Hace unos años ya me entró el gusanillo de la montaña (en modo senderismo, no tanto trail running o escalada). Pero cuando tu deporte principal es el atletismo de pista, combinar un buen rendimiento en él y subir a la montaña asiduamente, se torna complicado. Por eso la off season de pista (normalmente entre los meses de julio y noviembre) es tan peligrosa, porque ese gusanillo aflora de nuevo.
A raíz del viaje a Pirineos y lo muchísimo que he disfrutado de todas las rutas que hicimos, se me ha ocurrido un nuevo reto (que me llevará años, pero que me parece divertido), y es subir al punto más alto de cada una de las 50 provincias españolas. Un total de 45 cimas (algunas provincias comparten cima), siendo la más alta el Teide (Tenerife, 3718m) y la más baja el Pico Pilar (A Coruña, 803m).
Abajo os dejo la lista que iré actualizando según vaya cumpliendo objetivos (y si vivís cerca de alguna de ellas, ¡se acepta compañía!).
¡Pasada de ruta para rematar nuestro viaje por el Pirineo Aragonés! Y no apta para todo el mundo.
⬆️Aquí puedes verla en vídeo⬆️
Subir a la Brecha de Rolando (2804m) puede hacerse desde varios sitios:
Desde el pueblo de Gavarnie, en Francia, comenzando a 1809m de altitud y en una ruta de unos 23km con 1000 de desnivel.
Desde el Valle de Ordesa, siguiendo la misma ruta que para Cola de Caballo y continuando al Refugio de Góriz, pero esta no es posible hacerla en un día, sino durmiendo una noche en el Refugio, puesto que se alarga a más de 30km con mucho desnivel.
La más sencilla, desde el parking de Col de Tentes: también en Francia y ya a 2208m de altitud, por lo que la ruta son unos 10km con 600 de desnivel.
Desde el Valle de Bujaruelo, a 1320m de altitud. Unos 18km de ruta con 1500 de desnivel, que se suben en los 9km de ida.
Nuestra elección (y la única realmente viable) fue subir desde Bujaruelo, ya que para llegar a Col de Tentes en coche habría que conducir 3h30 atravesando todo el pirineo desde España hasta Francia, y eso no era una opción.
Comenzamos la ruta a las 9 de la mañana buscando huir de la ola de calor que asola toda España estos días, y también porque la ruta se nos podía alargar hasta bien entrada la tarde. Mentalizados de que sería la hazaña más exigente de los 4 días, emprendimos la subida, y a pesar de la inclinación, 5km después y en solo 1h30 estábamos en el Puerto de Bujaruelo, a 2273m de altitud, el punto fronterizo entre España y Francia, desde donde se divisa a pocos cientos de metros el mencionado parking de Col du Tentes.
Desde ahí, unas vistas impresionantes de Bujaruelo por un lado, y Gavarnie por el otro. Comenzamos la segunda fase de la ruta, que durante un par de kilómetros discurrió por un camino de una pendiente más que asequible, lo cual agradecimos bastante.
Y un rato después llegamos a una gran cascada creada por el deshielo del Glaciar de Taillon, y dado el calor que hacía, bajaba muy cargada. Algo nada gracioso porque había que pasar de un lado a otro de ella para poder continuar la ascensión. Con cuidado, paciencia y mojándonos mucho los pies, la superamos y seguimos subiendo de roca en roca paralelos a ella, hasta llegar por fin a Col du Sarradets, desde donde se puede observar el Glaciar de Taillon, el Pico Taillon (3144m) y el Circo de Gavarnie (con la cascada más larga de Europa al fondo).
Pocos metros después, parada larga para comer en el Refugio de Sarradets (a 2588m): un lugar grande, con posibilidad de dormir allí cómodamente, pues tiene camas, cafetería, salón, servicios, fuente… un señor refugio, vaya.
Llegamos allí indecisos de si subir hasta la Brecha (pues desde el refugio se ve perfectamente y las vistas son espectaculares), pero tras haber repuesto fuerzas con nuestro bocadillo, un buen crêpe francés y café, decidimos rematar la ruta: solo sería 1km más, aunque con 250m de desnivel (y no teníamos palos para bajar, cosa que os recomiendo encarecidamente).
Si estáis en la misma situación que nosotros, ni os lo penséis: ¡tenéis que subir! Solo fueron unos 30 minutos de subida (que dependerá de lo rápido que vayáis, pero el caso es que no se hace nada larga), para coronar la brecha, otra frontera natural de Francia con España, desde donde se ve Gavarnie hacia un lado, y Ordesa hacia el otro. Y literalmente al lado de la cima de Monte Perdido. ¡Merece la pena!
En total, tardamos una 4h en subir desde Bujaruelo hasta la Brecha, sin contar las paradas, y 2h30 en bajar. Incluyendo paradas, fueron unas 8h30.
Una ruta muy exigente a nivel físico, que si estáis en forma y os gusta andar podréis hacer sin problemas pero con paciencia. Solo hay algunos tramos algo más difíciles, que son la cascada de Taillon y el kilómetro de la Brecha, con tramos de nieve y de grandes rocas, y después al bajar, algunos tramos de piedras sueltas en los últimos 3km de ruta, ya en las paredes del Valle de Bujaruelo.
Vuelvo a Madrid con muchos dientes largos de seguir haciendo montaña, y con ganas de repetir una ruta de este nivel de exigencia. ¡Se aceptan recomendaciones!
Para el día de hoy hemos buscado un ruta más corta y sencilla, puesto que mañana tenemos en mente hacer una bastante larga y complicada, por lo que era necesario reservar energías (mañana os cuento dónde vamos 😏).
Hemos aparcado en el parking del Parque Lacuniacha (a pocos kilómetros de Piedrafita de Jaca y que cuesta 5€), y desde allí hemos emprendido la marcha hasta el Ibón de Piedrafita, un pequeño y precioso lago de montaña de origen glaciar, a solo 3km y 300m de desnivel desde el inicio de la ruta.
Una vez aquí, si queréis dejar la ruta en un paseo, podéis volver por el mismo sitio que habéis venido. Nuestra elección (y la que os recomiendo) es seguir haciendo la ruta circular (esta perfectamente señalizada por carteles amarillos) y llegar hasta los pies del Arco de Piedrafita, una formación rocosa enformadearco, tan perfecto que parece que lo ha construido una mano humana.
En este punto,están las opciones de subir o no hasta el arco (es lo que hemos hecho nosotros y lo que podéis ver en la ruta de Wikiloc que os comparto), una misión más compleja, pues se trata de un camino estrecho de piedras sueltas de 1km de longitud y casi 300m de desnivel. Requiere de una forma física medianamente buena, pues luego la bajada también hay que hacerla con habilidad.
Si podéis, os recomiendo subir, pues el arco (y las vistas) es impresionante.
Tras este punto, después de bajar por el mismo camino de subida al arco, la ruta continúa de forma circular (debéis seguir las indicaciones amarillas en dirección Piedrafita de Jaca, aunque los kilómetros que indica que falta no son los que faltan hasta el parking sino hasta el pueblo, que está más lejos). 5kmdespués se llega de nuevo al parking, y fin de la ruta.
En caso de que elijáis la opción de subir al Arco, el total de la ruta asciende a 12km circularescon500mdedesnivel. Si no, serán unos 10km con 350 de desnivel.
Nos ha encantado, porque además de las increíbles vistas (como todo por aquí en el Pirineo Aragonés) y además hemos rematado montándonos en la tirolina más larga de Europa, aquí mismo, en Hoz deJaca, muy cerca de la ruta que acabábamos de hacer.
La tirolina mide 1km de largo, alcanza los 90km por hora y sobrevuela el color azul del Embalse de Búbal. Dura apenas 1 minuto que se queda muy corto, y aunque cuesta 20€, creo que merece la pena. Podéis ver los horarios, precios y reservar las entradas en su web.
Aquí os dejo un vídeo donde os llevo paso a paso por nuestra excursión:
Después de la ruta de ayer a Cola de Caballo, hoy buscábamos algo fácil y tranquilo. Y hemos dado con el lugar perfecto: una ruta de 15km de ida y vuelta, con menos de 400m de desnivel, que discurría por un ancho camino de tierra que partía desde el Camping Valle de Bujaruelo (desde donde salen más rutas a otros lugares).
Las vistas desde el principio son espectaculares, completamente rodeados de altas montañas entre las que destacaba claramente el Pico Viñamala (a 3298m de altitud), y siempre rodeados de pinos (aunque nunca había sombra por el camino que transitábamos).
La ruta primero discurre por el Valle de Bujaruelo, cuyo protagonista es el Río Ara, y después por el Vallede Otal, con el Río Otal por el centro. No tiene ninguna pérdida, pues a pesar de que no hay carteles, el camino es enorme y no hay posibilidad de desviarse sin querer.
El final de nuestra ruta ha sido la Cascada de Otal, pero el camino seguía hacia delante indefinidamente, según hemos visto en el mapa, así que si os apetece hacer una ruta más larga, es perfectamente posible y podréis llegar a lugares como el Barranco de Puerto de Tendeñera (bastante más lejos ya).
Esta ruta sí es recomendable para cualquiera, de hecho había varias familias con niños haciéndola, perfecta para disfrutar de las impresionantes postales que dejan nuestros queridos Pirineos.
Aquí os dejo un vídeo donde os llevo paso a paso por nuestra excursión:
Después de mucho tiempo, ¡vuelven las Rutas al blog! Estoy pasando unos días por el Pirineo Aragonés (alojada en Biescas) y hoy ha tocado hacer la ruta más famosa y típica de las que se pueden hacer en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido: la Cola de Caballo.
Peeeeero no he hecho la común que suele hacer todo el mundo, sino una variante que sube por lo que es llamado Senda de los Cazadores, modificación que hace que la ruta se convierta en una de 22km y1300m de desnivel positivo.
La versión más sencilla (que no corta) para subir a Cola de Caballo es partiendo desde la pradera de Ordesa (a la cual debéis, si es verano, subir en un autobús que sale desde el parking de Torla (que cuesta 5€ ida y vuelta), pues está prohibido subir con coche hasta la pradera (y normal, pues son unos 5km de carretera muy estrecha que puede taponarse bastante cuando hay mucho tránsito).
Una vez en la pradera hay que seguir las indicaciones para Cola de Caballo, y recorrer un sendero muy sencillo y amplio de unos 10km de longitud y 400m de desnivel. Cómodo y asequible para cualquiera, siempre teniendo en cuenta que la ruta se alarga hasta los 20km, por lo que hay que tener la capacidad de caminar durante varias horas.
La variante complicada, que es la que hemos hecho nosotros hoy, discurre por la Senda de los Cazadores (en la pradera deberéis seguir los carteles que indican este nombre, que están perfectamente visibles): esta ruta llega también a Cola de Caballo, pero antes se sube bien arriba de las paredes verticales del Valle de Ordesa, durante un sendero estrecho y zigzagueante de 3km con 700m de desnivel. Un terreno exigente y que a veces discurre junto a caídas hacia abajo nada recomendables si tenéis vértigo.
Tras esos 3km se llega al Mirador de Calzilarruego, el punto más alto de la ruta, desde donde hay unas vistas espectaculares y un buen lugar para tomar un temtempié y recuperar la subida. Después de esto, el camino prosigue paralelo a la pared derecha ya todo en bajada (muy suave y cómoda) durante 9kmmás hasta llegar a la cascada Cola de Caballo (el porqué del nombre, en la foto de abajo😉).
En Cola de Caballo es donde se concentra el grueso de los excursionistas, pues al ser mitad de camino y haber agua, es el lugar perfecto para comer y descansar un rato mientras uno admira las increíbles vistas desde allí. De hecho, me parece más chulo el paisaje del valle desde abajo que desde arriba, desde esa pradera inmensa rodeada de paredes altísimas e imponentes.
Tras la parada a comer, toca emprender el camino de vuelta, del que ya solo nos quedan 400 metros de desnivel repartidos en 10km y un camino ancho y cómodo que discurre junto al río. A pesar de ser bastante distancia, se hace muy sobrellevable por este motivo. En total, he tardado unas 6h30 de excursión incluyendo las paradas a descansar (que habrán sido aproximadamente de 1 hora en total), aunque la duración dependerá mucho del ritmo que llevéis.
Sin duda os recomiendo hacer esta versión de la ruta, si estáis en forma, no solo porque podréis admirar el valle desde arriba (algo que no muchos pueden disfrutar), sino porque os evitáis la aglomeración de caminantes que se da en el camino común, que tampoco es que esté extremadamente masificado, pero sí hay bastante gente. Tened en cuenta que desde las 6 de la mañana salen buses desde Torla hacia el inicio de la ruta, lo hacen cada 15-30 minutos, y en horas punta (8:30 – 9:30 de la mañana) los buses de 55 personas van completamente llenos.
De hecho, para aseguraros un hueco en el parking de Torla, os recomiendo que madruguéis y lleguéis pronto allí (así además evitáis las horas de más calor). Yo he llegado esta mañana a las 9:30 y ya quedaban muy pocos huecos.
Sin duda una de las rutas más bonitas que he hecho nunca, que tenéis que hacer alguna vez en la vida.
Aquí os dejo mi vídeo de YouTube donde podéis ver la ruta al detalle:
Situado al nordeste de la provincia de Córdoba, quizás algo aislado por su lejanía a cualquier autovía, Pozoblanco se sitúa en el centro y es la capital de la comarca de Los Pedroches, rodeado de los típicos paisajes donde predominan las encinas y los olivos, aunque la mayoría de sus tierras son utilizadas para la ganadería y el cultivo de cereal. Pero es que además, Pozoblanco, a parte de ser lamentablemente conocida porque «ahí murió Paquirri» (yo no sé quién es Paquirri, pero siempre me preguntan los mismo cuando lo menciono) es la casa de mi extensísima familia materna.
¿Y por qué Pozoblanco? Según cuentan, su origen se debe a que había un pozo en el sitio donde se ubicaron las primeras casas que dieron lugar al núcleo de población.
La primera vez que este nombre es mencionado en alguna documentación es en 1425, pero los vestigios encontrados en la Sierra del Águila indican la presencia del hombre del Neolítico, pues en la cercana Venta Velasco o Carboneros se han encontrado restos de la Edad de Bronce. Es posible que el origen del actual municipio se debiese a que en el siglo XIV hubo un brote de peste en el vecino pueblo de Pedroche, lo que provocó que muchas personas huyesen de allí y se instalasen en aldeas cercanas, y Pozoblanco fue una de ellas. Otra posibilidad apunta a que dado que los habitantes de Pedroche tenían que pastorear en tierras cada vez más alejadas de la ciudad, en lugar de acudir cada día al pueblo, formaban núcleos pequeños donde hacían su vida diaria. Así, cuando estos núcleos crecieron formaron los distintos pueblos de la comarca, entre ellos Pozoblanco.
El gentilicio popular por el que se conoce a los habitantes del pueblo es tarugos, que viene por el nombre con que se llamaba a los troncos de madera (tarugos de madera); y es que antiguamente, los vecinos de Pozoblanco comerciaban con leña. La distribuían en un camión y, al llegar al pueblo donde se iba a vender la mercancía, hacían sonar la bocina. Cuando los vecinos los escuchaban, se avisaban unos a otros a grito de «¡Ya vienen los tarugos!» refiriéndose a los troncos de madera, y finalmente todos los habitantes de Pozoblanco se quedaron con dicho nombre.
A día de hoy la capital de los Pedroches no tiene un tamaño pequeño, pues concentra a más de 17.000 habitantes y es un foco económico importante en la región.
Si pasáis por aquí, sea por lo que sea, os animo a que deis un paseo por las calles de Pozoblanco.
Parroquia de Santa Catalina
Fue construida en el siglo XVI, aunque tardó 400 años en finalizarse, por lo que se ve una clara diferencia en la antigüedad de los materiales de construcción. En ella queda el sepulcro de Juan Ginés de Sepúlveda, escritor y personaje histórico de Pozoblanco.
Monasterio de Pedrique
El lugar donde se encuentra fue desde el siglo XIII un destino de meditación y retiro espiritual para ermitaños, pero no fue hasta el siglo XVIII cuando se construyó el actual monasterio y sus alrededores.
En la actualidad, Pedrique es el lugar de trabajo y descanso del escultor Aurelio Teno, y de hecho aquí se puede disfrutar de una enorme exposición de su obra.
El pozo blanco de Pozoblanco
El que según la leyenda es el lugar más antiguo del pueblo, el origen de Pozoblanco, cuyo nombre real es la Plaza del Pozo Viejo. Además de encontrarse el pozo, en la plaza se ve representado el escudo de la localidad (el edificio donde se observa es la sede de la peña flamenca de Pozoblanco)
Ermita de la Virgen de Luna
No se encuentra en Pozoblanco, sino a 14km de él, en la Dehesa de la Jara, pero tiene una gran importancia por ser la Virgen de Luna la celebración religiosa más importante de la localidad, ya que se trata de la patrona de Pozoblanco.
Se construyó en el siglo XIX, y el domingo de Sexagésima se celebra una gran romería que cuenta que se remonta a varios siglos de antigüedad. Hoy en día esta popular fiesta atrae a todos los habitantes de la zona, que se juntan para comer en el campo y hacer diferentes actividades, además de la celebración religiosa.
El Algarve es una de las zonas de vacaciones más codiciadas en Europa, y curiosamente una de las que me quedaba por visitar, y de hecho me sigue quedando, porque solo fueron dos los días que pude disfrutar de la Quinta do Lago, una de las mejores playas del sur de Portugal, muy cerca de la ciudad de Faro.
Me alojé en el Ria Park Hotel, un resort escondido en el municipio de Almancil que es muy interesante, ya que a parte del hotel, la zona de piscina, gimnasio y otras típicas zonas comunes, cuenta con una serie de casas independientes que el hotel ha ido haciendo suyas, donde hay unas 7 u 8 habitaciones, y me parece algo muy interesante cuando se va en grupos de amigos o se quiere estar más alejado del barullo del hotel.
Estas casas cuentan con una piscina a parte para ellas (más cerca, pues a lo tonto quizás recorres 700-800 metros hasta la recepción del hotel) y se respira mucha tranquilidad.
Y ahora vamos a lo importante: Quinta do Lago es para muchos la mejor playa de Portugal. En mi opinión, está muy bien, pero tanto como para ser la mejor… no sé yo. Se trata de una playa situada en el Parque Natural da Ria Formosa, un laberinto de canales y marismas, kilómetros de dunas y vegetación que dejan un precioso paisaje.
Sus playas vecinas son la Praia do Ancao y Praia do Garrao, que realmente no se separan unas de otras de ninguna forma. Lo mejor es que a lo largo de estas playas no hay rastro alguno de edificaciones altas típicas de las zonas de playa. Aquí solo hay hueco para casas unifamiliares y hoteles exclusivos.
Por detrás de la playa hay una gran banda de vegetación y lagunas que separan el mar de las casas, y todo ello está también recorrido por un larguísimo paseo de tierra y pasarelas de madera de más de 6km de longitud. De hecho, este mismo camino llega hasta el mismísimo aeropuerto de Faro.
Si buscáis un lugar tranquilo en el que disfrutar de la playa, la naturaleza y de cero aglomeraciones, os recomiendo esta zona sin duda.
Después de inaugurar el verano con 3 viajes internacionales, ya tocaba hacer algo de turismo nacional. Y el destino elegido ha sido Córdoba, donde están mis raíces (mi familia es de Pozoblanco). Una ciudad encantadora que hacía muchísimos años que no visitaba; tenía muchas ganas de redescubrirla y para mi sorpresa me ha encantado muchísimo más de lo que recordaba. El simple hecho de pasear por sus calles es un verdadero placer.
Su tamaño y su belleza son inversamente proporcionales: un fin de semana será suficiente para visitar los lugares más reseñables, a los que podréis llegar caminando sin problema (excepto a Medina Azahara, que se encuentra a unos 8km del centro).
Antes de dejaros la lista de los imprescindibles, repasemos un poco de historia, pues en Córdoba tendréis la suerte de disfrutar de restos muy bien conservados de varias civilizaciones importantes: romanos, visigodos, árabes y cristianos.
El origen de Córdoba se remonta al año 171 a. C., cuando fue fundada por el general romano Marco Claudio Marcelo cerca de un asentamiento prerromano llamado Corduba. Se convirtió en una de las ciudades más importantes de la Hispania romana, tanto a nivel político como económico.
Tras la caída del Imperio Romano, pasó en el 572 a manos de los visigodos, pero solo hasta 711, cuando fue invadida por los musulmanes. En pocos años se convirtió en la capital de Al Andalus y con Abderramán III vivió el momento más brillante de su historia. En manos de quien fuera, Córdoba, a los pies del Guadalquivir, siempre era una pieza clave.
En 929 Abderramán III proclamó el califato de Córdoba y se nombró a sí mismo Príncipe de los Creyentes. Se transformó así en el primer califa independiente de la Península Ibérica. Bajo su reinado Córdoba se volvió en un polo cultural incomparable, pocas ciudades en el mundo conocido estaban a su altura. Fue en esta época cuando se terminó la Mezquita de Córdoba (que no se construyó de cero, sino sobre un templo pre-cristiano) y se erigió Medina Azahara, de la que se dice que fue la ciudad más hermosa jamás construida.
Con la caída progresiva de los árabes, Córdoba fue de los últimos enclaves en caer, y no fue hasta el siglo XIII cuando Fernando III la reconquistó, transformando después los edificios árabes para darles apariencia cristiana.
Curiosamente, la ciudad nunca volvió a tener el esplendor de años pasados, ni siquiera cuando el siglo XIV su Alcázar se convirtió en residencia de los monarcas de Castilla. Con la llegada de los Reyes Católicos, Córdoba solo recuperó algo de su antiguo esplendor.
El resultado de esta historia es que hoy en día, Córdoba es una ciudad con una riqueza cultural inigualable, designada Patrimonio Mundial por la UNESCO, y que atrae a visitantes del mundo entero cada año.
1. Mezquita – Catedral de Córdoba
La gran protagonista de Córdoba, sin duda, es la Mezquita, también catedral, ya que después de la reconquista Fernando III tuvo el detalle de no derribarla por completo (como si hizo en ciudades como Sevilla o Granada) y construir una catedral en su interior. Y de ahí su extraña forma. Es una preciosa y alta catedral completamente rodeada internamente de una inmensa cantidad de columnas y arcos (para ser exactos, 1300 columnas y 360 arcos).
Pero cabe destacar que los musulmanes construyeron a su vez la mezquita por primera vez sobre un antiguo templo pre-cristiano, y que con el tiempo fueron haciéndose ampliaciones hasta lo que podemos visitar hoy en día.
La entrada cuesta 11€ (sin guía) y 24€ con guía (podéis ver los horarios y reservar aquí).
2. Puente Romano
Construido a principios del siglo I, poco después de la fundación de la ciudad, y también conocido como el Puente Viejo, fue el único puente que tuvo Córdoba durante ¡casi 20 siglos! Es decir, que casi fue ayer cuando construyeron todos los demás.
Es también una de las postales más típicas de la ciudad, y no podéis dejar de venir aquí con la luz fe la puesta del sol, que lo hacen aún más especial.
3. La Judería
Este tipo de zonas tan característicos en casi cualquier ciudad europea no podía faltar en Córdoba. Sus calles se encuentran junto a la mezquita, y es de hecho mi zona favorita para pasear y perderse, con sus callejuelas estrechísimas, blancas y llenas de flores y plantas.
Como su nombre indica, en este barrio vivió la comunidad judía entre los siglos X y XV, aunque sus primeros habitantes se remontan muchos siglos antes.
4. Sinagoga de Córdoba
Está en el barrio judío, fue construida en el año 1315 y estuvo activa hasta que los judíos fueron expulsados en 1492. De hecho es la única sinagoga de Andalucía que se conservó tras su abandono, y una de las solo 3 que se conservan de esa época en España (las otras dos están en Toledo).
La entrada es gratis para ciudadanos de la UE, 0,30€ para los demás.
5. Zoco Municipal
Con él os toparéis también paseando por la judería, y aunque no es un lugar que salga en las típicas listas de «Qué ver en Córdoba», no podéis dejar de entrar, pues su pequeño patio tiene mucho encanto.
En él se promueve la artesanía local, y es que de hecho es también llamado Mercado de la Artesanía.
6. Calleja de las Flores y Calleja del Pañuelo
Justo en el lado opuesto de la Mezquita y ya fuera de la judería se encuentran estas dos calles, muy cerca la una de la otra, que son solo dos ejemplos del encanto de las calles cordobesas.
La Calleja de las flores está llena de macetas con flores, una buena alternativa para sentir una minúscula parte de lo que se siente al entrar en un patio cordobés si no venís en primavera.
La Calleja del Pañuelo es conocida por ser la calle más estrecha de Córdoba y es llamada así popularmente porque se dice que no es más ancha que un pañuelo. Estrecha, sí, pero en el final hay una diminuta placita con 3 portales y una fuente. Uno de mis rincones secretos favoritos de Córdoba.
7. Alcázar de los Reyes Cristianos
Fue construido en 1328 por orden de Alfonso XI, eso sí, sobre el antiguo Alcázar Andalusí y fue
utilizado en varias ocasiones como residencia de los Reyes Católicos.
Como cualquier palacio árabe que se precie, lo más bonito sin duda, son sus jardines, lejos de la belleza de la Alhambra de Granada, pero que bien merecen una visita (la entrada a todo el complejo cuesta 4,50€).
Por las noches hacen espectáculos de luces y conciertos, así que os animo a que os informéis de sus horarios en la web de Turismo de Córdoba o en la misma taquilla.
8. Templo Romano
Sorprendente pero cierto, aún queda en pie (o casi en pie) un templo romano en plena Córdoba, y es que fue descubierto en los años 50 durante unas obras para ampliar el Ayuntamiento de la ciudad. Según las investigaciones, puede datar de los años 40-50 a.C.
9. Plaza de la Corredera
Su nombre le viene por ser el lugar donde antiguamente se celebraban las corridas de toros, y se trata de una plaza mayor (similar a la de otras ciudades como Salamanca o Valladolid) cuadrangular con soportales, que de hecho es la única con estas características en Andalucía.
10. Palacio de Viana
Se trata de una casa-museo que muestra lo que eran los palacios nobles de la Edad Media. De nuevo, la gran cantidad de jardines que tiene se lleva el protagonismo, y es que el calor que protagoniza está ciudad desde tiempos inmemoriales hace que la costumbre árabe de llenar todo de plantas se haya quedado bien arraigada.
El Palacio fue ocupado por diferentes familias hasta el siglo pasado, cuando los marqueses de Viana lo cedieron para convertirlo en museo.
La entrada general a las zonas comunes y los patios cuesta 6€, pero si queréis hacer una visita más en profundidad, hay otra por 10€ que incluye otras zonas interiores del palacio.
11. Medina Azahara
No podéis iros de Córdoba sin visitar Medina Azahara. Y que no os pase como a mí, que no me informé bien del horario y me quede con las ganas: de junio a septiembre solo abre de 9 a 3 por las mañanas.
Medina Azahara es nada menos que el mayor yacimiento arqueológico del país, a solo 8km de Córdoba (por 24€ podéis contratar una visita guiada que os lleva desde el centro y os trae de vuelta).
La que en el pasado fue una ciudad administrativa y residencial del califato, construida en el año 936 y hasta su saqueo e incendio durante las guerras que desmembraron los califatos, hoy en día representa uno de los mejores legados hispanomusulmanes que existen.
Para cerrar este artículo no puedo dejar de recomendaros que realicéis un Free Tourpor el casco antiguo de Córdoba, mi opción favorita siempre allá donde vaya, pues los guías, que suelen ser siempre muy buenos, os desvelarán muchos datos y curiosidades que harán de vuestra visita a la ciudad algo mucho más especial.
Junto a la moderna ciudad de Tulum, en la Riviera Maya al sur de Playa del Carmen, se encuentran las ruinas de una antigua ciudad maya amurallada. Es una excursión de lo más recomendable, pues a diferencia de otros lugares históricos destacados en México (como Chichen-Itzá) está a pocos kilómetros de casi cualquier resort de la Riviera Maya y se puede llegar fácilmente en taxi o en bus desde Tulum.
Otra opción es contratar este tour que incluye recogida en vuestro hotel (y regreso también) y visita guiada por las ruinas, por 30€.
La historia cuenta que este sitio fue llamado Zamá («amanecer») en un inicio, y posteriormente, lo cambiaron por Tulum, que significa “Muralla”, debido a toda la estructura que conformaba el perímetro la ciudad, aunque curiosamente este nombre se le dio cuando la ciudad estaba ya abandonada.
Contó con habitantes desde el sigloVI, y con la llegada de los españoles 9 siglos después la localidad comenzó a decaer, hasta que a finales del siglo XVI fue totalmente despoblada.
Bien es sabido que la civilización y la cultura maya siguen existiendo (de hecho el maya es un idioma que se sigue utilizando por muchos mexicanos) y es por ello que hasta que este lugar se hizo famoso entre los turistas, muchas personas seguían viniendo aquí a hacer sus ofrendas y rituales. Lamentablemente, debido a la enorme afluencia de turismo, ya nadie sigue haciéndolo.
La localización es inmejorable, pues uno de sus lados tiene la muralla natural que son los acantilados que caen al mar. De hecho, son las únicas ruinas mayas con salida al mar, siendo su monumento más destacado del recinto es El Castillo, que servía también de faro.
La entrada cuesta solo 5$ y allí mismo podéis contratar guías por si queréis que os lo expliquen todo, aunque cada pocos metros hay carteles explicativos de cada uno de las edificaciones y monumentos.
190km (casi 3 horas) separan la Riviera Maya de la ciudad maya de Chichen-Itzá, pero es un lugar que hay que visitar sí o sí.
Como datos prácticos antes de meternos en materia os diré que hay mil empresas que hacen excursiones organizadas que pueden contratarse directamente desde el hotel, en mi caso contraté una con el grupo que iba, por 68€ por persona. Pero mi recomendación absoluta es que no reservéis un tour en el que vayáis en un bus con muchas personas. No solo por ese motivo, sino porque los tours de este tipo suelen hacer más paradas a parte de Chichen-Itzá, y no merecen la pena.
En nuestro caso así lo hicimos (porque éramos 25 y no había más remedio) y tras salir del hotel en Riviera Maya a las 9am, llegamos por fin a las pirámides a las 2:30pm porque nos hicieron una parada en un lugar en el que nos iban a hacer un ritual maya y a comer. Sonaba bien, pero lo que hicieron fue vendernos la moto y tenernos 40 minutos en una tienda de souvenirs 5 veces más caros que en cualquier otro sitio. Y después, a la vuelta, paramos en Valladolid, que también puede sonar bien, pero fueron ¡20 minutos! no sé muy bien para qué, porque no nos dio tiempo ni a probar unos dulces típicos de allí debido a la cola que había en todos los puestos.
Dicho esto, lo mejor es que alquiléis un coche o bien lleguéis a un acuerdo con un taxista (nos contó uno que por 80€ por persona nos llevaría, nos esperaría allí el tiempo que quisiésemos y nos traería de vuelta), y si queréis que algún guía os explique algo de Chichen-Itzá durante vuestra visita, contratar un tour guiado.
Y ahora, vamos a lo interesante…
Historia de Chichen-Itzá
Chichén-Itzá fue una ciudad fundada por los mayas aproximadamente en el año 500 d.C. En la época de su construcción, esa zona era llamada “Mayab”, (de donde viene el nombre de Maya) nombre que proviene de la lengua maya y que significa algo como “lugar para unos cuantos y no para muchos”.
Entre los años 900-1500 la ciudad era consideraba como el centro del poder de Mayab y uno de los núcleos políticos y religiosos más importantes de Mesoamérica.
El nombre de Chichén Itzá significa “boca del pozo de los itzaes” en maya, un idioma que se sigue utilizando a día de hoy en la región de Yucatán. Itzaes significa «adivino del agua». Se le dio este nombre por el Cenote Sagrado que se encuentra al norte de la pirámide más conocida, y era considerado comola entrada al inframundo (os podéis imaginar que allí no se bañaba nadie), y allí realizaban diversos sacrificios y rituales. A principios del siglo XX todo Chichen-Itzá fue vendido a un magnate estadounidense (40 años después fue devuelta al estado mexicano) y en este período se exploró el fondo del cenote, encontrando todo tipo de artefactos y joyas, así como huesos humanos.
Los mayas dedicaron la ciudad al dios Kukulkán, que tiene semejanzas con la deidad de la Serpiente Emplumada. Algunos historiadores piensan que proviene de la cultura tolteca y que es el mismo que Quetzalcóatl, uno de los dioses más importantes de Mesoamérica.
De hecho, la pirámide que nos viene a la mente cuando nos hablan de Chichen-ltzá se llama el se llama Templo de Kukulkán, erigido con precisión geométrica en el centro de la explanada.
En la construcción de esta estructura crearon algo muy curioso: cada año, en el equinoccio del mes de marzo, el sol y la pirámide están dispuestos de tal forma que en la sombra se dibuja una serpiente. Esto sucede porque, en este día, la intensidad de la luz proveniente del Hemisferio Norte es la misma que la del Hemisferio Sur, por lo que se reflejantriángulos de luz en las escaleras del templo.
A medida que fue creciendo la importancia del complejo y el poder de la civilización, los problemas con los pueblos vecinos fueron en aumento. En un principio se había formado la “Liga de Mayapán”, basada en un acuerdo de paz entre los pueblos de Mayapán, Chichén Itzá y Uxmal. Sin embargo, tras un desacuerdo, uno de los caciques declaró la guerra al resto, guerra que perdieron, por lo que los itzaes de Chichén Itzá abandonaron sus tierras en el año 1194 para refugiarse en la zona de Petén, que hoy pertenece a Guatemala.
Otros edificios destacados del recinto son el observatorio astronómico (donde es posible que tuviese su origen el famoso calendario maya que quiso extinguirnos en diciembre de 2012) y el juego de pelota, un popular deporte que tenía connotaciones religiosas ¡y en el que el castigo por perder era la muerte!
Mi recomendación es que visitéis este mágico lugar pronto por la mañana (abre de 8am a 5pm), y es una pena que no se pueda visitar con la puesta de sol o el amanecer (aunque creo que hay también entradas para lo último) pues la luz en ese escenario parece ser espectacular.
Cenote Saamal
Para completar el viaje, ya que son tantas horas de transporte, os recomiendo visitar algún cenote cercano. Nosotros fuimos al Cenote Saamal, una pasada, aunque convertido en un parque de atracciones. El cenote en sí es precioso, pero por encima y en sus alrededores está todo completamente asfaltado, hay tiendas, restaurantes… así que queda poco de naturaleza.