Durante mi viaje a la Riviera Maya me alojé en el típico resort inmenso de todo incluido, pues éramos un grupo de 82 personas y todo lo organizó una empresa, incluyendo la excursión de la que os hablaré hoy.
Os cuento esto porque los hoteles ofrecen todo tipo de excursiones organizadas, y si bien es cierto que te ahorra comederos de cabeza y te facilita los transportes, son actividades poco eficientes (se pierde mucho tiempo en transporte) y nada adaptadas a los propios gustos (os llevarán a algún sitio al que no hubieseis ido por vuestra cuenta).
Siendo un grupo grande como el que éramos, no había más remedio, pero intentaré no repetir algo así nunca más, porque sin ir más lejos, desde las 7:15am que nos convocaron en la recepción del hotel, ¡no empezamos la actividad de buceo hasta las 12:30! Os cuento todos los detalles, porque el lugar y la actividad en sí os la recomiendo al 100%:
Cozumel es una isla frente a la costa de la Riviera Maya, siendo Playa del Carmen la ciudad del México continental más cercana. De hecho, la forma de llegar aquí es en ferry (también tiene opción para entrar con coche en el ferry) ya que se encuentra a pocos kilómetros de la costa y el viaje solo son unos 30 minutosdesde la terminal marítima de Playa del Carmen. Cuenta también con un aeropuerto internacional que recibe aviones de otras ciudades de México y de Estados Unidos, pero esto no es una opción si venís en una excursión de día.
La actividad más típica es el snorkel y el buceo, y es que Cozumel cuenta con unos 25 arrecifes de coral llenos de vida marítima y unas aguas hipnotizantemente azules. Lo ideal es contratar un tour enlancha o catamarán que os lleve a los principales lugares de snorkel, y que además incluye al guía, el equipo necesario, comida y bebida durante la actividad, comida en un restaurante después de la actividad y con tienen una duración de 5 horas (aproximadamente).
Nosotros fuimos en lancha, y por el bien de vuestra espalda y vuestras piernas os recomendaré la excursión en catamarán, porque la pequeña embarcación no podía realmente ser más incómoda, además de que se nos mojó todo lo que llevábamos. A punto estuve de decirle a los del catamarán que me dejasen subir cuando nos cruzamos con ellos, jajaja.
Las paradas que hicimos fueron 3 (la excursión que os he dejado arriba es igual):
Arrecife Palancar
Después de una media hora de camino por mar, llegamos al primer lugar donde hacemos Snorkel (aunque aquí es posible hacer buceo también), un área de decenas de metros de profundidad con aguas de color azul oscuro donde se pueden ver un montón de peces, barracudas y tortugas, además de corales de todos los tamaños.
Arrecife El Cielo
Es sin duda el más popular entre quienes hacen snorkel, y no es para menos: en mi vida había visto un agua tan azul, que se intensifica aún más cuando le da la luz directa del sol. Tiene unos 3 metros de profundidad y decenas de estrellas de mar por todas partes, posadas en un fondo completamente liso y limpio de arena blanca. Además de las estrellas, podréis ver rayas y pececillos de todos los tamaños.
El Cielito
Muy cerca de El Cielo se encuentra la última parada del tour antes de la comida (que por cierto, será más tarde de las 4pm, para que os vayáis mentalizando), que recibe este nombre por ser igual de azul y precioso que el Cielo, pero donde el agua llega solo por la cintura. Aquí termina la actividad y ya no se hace snorkel, sino que los guías ofrecen fruta y bebidas que podréis tomar mientras las rayas os pasan por los pies. ¡Una pasada!
Aquí nos permitieron estar bastante tiempo (realmente más que haciendo snorkel en los otros lugares) y después nos fuimos de vuelta (otra media hora) hacia tierra firme a comer en un restaurante de comida mexicana frente al mar. Una actividad que os recomiendo si os gusta la marcha, pues aunque por supuesto merece la pena, es agotadora, y tened en cuenta algo importante: no permiten el uso de crema solar para así proteger la vida de los arrecifes. Y el sol pega bien, como os podréis imaginar.
Acabo de llegar a casa después de pasar una semana en la famosa y turística Riviera Maya mexicana. Y lo que no esperaba era dar con Sacbe (que significa camino de la iluminación), una comunidad en medio de la selva a las afueras de Playa del Carmen, totalmente sostenible y autosuficiente.
Podríamos calificarlo como «barrio» de la gran ciudad de Playa del Carmen, aunque la realidad es que se trata de un área completamente selvática de unas 54 hectáreas que no está abierta al público, en el que viven unas 70 familias. Solo es posible entrar si tienes contactos dentro (nosotros teníamos una amiga de un amigo) o si vais a hacer algún ritual con el chamán. Y con esto ya os doy pistas del rollo que se trae este sitio.
Lo único que da señales de que aquí viven seres humanos es que existen numerosos pequeños caminos de tierra (no hay asfalto por ninguna parte) y diversas casas de todo tipo, desde cabañas de madera y paja hasta preciosas casas de ladrillo de una arquitectura súper armónica con la naturaleza (algunas me recordaban a los edificios de Gaudí).
Todos los habitantes de Sacbe viven de forma autosuficiente y sostenible: los hogares cuentan con placas solares y baterías, y hasta hace no mucho los habitantes eran también los responsables de obtener su propio agua, aunque finalmente el suministro de agua de baja presión fue llevada a cabo por el propietario (se trata de un recinto privado propiedad de una empresa).
En este lugar no solo hay casas, sino también una escuela (donde se imparte una educación alternativa a la tradicional), una cafetería y, como os comentaba antes, un pequeño templo maya (liderado por el Abuelo Óscar, a quien pudimos conocer) donde se hacen ceremonias, cantos y rituales de temazcal y ayaguasca.
Mis amigos y yo tuvimos la oportunidad de pasar allí una tarde con Lau, nuestro contacto, que nos llevó a pasear por Sacbe y nos fue mostrando muchos de sus secretos. Quintana Roo (donde se encuentra la Riviera Maya) y Yucatán son como un queso Gruyère: están llenos de cenotes de todos los tamaños y formas, por lo que dentro de Sacbe hay decenas de ellos en forma de pozas subterráneas de agua dulce y cuevas. Algunos cenotes incluso se encuentran dentro de fincas, por lo que hay quienes, en vez de tener una piscina de toda la vida, ¡tienen un cenote en su propia casa!
Después de darnos un baño en uno de los cenotes, nos invitaron a comer a casa del Abuelo (donde nos pidieron dejar una aportación voluntaria como pago): una casa preciosa, fusionada totalmente con la naturaleza, que no tenía puertas ni ventanas. Nos sirvieron una hamburguesa vegana y una ensalada de quinoa riquísima, acompañados de kombucha casera; pero realmente cualquier cosa hubiese sabido bien en ese lugar.
Antes de irnos, Lau nos llevó al templo maya, donde justo acababan de terminar una ceremonia de temazcal, y una de las mujeres que había participado estaba cantando una canción sobre la Pachamama (la Madre Tierra) que le dio más encanto aún.
El temazcal, muy conocido en Hispanoamérica, es un ritual ancestral de purificación que se lleva a cabo dentro de una especie de tierra de campaña construida con telas y de forma pequeña y redonda, donde se meten unas piedras muy calientes que se han tenido al fuego en el exterior de la tienda. Las personas entran en la tienda con las piedras, donde se alcanza una temperatura de unos 70º (o sea, que es como una especie de sauna) y todo el ritual pretende imitar a la formación de la vida: la tienda redonda representa al óvulo, las piedras son los espermatozoides y cuando la persona que se somete al ritual sale de la tienda, se dice que «ha renacido».
En los alrededores del templo hay unas cuantas tiendas de campaña al estilo glamping, con camas y cuartos de baño (aunque nada que ver con los glampings europeos, claro) donde es posible alojarse si queréis venir aquí, aunque como os comento, es bastante complicado si no conocéis a nadie de dentro.
Un placer poder vivir esta experiencia aunque fuese por unas horas, algo totalmente inesperado teniendo en cuenta que veníamos de un lujoso resort con todo incluido cerca de Playa del Carmen.
No hace ni siquiera un año que viajé por primera vez a la isla italiana de Cerdeña (en septiembre de 2021 me la recorrí de arriba abajo literalmente) y ya he vuelto (secreto: los vuelos Madrid-Alghero con Ryanair son ridículamente baratos la mayoría del tiempo).
En esta ocasión, volamos a Alghero (1h 30 de avión desde Madrid) y el viaje fue muchísimo más calmado: pasamos 5 días en un apartamento precioso en la playa de la Pelosa, y como veréis en el vídeo si habéis pinchado en el link anterior, estuvimos muuuuy tranquilos. Mi recomendación es esa: conocer cada rincón de la isla está bien, pero después elige un lugar y disfruta de ello sin pegarte palizas de coche.
En este post vengo a hablaros sobre Stintino, el pueblecito al que pertenece La Pelosa y que el año pasado solo mencioné, pues nuestra ruta no pasaba por estas callejuelas.
Stintino (Isthintinu en sardo) nació en 1885 cuando diversas familias de pescadores procedentes de la Isla de Asinara (la que está frente a la Pelosa) se asentaron en esta zona de la costa, y a día de hoy apenas tiene 1600 habitantes (por cierto, planazo: pasar el día en un velero en la isla de Asinara).
A pesar de la explosión turística de sus alrededores, este núcleo ha mantenido en calma y en paz con la vida típica de los pueblos. La iglesia principal, caminos y casas bajas tradicionales. En la calle principal hay tiendas, bares, restaurantes, mesones donde degustar productos de la zona.
imagen de sardegnaturismo.it
Os animo a perderos por las calles y el paseo marítimo de este pueblo, e incluso es un buen lugar para alojaros y poder visitar sitios de interés alrededor (porque no todo es la playa de la Pelosa, y si no sois de los que disfruta cuando un lugar está abarrotado, incluso preferiréis otros sitios). Aquí os dejo una lista para que no os dejéis nada:
Isla de Asinara: como mencionaba antes, es la que se encuentra frente a la Pelosa. Fue, hace mucho, una cárcel que aún hoy puede visitarse, pero lo más chulo de esta islita es que está llena de burros amistosos.
Playa de Le Saline: amplia y de arena blanca, pero evitad venir aquí en días ventosos, porque al estar tan abierta suele haber muchas olas.
Playa de Ezzi Manu: mucho más virgen, rodeada de vegetación, y compuesta por pequeños guijarros blancos.
Playa de Tamerici: la elección perfecta si queréis mucha, mucha tranquilidad.
Capo Falcone: en el extremo occidental de la isla, con unas vistas increíbles y una puesta de sol que roba el aliento.
imagen de sardegnaturismo.it
Nuestro alojamiento fue todo un acierto (podéis ver imágenes en este vídeo). Se llama Capo Falcone Charming Apartments y es totalmente nuevo (inaugurado en algún momento de 2022), de hecho casi que lo estrenamos. Es una urbanización preciosa, tranquila y con buenas vistas, a solo 5 minutos andando de la playa de La Pelosa, y además súper económica (en este momento – junio 2022 – 68€/noche en un apartamento para 4 personas). Totalmente recomendable.
Y como restaurante favorito de la zona, me quedo claramente con el Ristorante Valentina. Comida riquísima y personal súper amable.
Espero que disfrutéis de Stintino tanto como yo, ¡que estoy deseando volver!
En este blog están descritos cada uno de los destinos, sin excepción, que he visitado desde el año 2014. Solo había una excepción, y es que al final lo que tenemos en casa es lo que más pasamos por alto. Arenas de San Pedro es mi «pueblo adoptivo» desde hace ya 8 años, y no podía pasar más tiempo sin recoger en una entrada el encanto que rebosa por cada una de sus esquinas este no tan pequeño pueblo de la cara sur de la Sierra de Gredos.
Más conocido simplemente como «Arenas» por sus asiduos visitantes, pertenece a la provincia de Ávila, aunque tenga mucho más que ver con sus vecinos toledanos o incluso con Extremadura. Se encuentra a 160km de Madrid, lo que lo hacen perfecto para una escapada de fin de semana, adaptable a todos los gustos, pues podéis optar por un finde de relax (tanto en invierno como en verano) o bien de actividades por la montaña (varias rutas salen hacia los picos de Gredos a pocos minutos en coche de Arenas), y todo ello rodeados de naturaleza.
Aquí os dejo tres listas, una de ellas con las cosas que podéis ver en el pueblo, otra con varias rutas que podéis hacer mientras estéis alojados aquí, y una última con restaurantes donde comer (probados de primerísima mano, ¡así que podéis fiaros!)
¿Qué ver en Arenas de San Pedro?
1. Castillo del Condestable Dávalos
Sin duda el monumento que más sobresale de Arenas, en pleno centro neurálgico, imponente, y al borde de la carretera nacional que comunica con otros pueblos de la zona.
Se trata de un castillo gótico que fue construido por orden del condestable Ruy López Dávalos, en la parte baja del pueblo para aprovechar el río como defensa. Se levantó gracias a los habitantes del pueblo, que contribuyeron con sus impuestos y con su propia mano de obra, interviniendo cristianos, judíos y moriscos por igual.
En un principio está concebido para la defensa, posteriormente pasó a ser residencia señorial, y durante los siglos posteriores al XVIII tuvo otros usos (cárcel, cementerio e incluso almacén). Hoy en día se utiliza como espacio multiusos, y además se puede conocer con visita guiada (podéis adquirir la entrada en la oficina de turismo).
imagen de viajesyrutas.es
2. Palacio del Infante Don Luis de Borbón y Farnesio
No se queda atrás esta edificación en cuanto a lo llamativa que es, pero se encuentra algo más alejada del núcleo urbano, en lo alto del pueblo. Fue construido en el siglo XVIII por orden Luis de Borbón, hermano de Carlos III. A lo largo del tiempo, ha sido utilizado como fortín en la guerra de la Independencia, siendo ocupado por las tropas napoleónicas, como cárcel durante la Guerra Civil, posteriormente como seminario y finalmente como colegio, hasta que en 1988 fue comprado por el Ayuntamiento y actualmente alberga el museo permanente de los Premios Gredos de Pintura, así como reproducciones de cuadros que el mismísimo Goya pintó en Arenas.
En su exterior hay un inmenso patio inutilizado, el cual despierta interés entre los vecinos: ¿para qué lo terminarán utilizando?
imagen de espanaviajar.com
3. Parroquia Nuestra Señora de la Asunción
Este armatoste de iglesia fue construida a principios del siglo XV por orden de Diego Hurtado de Mendoza, nieto de Juana de Pimentel y Álvaro de Luna. Es de estilo gótico pero tiene una torre renacentista del siglo XVI dedicada a Santa Bárbara.
Son los alrededores de esta parroquia (hacia el lado contrario al Castillo) los que forman el casco antiguo del pueblo, siendo éstas las casas más antiguas de la localidad, donde hace mucho se ubicaban el barrio judío y el musulmán. En estas zonas de Arenas es donde se puede ver la arquitectural tradicional de casas encaladas y balconadas de madera.
imagen de territoriomedieval.com
4. Puente Aquelcabo
Es el puente más antiguo de Arenas y, aunque se le llame puente romano, en realidad es medieval (algo que pasa en más sitios) construido sobre uno anterior (el cual sí fue probablemente romano). De hecho, su estilo es gótico. A pocos metros de él hay un mirador de madera desde donde hay unas bonitas vistas del puente y el río Arenal.
imagen de hoteles.net
5. Santuario de San Pedro de Alcántara
El que llega hasta él es probablemente uno de los paseos más concurridos de Arenas por sus lugareños: un camino asfaltado de unos 2km de longitud, a la rivera de un riachuelo y completamente cubierto por frondosos árboles, es uno de los dos sitios de paseo oficial (del otro os hablo en el siguiente punto), os lo recomiendo porque es muy agradable, tanto en invierno como en verano.
Al final del camino se encuentra el Santuario de San Pedro de Alcántara, fundado en el siglo XVI por el santo extremeño, en el lugar donde había una ermita dedicada a San Andrés del Monte. En el siglo XVIII, por orden de Carlos III sobre proyecto de Ventura Rodríguez, se construyó el complejo que el que observamos hoy.
imagen de guiatietar.com
6. Pantano de Arenas
En el lado completamente opuesto al Santuario se encuentra el alargado Embalse del río Cuevas, bordeado por un cómodo camino llano de 2,5km circulares, con unas vistas fantásticas y los picos de gredos al fondo. No os lo podéis perder, las puestas de sol desde aquí son preciosas.
7. Piscinas naturales
Bañadas por el río Arenal, el lugar perfecto para refrescarse en verano. En el pueblo suele hacer bastante calor (que no os engañe el que esté junto a la Sierra de Gredos), así que un baño en esas gélidas aguas nunca está de más (aunque se suelen llenar bastante).
imagen de guiatietar.com
¿Qué hacer en los alrededores de Arenas de San Pedro?
1. Visitar los pueblecitos de alrededor
El Castillo de Mombeltrán
Las callejuelas de Guisando
Candeleda, al borde de La extremeña Vera
2. Calzada Romana
En la carretera N-502, aproximadamente a medio camino entre Ramacastañas y Mombeltrán, hay un empinado tramo de calzada romana, que en su día sirvió para conectar Abula (la Ávila romana) con el eje vial Emerita Augusta-Complutum-Caesaragusta.
Esta calzada sube hasta el Puerto del Pico, y no son muchos los que deciden recorrerla entera, pero todos los años, en verano, se organiza una carrera popular que discurre por ella, ¡aunque cómodo para los pies no es que sea!
imagen de Pinterest
3. Puerto del Pico
El mencionado Puerto del Pico es la arista que marca el paso entre el sur y el norte de Gredos y el que comunica esta zona de la provincia con su capital, Ávila. Para llegar desde Arenas es necesario recorrer una carretera plagada de curvas (que os gustará si sois motoristas u os gusta conducir) pero cuyo entorno es precioso.
Merece la pena subir a admirar las vistas de todo el Valle del Tiétar, dar un paseo por las alturas y si os apetece, hacer alguna de las rutas de montaña que salen desde aquí (hacia el este, para subir al Torozo, y hacia el oeste, para subir a La Fría). Hay también un restaurante, por lo que podéis optar por comer allí (reservando primero).
4. Cuevas del Águila
Están en Ramacastañas, a 15 minutos de Arenas. Podéis leer toda la info aquí.
5. Rutas de senderismo por la Sierra de Gredos
A parte de las mencionadas desde el Puerto del Pico, podéis optar por ir al parking del Nogal del Barranco (popularmente conocido como La Cabra) y desde allí subir a Los Galayos o a La Mira.
Para los más atrevidos, podéis pasar la arista de los Galayos y continuar hasta la Plataforma de Gredos.
Aquí os dejo una lista de mis restaurantes favoritos, por orden de afinidad (todos ellos sirven comida tradicional y típica de la zona, y todos ellos cuentan con menú del día a la hora de comer, incluso en fines de semana.
Restaurante El Marquesito
La Taberna de Mage y Goya
El Patio de chus
Restaurante El Sur de Gredos
Espero que disfrutéis de vuestra estancia en Arenas, ¡y me contéis qué tal! 😁
Quien escucha Gandía solo piensa, por lo general, en turismo de playa, fiesta y vacaciones familiares. Pero el no tan pequeño municipio valenciano esconde algo más que eso. ¿Qué ver y hacer en Gandía además de bañarte en el mar? Aquí os dejo unas ideas:
1. El Palacio Ducal
Con 7 siglos de historia, es uno de los edificios con más historia de la ciudad. En él han dejado huella personajes como San Francisco de Borja, que de hecho le da nombre (su nombre completo es Palau Ducal dels Borja).
En 1485, Rodrigo de Borja (quien después fue el papa Alejandro VI) compró para su hijo Pedro Luis de Borja el Ducado de Gandía. Este palacio pertenecía a esta familia. Y es que esta familia es la famosa familia de los Borgia, familia italiana salió de Valencia para tierras florentinas.
Por su apariencia exterior y decoración interior, es uno de los monumentos más importantes de la Comunidad Valenciana y ha sido escenario de películas y series a nivel nacional e internacional.
Es la iglesia más importante de Gandía, cuya predecesora data del siglo XIII. Esta iglesia alberga un gran tesoro: las esculturas de Lobet, un valioso archivo musical y diferentes joyas de orfebrería.
imagen de Pinterest
3. Ruta del Destapat
Tiene lugar en el casco antiguo de Gandía, y se trata de una ruta de tapas que se hace cada jueves con el objetivo de probar la gastronomía típica de Gandía en distintas tabernas del pueblo, con un coste de 2€ la tapa.
imagen de gandiaapie.com
4. Playa de l’Ahuir
Desconocida para la mayoría, esta playa nada tiene que ver con la gran playa de Gandía. Localizada en las afueras de la localidad, se trata de un lugar sin edificaciones, ni paseos marítimos, ni nada más que arena, agua y vegetación. Si buscáis tranquilidad, este es el lugar.
imagen de Pinterest
5. Cueva del Parpalló
Es un yacimiento prehistórico en el Paraje Natural Municipal de Parpalló-Borrell (patrimonio mundial por la UNESCO con unas 560 hectáreas)
Esta zona está en la sierra de Mondúver que fue una de las primeras habitadas por el Homo Sapiens que llegó a esta región mediterránea. La cueva se abrió al público en 2014, y en ella se pueden observar diferentes pinturas prehistóricas.
imagen de lacamaradelarte.com
6. De Gandía a Ibiza
Desde hace unos años existe un ferry que une Gandía con la isla de Ibiza, un trayecto de 2 horas que merece la pena si vas a estar bastantes días por la zona de Gandía y queréis cambiar de aires. Podéis incluso meter el coche, y hacer una ruta por las calas de Ibiza (eso os lo cuento aquí).
Este año está siendo el de descubrir ciudades nacionales. El fin de semana pasado fue el turno de Valladolid, el cual pateé de arriba abajo aprovechando que corría una carrera el domingo en Zaratán (un pequeño municipio junto a la ciudad).
Valladolid, a la que cariñosamente se la apoda Pucela (sin saber muy bien de dónde viene realmente dicho nombre), es un destino perfecto de escapada de fin de semana, pues se encuentra a poco más de 2 horas de Madrid y su núcleo urbano central es pequeño y asequible para ver a pie en un día. Durante muchos siglos fue una de las ciudades más importantes de España, por lo que el legado cultural que hay en ella es muy llamativo. Es más, durante el reinado de Felipe III fue la capital del reino de España.
Valladolid cuenta con su propio Free Tour, que os animo a hacer para exprimir mucho más la ciudad.
Plaza Mayor
Fue la primera plaza mayor que se diseñó como un espacio cerrado, regular y con soportales, modelo que luego se copió en ciudades como Madrid y Salamanca. El trazado actual tiene su origen en la reconstrucción tras el incendio de 1561 que arrasó una parte de la ciudad.
En esta gran plaza se organizaban mercados populares, ceremonias de la corte y diversos espectáculos.
Catedral de Valladolid
La mayor parte de su diseño es del famoso arquitecto Juan de Herrera, uno de los máximos representantes del Renacimiento y que dio nombre al estilo herreriano, pero curiosamente su construcción nunca llegó a completarse, y falta aproximadamente la mitad del proyecto inicial.
Santa María de la Antigua
Es la edificación más antigua que queda en pie en Valladolid, ordenada construir por Doña Elyo, la esposa del fundador de la ciudad, el Conde Don Pedro Ansúrez. Inicialmente fue un templo románico, con algunos añadidos posteriores en gótico. Luego tuvo muchos añadidos, hasta que en el siglo XIX se la restauró para darle el aspecto neogótico. Durante la mitad del siglo XX se le quitaron más añadidos anexos, dejando a la vista esta maravillosa iglesia.
Museo Nacional de Escultura
Este lugar cuenta con una impresionante colección de escultura y arte que comprende desde finales de la Edad Media hasta el siglo XIX, pero el propio edificio del museo es también una obra de arte: se trata del Colegio de San Gregorio, una escuela de teología para monjes dominicos que se construyó a finales del siglo XV.
Palacio de Santa Cruz
Este edificio del siglo XV forma hoy parte de la universidad (es el Rectorado de la Universidad de Valladolid) es y es precioso tanto por fuera como por dentro, y además fue el primer edificio de España diseñado en estilo renacentista.
Palacio de Pimentel
Es especialmente conocido porque aquí nació, el 21 de mayo de 1527, el rey Felipe II. Actualmente alberga exposiciones de vez en cuando, pero simplemente dar una vuelta por dentro palacio también merece la pena.
Iglesia de San Pablo
El verdadero tesoro de este templo es su fachada gótica, cargada de ornamentación y decorada con infinidad de esculturas, todo franqueado por dos grandes torres.
Estos son los lugares que no os podéis perder en vuestra escapada a Valladolid, pero el simple hecho de caminar por sus calles es ya una delicia. El centro está plagado de comercios, bares, restaurantes y callejuelas realmente auténticas, como el Paseo de Recoletos, la Plaza de Zorrilla, la Plaza de Colón, la Calle de Santiago, la Calle de María Molina y la Calle de Miguel Íscar.
He viajado mucho gracias al deporte. Competir por toda España me ha permitido conocer lugares preciosos, y una de las últimas veces que estuve en San Sebastián crucé la frontera hasta llegar a la bonita ciudad francesa de Biarritz, a menos de 50 minutos de Donosti.
Esta ciudad costera del País Vasco francés fue lugar de veraneo de la burguesía europea. Caseríos de estilo vasco y villas de lujo son las protagonistas a pie de playa, aunque cada vez más son los surferos que les discuten el título (de hecho, se dice que es la capital europea del surf). Quién lo diría, pues a principios del siglo XIX Biarritz solo era un pequeño pueblo de pescadores.
A continuación os dejo los 8 principales lugares que podéis ver en Biarritz, pero también os recomiendo este tour por la ciudad donde un guía especializado os contará un montón de cosas interesantes.
1. Playa de Miramar
También llamada Playa Grande, es la playa principal de Biarritz, pues ya desde hace 2 siglos se afirmaba que sus aguas tenían propiedades beneficiosas para la salud. Claro que para los surfistas no hay ninguna como la Playa Cote des Basques.
imagen de guide-du-paysbasque.com
2. Hotel du Palais
Fue construido en 1854 para ser la residencia de verano de la mujer de Napoleón III, Eugenia de Montijo (gracias a ambos Biarritz se hizo tan popular entre la aristocracia española y francesa), y su planta tiene forma de E, en honor al nombre de Eugenia.
En el año 1893 se convirtió en un hotel de cinco estrellas con 154 habitaciones, 3 restaurantes, un spa con gimnasio y un campo de golf.
imagen de flickr.com
3. Casino de Biarritz
Con una arquitectura Art Decó, fue construido en 1929 y renovado apenas hace 30 años. Se encuentra situado junto a la playa y en él también es posible disfrutar de su teatro y su piscina.
imagen de viajeselcorteingles.es
4. Roca de la Virgen
Es el homenaje que Biarritz dedica a “la guardiana de los pescadores”. Al parecer, a finales del siglo XIX, se produjo un milagro protagonizado por un barco que no podía retornar al puerto a causa de una tormenta. De repente, surgió un rayo de luz que le indicó el camino y los pescadores pudieron salvarse. Después, en 1865, levantaron una estatua de la Virgen en la roca. Hoy esta Roca de la Virgen está unida a la tierra a través de un puente (Puente Eiffel) que mandó levantar Napoleón III. Si llegas hasta aquí, disfrutarás de una de las mejores “postales” de Biarritz.
5. Iglesia de San Martín
Fue la primera iglesia construida en Biarritz, siendo uno de los puntos más antiguos de la ciudad, construida en el siglo XII y su aspecto es muy medieval, sobre todo el del cementerio.
imagen de dreamstime.com
6. Faro de Biarritz
Fue construido en el 1834 y mide 73 metros de altura. Desde él la panorámica de la ciudad es una pasada.
imagen de super7moto.com
7. Puerto de Pescadores
No podía faltar en esta ex-ciudad de pescadores, y es que hoy en día ha cambiado de fin, cuyas casas de pescadores han dejado paso a bares y restaurantes y se ha convertido en una de las zonas más animadas de Biarritz. Aquí podréis probar unos buenos platos de pescado y marisco.
imagen de alwayseasyrental.com
8. Mercado de les Halles
Funciona desde 1885 y aquí se puede tanto hacer la compra como tomar un tentempié en cualquiera de los locales que hay en sus instalaciones. Es todo un templo de la gastronomía local en el que se muestran, como si fueran joyas, los productos y especialidades de la región: quesos, verduras y frutas de temporada, ostras, charcutería, pescado recién capturado y el típico pastel vasco.
Dicen que Peñíscola es de los pueblos más bonitos de España. Y es que sí, tiene su encanto, pero además pertenece a una asociación que justamente se llama Los Pueblos Más Bonitos de España. ¡Así que algo tiene que tener!
Tuve la oportunidad de visitar este pueblo costero del norte de Castellóndurante la primavera de 2017, y me pareció exactamente ese lugar en el que la playa, los planes familiares y el turismo rural se mezclan a la perfección. Poco después de esas fechas se convirtió también en uno de los lugares más visitados, ya que la mítica serie Juego de Tronos grabó aquí parte de la temporada 6 (si eres fan de la serie, te gustará saber que en concreto Peñíscola es la ciudad de Mereen).
La localidad se asienta en una roca que estaba unida al resto de la costa por un pequeño istmo de arena. Éste se inundaba en épocas de temporal, convirtiéndola en una isla. Ahora esto ya no ocurre por las nuevas construcciones, pero la ciudad antigua sigue levantándose orgullosa sobre la roca siendo visible desde la parte nueva y muchos otros puntos de los alrededores.
Peñíscola también fue el lugar elegido por el Papa Luna para exiliarse. Hay un tour de misterios y leyendas (gratuito, luego se paga la voluntad) que podéis hacer si queréis aprender más sobre ello: Free tour de los misterios y leyendas de Peñíscola.
1. Casco antiguo de Peñíscola
Atravesar la muralla y puertas de la ciudad es como retroceder en el tiempo. Si en la parte nueva de Peñíscola predominan los edificios de apartamentos y las calles con tráfico, en el casco histórico solo hay antiguas casitas pintadas de blanco y calles estrechas y peatonales.
2. Castillo de Peñíscola
El principal monumento que ver en Peñíscola es, sin lugar a dudas, su castillo. Fue levantado en el siglo XIII por los Templarios sobre los restos de la anterior alcazaba árabe. Este castillo es uno de los mejor conservados en España de los levantados por la Orden del Temple.
También se lo conoce como Castillo del Papa Luna, y es que, como os comentaba antes, en 1411 Benedicto XIII de Aviñón (conocido comúnmente como Papa Luna, por apellidarse así) hizo de él su residencia pontificia. Francia no vio con buenos ojos que un aragonés fuese elegido como Papa y le presionó para renunciar. Poco a poco otros países fueron retirándole el apoyo y se le llegó a catalogar como antipapa.
Finalmente se refugió en el castillo de Peñíscola, donde murió unos años después. Durante su exilio se nombraron otros Papas, pero él siempre mantuvo que él era el Papa legítimo. De esta parte de la historia surge el dicho «mantenerse en sus trece«, por su perseverancia y su nombre papal.
imagen de Wikipedia
3. Parque de la Artillería
En una zona más baja y separado del castillo se encuentra el Parque de Artillería, una zona construida en el siglo XVI por Felipe II para modernizar las defensas del castillo y hacer frente a la piratería que se daba en la época en el Mediterráneo. A día de hoy es un jardín con vistas al castillo y al mar.
imagen de TriAdvisor
4. Casa de las Conchas
Se trata de una casa cuya fachada está decorada al completo con conchas marinas. Aunque tiene ventanas y motivos que parecen arabescos, lo cierto es que la casa se construyó en 1961 y tiene una historia peculiar: Su propietaria, Justa, fue la primera guía turística de la ciudad, enseñaba su pueblo a cambio de la voluntad, y con lo que iba ganando pudo adquirir un solar con su familia y construirse esta casa, la cual decoró con conchas en honor al mar que tiene en frente.
imagen de verpueblos.com
5. Ermita de la Virgen de la Ermitana
Está situada en un bonita plaza e integrada a las murallas del Castillo y fue construida en 1714, sustituyendo una antigua capilla, en estilo barroco.
imagen de Wikipedia
6. La playa
No todo va a ser turismo, claro. Peñíscola cuenta con la Playa Norte y la Playa Sur, situadas a ambos lados del peñón donde se encuentra el casco antiguo.
La Playa Norte con más de 5 kilómetros de largo es la más concurrida y además cuenta con aguas cristalinas y unas fantásticas vistas del castillo.
imagen de fotonazos.com
La Playa Sur, situada junto al puerto pesquero, tiene 300 metros de arena fina y está mucho menos masificada. ¡Vosotros decidís!
Si no habéis estado nunca en Mérida, estáis tardando. Porque la capital de Extremadura es una auténtica joya enterrada, y es que dicen que si levantasen toda la ciudad actual, saldría a la luz la antigua Emerita Augusta romana, una de las ciudades más importantes del Imperio Romano. De hecho, eso es exactamente lo que pasa cada vez que se llevan a cabo algún tipo de obra: aparecen ruinas de altísimo valor y ahora a ver cómo seguimos.
Mérida fue fundada bajo el nombre de Emerita Augusta en el 25 a.C. por el emperador Octavio Augusto, quien decidió asentar a los veteranos de dos legiones en una nueva ciudad, y pronto se convirtió en una de las ciudades más grandes del oeste de la Península Ibérica y la capital de Lusitania. Después de la caída del Imperio Romano, la ciudad no perdió su significado. En el siglo VI, se convirtió en la capital de un país visigodo que surgió en la Península Ibérica tras la caída del Imperio Romano de Occidente, y no fue hasta el 713 cuando cayó en manos musulmanas (así se mantuvo hasta el 1230) y se la rebautizó con su nombre actual.
Aunque es la principal ciudad de Extremadura, sigue teniendo tintes de pequeña población, pues a los principales lugares es posible llegar caminando agradablemente. Esto es lo que no os podéis perder en vuestra visita a Mérida (¡también hay Free Tour!):
1. Museo Nacional de Arte Romano
Para conocer en profundidad la cultura romana y los hallazgos arqueológicos de la antigua ciudad. Se celebran exposiciones, conferencias, congresos y otras actividades culturales.
2. Anfiteatro romano
Se utilizó desde el siglo I al IV y en él combatían sobre todo esclavos, delincuentes y prisioneros de guerra, a veces entre ellos y a veces contra fieras. Tenía una capacidad para 14.000 espectadores y aún mantiene gran parte del graderío en buen estado y algunas de las entradas al recinto.
3. Teatro romano
Es uno de los sitios más emblemáticos de Mérida, donde además de poder visitarlo, se celebraban obras de teatro, asambleas electorales, reuniones de ciudadanos y homenajes. Y en verano cada año tiene lugar el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
En las columnas inferiores del escenario había esculturas del Emperador y su familia (algunas todavía se conservan) y en las columnas superiores estaban las imágenes de los dioses. Era la forma de unir la política y la religión bajo la figura del Emperador.
4. Circo romano
Tenía un aforo de unos 30.000 espectadores, lo que le convierte en uno de los mayores del Imperio, fue construido sobre el siglo I d.C. Los lados longitudinales estaban ocupados por las gradas, que debieron tener la misma forma que las del Teatro, separados de la arena por un podio. En el eje de uno de esos lados se ubicaba la tribuna, desde donde disfrutaba del espectáculo su patrocinador; y en el lado opuesto la tribuna de los jueces.
Es de los monumentos peor conservados (al igual que en otras ciudades con la misma edificación), pero aún se puede observar la magnitud del recinto.
imagen de cadenaser.com
5. Templo de Diana
A pesar de su nombre, se trata de un templo de culto Imperial y ¡fue descubierto hace menos de 40 años! Esta edificación se encuentra en el centro de Mérida y es uno de los templos mejor conservado de la ciudad, debido en parte a que se utilizó como armazón del palacio del Conde de los Corbos.
6. Puente romano
Fue uno de los más largos de la antigüedad y a día de hoy es el más largo de los que se conservan, con 792 metros y 60 arcos. Aunque se conserva íntegramente, es a causa de diferentes restauraciones a lo largo del tiempo.
imagen de spain.info
7. Acueducto de los Milagros
Forma parte de una conducción hidráulica que traía aguas procedentes del pantano de Proserpina. Popularmente es conocida como “Los Milagros” por la admiración que causaba en la gente su estado de conservación a pesar del paso del tiempo, y no es para menos, teniendo en cuenta que se conservan todavía más de 800 metros del acueducto, cuya altura alcanza los 27 metros.
8. Las 7 sillas
Primer monumento que no es romano, pero sí hace alusión a uno romano. Se trata de 7 columnas que representan lo que hasta hace 100 años se veía del teatro romano: 7 pilares de piedra en los que los niños jugaban y apodaban «sillas». A principios del siglo pasado comenzaron sus excavaciones, dejando estupefactos a los arqueólogos antes la magnitud de tal descubrimiento.
las 7 sillas antes del descubrimiento del teatro (flickr.com)
monumento las 7 sillas hoy (comeya.com)
9. Alcazaba de Mérida
Para que veáis que no solo hay arte romano en Mérida. Esta fortificación árabe fue estratégicamente situada junto al río Guadiana en el año 835. Poseía unos muros de casi 3 metros de ancho y 10 de altura, convirtiendo la fortaleza en casi inexpugnable. Dentro de los 550 metros de perímetro de la alcazaba hay unos pocos edificios, entre los que no os podéis perder el aljibe subterráneo. También podréis subir a lo alto de las murallas y tener buenas vistas del Guadiana.
imagen de Wikipedia
Esto son 9 lugares que visitar en Mérida, pero pasear por la ciudad es una caja de sorpresas, pues en muchas de sus calles hay restos que se han ido encontrando a lo largo de los años, como la Casa del Mitreo, el Arco de Trajano, la Casa del Anfiteatro, el Pórtico del Foro Romano o el Acueducto de San Lázaro.
Sin duda una mini Roma en toda regla, y una de las ciudades más bonitas de España.
En 2011 visité Marruecos durante 6 días, y solo 6 años después, regresé para hacer una ruta muy parecida en un viaje express de 4 días y 3 noches (es decir, en esos 4 días están los vuelos de ida y vuelta incluidos).
Marruecos es un país para regresar una y otra vez (a no ser que lo visites por 2 o 3 semanas y puedas entonces visitar muchos más lugares y con menos prisas), y en esta ocasión volamos hasta Marrakech y nos mentalizamos para hacer muchas horas de coche para visitar todo aquello que teníamos pensado.
Repasemos día por día…
Día 1: Madrid – Marrakech
No es necesario visado alguno para volar con un pasaporte español. Aterrizamos en la ciudad a media tarde, y después de pasar por el control de pasaportes, donde suele haber bastante cola, nos dirigimos al centro de Marrakech en el autobús 19, que en 15 minutos nos dejó en el centro por 20 dirhams (para que os orientéis aproximadamente, 11 dirhams equivalen a 1€).
Era casi noche cerrada, así que nos quedamos en la plaza principal, la Yamaa el Fna, siempre abarrotada de gente, sea la hora que sea, y llena de puestos de todo tipo, incluida comida típica de allí a precios irrisorios para un europeo. Inauguramos nuestro viaje con una riquísima pastela de pollo y un té moro (allí se pide como té a la menta).
imagen de barcelo.com
Y después vino lo menos gracioso: encontrar nuestro Riad (Riad Souad). Para poneros en situación: éramos dos rubias de metro 75 vestidas con ropas de verano, con el mapa en la mano intentando orientarnos en el laberinto de las calles de Marrakech. En menos de 30 segundos ya teníamos a un par de hombres majísimos tratando de guiarnos hasta el hotel, y fue imposible deshacerse de ellos. Porque en efecto, allí nadie hace nada porque sí. Al llegar a la puerta del riad, nos exigieron dinero. Les dimos algún euro que llevábamos suelto, y empezaron a despotricar exigiendo más dinero. No sabían con quién estaban tratando, que de inocentes no teníamos ni un pelo, así que, sorprendidos por nuestra agresiva reacción, se fueron por donde habían venido, no sin dejarnos algo preocupadas, pues sabían donde nos alojábamos. Pero no, no paso nada de nada.
Esto no fue más que una anécdota, si bien los árabes tienen mucha fama (y muy justificada) de ser muy, muy, muy insistentes con los turistas, por lo que mi primer consejo es que si no queréis líos, no habléis con nadie o bien pedid un taxi hasta donde vayáis.
Alojamiento: Riad Souad, un lugar precioso a la par que económico, y es que hoteles tipo riad es lo más típico y recomendable para alojarse en Marrakech, y los hay de todos los precios habidos y por haber. Este nos costó solo 80€ por una habitación doble y 3 noches, nada mal. El único pero es que las habitaciones no tenían llave, solo un candado tipo taquilla. De esto han pasado 5 años, por lo que quizás hayan mejorado este aspecto también. El barrio en el que se encuentra es seguro, aunque pueda parecer lo contrario.
Día 2: Ouarzazate, Zagora y noche en el Sáhara
¡Empieza la aventura! Para los dos días siguientes habíamos contratado una excursión que era bastante paliza en coche, pero no queríamos quedarnos sin hacerla: una noche en el desierto del Sáhara.
Hay varias formas de realizar esta excursión en función de los días disponibles: la primera vez que visité Marruecos en 2011 tenía más tiempo e hicimos 2 noches, la primera en Ouarzazate (a 3h40 de Marrakech) y la segunda en el desierto, cerca de Merzouga (a 5h. de Ouarzazate). Así es posible disfrutar mucho más sin necesidad de una paliza de coche enorme, aunque la vuelta sí es en un mismo día.
Pero en esta ocasión teníamos mucho menos tiempo, y lo que hicimos fue Marrakech – Zagora (otra parte del desierto menos bonita pero más cercana) parando cada 2 horas en puntos interesantes, pero el viaje no dejó de ser de 9 horas y las paradas más cortas de lo que nos hubiese gustado.
Aquí tenéis las dos excursiones para que comparéis y elijáis la que más se adapte a vuestro viaje y presupuesto:
Pues bien, el día comenzaba: vinieron a buscarnos al riad a las 6am y nos montamos en un minibús con otras 13 personas, rumbo al sur. Paramos en varios lugares para admirar el paisaje, entre ellos lo alto de la cordillera del Atlas, a 2600m de altitud, con unas vistas espectaculares, ¡similares a las curvas que tuvimos que sufrir para subir y bajar!
Ouarzazate
Primera parada larga con visita guiada incluída. A 1160 m de altitud, con 50.000 habitantes, Ouarzazate se encuentra a los pies del Atlas y la llaman la Puerta del Desierto, ubicada en el valle donde se unen los ríos Draa y Dades en un cruce de caminos saharianos.
La Kasbah de Taourirt es lo que más destaca de toda la ciudad: es la mayor kasbah de Marruecos y ha sido recientemente restaurada, por lo que se pueden apreciar todos los detalles y adornos que le han dado fama. Es curioso el contraste con las estrechas callejuelas de la medina, donde la vida se sigue desenvolviendo como hace siglos, y con el mercado, donde se puede adquirir desde una alfombra hasta platos para cuscús.
Zagora
Por fin, aunque no como última parada, llegamos a Zagora justo antes del atardecer. Allí nos montaron en dromedario en dirección al desierto, y después de una media hora de trayecto llegamos al lugar donde pasaríamos la noche: un campamento de jaimas en el desierto de Zagora que, he de decir, me decepcionó mucho, no el campamento en sí, pero sí los alrededores, pues no era aquella imagen que todos tenemos en la cabeza del desierto (dunas de arena dorada); había más bien pocas dunas, y sí bastantes rocas y plantas desperdigadas. Eso sí, el campamento era una pasada, éramos un grupo grande de personas que nos unimos para cenar en una de las jaimas mientras los beréberes tocaban canciones típicas, lo pasamos genial (la cena y el desayuno del día siguiente están incluidos en la excursión).
Día 3: Aït Ben Hadou y vuelta a Marrakech
A la mañana siguiente nos despertamos para ver el amanecer entre las pocas dunas que había cercanas al campamento, y después de un desayuno al estilo árabe, empezamos a deshacer el camino: a Zagora en Dromedario y de nuevo allí al minibús hacia Marrakech.
Aït Ben Hadou
La parada grande en este día fue en el impresionante ksar de Aït Ben Haddou, elevado en lo alto de un risco visible a muchos kilómetros de distancia.
Un ksar es un pueblo fortificado de origen bereber y compuesto por numerosas kasbahs en su interior, la típica construcción del norte de África hecha con materiales tradicionales como adobe o madera. Ait Ben Haddou es el ksar más conocido de Marruecos y, probablemente, uno de los monumentos más impresionantes y fascinantes del país. Adentrarse en este fuerte es perder por un instante la orientación. Las callejuelas y los pasadizos de este laberinto urbano se cuelan entre unas casas con varios siglos de historia y que resisten, prácticamente deshabitadas, al paso de los años.
A pesar de ser un reclamo turístico enorme y parece una ciudad antigua en ruinas, curiosamente varias familias residen aquí todavía, lo que le da un aire de lo más peculiar.
Y tras muchas horas de trayecto, llegamos por fin a Marrakech, donde de nuevo cenamos en la plaza central y volvimos al Riad de la primera noche (donde habíamos dejado nuestras maletas, pues al desierto solo fuimos con una mochila).
Día 4: Marrakech y vuelta a Madrid
Último día del viaje y única oportunidad de ver Marrakech, suerte que nuestro vuelo partía hacia Madrid por la tarde-noche. Así que, como no podía ser de otra manera… ¿qué hicimos? eso es, elFree Tour. Teníamos poco tiempo y no podíamos correr el riesgo de perdernos nada, así que esa era la mejor opción. Estos son los sitios que no os podéis perder en Marrakech (y todos ellos se visitan con el Free Tour, excepto los Jardines Majorelle):
Tumbas Saadiens: Encontrar las Tumbas Saadís en la Medina es un poco complicado, por lo que no es de extrañar que estas tumbas que datan del siglo XVI no se descubrieran hasta el año 1917. Para acceder a ellas hay que recorrer un estrecho pasadizo, situado en el lado derecho de la mezquita Moulay El Yazid, y una vez en el complejo funerario, acercarse al mausoleo de la Sala de las Doce Columnas, el cual tiene doce columnas de mármol blanco sosteniendo una cúpula de madera de cedro hecha a mano que es una verdadera maravilla. La Sala de los Tres Nichos y la Sala de Mirhab se encuentran al lado, pero son más pequeñas y no tan decoradas, aunque por supuesto, también merecen una visita. En todas descansan miembros de la Dinastía Saadí mientras que en los jardines hay más de 100 tumbas de sirvientes y soldados decaoradas con mosaicos.
Madrasa Ben Yousef: es la escuela musulmana más grande de Marruecos, un precioso edificio construido en el siglo XIV. En su máximo apogeo 800 estudiantes memorizaban el Corán en sus 130 austeras celdas hasta su cierre, en el año 1960.
La Kotubia: Es la mezquita más importante de Marrakech y una de las más grandes del mundo árabe. Como en el resto de mezquitas de la ciudad, está prohibida la entrada a los no musulmanes.
imagen de Wikipedia
Barrio judío: también llamado Mellah, es una de las zonas menos visitadas de la Medina y uno de los más diferentes, mucho menos caótico y claramente más limpio y ordenado. La creación de este barrio se remonta al siglo XVI con la expulsión de muchos hebreos de la península ibérica ordenada por los reyes de España y Portugal, lo que ocasionó la emigración y formación de una de las comunidades judías más grandes de Europa en esta zona. Aunque ahora su presencia es testimonial, aún se conserva alguna sinagoga como la Al Azama, que junto al cementerio judío son dos de sus principales atractivos.
imagen de barcelo.com
El Zoco: En plena Medina y entrando por el lateral norte de la Plaza Jamaa el Fna nos adentramos en un laberinto de callejuelas llenas de tiendas y algún que otro puesto de comida, que harán las delicias a los amantes de las compras. En él hay infinidad de cosas, desde los típicos farolillos de metal, babuchas, chilabas, juegos de té, especias, frutos secos, hasta ropa. Además, a medida que os adentréis más y más, veréis que los artesanos del mismo ramo se agrupan en una misma zona del zoco, siendo así mucho más fácil, encontrar lo que uno busca.
Jardines Majorelle: Estos jardines botánicos diseñados por el artista francés Jacques Majorelle fueron adquiridos en 1980 por el gurú de la moda Yves Saint Laurent y a día de hoy son un pequeño oasis para desconectar de la estresante Marrakech y refugiarte del calor sentado debajo la sombra de sus árboles. El jardín tiene especies de todo el mundo, desde cactus, bambú y plantas acuáticas hasta cocoteros y bananeros además de fuentes, lagos y edificios de color azul hacen que hacen que el conjunto sea realmente bonito y fotogénico, siendo también uno de los lugares más visitados de la ciudad.
imagen de TripAdvisor
Y con esto y un bizcocho, ¡fin de nuestro viaje express y 100% aprovechado a Marruecos! Por supuesto volveré a este país, pues tiene aún muchísimos rincones que mostrarme.