mitad del rompeolas hay una señal de prohibido el paso salvo a personas autorizadas, pero nadie hace caso y todo el mundo pasa. Suponemos que es porque cuando hay mal tiempo estar aquí es bastante peligroso y así el ayuntamiento se quita de responsabilidades. Así que, si venís en invierno, con lluvia o mucho viento, debéis tener mucho cuidado y quizás sea mejor no pasar.

Vista del mar abierto

Después nos fuimos con el coche montaña adentro hacia la zona de Herrerías, que está dividida en varios barrios o pueblos pequeños. Concretamente nos acercamos a Bielva, y aparcamos el coche en una explanada a unos 5km del pueblo (Km 13 de la carretera CA850), desde donde empezaba una ruta de sólo 700m pero 100 de desnivel (la ruta está marcada con pintura azul y blanca cada ciertos metros), hasta un lugar llamado Mirador de Lleno. Es una de las cimas más altas de Herrerías y desde ahí se ve desde el mar por un lado hasta los Picos de Europa por el otro. Las vistas son impresionantes, y además hoy era un día de calina que hacía que el paisaje luciese muy diferente a normalmente. Llegamos arriba justo cuando estaba poniéndose el sol, y he de decir que merece la pena subir para contemplar la puesta de sol desde allí.

Puesta de sol desde Los Pigüezos

Las formaciones rocosas tan peculiares que hay al llegar arriba se llaman Los Pigüezos.

Ya de vuelta en el nivel del mar, fuimos a dar una vuelta por Colombres (ya en Asturias), pues nos habían hablado muy bien de este pueblo. Justo estaban celebrando un encuentro internacional de motos antiguas y estaba el lugar patas arriba. Además, llegamos a las 20:30 y no pudimos entrar al Museo de Emigración, que es lo más interesante de allí. Así que decidimos volver y dar por finalizado el día.

Casa del Museo de Emigración (desde fuera del recinto)