7 días en Irlanda | Día 2: Dublín

Día 1: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

¡Primer día completo en Dublín! Esta mañana, después de un entreno express y un buen desayuno, hemos hecho un el Free Tour que comenzaba a las 11 y tenía una duración de 3h. Siempre os lo digo: para mí no hay mejor forma que conocer una ciudad que con un Free Tour: los guías suelen ser muy buenos (de ello depende que luego les paguemos más o menos) y el recorrido es siempre por las partes más representativas de la ciudad.

Y el de Dublín así ha sido. Además de por Temple Bar y la Catedral de Christ Church (que no las describiré de nuevo porque ya lo hice en el post de ayer) hemos pasado por:

The Spire

Aquí inició el tour, y si bien es un ideal punto de encuentro por ser inconfundible, no es algo demasiado estético que se diga (aunque sí curioso, como su historia).

Es bien sabida la tirria que le tienen los irlandeses a los ingleses, probablemente porque estuvieron ocupados por ellos durante 700 años, tiempo en el que Irlanda era poco más que “el patio trasero” de Reino Unido. Pues bien, donde ahora se alza The Spire (la aguja, en español), existía una estatua de Horatio Nelson, el héroe nacional de Reino Unido. No tendría mayor importancia de no ser porque esta calle se trata de una de las más importantes de Dublín (O’Connel Street) y justo en frente se encuentra el edificio de correos, lugar donde se firmó la primera declaración de independencia de Irlanda en 1916.

Los irlandeses celebraban cada año la independencia haciendo desfiles por O’Connell, y que estuviese ahí el señor Nelson no era agradable para muchos. De hecho, en 1966, el IRA (Ejército Republicano Irlandés, un grupo terrorista) lo voló en la madrugada previa al aniversario de la independencia.

La cosa quedó ahí, y con el tiempo, la zona fue perdiendo atractivo, hasta que en el año 1999 el gobierno decidió adecentar la importante calle, y entre otras remodelaciones, se decidió construir un monumento significativo donde aún estaban los restos de Nelson. La convocatoria salió a concurso, y finalmente ganó el proyecto del Spire, cuyo nombre oficial es Monumento de la Luz, para construirse aquí.

Y por fin, en 2003 fue inaugurada esta aguja de 120 metros de altura (y 90 más de cimientos) cuya luz en la punta vigila Dublín día y noche. Hay quienes dicen que sirve de referencia para que los borrachos vuelvan a casa sin perderse, y quienes murmuran que es un “amable saludo” a sus vecinos de la isla de enfrente, los británicos.

Ha’penny Bridge

No es, ni de lejos, el puente más grande ni más transitado que cruza el río Leffey, pero sí el más antiguo, emblemático, y seguramente fotografiado de Dublín.

Su nombre le viene dado porque antes de que existiese, había justo allí una empresa de barcas que cruzaba transeúntes de un lado a otro del río, mas había que pagar un peaje. Con el tiempo, las barcas comenzaron a estar en demasiado mal estado, y el gobierno exigió a la empresa que, o restauraban las barcas, o bien debían construir un puente.

La empresa optó por lo segundo, y una vez finalizadas las obras de lo que oficialmente se llama Liffey Bridge (aunque ni los irlandeses saben que se llama así) fue puesto a disposición de los ciudadanos, pagando, por supuesto, un peaje, como previamente con las barcas. El precio era de medio penique, o en inglés, half penny. Y así es como popularmente se ha conocido desde siempre a este puente: el Puente del Medio Penique, o Ha’penny Bridge (porque así es como lo pronuncian los irlandeses).

Estatua de Molly Malone

Situada frente a la antigua oficina de turismo (que después de la pandemia fue trasladada a las inmediaciones del Trinity College) se encuentra esta estatua que representa a una mujer con un carro, pues se dice que Molly Malone se era pescadera de dia y prostituta de noche.

Pero lo cierto es que no se sabe si Molly existió realmente o solo es una leyenda. Lo único que es seguro es que se trata de la protagonista de una canción compuesta a finales del siglo XIX y que todo irlandés afirma que es su himno nacional no oficial.

Popularmente se dice que si uno toca sus exuberante escote, está destinado a volver a Dublín.

Castillo de Dublín

Después de ver a Molly pasamos por la entrada del Trinity, pero de eso os hablaré pasado mañana, ya que vamos a entrar a visitarlo.

La siguiente y última parada (antes de Temple Bar, del que os hablé ayer) fue el Dublin Castle, que fue la sede del gobierno británico en Irlanda hasta su independencia definitiva en 1922 y que hoy es un museo de arte, donde además se puede disfrutar de varias salas decoradas tal y como estaban antaño.

Gran parte del grandioso edificio data del siglo XVIII, pero antes de él se sabe que ya hubo un castillo construido aquí en el año 1171.

La entrada cuesta 8€, y dentro se puede pasear entre los muchísimos retratos de diferentes monarcas y miembros de la nobleza británica.

No podéis dejar de visitar los jardines del castillo, The Dub Lhinn Gardens, de libre acceso y que se encuentran junto al castillo.

Y aquí termina el post de hoy. Mañana nos vamos a Irlanda del Norte en una excursión de día, muy express pero que tiene buena pinta. Os contaré todos los detalles de los 2 lugares que nos faltan por ver en Dublín pasado mañana (en el día 4).

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7 días en Irlanda | Día 1: Dublín

Día 2: Dublín

Día 3: Irlanda del Norte

Día 4: Dublín

Día 5: Galway

Día 6: Acantilados de Moher y Castillo de Dunguaire

Día 7: Connemara y Kylemore Abbey

¡Comenzamos nuestra ruta de una semana por Irlanda! Y es que aunque tendremos 2 “campamentos base” (Dublín y Galway) y no alquilaremos coche (aquí se conduce por la derecha y no nos da confianza) vamos a visitar varios lugares a parte de estas dos ciudades.

De momento, hoy hemos llegado en avión a Dublín sobre las 12:30 y hemos cogido un taxi hasta nuestro hotel, por aquello de ir más rápido, pero lo cierto es que merece más la pena usar el autobús Dublin Express, que cuesta 8€ por persona y no tarda mucho, pues el aeropuerto está a menos de 15km del centro. El taxi han sido 34€, sólo compensa si sois 4.

Nos alojamos en el hotel The Samuel, a apenas 1km del centro de la ciudad, a 50 metros del río Leffey y ubicado en la zona financiera de Dublín, radicalmente diferente a las casitas bajas típicas de Irlanda. Es un hotel muy nuevo (de hecho, aún huele a nuevo jaja), cómodo, con un buen buffet de desayuno y está muy bien en relación calidad-precio comparado con otros hoteles. La noche en habitación doble, en agosto, sale a 165€ con desayuno incluido.

Después de dejar las cosas y correr unos cuantos kilómetros junto al río (que ha servido para hacer un repaso rápido de la zona) hemos buscado un sitio para comer, nada irlandés, eso sí. Irlanda sí tiene algún plato típico pero la gastronomía no es su fuerte. Os hablaré de ello en cuanto la probemos.

Dublin Docklands

Cerca del hotel hay una zona llamada Dublin Docklands, un área bastante residencial, amplia y muy animada, que cuenta con varios sitios para comer y beber. Pasear junto al río es muy agradable, y el sitio elegido para comer ha sido Nutbutter, donde se pueden pedir bowls de arroz con diferentes ingredientes, es bastante sano y está todo muy rico. Es algo así como estilo mexicano, por lo que también hay tacos en la carta.

Temple Bar

Las atracciones turísticas en Irlanda suelen cerrar bastante pronto (alrededor de las 17h) así que íbamos un poco justos de tiempo para entrar en sitios como el Trinity College o la Catedral de San Patricio, así que hemos optado por ir a un lugar que tiene vida casi 24/7: Temple Bar.

Al contrario de lo que podáis pensar, Temple Bar no es un bar, sino todo un barrio donde predominan los bares y donde la gente viene a beber cerveza o whisky, principalmente.

Su nombre viene de cuando hace mucho tiempo, esta zona aún eran los muelles del río Leffey (que está justo detrás). Muelle en irlandés se dice barr, y concretamente esta parte pertenecía a un hombre llamado William Temple. Por los muelles de Temple ya solían venir los marineros a beber, y con el tiempo se convirtió en el lugar más transitado por aquellos que deseaban curtirse bajo los efectos del alcohol. Poco a poco, el barrio fue llamándose coloquialmente Temple Bar (eliminándole la segunda R a la palabra irlandesa para hacer el juego con la palabra bar, que significa lo mismo que en español). Muchos locales empezaron a llamarse a sí mismos Temple Bar, para así atraer más visitas, y el primero en hacerlo fue el tan fotografiado actualmente Temple Bar, ese de la fachada roja. Se autoproclama el más antiguo de la zona, y entre eso y su nombre, es el más visitado, eso sí, por turistas: el precio de una pinta aquí ronda los 9€, algo que ningún irlandés va a pagar, pues lo que encontraréis en su carta no tiene nada de especial con respecto a otros bares. Pero nosotros, como buenos turistas, allá que hemos ido, y a pesar de no ser muy fans de la cerveza, hemos pedido un par de ellas irlandesas para probarlas.

Algo que tiene Temple Bar y otros muchos es música en directo, y es algo que tenéis que hacer sí o sí, ya sea mientras cenáis o simplemente tomando algo.

Catedral de Christ Church

La última parada del día ha sido la Catedral de Christ Church, o Catedral de la Santísima Trinidad en español. Se trata de la más antigua de las dos protestantes que hay en Dublín, y lo gracioso es que, junto con San Patricio (que visitaremos mañana) es la más importante, pero Irlanda es un país mayoritariamente católico. Gran culpa de que ambas catedrales sean protestantes la tienen los ingleses, que tuvieron a Irlanda bajo su dominio durante 700 años, y se fueron de aquí hace exactamente 102 años.

También a causa de ser protestante, queda fuera del paraguas de Estado, y por ello, entrar tiene un coste, concretamente de 11€.

Fue construida en 1038 y originalmente era de madera, pero en 1172 la reconstruyeron en piedra, que era mucho más seguro ante posibles incendios. La que hoy podemos observar dista bastante de la original, pues en 1871 se restauró, y aunque trataron de conservar su aspecto, finalmente el cambio fue sustancia.

Eso es todo por hoy. Hemos cerrado el día cenando en un italiano llamado Il Fornaio, cerca del inconfundible Samuel Beckett Bridge (construido, por cierto, por Santiago Calatrava) y hemos acertado de lleno: los dueños eran italianos y las pizzas estaban exquisitas.

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Ruta a Torre Blanca (2617m), el techo de Cantabria, desde El Cable

Si la cima que alcanzamos la semana pasada (Teide) fue la más especial, la que ayer subimos se ha convertido en la ruta más dura y complicada que he hecho hasta el momento.

Por si es la primera vez que me lees, te pongo en contexto para que entiendas también cuál es mi nivel y experiencia y puedas interpretar mejor mis impresiones: soy corredora de pista de buen nivel, llevo toda mi vida haciendo deporte de alto rendimiento y por tanto mi condición física es bastante superior a la media, tanto en resistencia como en fuerza y en coordinación. También me encanta la montaña, y desde hace unos años soy una aficionada del senderismo. He subido muchos picos de más o menos desnivel, rutas más o menos largas, pero siempre caminando; caminos más o menos claros, pero nunca he practicado alpinismo. ¡O al menos hasta ayer!

En julio de 2022 comencé un reto al que bauticé con el nombre de CIMASxPROVINCIAS, que consiste en subir a la cima más alta de cada provincia de España. Y claro, durante las 45 rutas de montaña que tengo que completar para completar las cimas de las 50 provincias, hay de todo. Desde picos a los que se puede llegar en coche, hasta cumbres tan emblemáticas como las que pueda haber en Pirineos o en Picos de Europa.

Y la ruta que hoy nos concierne es, evidentemente, de las segundas. Torre Blanca, con sus 2617m de altitud y en plenos Picos de Europa, es el punto más alto de la provincia de Cantabria. Aprovechando que estaba de vacaciones cerca, ayer convencí a mis amigos para venir hasta el Teleférico de Fuente Dé, desde donde comienza la ruta, para hacerla todos juntos, ya que, según había leído en diferentes perfiles de Wikiloc, la ruta no tenía mayor complicación, discurría por un sendero «salvo en la parte final que se escarpaba un poco y habría que hacer un par de breves trepadas». Aún así subiendo por el teleférico, pregunté al trabajador que había en la cabina, que tenía buena pinta de montañero (y no me equivocaba) que queríamos subir a Torre Blanca y que si lo veía factible, a lo cual me respondiendo que sí, sin problema, que era sólo caminar y que únicamente pasaríamos calor porque ya estaba el sol bien arriba (eran las 10:30 pero la temperatura rondaba los 20ºC). Así que sin dudarlo, para allá que fuimos.

Lección número 1: la percepción de cada persona varía en función de su propia experiencia, y desde lo que sale de la boca de uno hasta lo que entiende el otro puede haber una gran diferencia. Así fue en este caso, como podéis estar imaginando, y por eso he abierto el post contándoos quién soy para que podáis contextualizar mis puntos de vista.

En fin, al grano. Como decía, subimos en teleférico hasta lo alto del teleférico (que cuesta 20€ ida y vuelta y debéis reservar con antelación, sobre todo en verano porque las entradas vuelan), para así ahorrarnos 4km de subida con casi 800m de desnivel (todo un rompepiernas). Es posible hacer la ruta desde abajo del teleférico, pues existe un sendero, pero entonces tendréis que añadirle 8km con +800 a la ruta de 15km con +900 que resultan partiendo desde arriba.

(Aquí puedes descargar mi ruta de Wikiloc hasta Torre Blanca)

Partiendo desde arriba, la ruta inicia en 1800m de altitud, y los primeros 3,5km discurren por un sendero súper ancho, cómodo y con poco desnivel. Y por cierto, desde el comienzo las vistas ya quitan el aliento, es uno de los puntos más positivos de esta ruta, que no necesitáis subir hasta arriba para disfrutar de un paisaje espectacular.

Después el camino se inclina y se estrecha ligeramente, pero tiene cero complicación técnica, hasta el km 5, cuando se llega a la Cabaña Verónica, un refugio de montaña muy peculiar que parece una nave especial. Este es el punto final del 99% de los excursionistas que os cruzaréis, que por cierto son muchos. Esta zona es muy popular. Llegar hasta aquí no tiene ninguna pérdida, ya que en las pocas intersecciones que encontraréis hay señales que indican «Cabaña Verónica».

A partir de aquí, y según la ruta de Wikiloc que estábamos siguiendo, supuestamente quedaba solo 1,5km, pero es cuando se complica la cosa. El sendero desaparece, y hay que empezar a guiarse por los hitos de piedra que, no obstante, y aunque hay que avanzar muy atentos, no dejan lugar a dudas.

Inicialmente comenzamos a caminar por grandes rocas, pero al llegar al borde de un glaciar llamado Hoyos Sengros, debemos comenzar a bordearlo hasta prácticamente el lado contrario a donde estábamos porque Torre Blanca se encontraba justo al otro lado. Y, lejos de lo que he leído en las referencias de otros excursionistas de que son «un par de trepadas», nosotros tardamos 2 horas en avanzar algo así como 2km, vigilando cada paso que dábamos, pegados a las paredes de la montaña, salvando grietas, subiendo y bajando rocas, y en muchas, muchas ocasiones, utilizando también las manos para tener más seguridad y apoyando el culo para bajar cuando tocaba.

Pasadas esas 2 horas, seguíamos a 2400m de altitud, avanzábamos a ritmo de tortuga y dos de nuestros amigos decidieron, con razón, no continuar, porque no se veían capacitados para ello, ya que quedaban apenas 500 metros hasta la cima pero con 200 de desnivel y por el mismo terreno de rocas que veníamos transitando. Así que nos esperaron donde estaban, y los otros 3 nos subimos para intentar llegar a la cima, misión que no teníamos nada clara. Seguía habiendo hitos cada pocos metros y no nos habíamos desviado nada de la ruta que estábamos siguiendo, pero cada vez se hacía más pesado avanzar.

Pero estábamos tan cerca de conseguirlo que quisimos intentarlo. Sacamos fuerzas y, con mucha seguridad, comenzamos a subir. Este tramo era, casi en su 100% una trepada en la que constantemente había que usar las manos para avanzar. En determinado momento perdimos de vista el siguiente hito, y casi casi nos damos la vuelta porque no veíamos claro por dónde seguir, pero decidí subir un par de pasos más para tener mejor visión, y ¡ahí lo vi! Se veía casi la cumbre y un paso muy claro por el que avanzar.

Y finalmente, media hora después de comenzar la subida, llegamos a la cima de Torre Blanca, una pequeña y picuda superficie gobernada por dos pequeñas torrecitas que son testigo de los valientes que llegan hasta aquí. ¡Qué satisfacción, después de haber estado tan cerca de abandonar!

Pero lo cierto es que aún quedaban muchas cosas importantes por delante: en primer lugar, bajar por el mismo recorrido hasta donde estaban nuestros amigos, para recogerles e ir abriendo camino de vuelta. Hay un par de opciones para llegar a la cima, así que había que estar muy pendientes de no seguir los hitos equivocados.

He de resaltar que, aunque por supuesto el terreno es altamente técnico y esta ruta no puede ser calificada como senderismo, sino como alpinismo (ahí quizás mi error al interpretar las opiniones de otras personas, que posiblemente fuesen alpinistas experimentados, y por eso les parece una ruta sencilla), la rocas agarran extremadamente bien. En ningún momento ninguno de nosotros resbaló ni se trastabilló, porque además íbamos muy, muy concentrados, pendientes y asegurando cada paso.

Otros 30 minutos desde comenzar la bajada alcanzamos a nuestros amigos, y comenzamos el camino de vuelta. En este punto llevábamos exactamente 4h10 de ruta, y mentalizanos ya de lo que nos esperaba hasta alcanzar de nuevo Cabaña Verónica, continuamos la vuelta, que fue bastante más fluida que la ida.

Nos llevó algo más de 1 hora recorrer los 2km hasta el refugio, y tras salvar las zetas de después y estar por fin en el camino sencillo, ya sin presión y todos felices de nuevo, comimos por fin: a la tensión del terreno se le sumaba que el último teleférico bajaba a las 19:00, y no queríamos perderlo, pero finalmente, tras caminar cómodamente los últimos kilómetros, y sin prisas, llegamos allí alrededor de las 18:00.

Ruta completada con éxito (finalmente 15km con 900m D+), de la cual estamos ahora tremendamente orgullosos, que para muchos será, como ya hemos comprobado, algo sencillo, pero que dada nuestra experiencia no lo era, y por algo se empieza, aunque mejor empezar sabiendo lo que te vas a encontrar 😅

En la bajada del teleférico estaba el mismo trabajador: le contamos nuestra aventura y le echamos un poco la bronca por habernos dicho que sería algo fácil, y por supuesto el siguió insistiendo en que así era, que no tenía misterio alguno.

(Aquí puedes descargar mi ruta de Wikiloc hasta Torre Blanca)

Nosotros ya estamos de vuelta en casa, yo con una cima más, la 16ª del reto, con un ☑️ puesto, con unas cuantas anécdotas que contar en el futuro y habiéndome bautizado en las «montañas de verdad». Porque de estas quedan unas cuantas, como por ejemplo Torre Cerredo (Picos de Europa), el Aneto o la Pica d’Estats (Pirineos), para las que pretendo unirme a algún experimentado que ya haya subido alguna vez. ¿Alguno por aquí?

¿Habéis echo ya la ruta? Me encantará leer vuestras impresiones en los comentarios 😊

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9 lugares imprescindibles que visitar en Tenerife en una semana

Os escribo desde el aeropuerto de Tenerife Norte, mientras espero a que sea la hora de embarcar en mi vuelo de vuelta a Madrid. Después de una semana recorriendo Tenerife de arriba abajo, vengo a contaros algunos consejos importantes a la hora de planificar vuestro viaje a la isla.

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Consejos para visitar Tenerife

A pesar de ocupar una superficie de sólo 2km2, Tenerife es como una Península Ibérica en chiquitito en cuanto a clima se refiere: el norte posee un clima más fresco y suele estar nublado, mientras que el sur es más caluroso y soleado.

Por ese motivo, el norte es mucho más verde, y a ello se le suma que es bastante más escarpado. No caminaréis o conduciréis más de 200 metros sin encontrar una cuesta. ¡Y qué cuestas! 🥵 El sur, por su parte, es mucho más árido, seco y desértico. Y es el paraíso de los extranjeros. La inmensa mayoría de los turistas allí son alemanes e ingleses.

¿Dónde alojarse? pues ahí ya va a depender de vuestros gustos y el plan de viaje que llevéis (más de sol y playa o más de hacer excursiones). En nuestro caso, hemos estado alojados en Puerto de la Cruz, una localidad del noroeste de la isla, muy bien comunicada por estar junto a la autopista que discurre por el perímetro de casi la totalidad de la isla (aún falta por construir la parte suroeste).

Si buscáis un clima caluroso que propicie largas jornadas en la playa, no es vuestro lugar, porque como mencionaba, la mayoría de los días el cielo está cubierto aquí, y la temperatura no supera los 25ºC. Aún así nos hemos quemado, eh, todo hay que decirlo. Para mí, el norte de la isla tiene infinitamente más encanto que el sur, así que sin dudarlo repetiría aquí. Estuvimos alojados concretamente en el Precise Resort Tenerife, un hotel enorme con un montón de instalaciones, algo antiguo, pero bastante aceptable en relación calidad-precio.

En cuanto al tema del transporte, me parece imprescindible alquilar un coche para recorrer la isla. Existe servicio de autobuses que llegan a casi todas partes, pero tardaréis muchísimo más y dependéis de sus horarios. Nosotros alquilamos un Volkswagen T-Roc con Avis, y solo nos ha costado 400€ por 7 días con seguro a todo riesgo. Imprescindible que el coche tenga cierta potencia, porque de verdad os vais a encontrar con unas carreteras inclinadísimas que no sé si un coche de pocos CV subiría.

El número de días necesarios para visitar Tenerife es algo bastante indefinido, ya que, como en casi cualquier lugar, esta isla posee infinidad de sitios interesantes que visitar y a los que le puedes dedicar más o menos tiempo. Nosotros hemos estado una semana y nos ha dado tiempo a ver estos 9 básicos que os contaré a continuación, además de hacer alguna mañana y tarde de playa o piscina en el hotel. Así que sobradamente se hace y sin prisas.

Y ahora sí… ¿cuáles son los imprescindibles de Tenerife?

1. El Teide

Por supuesto, ¿cómo no poner al techo de España, al tercer volcán más alto del mundo, en primer lugar? Declarado Parque Nacional en 1954, el PN del Teide abarca aproximadamente 18,990 hectáreas y se ha convertido en el más grande y visitado de España. En el corazón del parque se alza el emblemático Volcán Teide, un gigante de 3,718 metros sobre el nivel del mar. Todo lo que diga sobre este paisaje se queda corto. Es una visita obligadísima durante vuestra estancia en la isla.

Es posible, por supuesto, subir hasta la cima, tanto caminando como con «ayuda», ya que cuenta con un teleférico que sube hasta una altitud de 3555m. Pero no os daré más detalles sobre esto, porque ya tenéis un post en el que hablamos exclusivamente de cómo subir hasta la cima del Teide, con información extremadamente importante que tendréis que tener en cuenta si no queréis quedaros con las ganas. Tenéis que planificarlo con mucho, mucho tiempo (3 meses o más). Aquí podéis leerlo todo.

2. La Orotava

Conocido por ser uno de los pueblos más bonitos de Tenerife, La Orotava fue uno de los primeros asentamientos fundados en la isla de Tenerife después de la conquista española. Su nombre proviene de una palabra guanche que significa «lugar donde nace el sol». Durante el siglo XIX, La Orotava experimentó un auge económico gracias al comercio de vinos y a su floreciente industria bananera. Muchas de las casas y fincas señoriales de esa época reflejan la prosperidad de aquellos años, y conserva aún su patrimonio cultural y arquitectónico, convirtiéndolo en uno de los pueblos más auténticos de la isla.

Cuenta con varios sitios que no podéis perderos, como los Jardines de la Victoria, la Hijuela del Botánico, la Plaza del Ayuntamiento o la Casa de los Balcones. Ésta última es de pago (entrar cuesta 5€) pero el resto son gratuitos y la mejor manera de visitarlos, además del resto del pueblo, es mediante un Free Tour que podéis reservar aquí.

3. El Drago Milenario

Ubicado en la localidad de Icod de los Vinos, y dentro del llamado Parque del Drago, el Drago Milenario es conocido por ser uno de los árboles más antiguos del mundo, que además fascina por su majestuosidad estética.

El nombre «drago» proviene del término griego «drakaina», que significa «dragón». Y no es de extrañar que esta especie de árbol, perteneciente a la familia de las drácenas, haya sido asociada con estas criaturas mitológicas debido a su apariencia única y su tronco retorcido que, echándole un poco de imaginación, evoca la imagen de un dragón descansando sobre la tierra.

Este ejemplar de drago tiene una edad estimada de entre 1000 y 2000 años (los científicos no se ponen de acuerdo), pero en cualquier caso es, con sus 17m de altura, uno de los seres vivos más longevos de la isla y uno de los más antiguos de toda Europa.

A través de los años, el Drago Milenario ha sido protagonista de leyendas y curiosidades locales. Una de las más populares es que quien se siente bajo su sombra está destinado a volver a Tenerife en algún momento de su vida.

La entrada cuesta 5€ y la podéis adquirir aquí.

4. Masca

Sin duda uno de los pueblos con más encanto de la isla, pero totalmente echado a perder por el turismo. Me explico: esta localidad de apenas 4 casas se encuentra súper aislada, siendo únicamente accesible a traves de una carretera larga y extremadamente sinuosa que baja un barranco. Desde el pueblo más cercano, Santiago del Teide, se tardan unos 20 minutos de curvas y más curvas hasta llegaré a él. En los últimos años se ha vuelto un destino muy popular, y de hecho cuenta con un pequeño parking a la entrada del pueblo, que ni de lejos puede acoger todos los coches que bajan hasta aquí en masa cada día.

El resultado es que hay coches tirados por cualquier parte, en los arcenes de una ya de por sí estrecha carretera, en las paradas de bus, de taxis, en las aceras… Un desastre. En mi opinión, habría que limitar el acceso a este lugar, solo pudiendo accederse en buses de la isla, por ejemplo. Nosotros mismos estuvimos a punto de tener que irnos sin bajar del coche, después de 1h30 de viaje desde nuestro hotel, porque no había un solo hueco.

Pero bueno, dicho esto, os cuento un poco sobre Masca, cuyo nombre deriva de la palabra guanche «mazca», que significa «lugar escondido», un nombre muy apropiado para describir la ubicación del pueblo, ya que durante muchos años, Masca fue un lugar aislado y de difícil acceso debido a su ya mencionada topografía abrupta. Los barrancos profundos, las paredes de roca escarpada y la exuberante vegetación crean un escenario impresionante y único en la isla.

Una opción para bajar hasta aquí es hacer una ruta de senderismo que organizan algunas empresas: te bajan hasta el pueblo en minivan, y desde aquí parte una ruta que desciende hasta el mar. Una vez en él, un barco os proporciona unos kayaks y remaréis hasta los gigantes. Nosotros nos enteramos tarde de esta actividad, pero la hubiésemos hecho seguro de haberlo sabido.

5. Punta del Teno

Este cabo se encuentra a pocos kilómetros (pero muchas curvas) de Masca, y es conocido por su icónico faro, uno de los más fotografiados de Tenerife sin duda, que se alza majestuosamente sobre los acantilados y guía a los navegantes desde hace más de un siglo.

El acceso hasta la misma punta se hace a través de una carretera que discurre junto a los acantilados, a la que solo puede acceder un autobús (excepto a partir de las 20:00, que abre para cualquier vehículo). De esta forma se evitan masificaciones como la anteriormente mencionada.

Nosotros fuimos caminando, pero son 7km de ida, o sea que si decidís hacerlo, echaréis unas cuantas horas, pero el recorrido es fácil y muy, muy bonito.

6. Acantilados de los Gigantes

Ubicados en pleno sur, estos espectaculares acantilados dan incluso nombre a una zona urbanizada próxima a ellos que es la favorita de los extranjeros por excelencia.

Algunos de los acantilados alcanzan alturas de hasta 500 metros y se extienden a lo largo de varios kilómetros a lo largo de la costa. Esta imponente muralla natural es una de las más altas de Europa y crea un impactante contraste con el mar.

7. Anaga

El Parque Rural de Anaga es, para mí, el segundo mejor lugar de la isla después del Teide. Se encuentra al norte de la isla y es la zona de más rica en vegetación con mucha diferencia. Este enorme y frondoso bosque que cuenta con muchas especies endémicas de Tenerife es todo un paraíso del senderismo. Cuenta con un montón de senderos para recorrer, más o menos largos, pero todos sencillos en cuanto a dificultar, pero el más popular es el Sendero de los Sentidos.

Fuera del bosque, una de las maravillas más impresionantes del Parque Rural de Anaga es la playa de Benijo, una bahía escondida con impresionantes acantilados y arenas negras volcánicas.

8. Puerto de la Cruz

No podía no mencionar la localidad donde hemos estado alojados estos 7 días. ¿Qué ver aquí? Pues el Jardín Botánico del Puerto de la Cruz es uno de los tesoros naturales más destacados de la localidad. Este magnífico jardín alberga una asombrosa colección de plantas autóctonas y exóticas, y es un remanso de paz y belleza donde los visitantes pueden relajarse y disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor.

Otro punto de interés es el complejo turístico Lago Martiánez, diseñado por el arquitecto César Manrique. Este complejo cuenta con una serie de piscinas de agua de mar, cascadas, jardines y zonas de recreo, creando un lugar espectacular para disfrutar de un día bajo el sol y el mar.

El casco histórico de la ciudad es un laberinto de calles empedradas y plazas encantadoras, donde los visitantes pueden encontrar encantadoras tiendas de souvenirs, restaurantes típicos y acogedores cafés. La Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, una hermosa iglesia del siglo XVII, es un sitio de gran interés histórico y arquitectónico.

Uno de los atractivos más icónicos del Puerto de la Cruz es su paseo marítimo. Este pintoresco paseo bordea la costa, ofreciendo vistas espectaculares del océano y de los acantilados circundantes. Es un lugar perfecto para pasear, tomar fotografías y disfrutar del ambiente relajado y agradable de la ciudad.

9. Santa Cruz de Tenerife

Y terminamos esta lista con otra ciudad, la capital de la isla. Su nombre se debe a la fundación de una cruz de madera en la bahía de la ciudad por los conquistadores españoles en el siglo XV. La cruz simbolizaba la victoria en la batalla contra los nativos guanches, y desde entonces, la ciudad ha crecido y se ha desarrollado alrededor de este símbolo histórico.

Uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad es la Plaza de España, una amplia plaza con una gran fuente y hermosos jardines. Esta plaza es el corazón de la ciudad y un lugar popular para eventos y celebraciones.

El Auditorio de Tenerife, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, es una obra maestra arquitectónica que se ha convertido en el símbolo moderno de la ciudad. Este impresionante edificio, con su techo en forma de ala de pájaro, acoge eventos culturales y conciertos de clase mundial.

Santa Cruz de Tenerife es famosa por su Carnaval, que es uno de los más grandes y animados del mundo. Tenemos que volver un año en esas fechas, sin duda nos ha quedado pendiente.

La playa de Las Teresitas es otro de los atractivos de la ciudad. Esta playa de arena dorada, algo muy inusual en la isla, pues lo normal es que sean negras de arena volcánica, y es que fue creada con arena importada del desierto del Sáhara .

El Mercado de Nuestra Señora de África es uno de los mercados más antiguos de la ciudad y un lugar imprescindible para los amantes de la gastronomía. Aquí encontraréis una gran variedad de productos frescos, como frutas, verduras, pescados y quesos, así como puestos de comida donde se puede degustar la deliciosa comida local.

¿Qué lugar imprescindible añadirías a esta lista? Está claro que hay infinidad de sitios especiales en Tenerife. ¡Te leo!

Ascenso al Teide (3718m) en un día por el Sendero de la Montaña Blanca – SIN TELEFÉRICO

¡Llegó el día! 13 meses después de comenzar mi reto personal CIMASxPROVINCIAS (que consiste en subir a la cima más alta de cada provincia de España) hemos coronado el punto más alto de todos los de la lista, y en consecuencia, el mismísimo techo de nuestro país: el imponente cráter del Teide, a 3718m, uno de los lugares más especiales en los que he estado nunca. Con este sumamos 15 de las 50 cimas que tiene el reto.

Hemos venido a pasar una semanita a la isla de Tenerife, para mí la primera vez aquí, y nos está encantando, pero de eso os hablo en otro post. El motivo principal de nuestro viaje era subir caminando al Teide. Y digo caminando porque existe la posibilidad de ascender en teleférico hasta una cota muy próxima a los 3700m. Después del teleférico, únicamente separan de la cima un camino de apenas 700m (con bastante desnivel, eso sí).

Y ojo, otra cosa que os separará de la cima, subáis por donde subáis, es el hecho de no haber solicitado el permiso para acceder. Me explico: la única forma de llegar hasta lo alto del cráter es a través del sendero llamado Telesforo Bravo (que es justo este camino que os he mencionado que mide tan solo 700m), y a él sólo es posible pasar si tenéis un permiso de la red nacional de Parques Naturales. Hay literalmente una puerta para acceder a él, con un vigilante solicitando dicho pase.

El permiso necesario para acceder es completamente gratuito, pero hay que pedirlo para un día y una franja horaria concreta (que suele ser de unas 3h, aquí podéis consultarlo). ¿Cuál es el problema? El horario del teleférico es de 9:00 a 18:00 (varía ligeramente en diferentes momentos del año, aquí podéis ver los horarios exactos en cada época) y por lo tanto, los horarios comprendidos entre esas horas vuelan. El Teide es un lugar súper protegido, y sólo se permiten 50 pases por cada franja horaria diariamente, por lo que deberás reservar el día y hora con, por lo menos, 2 meses de antelación, en caso de que quieras acceder a la cumbre en algún momento entre las 9 y las 18h. En nuestro caso, de hecho, fue más: cuando fuimos a reservar, en junio, ya no quedaba absolutamente nada libre hasta finales de septiembre.

Peeeeero, como estás leyendo este post buscando información sobre cómo hacer el ascenso caminando, no te preocupes porque tienes más opciones en caso de que te haya sucedido como a nosotros.

Existen dos franjas horarias más, a parte de las anteriormente mencionadas: una que abarca de las 6:00 a las 9:00, por la mañana, y otra desde las 18:00 hasta las 22:00). Con dichos permisos no hay problema alguno, porque quienes los reserven tendrán que subir y/o bajar caminando (si reservas el de por la mañana tendrás necesariamente que, al menos, subir caminando, y si reservas el de por la tarde tendrás que, al menos, bajar caminando), y por lo tanto, esto retira del tablero de juego a una infinidad de personas que ni se lo plantean (porque además la ruta no es para cualquiera).

Dicho esto, los permisos para estas franjas horarias podríais incluso reservarlos el día de antes (aunque siempre es bien hacerlo con tiempo, por si acaso).

Dejada clara la importancia de gestionar el permiso cuanto antes, paso a explicaros la ruta que hicimos, que no es la única, pero si la más común y la más corta, aunque de corta no tiene nada, porque tiene nada menos que 19km con 1400m D+. Os voy a ir explicando parte por parte, pero aquí os dejo la ruta de Wikiloc para que veáis el perfil y sigáis la ruta si lo necesitáis, aunque ya os adelanto que no tiene ningún tipo de pérdida porque el 100% discurre por caminos marcados y está señalizada a la perfección en todas las bifurcaciones.

El inicio del sendero se sitúa en el Parking de la Montaña Blanca. Hay apenas espacio para 6-7 coches, por lo que es posible que no tengáis hueco. Cuando nosotros llegamos sólo había un par de sitios libres. En ese caso, podéis dejarlo en el Mirador del Tabornal Negro, a 850m de allí. Para llegar a ambos es muy sencillo, pues se encuentran en la carretera TF21, la misma por la que se llega al teleférico, a también escasos metros de allí. Esta carretera comienza en el popular pueblo de La Orotava.

Comenzamos la ruta por el Sendero de la Montaña Blanca, un camino súper ancho por el que perfectamente cabría un coche, de tierra y sin apenas piedras ni desnivel (la pendiente media es del 7%), que tiene una longitud de unos 4,5km. Fácil y sencillo para ir calentando.

Tras esos 4,5km llegamos a una bifurcación en la que deberemos abandonar el sendero fácil para adentrarnos en La Rambleta, un estrecho, pedregoso e inclinadísimo sendero que discurre haciendo zetas durante unos 3,5km y que comienza en 2700m de altitud para terminar en 3500. O sea, que en poco menos de 4km se ascienden 800m. Pica, ¡pica mucho!

A mitad del sendero de La Rambleta se llega al famoso Refugio Altavista, el cual, hasta la época de COVID, fue utilizado como lugar para pasar la noche y poder así disfrutar del atardecer o amanecer desde el pico del Teide sin necesidad de caminar durante la noche. Pero en marzo de 2020 cerró y a día de hoy (agosto de 2023) sigue sin abrir. Si estás leyendo esto más tarde, puedes comprobar aquí si ha vuelto a abrir, pero desde luego que el momento de escribir estas líneas no tenía ninguna pinta de hacerlo en el medio plazo. En la cabecera de su web se puede leer: «El Refugio se encuentra temporalmente cerrado y sin fecha definida de reapertura«. La única opción a día de hoy para pernoctar en el Teide es haciendo vivac (para lo cual, por cierto, también se necesita permiso. Aquí puedes obtenerlo).

Y por fin, tras unos 8km totales recorridos, llegamos a otra bifurcación de caminos, en la cual deberemos seguir las indicaciones de La Rambleta, para continuar por sus últimos 500m (y los únicos prácticamente llanos) que finalizan en el Mirador del Teide, lugar donde se encuentra el teleférico. Es gracioso, porque allí mismo podréis hacer uso de unos baños perfectamente higienizados, así como tomar una bebida fría o unos snacks. Nosotros veníamos bastante cansados, porque a Jorge, mi acompañante, le dio un amago de mal de altura (tuvo el pulso anormalmente altos y se sintió muy fatigado durante todo el ascenso por La Rambleta) así que nos sentó de maravilla.

En nuestro caso, que teníamos permiso para utilizar el sendero Telesforo Bravo a partir de las 18:00, y habiendo iniciado nuestra ruta a las 15:30, llegamos a dicho sendero a las 18:20. Tardamos escasas 3 horas, pero no lo toméis como referencia, porque solemos caminar algo más rápido que la media y apenas paramos. La web del Parque Nacional del Teide indica que la subida hasta aquí oscila entre las 4 y las 6h. Ya dependerá de vuestra forma física y las pausas que os apetezca o necesitéis hacer. El dato de referencia es: 8,7km con 1200m D+.

Y por fin, después de enseñar el permiso al individuo de la verja del Sendero Telesforo Bravo, allí mismo, junto a la caseta del teleférico, comenzamos el ascenso final hasta el cráter, el cual son solo 600m con, eso sí, 200m de desnivel. Pero estábamos tan cerca, y tan entretenidos con las fumarolas del volcán, echando humo caliente y olor a azufre, que no se nos hizo nada pesado (además Jorge parecía estar ya recuperado después de su Cocacola y su 5ª pieza de fruta😂).

Y, después de un total de 9km, llegamos a lo más alto del cráter del Teide, el tercer volcán más alto del mundo y el punto más alto de España. ¡Qué imponente, qué paisaje tan especial y tan diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora!

No estuvimos mucho por la cima (la cual, por cierto, pudimos disfrutar completamente solos) por dos motivos: en primer lugar, las autoridades recomiendan no pasar aquí mucho rato debido a los gases que expulsan las mencionadas fumarolas (y lo cierto es que a ratos olía bastante mal a causa del azufre, principalmente) y en segundo lugar, porque ya eran más de las 19h y teníamos que bajar y al menos llegar a la zona fácil antes de que oscureciese mucho, aunque el ascenso lo hicimos intencionadamente un día de luna llena por si acaso nos entreteníamos, ya que hablan maravillas de las puestas de sol en lo alto del Teide y habíamos planteado quedarnos, pero aún era muy pronto y tendríamos que esperar más de una hora.

Y tras unas cuantas fotos y vídeos, de nuevo para abajo. Aquí poco que contar porque fue simplemente deshacer el camino, que se hizo algo tedioso en la parte de las zetas porque está muy empinado, pero que completamos en unas 2h. Sólo en los últimos kilómetros ya se hizo de noche, y fue una pasada, porque la parte del Sendero de la Montaña Blanca tiene tonos amarillos, blancos y rojizos y parece que estamos en otro planeta, sin sol todavía más.

Y por fin, tras 5h (6 incluyendo todas las paradas) finalizamos nuestra aventura. Una ruta dura pero sin mucha dificultad técnica, para la que es imprescindible estar medianamente en forma.

Espero que os sirva este post (si tenéis cualquier duda podéis ponerme un comentario) y sobre todo que disfrutéis tanto como nosotros del reto de subir caminando al Teide.

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Valencia: Alto de las Barracas (1838m) – Reto CIMASxPROVINCIAS 14/50 ☑️

4 meses desde la última cima, así que ¡ya era hora! Aprovechando que este finde tenía una competición de pista en Gandía, y hoy domingo tenía libre, he hecho la vuelta a Madrid por el «camino largo» y me he ido hasta el Rincón de Ademuz, una comarca que pertenece a la provincia de Valencia pero la cual se trata de un exclave, es decir, un territorio que pertenece a Valencia pero que está fuera de sus límites. El Rincón de Ademuz está rodeado por Teruel, en la zona noreste, y por Cuenca, en la zona suroeste.

Y es aquí, más concretamente en el Parque Natural de la Puebla de San Miguel, donde se encuentra nuestro pico protagonista de hoy: el Alto de las Barracas, que con sus 1838m de altitud tiene el honor de ser el punto más alto de la provincia de Valencia.

La ruta comienza precisamente en la pequeñísima localidad de Puebla de San Miguel, un lugar muy aislado y al que solo se puede llegar por una estrecha, larga sinuosa y carretera. Dejando a parte alguna pequeña aldea, el pueblo más cercano a Puebla de San Miguel es Ademuz, a 19km de distancia (que por esa carretera se traduce en unos 20-30 minutos).

No os preocupéis si tenéis que hacer alguna compra de comida o bebida de última hora, pues como todo buen pueblo español, la Puebla tiene por supuesto su bar, junto a la correspondiente iglesia de pueblo.

Ahí mismo podéis dejar el coche y comenzar la ruta, o bien podéis acercarlo un poco más para ahorraros unos 600m (más 600 de vuelta) por la carretera asfaltada, y dejarlo en la Ermita de San Roque, a las afueras del pueblo. La ruta empieza en el camino que sale desde allí. Yo he dejado el coche un poco más adelante, ya que es un camino sin asfaltar, pero transitable por prácticamente cualquier vehículo. De hecho, dicho camino (aunque luego se estropea un poco y ya sólo podría ser transitado por coches más preparados) ¡llega hasta 1km antes de la cima! Con esto os podéis imaginar lo sencillo que ha sido el camino, y es que la mayoría de él lo he realizado por una pista de tierra (y cemento, en algunos tramos) ancha y cómoda. Es decir, una ruta extremadamente sencilla de seguir, y que cualquier persona con un mínimo de forma física puede realizar.

Aquí os dejo mi track de Wikiloc. Yo he ido y vuelto por el mismo sitio, pero hay otra opción que es hacer una ruta circular, así que también os la dejo por aquí para que decidáis.

Yo he subido en verano, por lo que el principal enemigo ha sido el sol. Si hacéis como yo, madrugad y no olvidéis la crema, gafas de sol y gorra, pues no hay demasiada sombra a lo largo del trayecto.

Como os decía, la ruta es muy sencilla de seguir, está señalizada perfectamente y solo se sale del sendero grande en dos ocasiones, y en una de ellas está también muy bien señalizado con la pintura blanca y amarilla en las piedras. Entorno al km 5 la ruta que yo seguía ha tomado un supuesto «atajo» y he caminado «bosque a través» durante 600m. Para bajar he decidido seguir el camino y el resultado ha sido que ese camino alternativo sólo ahorraba 300m, así que mi recomendación es que sigáis las indicaciones oficiales en todo momento (es decir, hacer lo que he hecho yo a la vuelta, pero también para ir).

Con esto, la ruta ronda los 14km totales, y el desnivel es de 690m. Me ha gustado mucho, no quería romperme la cabeza demasiado, sino más bien dar un «paseo» por el monte, así que ha cumplido mis expectativas.

Una más, ¡y van 14! Aquí puedes ver cómo llevo mi reto CIMASxPROVINCIAS.

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Cabo de Gata: sus mejores playas, pueblos y excursiones

Hoy vamos a hablar de uno de los destinos más fascinantes de España, del que posiblemente hayas oído hablar: el Parque Natural de Cabo de Gata. Si buscas playas vírgenes (que no vacías🥲), paisajes deslumbrantes y una escapada diferente, este lugar es para ti.

Ubicado en la zona central de la costa de Almería, este parque natural no abarca únicamente playas y calas, sino también áreas montañosas y zonas más áridas. No muy lejos de él, de hecho, se encuentra el único desierto de Europa, el Desierto de Tabernas. Otra cosa no, pero la provincia de Almería es todo diversidad, contando incluso con zonas de alta montaña que superan los 2500m de altitud.

Volviendo a Cabo de Gata…

Las mejores playas de Cabo de Gata

  • Playa de los Genoveses: Considerada una de las playas más emblemáticas de la zona, la Playa de los Genoveses te sorprenderá con su arena dorada y sus aguas turquesas. Es perfecta para relajarse, nadar y practicar deportes acuáticos. Por cierto, debe su nombre a la leyenda de que los genoveses desembarcaron aquí en el siglo XV.
  • Playa de Mónsul: Esta impresionante playa cuenta con un entorno natural de película. Sus aguas cristalinas y sus famosos roques volcánicos la convierten en un lugar único. Es ideal para el buceo y el snorkel. Como curiosidad, aquí se grabaron algunas escenas de la película «Indiana Jones y la última cruzada».
  • Playa de los Muertos: Si buscas una playa más salvaje y aislada, la Playa de los Muertos es tu elección. Sus aguas transparentes y su entorno montañoso te dejarán sin aliento. Los 20-25′ de caminata que hay que hacer desde el aparcamiento hasta ella merecen la pena, sin duda, pero por este mismo motivo, no olvides llevar unas zapatillas cerradas, ya que caminar con chanclas por el sendero no es lo más recomendable. Y ¿sabes por qué se llama así? Según la leyenda, los cuerpos de piratas y náufragos era arrastrados hasta aquí por las corrientes. Por cierto: si vienes en agosto, deberás madrugar, ya que el parking se suele llenar y no te quedará más remedio que volver a Carboneras, el pueblo más cercano a la playa, para coger un autobús que te traerá hasta el inicio del sendero. Puedes optar directamente por esta opción, de hecho.
  • Playa de San José: Situada cerca del encantador pueblo con el mismo nombre, esta playa, más accesible y urbana es perfecta para disfrutar de aguas tranquilas, y cuenta con un paseo marítimo junto a ella. E de hecho, muy conocida por sus impresionantes puestas de sol sobre el mar, algo que no abunda en esta zona, pues por la localización de las playas de Almería, el sol suele ponerse por el lado contrario.
  • Cala de San Pedro: Aunque técnicamente no es una playa, esta cala es un lugar paradisíaco que no puedes dejar de visitar. Solo se puede acceder a pie o en barco, lo que la convierte en un destino exclusivo y tranquilo. Tiene un aura especial, y es que la Cala de San Pedro fue utilizada como refugio por hippies en los años 60 y 70.

Los mejores pueblos de Cabo de Gata

  • San José: Considerado el pueblo principal de la zona, San José es encantador y pintoresco. Rodeado de bonitas playas y acantilados, cuenta con una amplia variedad de restaurantes, tiendas y actividades para los visitantes. Alberga además el Centro de Interpretación de la Naturaleza, donde puedes aprender más sobre la fauna y flora de la región.
  • Las Negras: se trata de un pueblo muy bohemio ubicado junto al mar. Sus calles estrechas y sus casas blancas te harán sentir como si estuvieras en un pueblo de pescadores tradicional. Es, de hecho, un lugar bastante popular para artistas locales y extranjeros.
  • Rodalquilar: Este antiguo pueblo minero se ha transformado en un destino turístico tranquilo y pintoresco. Rodeado de colinas y montañas, es ideal para los amantes de la naturaleza y el senderismo. Desde aquí puedes visitar el Parque de los Molinos de Rodalquilar, donde se encuentran antiguos molinos de extracción de oro.

Las mejores excursiones en Cabo de Gata

  • Excursión a la Isleta del Moro: La Isleta del Moro es un encantador pueblo pesquero con un ambiente auténtico. Puedes realizar una excursión para explorar este pintoresco lugar, caminar por sus calles estrechas y disfrutar de vistas impresionantes al mar. La Isleta del Moro fue un refugio de piratas en el pasado, y se dice que el nombre del pueblo se debe a un árabe que vivió en ella.
  • Faro de Mesa Roldán: Cabo de Gata ofrece una variedad de rutas de senderismo que te permitirán explorar su impresionante paisaje natural. Puedes optar por la ruta que te lleva hasta el Faro de Mesa Roldán, un faro construido en el siglo XIX y que aún funciona, y desde donde disfrutarás de unas vistas panorámicas espectaculares.
  • Excursión en kayak por las cuevas marinas: Una de las mejores formas de descubrir la costa de Cabo de Gata es en kayak. Puedes realizar una excursión en kayak para explorar las impresionantes cuevas marinas, como la Cueva de las Sirenas o la Cueva del Coral. La Cueva de las Sirenas debe su nombre a la forma de las rocas en su interior, que recuerdan a las colas de las sirenas. Aquí te dejo una opción que sale desde Las Negras.

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Mojácar: el pueblo con más encanto de Almería

Mojácarar es conocida ya desde hace ya muchísimos años a lo largo y ancho de la península, siendo probablemente la localidad más popular de Almería, en parte gracias a su característico núcleo urbano de casitas blancas en lo alto de la montaña. ¿Pero de dónde viene esta arquitectura?

La disposición de las casas encaladas en lo alto de la montaña se remonta a la influencia árabe en la región. Durante el periodo de dominación musulmana, la ubicación estratégica de Mojácar en la cima de la colina ofrecía ventajas defensivas. Además, la tradición de pintar las casas de blanco es una práctica común en los pueblos andaluces, que tiene sus raíces en la cultura árabe y se creía que alejaba el calor. Y a día de hoy, el mantenimiento y la preservación de la arquitectura tradicional es una parte importante de la identidad de Mojácar. Las casas encaladas en lo alto de la montaña representan la historia y la cultura del lugar, y su conservación es una manera de honrar y proteger el patrimonio de la ciudad.

El casco antiguo de Mojácar, lo que antaño era el 100% del pueblo, se ha ido vaciando progresivamente, y ahora el turismo se concentra en la zona de la playa de Mojácar, a pocos kilómetros de este núcleo y unos cuantos metros de desnivel más abajo. Hoy en día, incluso en verano es posible gozar de cierta tranquilidad en el pueblo, pues no son tantos los que suben a visitar sus estrechas callejuelas.

Mojácar Pueblo es un laberinto de calles estrechas y empinadas que nos transporta a la época medieval. Perderse por sus encantadoras callejuelas es una experiencia única, donde descubrirás casas señoriales, plazas encantadoras y un sinfín de rincones con encanto. No olvides visitar la Iglesia de Santa María, un imponente edificio religioso que ofrece impresionantes vistas panorámicas de los alrededores.

Además, Mojácar cuenta con una animada escena artística. Numerosos artistas y artesanos han encontrado inspiración en este rincón mágico, y se pueden visitar galerías de arte y talleres donde se exhiben y venden obras únicas. Hay eventos culturales que se celebran varias veces al año, como el Festival de Jazz de Mojácar o la Semana Santa, donde la tradición se mezcla con el fervor religioso.

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Turismo por Extremadura: Villafranca de los Barros

Tradicionalmente próspera por su localización en un cruce de muchos caminos entre el sur y el norte de la Península, así como entre España y Portugal, la localidad extremeña de Villafranca de los Barros conserva aún hoy ese toque de cultura tradicional y encanto rural.

Fue en la Edad Media cuando Villafranca comenzó a tomar forma como una villa fortificada, gracias a las órdenes del rey Alfonso IX de León, y a lo largo de los años pasó por diversas manos, desde los templarios hasta la Casa de Alba. Su historia estuvo marcada por una serie de acontecimientos que dejaron huella en su patrimonio arquitectónico. Uno de los momentos más destacados ocurrió en el siglo XV, cuando el rey Juan II de Castilla otorgó a Villafranca el título de «Villa Real», convirtiéndose en una localidad de gran importancia política y económica.

Durante el Renacimiento, Villafranca experimentó un florecimiento cultural notable. Muchos palacios, iglesias y conventos se erigieron en esta época, dejando un legado arquitectónico impresionante. Uno de los edificios más emblemáticos es la iglesia de Santa María del Valle, de estilo gótico-renacentista, que alberga una valiosa colección de arte sacro en su interior.

En el siglo XIX, la llegada del ferrocarril impulsó el crecimiento económico de Villafranca. La agricultura, especialmente la producción de vino y aceite de oliva, se convirtió en el pilar de la economía local. Incluso en la actualidad, la viticultura sigue siendo una actividad importante en la región, y los visitantes tienen la oportunidad de probar algunos de los mejores vinos de Extremadura. Te dejo aquí una idea de plan: una visita guiada a las bodegas Las Encomiendas de Villafranca de los Barros.

Iglesia de Santa María del Valle

Esta impresionante iglesia gótico-renacentista es uno de los principales atractivos de Villafranca. Su fachada ornamentada y su interior ricamente decorado con retablos y pinturas lo convierten en un lugar de gran belleza. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen de los Remedios, patrona de Villafranca de los Barros.

Palacio de Monsalud

Este majestuoso palacio renacentista es una joya arquitectónica. Destaca por sus elegantes galerías y su patio central, donde se realizan eventos culturales y exposiciones. Se dice que el palacio está encantado por el fantasma de una dama vestida de blanco, que deambula por sus pasillos en las noches de luna llena.

Plaza de España

Ubicada en el corazón del pueblo, la Plaza de España es el lugar de encuentro de los habitantes de Villafranca. Rodeada de edificios históricos, es el escenario perfecto para disfrutar de la atmósfera local. En el centro de la plaza se encuentra una fuente con una escultura que representa a Don Quijote y Sancho Panza, en honor a la obra de Cervantes.

Museo de la Ciudad

Situado en un antiguo convento, el Museo de la Ciudad alberga una interesante colección de arte sacro, arqueología y objetos históricos relacionados con la historia de Villafranca. En el museo se encuentra una momia llamada «La Señora de Villafranca», que data del siglo XVII y ha sido objeto de numerosos estudios.

Ermita de San Isidro

Esta encantadora ermita es un lugar emblemático para los habitantes de Villafranca, especialmente durante la Romería de San Isidro. Se encuentra en un entorno rural, rodeada de campos y naturaleza. Curiosidad: Cada 15 de mayo, se celebra una romería multitudinaria en honor a San Isidro, donde los vecinos llevan en procesión la imagen del santo hasta la ermita.

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El pueblo de Vera (Almería)

La realidad es que Vera son dos mundos: Vera Pueblo y Vera Playa. Separados por 7km de campo (cada vez más lleno de urbanizaciones, también es verdad), en Vera Playa se ven pocos veratenses: en verano es un popular destino de sol y playa, muy especial gracias a su familiar zona nudista, y en invierno cada vez vive más gente aquí, pero son en su mayoría extranjeros o españoles de otras zonas de España.

Es Vera Pueblo, de quien venimos a hablar hoy, esa localidad no bañada por el mar, a diferencia de sus vecinas Villaricos o Garrucha, donde se encuentra la esencia y la tradición de esta localidad, y debemos remontarnos a la época romana para hallar el porqué de su nombre. En esta época era era conocida como «Baria» y se convirtió en un importante enclave comercial y agrícola. Los romanos aprovecharon las fértiles tierras de la zona para el cultivo de diversos productos, como olivos y vid, y establecieron una importante industria pesquera en la cercana desembocadura del río Almanzora.

View of an old town street in the picturesque town of Vera, on the Mediterranean coast of Spain.

Tras la caída del Imperio Romano, Vera fue ocupada por diferentes culturas, incluyendo visigodos y árabes. Durante la ocupación árabe, la localidad se llamaba «Bira» y se convirtió en un centro agrícola y comercial próspero.

En el siglo XIII, Vera fue conquistada por los Reyes Católicos y se integró en el Reino de Castilla. Durante este periodo, se construyeron fortificaciones y murallas para proteger la ciudad de los ataques piratas y moriscos.

En el siglo XIX, Vera sufrió las consecuencias de la Guerra de Independencia y más tarde se vio afectada por las Guerras Carlistas y la Guerra Civil Española. A pesar de los conflictos, la localidad logró recuperarse y se desarrolló como un centro agrícola y turístico.

Actualmente es uno de los núcleos urbanos más grandes y referencias del levante almeriense,

¿Qué ver en Vera?

  • Plaza Mayor: es el centro neurálgico de la ciudad y un lugar encantador para pasear y disfrutar del ambiente local. Está rodeada de edificios históricos, como el Ayuntamiento y la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, y cuenta con numerosos bares y terrazas donde puedes relajarte y disfrutar de la auténtica vida de la plaza. Durante las fiestas locales, la Plaza Mayor se llena de color y alegría con eventos culturales, conciertos y celebraciones tradicionales, como la Feria de Vera.
  • Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación: es un impresionante edificio religioso situado en el corazón de Vera. Su fachada barroca y su interior lleno de detalles artísticos te sorprenderán. Puedes admirar sus retablos, su órgano histórico y su hermoso altar mayor.
  • Cristo del Espíritu Santo: lo verás casi desde cualquier lado, porque se encuentra en el punto más alto de Vera en lo alto de una colina, blanco e imponente. Se dice que está situado donde la antigua Baria tenía su emplazamiento original, y fue construido como símbolo de fe y de protección para los veratenses. Te animo a subir hasta él y disfrutar de las áridas vistas almerienses.

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